EPÍLOGO:
La luz del sol entraba por la ventana y se extendía encima de la cama que compartía con Magnus, que respiraba profundamente dormido. Pero no fue la luz del sol lo que despertó a Alec, tampoco fueron los ronquidos de su compañero a su lado. Fueron las risas disimuladas que venían del pasillo, escuchó unos pasos ligeros y dados con cuidado, un quejido de una voz aguda y un improperio para nada bienvenido en esa casa. Se encargaría personalmente de mata a Jace cuando lo viera, por enseñarle eso al su hijo.
El pequeño Irek asomó su cabeza de cabellos negro por la puerta, rápidamente fue empujado dentro por su hermana, de cabellos dorados y largos hasta casi la cintura, Ico miró a su hermano que estaba tirado en el suelo, con las mejillas rojas se levantó y se dirigió a la cama, un paso por delante del otro, tal y como Alec le había enseñado hace poco, sin embargo con tozudez y haciendo sonar el suelo en sus pisadas. Alec se hacía el dormido y antes de que Irek llegara a la cama, recibió un apretón bajo las mantas de Magnus, que también se hacia el dormido, seguramente se había despertado cuando Irek calló al suelo al entrar en la habitación.
Ambos contaron hasta tres mentalmente y antes de que el niño llegara siquiera a poner un pie en el colchón para así saltar sobre ellos, ambos progenitores se levantaron bruscamente a la vez, sentándose en la cama, gritando , con la intención de asustar a los pequeños.
Tanto Ico como Irek salieron corriendo de la habitación entre risas y gritos, Alec salió de la cama y se puso las pantuflas de dinosaurio que le habían regalado en su cumpleaños, Magnus salió de la cama de un salto y sin esperar siquiera a ponerse una camisa salió corriendo detrás de los pequeños que seguramente se escondían detrás del sofá o en algún lugar de la casa, en silencio, acurrucados uno contra el otro.
Alec caminó con paso seguro por el pasillo, abriendo una a una las puertas de las habitaciones una a una, buscando a su familia.
Llegó a la puerta, con el nombre grabado en letras doradas en la madera, Irek Lightwood.
"Alec paseaba adelante y atrás por la estancia, sin embargo Magnus estaba sentado plácidamente en un sillón, aun así no pudo dejar de notar que su marido también estaba nervioso, hace unas semanas habían recivido una carta, con una de las mejores noticias que habían recibido.
Llevaban en ese tiempo quince años casados, quince años maravillosos, y claro está el paso del tiempo había hecho mella en ellos, tal vez con alguna pequeña arruga fácil de disimular, aún así, el paso del tiempo no sólo conllevó arrugas en el rostro, sino también la necesidad de procrear.
Fue Magnus el primero en sacar la idea, y tras embaucar durante meses y meses a Alec para que aceptara, finalmente el nephilim había aceptado más por cansancio que por otra cosa, sin embargo, mientras más avanzaban en el tema de la adopción, más ilucionado se ponía Alec y finalmente acabaron los dos con ganas de recibir a un pequeño nephilim de apenas unas semanas de vida en casa. La carta con los datos había llegado en un sobre de color del pergamino, ambos se habían sentado en una mesa, uno al lado del otro con el sobre encima de la mesa, Alec se limpiaba el sudor de las manos en los pantalones, y Magnus miraba atentamente el sobre, como si en él se escondieran todos las respuestas del Universo.
En el sobre estaría tal vez la negación o la aceptación por parte de la Clave, aceptando o tal vez denegando que una pareja como ellos educara a un bebé…
-Ábrela tú.-dijo Magnus.
-No, no pienso abrirla, hazlo tú.
Magnus agarró su teléfono móvil del bolsillo y llamó a Isabelle. Apenas diez minutos después Isabelle y Clary estaban en el apartamente, esta última con un bombo de siete meses en el vientre.
-No soy capaz de abrirlo.-dijo Magnus simplemente, Isabelle miróa s u hermano.
-Yo tampoco.-añadio él.
-Hombres…-susurró Isabelle, agarró el sobre con las manos y aunque no quiso que se notara no pasó desapercibido para la pareja que las delicadas manos de Isabelle también temblaban.
