El cielo estaba oscuro, muy oscuro, a lo lejos el desconocido observé la silueta de su próxima presa, no le dejaría ser feliz, había nacido para eso, pensó que a estas alturas el imbécil de Alan se había encargado de él. Pero, era un imbécil y como tal, el tonto del Cazador de sombras lo asesinó, no supo si poner cara de sorprendido, echarse a reír o las dos a la vez. Antiguamente los cazadores de sombras era fáciles de matar, pero nada se ganaba con ello, pero como dijo antes lo cazadores de sobras de hace muchos años, los de ahora eran específicas y delicadas máquinas de matar, sino ¿cómo es posible que el chico pudiera atravesar el celebro de Alan con un cuchillo estando a tanta distancia?
Había dos posibilidades.
1. O Alán era el imbécil más imbécil de los tiempos.
O dos, y la más probable.
2. Los cazadores de sombras eran fuertes, mur fuertes.
Apartó la vista de los invitados que recogían los ornamentos de la boda a toda prisa antes de las las gruesas nubes grises decidieran descargar con fuerza, llevando las copas en vez de champán de agua caída de los cielos.
Observó al brujo desde lejos, pensó desde el principio que la inmortalidad iba a ser su maldición, el ver morir lentamente a la persona que amabas, viéndole marchitarse lentamente con el paso de los años…Tal y como le había pasado a…
No, no podía pensar en ella, no ahora que tenía que cumplir con su palabra.
Aún en el Instituto Alec miró aburrido cómo Magnus preparaba su maleta para ir de vacaciones. Unas cortas vacaciones pero después de todo vacaciones.
-¿Todavía no terminas?.-preguntó Alec.
-No, tengo que encontrar ese bonito pantalón que me compré hace unas semanas.
-¿Ese que tiene el estampado de patos?
-Oh, no. Ese se lo regalé a Jace…
-El que quemó lentamente en una hoguera mientras reía.
-Me refiero al que tiene el corazoncito con lentejuelas en esa zona sumamente personal que a ti te encanta.
-¿Qué se supone que me encanta?¿La zona sumamente personal o los pantalones?.-preguntó Alec, observando a su marido desde la cama, luchando contra el sueño.
-La zona sumamente…
-¿Y por qué crees que me encanta?.-preguntó Alec ahora divertido.
-¿Tal vez por los gemidos que das cada vez que la ves?.-respondió el mago, mientras tiraba todo el contenido de su cuarto armario al suelo.
-Puede que suelte muchos gemidos cuando la vea, pero puedo pensar perfectamente que es pequeña o que…
-¿¡QUÉ!?.-gritó Magnus de repente, sobresaltando a Alec.-¿¡ACASO CREES QUE ES PEQUEÑA!?
-Enana.-dijo Alec mientras hacía el gesto con los dedos pulgar e índice. Conteniendo la risa. A Magnus se le escapó una exclamación, y se bajo los pantalones, y con una regla midiendo su zona sumamente personal soltó un bufido.
-NO ES PEQUEÑA.-gritó, mientras miraba la cifra nervioso.
-Magnus por favor.-dijo Alec, con las mejillas rojas.-Deja de hacer eso…
-¡No es pequeña. Admítelo!.-gritó Magnus subiéndose los pantalones de nuevo.
-Es perfecta.-dijo Alec, se sentía muy bromista ese día, Magnus sonrió satisfecho.-Perfectamente pequeña.
Magnus se giró y tiró con maestría la regla que sostenía en una de las manos, el objeto giró varias veces en el aire, y golpeó a Jace en la cara, que acababa de entrar por la puerta.
-¿Pero qué coño haces?.-gritó con una franja rosada en un lado de la cara, justo donde la regla le había golpeado.
-¡ESTÁ DICIENDO QUE LA TENGO PEQUEÑA!.-gritó señalando a Alec.
Jace abrió los ojos, claramente sorprendido. Abrió y cerró la boca varias veces, pero sin encontrar qué decir en ese momento.
Alec, miró varias veces a Magnus y luego a Jace.