Abrió el sobre y lo leyó, el temblor de sus manos se intensifico, y las lágrimas se derramaron por su rostro. Todos la miraban expectantes, un segundo después se tiró a brazos de su hermano y los abrazó fuertemente, la carta quedó arrugada entre ambos.
-Te deseo lo mejor hermano.-dijo y le dio la carta.
"Queridos Alexander Gideon Lightwood y Magnus Bane:
La Clave se ha tomado la molestia de escribirlos para comunicarles que tras muchos debates y reuniones por parte del consejo, se ha decidido aceptar la solicitud de adopción de un hijo nephilim por parte de ambos, con el apellido Lightwoos sobre el apellido Bane.
A sí mismo, les comunicamos que recientemente ha entrado en adopción un bebé, que ha quedado repentinamente huérfano y sin tutor, aquí tienen los datos…"
Alec dejó de leer repentinamente y alzó los ojos hasta Magnus, que esperaba una respuesta por parte del nephilim, parecía un niño, ojos llorosos y mirada expectante.
-Alec…-empezó.
Este lo miró y sonrió.
-Espero que seas un buen padre.-le dijo"
Ahora se encontraban allí, en una zona privada del Instituto, esperando una mujer con el que sería su hijo, durante el resto de sus vidas, el prtal se abrió y por ella apareció una mujer con el rostro severo, portando a un bulto inmóvil en sus brazos, Magnus se levantó del sillón y se dirigió hacia ella.
-Identificación por favor.-dijo la mujer.
Alec se adelantó con las identificaciones de ambos, y el papel que aceptaba al nephilim como hijo de ambos.
-Bien.-dijo duramente, se acercó a Magnus y con cuidado le dejó el bebé en los temblorosos brazos.
Tras diez minutos de papeleo e indicaciones, la mujer desapareció por el portal, y Alec con paso inseguro se acercó al bebé.
No necesitaba para nada que le enseñaran a cambiar pañales, habían estado practicando con el bebé de Jace y Clary que apenas había cumplico el mes de vida.
Magnus miró a Alec, sorprendentemente no tenía lágrimas en los ojos, con el paso del tiempo el brujo se había vuelto un sensiblero. El niño emitió un sonido y se revolvió en los brazos de Magnus que lo sugetaban inseguro, se acurrucó y escondió aun más en el pecho del brujo."
Un sonidito parecido al de un sollozo lo hizo detenerse en la puerta del baño, con la mano empujó la puerta que se abrió con un chillido desagradable, los sollozos pararon, Alec pudo sentir como su hija aguantaba la respiración esperando que Alec se fuera, pero él no lo hizo, se dirigió al mueble bajo el lavamanod y lo abrió.
Una niña de ocho años, la miró llorosa, el pelo rubio se le pegaba a la cara mientras escondía la cabeza entre las rodillas.
-Ico.-dijo Alec.-¿Qué pasa cariño?
La niña lo miró, y Alec volvió a viajar en el tiempo.
"Magnus y Alec se dirigieron a la Ciudad Silenciosa, ese día mientras miraban en la televisión una película de caballitos parlanchines a la misma vez que Irek los imitaba saltando en el sofá, habían recibido una llamada de Jace.
-Aquí hay un Herano Silencioso que quiere hablar con ustedes.
-¿Qué?¿Por qué?.-preguntó Alec, captando la atención del brujo sentado a su lado.
-No sé, dice que quiere hablar con ustedes.
-¿Te puedes quedar con Irek un rato?
-Já, como si no tuviera bastante con mis propios hijos como para cuidar al tuyo.
-No es culpa mía que te salieran dos en vez de uno, te la hubieras amarrado y haber usado condón.
-Vale, vale. Solo un rato.
En el taxi Irek se había quedado dormido, al menos no le daría mucho la lata a Jace y Clary.
-Señores.-dijo un Hermano Silencioso, en su cabeza, tanto Alec como Magnus se giraron a mirarlo.-Me complace volver a verlos.
-Ya, ya.-dijo Magnus.-Por favor directo al grano, tengo miedo que Jace trate de ahogar a mi hijo en la taza del váter. Magnus recibió un codazo por parte de Alec.