-Creo que es mejor que te vallas.-dijo Alec repentinamente serio.
-Sí, será lo mejor.-respondió Jace, saliendo por la puerta.
Alec y Magnus se quedaron solos de nuevo, el brujo caminaba de un lado a otro de la habitación, con una mano posada en la barbilla y la otra en una de sus caderas.
-Magnus, estaba bromeando, no creo que tengas enanismo allí abajo.-dijo pero se detuvo.
-Creo que ya recuerdo dónde está el pantalón.-dijo nuevamente sonriente se dirigió al baño y empezó a rebuscar en el cajón de la ropa sucia.
-¿No estás enfadado?.-preguntó siguiéndole hasta el baño.
-No queridísimo marido, por más que mi instrumento sea pequeño, sé que te enamoraste de él la primera vez que lo viste.-Alec se sonrojó violentamente.-Además estoy en la media, ni pequeña ni grande…
-Engreído.-susurró Alec.
-Lo suficiente.
-Te quiero.-dijo con simplicidad.
-Yo también me quiero.-respondió el mago.
Alec rió y negó con la cabeza. Fulminándolo con la mirada, abrió la boca para responder pero el sonido de su teléfono móvil sonando llamó su atención, y se dirigió a la habitación, con Magnus detrás de él portando en una de sus manos el horrible pantalón.
Contestó a la llamada.
-Hola.-dijo la voz de Jace.
-¿Jace? ¿Qué…?.-dijo desconcertado, podía sentir a Jace al otro lado de la puerta de la habitación que compartía con Magnus.
-¿Puedo entrar sin que tu marido me tire nada?.-preguntó, Alec se mordió el labio para no reír.
-Si, pasa.-dijo Magnus lo suficientemente alto para que Jace lo escuchara.
La puerta se abrió un centímetro y permaneció abierta un tiempo tras asegurarse que no recibiría el impacto de ningún objeto en la cara, Jace abrió.
Alec levantó una ceja ¿desde cuándo Jace utilizaba el traje de cazador de sombras para estar en el Instituto?
-Demonios en la caza de una viejecita ¿nos acompañas?.-preguntó.
-No.-dijo Magnus por él.-Es el día de su boda y mañana tenemos que coger un avión así que…
-Bajo en diez minutos.-dijo Alec.
-Bien.-la cabeza de Jace se escabulló por la puerta.
-Alec…-empezó Magnus, con el ceño fruncido.
-Seré cazador de sombras hasta el último día de mi vida, no dejaré de serlo el día de mi boda.-dijo mientras se dirigía a su armario, sacando su traje oscuro.
-Pero…¿Por favor?.-Magnus sonrió.
Alec a su vez suspiró, la verdad es que no tenía muchas ganas de ir, pero iba a ser la última cacería en un tiempo, no podía dejar pasar esa oportunidad.
-No tardaré, lo prometo.-dijo el nephilim.
-Bien, te acompaño.
-No seas idiota, tú aun no tienes preparado ni la mitad de tu maleta, además…¿Demonios en la casa de una viejecita? Seguramente ni siquiera tendré que intervenir.
-Volverás.-dijo Magnus.-¿Verdad?
-Lo juro por el Ángel.-dijo y se volvió hacia la puerta.
-Te quiero.-le dijo el brujo, un segundo después de cerrar la puerta, sin esperar una respuesta por su parte, la cabeza de Alec se asomó por la puerta y le dijo.
-Yo también me quiero.
Magnus sonrió y escuchó los pasos acelerados de su marido desaparecer. Ni siquiera recordaba haber visto a Alec ponerse el traje, lo hacía con tal destreza y rapidez que parecía…¿Mágico?
-Lightwoods siempre tienen que tener la última palabra.
Se encontró con Jace en las escaleras, las armas escondidas por todo su cuerpo emitían un suave "clink" a cada paso que daba.
-¿No crees que exageras un poco?.-preguntó.
-Sólo un poco.-dijo divertido.
Tanto Clary como Izz los esperaba abajo, con el traje de combate puesto y hablando de peinados.
-¿Estamos todos?.-preguntó en voz alta.