-Tenemos a un niña, una niña de casi un año, una niña con capacidades especiales como tú Magnus.-señaló el Hermano Silencioso.-Queremos saber, si os gustaría verla para que la criarais vosotros, aquí no conocerá el amor de la familia.
-¿Ahora qué somos un séquito de criadores de niños? ¿Y sus padres?.-preguntó Magnus.
-Sus padres han muerto.-dijo sin más.-Los mató accidentalmente cuando su madre trató de cortarle las venas con un cuchillo. Los pulverizó al instante.
En el interior de Magnus algo se revolvió incómodo. Un hombre captó la atención de la pereja, se acercaba a ellos, con un bebé dormitando en los brazos.
-Déjame verla.-dijo Alec, el Hermano Silencioso se detuvó y una pregunta silenciosa se transmitió entre los hombres con capucha, a los cual el Hermano Silencioso que estaba hablando con ellos, asintió.
Alec se acercó a la niña. Tenía pelusilla dorada en la cabeza con cuidado la tomó en sus brazos a lo que la niña no respondió, con cuidado le levantó la camiseta y miró su vientre, un vientre sin ombligo, como el de su brujo, miró de nuevo a la niña, que, ahora lo miraba, con una amenaza escondida en los ojos, unos ojos realmente imprecionantes, una pupila en forma de estrella de siete puntas, cada punta se extendía por su iris verde hasta topar con el globo ocular.
-Ya estás a salvo.-le dijo Alec en voz naja, luego la niña se durmió."
-Ico…¿Qué te pasa cariño?
-Me da miedo.-susurró.-No quiero que me maten.
Alec se encogió, la niña solía tener continuas pesadillas con su madre, siempre recuerda como su madre biológica se acercó a ella con un cuchillo en las manos, con la intención de robarle la vida.
-Cariño…-dijo Alec.-Pá, nunca te haría daño. Nunca.
-¿Seguro?.-preguntó, a la niña siempre le había resultado más fácil hablar con Alec que con Magnus.
-Seguro. Ven, vamos a desayunar, mandaremos a Pá a comprar donuts o chocolate.
-Donuts y chocolate.-respondió la niña, con una sonrisa.
-De acuerdo, donuts y chocolate.
Ico salió de su escondite y abrazo el cuello de Alec, escondiendose en su cuello.
Alec se incorporó sugenntando la niña contra sí, y salió del baño.
-Busqueños a Pá.-le susurró en el oido.
Alec paseó por el pasillo con la nila en brazos, haciendo el mayor ruido posible, y cuando llegó al salón, medio gritó el nombre de Magnus, que rápidamente salió de detrás de la barra de la cocina, dónde estaba escondido. Su pelo revuelto y con colorines le tapó los ojos, y Alec tuvo que reprimir una sonrisa.
-¿Qué?.-preguntó.
-La has asustado.-dijo, Magnus abrió los ojos, y se dirigió hacia ellos, trató de llamar la atención de la niña tocándole la espalda, pero la niña enfadada se había enterrado más en cuello de Alec.
-Ico, cariño, Pá no quería sustarte.
-No, no quiero.-respondió haciendo un puchero y reprimiendo el llanto.
-Mírame Ico.-dijo, la niña lo miró.-Yo nunca te haría daño, nunca, ni a ti, ni a tu hermano ni a Papá. Prefiero que me saquen los intestinos.
-Eso es asqueroso Pá.-replicó con una sonrisa escondida en la comisura de su boca.
-Sí, es asqueroso.-se detuvo un momento.-Yo no quiero tener los intestinos fuera.
-Ni yo.-dijo la niña, acercándose al oído de Magnus.
-¿Me perdonas?.-preguntó el brujo poniendo carita agradable.
-No.-dijo contundente.
-¿No? No perdonas a Pá.
A lo que la niña respondió:
-Sólo te perdono si compras donuts…Y chocolate…Y…Y…¿Qué mas era Papá?
-Y bocaditos de crema.-dijo sonriendole a la niña.