-Sí.-respondieron al unísono.
-Bien.-dijo Alec.-¿Qué dirección es?
La casa desde lejos parecía una vivienda normal, sin rastro de actividad demoníaca, pero sólo al entrar por la puerta el olor fue espantoso, en una esquina el cadáver de la anciana estaba plagado de moscas, las persianas estaban bajadas y las paredes manchadas de sangre y de una sustancia negruzca. La anciana emitió un sonido, un débil quejido Y Alec se precipitó hacia ella, mientra Jace e Izz se desplegaban por la casa, buscando el origen de tal desastre.
La anciana miró a Alec, sólo unos segundo, trato de mover la boca, expresar algo, pero Alec no se lo permitió, puso uno de sus dedos en la boca de la mujer ella emitió lo de debería ser una sonrisa y luego con un último suspiró calló en los brazos de Alec, inerte. Dejó su cuerpo entre en suelo, con cuidado, colocándole en una posición digna.
Se levantó y se dirigió al cuarto de baño, un demonio realmente horrendo masticaba lo que podría ser una bota de goma, Jace estaba escondido al lado del lavamanos, pero fue tarde para darse cuenta, el demonio soltó la bota y desde el techo tomó impulso con las fauces abiertas, para matar a Alec, el muchacho, sólo tuvo tiempo de sacar de su cinturón de armas un cuchillo serafín antes de que el cuerpo corpulento del demonio chocara con el suyo, pudo oír la risa del demonio mientras abría las fauces acercando cada vez más la mandíbula a la cara de Alec, con la amenaza de arrancarle un buen pedazo de carne.
No llegó siquiera a gritar el nombre de Jace cuando él ya estaba allí, el demonio se desvaneció en una nube de cenizas que bañó por completo al nephilim. Sin precisar ayuda se levantó y sacudió su traje de la ceniza negra e ínfima del enorme animal que le había atacado.
Jace abrió la boca para decir algo, pero con una mirada lo calló.
-Ni una palabra a Magnus, ya sabes lo testarudo que se pone a veces.
Jace se encogió de hombros mientras sonreía.
-No es por nada, pero en serio la tiene…
Alec lo miró, con la mandíbula colgando y los ojos abiertos por la sorpresa.
-No pienso contestar a eso, es demasiado…
-¿Tiene enanismo allí abajo?.-dijo mientras abría la boca de par en par y ponía los ojos en blanco.
-No es solo que…
-Nunca pensé que el Gran Magnus Bane tuviera una pichula enana…- se retorció mientras reía, cosa que ponía por momentos más nervioso al nephilim de ojos azules.
-Para tu información, la tiene enorme.-dijo perdiendo los nervios.-tan enorme que no me entra en la boca cuando…
Se calló de golpe, pálido y con la mirada fija en la puerta, después de un segundo la palidez de Alec se convirtió en color verde, seguido del rojo para acabar en morado.
-Me alegra saber eso Alexander.-dijo Magnus desde la puerta del piso en el que estaban, el brujo estaba apoyado como por casualidad y miraba con detenimiento, satisfacción y burla en sus ojos de gato.
-¿Qué haces aquí, Magnus?.-preguntó Izz, que en ese momento entraba por la puerta, pronto olvidó su pregunta, puesto que al ver a Jace recordó algo.-He matado dos demonios en el piso de arriba y Clary uno. ¿Cuántos vas tú?.-dijo cruzándose de brazos.
-Uno.-dijo con boca pequeña Jace.
-Perdona, creo que no te he oído.-dijo alargando aún más el sufrimiento de verse derrotado por Isabelle.
-He dicho que sólo uno, cara culo.-dijo Jace mientras se ponía rígido.-Aun así, te juego cien dólares a que soy capaz de matar más demonios que tú de aquí al final de la semana.
-Haremos el recuento el domingo a medianoche, si no apareces serás descalificado.-lo señaló con un dedo acusador.
-No tengo por qué huir de una infante como tú.-dijo frustrado.
-¿Qué?Repite eso si te atreves, y juro por el ángel que te atravesaré con el cuchillo serafín y te cortaré las pelo…
No llegó a terminar la frase, el grito de Clary los hizo a todos ponerse en tensión, Jace que por un momento se quedó rígido salió corriendo en dirección al grito de la muchacha.
Clary estaba en el suelo, sujetando con sus propias manos el mismo demonio que un momento antes había atacado a Alec, sin esperar a que reaccionara Jace, Alec saltó a la espalda y trató en vano de atravesar la dura piel con el cuchillo, el monstruo chilló, y se retorció, alargando los tentáculos con la intención de agarrar a Alec, sin conseguirlo el demonio se alejó de Clary, y Jace actuando rápido se dirigió hasta ella, analizándola con la mirada en busca de heridas y sin encontrarla se dirigió al demonio que su parabatai tenía problemas para aniquilar, con un juego de gracia y sincronización, el demonio fue derrotado.
Él los observaba desde lejos, sin llamar la atención, el nephilim había seguido exactamente la sucesión de acciones que el esperaba que siguiera, primero había tocado el cadáver de la vieja, luego se dirigió al baño y un demonio expandió las cenizas por su cuerpo, dicha ceniza de acoplará en su pulmón en menos de una hora, y por último había mantenido contacto directo piel contra piel con el tercer demonio.
Se había encargado muy bien de no dejar huellas, la piel de la vieja, las cenizas que se acoplarán a sus pulmones, el picor repentino que sentirá cuando las minúsculas espinas del demonio penetren en su piel, produciendo un dolor insoportable…
Por un momento, sólo por un momento sintió pena por el nephilim, pero justo en ese momento observó cómo la pareja gay se abrazaba, y se besaban, sin ocultar su amor y con sólo un rastro de sonrojo en sus mejillas.
Sintió odio, odio hacia el nephilim que no conocía, hacia Magnus, hacía lo que le había llevado a esa situación…
Miró su reloj de pulsera, quedaban tres horas para que saliera el vuelo, su trajo allí esta terminado, solamente es cuestión de tiempo que la razón de vida de Magnus muera.
Simple.
Rápido.
Y había conseguido lo que quería.
Alec acomodó las almohadas por tercera vez esa noche, le resultaba imposible conciliar el sueño, Magnus en cambio, dormitaba entre ronquidos a su lado, con un brazo rodeándole la cintura.
Se sentía extrañamente incómodo, le escocía la piel del cuerpo entero además de sentir como la cabeza le martilleaba, Magnus se movió y arrastró aun más el cuerpo del chico al suyo.
-Alec…-dijo en un susurro.
-¿Mmmm?
-Haz el favor de dormirte.
-No tengo sueño.
Magnus se incorporó y lo miró, sorprendido, sin entender por qué Alec levantó una ceja.
-¿Qué?.-preguntó.
-Tienes…-desató la mano de las mantas y despacio la dirigió a la cara de su marido. Alec por un momento pensó que iba a posar los dedos en sus labios y los entreabrió esperando el contacto, pero eso no paso. Sintió como el dedo índice de Magnus rozaba apenas el final de la nariz, justo encima de los labios, sorprendido apartó la mano. Fue entonces cuando Alec observó el líquido carmesí. Sorprendido se llevó la mano a la nariz, frontándosela con fuerza. No había trucos, le sangraba la nariz, levemente pero el líquido curiosamente era más oscuro de lo que debería haber sido.
Se levantó de un salto de la cama y con la mano sobre la nariz se dirigió al baño. Se miró al espejo.
No era tan grave como había pensado, solo una gota solitaria escapando del orificio izquierdo de su nariz, se lavó la cara, y el rastro carmesí desapareció. Ya está, no había pasado nada un simple incidente estúpido. Con la intención de volver a la cama, se topó en la puerta del baño con Magnus.
-No es nada, así que vuelva a la cama y si por casualidad abres la boca te dejo en abstinencia toda la luna de miel.-dijo Alec soltándolo todo de golpe, Magnus lo miró con los ojos gatunos abiertos, claramente sorprendido.