-Sí y bocaditos de crema.-dijo la niña sin acultar ahora su sonrisa.
-Pero me acompañas.-dijo Magnus señalandola.
-Sí.
-Ve a cambiarte, no quiero que todos miren a mi princesa en pijama.-La niña desapareció en una bola de humo violeta de los brazos de Alec.
-Cómo odio que le hayas enseñado ha hacer eso.-dijo negando con la cabeza.
-En el fondo, muy en el fondo te alegras, admítelo.-dijo el brujo acercándose peligrosamente al nephilim y tomandolo por la cintura.
-Puede, pero muy muy en el fondo…
Magnus se acercó al nephilim con los labios entreabiertos y una sonrisa picarona, cuidadosamente dejó que sus labios se posaran en los de Alec, que recordando lo de la noche anterior gimió y se pegó más a él, para intensificar el beso, el cabello de Magnus milagrosamente se enredó en el pelo colorido de Mganus y el brujo tuvo que recordar que no estaban solos, en otro caso, tal vez, hubiese sido mucho mejor descender hasta el suelo para lo que tenía pensado hacer.
Sentir el flash de una cámaro los había hecho separarse de golpe, un niño los miraba gracioso, mientras detrás una niña con una sonrisa los miraba.
-¿Se puede saber qué haceis?
-¿No queríais que vuetro amor fuera inmortal? Bien, ahora lo es.
El niño hechó correr con la cámara de fotos entre los brazos.
-Tu hermano está loco.-le dijo la niña a Magnus.
-Sólo un poco.-dijo haciendo el gesto con los dedos índice y pulgar.
La pareja formada por padre e hija salió por la puerta del apartamento (ya que la niña no había querido aparecerse, según ella le quitaba emoción al viaje)
Alec fue hasta la habitación de su hijo, que escondía algo celosamente entre las mantas.
¿Cuándo se ha hecho tan grande? Se preguntó con tristeza.
-Papá.-dijo el niño, llamando su atención.
-¿Sí?
-¿Si te digo algo no te enfadas?
-Por el Ángel.-dijo con voz cargada de pasiencia.- ¿Qué has hecho esta vez con tu primo?
-No, nada.-dijo poniendose colorado.-Es sólo qué… Bueno pues que él…
-¿Él…?
-Me ha pedido ser su parabatai.-dijo soltandolo todo. Alec no se sorprendió en absoluto ante lo que su hijo le había dicho.
-Bueno y que piensas…-dijo mientras se llevaba la taza de café que había cogido de la cocina a la boca.
-Pero es que no es todo…
-¿Y entonces?
-Pues que después de decirme eso…Él…Él…
-Irek, te estas poniendo nervioso.-dijo llevandose nuevamente la taza de café a los labios.
-¡Pues que después me besó!
No supo en que momento bañó a su hijo con el café que tenía en la boca, expulsándolo, pero el niño lo miró con reproche mientras se limpiaba el café mezclado con saliba de la cara…
-¿Cómo que te besó?
-¡Aggg! ¡Ya sabes Papá! Es lo mismo que estabas haciendo con Pá en el salón.
-¿Estamos hablando tú y yo del mismo Luke Herondale?
-Sí, ¿Acaso conozco a otro Luke Herondale?
-¿Lo conoces?
-Casi de mi estatura, pelo rubio como Tío Jace pero ojos verdes como Tía Clary.-dijo mientras hacía toda la mímica.
Mierda, mierda, mierda, mierda. Puto Jace.
-¿Y…?-siguió Alec.
-¿Y…?.-preguntó su hijo.
-¡¿Si te gustó?!
-Sí. Mucho.
Definitivamente iba a matar a Jace.
-Oh.
-¿Oh?
-No eres demasiado pequeño para…
-No.
-Bien.
Ambos se miraron incómodos, los dos de color púrpura.
Finalmente Irek soltó, con el corazón en un puño y en estado de Shock.
-¿Lo apruebas?
-¿El qué, lo de parabatai o lo de ustedes dos?
-Las dos cosas.
-La primera sí, la segunda…No es desición mía. Yo te querré igual con él o con una mujer…Después de todo, mira la pareja que hacemos tu padre y yo.