-¿Serías capaz de pasar tanto tiempo sin mi…?.-señaló hacia abajo.
A él le martilleaba la cabeza.
-Sí, soy capaz.
-¿Te sientes mal?-preguntó el brujo.
-No.-mintió.-Tengo sueño.
-Oh, bien eso significa cama, ven aquí.-señaló el lado vacío de la cama.-A mi lado, nos acurrucaremos y nos meteremos mano.
Alec rió
Se dirigió a la cama, y se acercó peligrosamente a Magnus, acercó sus labios a los suyos y cuando Magnus abría la boca para recibirlo el nephilim cambió de dirección posando un beso tierno en el hombro, luego siguió la línea de la clavícula y ascendió por el cuello, Magnus ladeó la cabeza para dejarle libre el paso, y Alec se acomodó en su regazo mientras lo besaba, las manos del brujo soltaron chispas cuando las manos se pegaron a la espalda pálida del nephilim.
Una mancha en la zona lumbar, que hace horas no estaba allí pasó desapercibido para los ojos de Magnus, concentrado totalmente en el trabajo que le habían encomendado.
-Alec…Levántate.-dijo Magnus empujando a su marido con el dedo índice.-Hazme el enorme favor de cerrar las cortinas me está dando todo el sol en la cara.
-Déjame dormir, estaba teniendo un sueño bonito.
Magnus se incorporó de golpe en la cama, el cabello negro estaba despeinado y caía en una cascada negra en sus hombros.
-¿Sueño bonito?.-preguntó repentinamente interesado.
-Magnus, tengo sueño.-reprendió él.
Se dejó caer en la cama, el nephilim estaba boca abajo en la cama, el pelo azabache se desparramaba por la almohada del hotel de cinto estrellas de Venecia.
Los dedos juguetones de Magnus repasaron la columna vertebras de su marido, y se enredador en el pelo desordenado de su nuca, Alec quiso que no se notara la tensión que emanaba de sus músculos desde que él le tocara.
-Magnus…
-¿Mmmm?
-Sé lo que pretendes, y no. Tengo sueño.
-¿Seguro?.-pregunto mientras acercaba sus labios a la columna del nephilim.
-Sí.
-¿De verdad?.-preguntó juguetón.
-Sí.-dijo simplemente, con un suspiro.
Magnus no tuvo tiempo a replicar, ya que, el móvil de Alec empezó a sonar al otro lado de la habitación, en el interior de los bolsillos de sus pantalones, al otro lado de la habitación , donde habían caído la noche anterior.
-Magnus…
-Ahora tengo sueño yo.-dijo el brujo cruzándose de brazos y haciendo un puchero.
-¿Sabes que te quiero verdad?.-preguntó Alec.
-Sí lo sé, pero aún así…-Magnus se envolvió aún más en las mantas, dándole la espalda a su marido.
Alec enfurruñado se levantó de la cama y se dirigió hacia el estruendoso sonido, que le martillaba la cabeza, rebotando en el interior de su cráneo.
Agarró el pantalón del suelo y lo levantó, rebuscó en los bolsillos, sin tener aún claro en qué bolsillo se escondía el dichoso aparato.
-¿Sí?.-preguntó finalmente.
-¡Alec! Hola hermano ¿cómo estás?.-preguntó Jace.
-Tengo sueño ¿sabes?.-dijo de mal humor.
-Ehy ni que mi voz fuera tan horrible, que claro está, no es horrible por que es la más hermosa…
-¿Qué quieres?.-dijo sencillamente.
-Saber cómo estás, e interrumpir lo que sea que hacías con Magnus.
-Te informo que yo estaba durmiendo y que Manus estaba…
-¿Estaba…?
-También durmiendo.-dijo llevándose la mano a la cara.
-Sí claro.
-Piérdete.-y sin darle tiempo a responder le colgó, tiró el móvil al suelo justo después de apagarlo, y volvió a la cama. Sorprendentemente Magnus se había vuelto a dormir, la respiración suave y un ronquido leve eran las claras señales de que el brujo se había quedado profundamente dormido.
Se arrodilló frente a él, y lo observó atentamente, pómulos marcados, labios entreabiertos, ojos que se movían en suelos, hermosos, siempre hermosos, siempre era hermoso, simplemente Magnus.
Todo su ser encajaba perfectamente, como si de un puzzle se tratara, totalmente equilibrado y magnético.
Sintió cómo algo detrás de sus ojos estallaba y nuevamente sintió cómo algo se deslizaba hacia afuera por el orifico de su nariz, sin embargo sólo se movió cuando sintió que la sangre llegaba hasta sus labios.
No sabía ni sospechaba la razón de las cosas que le pasaban a su cuerpo las últimas semana, desde que habían salido del Instituto con el pretexto de la luna de miel, se había sentido mal, como a punto de entrar a un resfriado que nunca llegaba, al principió le echó la culpa tal vez al cambio tan brusco de clima, pero eso no explicaba el por qué del sangrado nasal al que su cuerpo lo sometía una vez al día, sin ni siquiera avisarle, simplemente pasaba. Resultaba fácil escondérselo a su marido. Demasiado fácil. Pero no iba poder ocultarlo durante mucho tiempo más. Cada vez le dolía más la cabeza, se cansaba con rapidez y notaba cómo si su cuerpo empezara a oxidarse.
Se levantó y se dirigió con paso decidido al baño. Miró su rostro en el espejo, de por sí su cuerpo no mostraba ningún signo de enfermedad, solamente el río carmesí mostraba su fragilidad de su cuerpo. Se lavó la cara y esperó unos minutos a que su nariz dejara de sangrar, la continua perdida de sangre lo dejaba exausto, pero aún así sacaba fuerzas de las runas para salir a visitar con Magnus la ciudad, aunque prefería quedarse a dormir, la cama parecía tan…¿agradable?
-¿Alec?.-preguntó Magnus desde la cama.
-¿Sí?.-preguntó el nephlim mientras se daba prisa por esconder las pruebas de su delito, tiró los papeles empapados en sangre a la taza del váter y tiró de la cadena.
-Voy a buscar bollos ¿quieres?.-preguntó, es cuchó como chasqueaba los dedos y lo visualizo en calzoncillos y al momento siguiente vestido.
-¡De crema!.-dijo sonriendo.
-Oído cocina.-exclamó, se quedó pensando un momento.-Siempre pensé que los cazadores de sombras tenían la tendencia a comer sano, al más puro estilo, zumo de naranja por las mañanas y tostadas integrales.
Alec no pudo evitar la risa.
-El día que me sirvas algo integral por las mañanas te tiro por la ventana, con plato y todo.
Escuchó la risa de Magnus y un segundo después, el chasquido de la puerta al cerrarse.
Respiró profundamente, salió del cuarto de baño y se dirigió a su armario, de una funda de terciopelo negra sacó la estela y en el pecho se trazó in iratze, no sabía si lo ayudaba, pero el día que trató de no ponérsela, los dolores de cabeza se intensificaron y la hemorragia nasal lo dejo perplejo, aun así, a medida que pasaba el tiempo, o su cuerpo se debilitaba cada vez más o los iratzes dejaban de funcionar. Observó la cama desde su posición, se veía suave, cálida y lo llamaba en silencio. No pasaba nada si se recostaba un rato ¿no?. No recordaba haberse tumbado, y mucho menos haberse dormido, pero eso no le preocupó, lo que le preocupó seriamente, fue la mirada enfurecida de su marido, observándolo desde su posición, fruncía los labios fuertemente. Estaba enfadado y muy enfadado.
Segundo después se dio cuanta que no había sido Magnus el que lo había despertado, ni su presencia ni el cálido toque de su mano en la espalda, al contrario, sintió como el líquido carmesí resbalaba por su cara, hasta perderse en las sábanas de la cama.
-¿¡Cuándo pensabas decirme!? ¿¡Cuándo te estuvieras muriendo o en el momento antes!?
-Magnus ¿qué…?
-¿¡Qué "Qué quiero decir" Cómo es posible que seas tan estúpido Alec!?