-Bueno, es que ustedes sois especiales.
Alec se extrañó por las palabras de su hijo.
-¿Por qué especiales?
-Bueno…Sois como el Yin y el yan…Y nosotros somos como…yo pelo oscuro el pelo claro, él ojos verdes los mios azules…El es hermoso y yo…
-Hermoso. Combinaís a la perfección.
-Pero…
-Yo con tu padre empecé igual.-el niño lo miró con ganas de saber más.-Al principio yo me mostraba reacio…Creía que amaba a otra persona…
-¿A sí?¿A quién?
-Si te lo digo no me crees.-dijo Alec mientras le sonreía.
-¡Sí lo haré! Dímelo por favor.
-Pensaba que estaba enamorado de Jace.
El niño abrió los ojos, sorprendido dejó caer la mandíbula. Alec lo ignoró y siguió hablando.
-Y luego empecé a sentir cosas… No me atrevía a decirle a nadie que me gustaban los chicos, pero finalemte… Le besé en mitad de la sala de los acuerdos y desde entonces... Bueno en realidad cortamos…Y me envenenaron, Magnus me curó, al despertarme no recordaba nada así que se aprovechó de mi.-soltó una risa.-Cuando recordé me enfadé mucho, pero finalmente después de que se arrastró y suplicó que le perdonara accedí…
-Yo no lo recuerdo así.-dijo la voz de Magnus a su espalda. Enarcando una ceja.
-¿A no?.-dijo Irek.-¿Y como fue?
-A tu padre lo secuetraron y lo salvé, en mitad de la pelea le pedí que se casara conmigo, y me dijo, y cito: Te daré la respuesta… cuando salgamos de este lío, te lo prometo.
-¡A sí! Eso es verdad.-dijo Alec, acercandose a su esposo.
-¿Y que te dijo?.-preguntó la voz aguda de Ico.-Dijo que sí.
-¿Y se casarón?.-dijo Irek.
-No hijo, sólo hay veinte o treinta fotos por todo el apartamento de nuestro "No casamiento"
-Hay fotos por todos lado de cuando se casaron.-dijo Ico, al oído de su hermano.
-No me había fijado.-dijo encongiéndose de hombros.
-No todos tenemos la atención de un ladrillo.-replicó su hermana.
A lo que el aludido sacó la lengua con desprecio a la niña de ojos violetas.
-Vamos a desayunar.-dijo Alec, dándole un besito en los labios a Magnus.-Necesito una taza de café.
-¿Y se puede saber que hace la mitad de tu taza de café en la cara de nuestro hijo?.-preguntóMgnus.
-Eso que te lo diga él.-dijo mientras se iba a la cocina con Ico a su lado.
-¿Me he perdido algo?.-preguntó Magnus a su hijo que estaba sentado en la mesa.
-En realidad no…Bueno sí pero…No
-O es sí o es no, las dos cosas non se puede.-dijo Magnus con una sonrisa.
-Me gustan los chicos, Luke me ha besado y quiere ser mi parabatai.
-Ahora entiendo porqué tu padre te vació la taza de café en la cara…Bueno no sé que quieres que te diga ¿Felicidades?
-¿No te enfadas?
-Hijo, generalmente eres muy inteligente, pero a veces dices cada estupidez.-dijo Magnus negando teatralmente con la cabeza.
-Bueno es que…
-Por favor…-dijo Magnus.-De lo único que tienes que preocuparte es de ser un buen cazador de sombras, y de serte fiel a ti mismo, el resto no me importa.
Irek abrazó a Magnus con fuerza, esconciendo cu cabeza entre los ropajes del brujo, Magnus sintió esa ola de calor que le inundaba el pecho, haciendole ver que eso era vida, amar a una persona y que te ame, amar a tu hijo aunque no lo sea biológicamente.
-Te quiero mucho Irek.-dijo Magnus.
-Me quieres ahora, pero parece ser que me odiabas cuando me pusiste el nombre de Irek.
-No es tan feo.-replicó Magnus.
-Pá, el nombre es horrible.
-Te fastidias Irek Simon Lighwood Bane.
-Y dices que no es horrible…
