El chasquido de la puerta al cerrarse lo llevó al mundo exterior, prefería quedarse en el hotel, abrazar y besar a Alec, recordó la voz de su marido pidiendo bollos de crema, tomó valor y se dirigió con su elegancia propia al ascensor, sólo tuvo que aguantar el olor a viajo durante un minutos mientras el ascensor se detenía en la planta cero. Se dirigió a las puertas doble de cristal, mientras sentía la mirada de mundanos, clavados en él, tal vez sería los pantalones chillones o tal vez los ojos de gato que no se molestó en cubrir con un glamour.
En la calle cambió el olor de los viejo rondadores del hotel, por el de el movimiento, la frescura, el olor del sol el de la calle el de las flores del campo.
Vida.
No. Eso no es vida, la vida es estar al lado de Alec, de forma instantánea, observó la ventana del cuarto que compartía con Alec, las cortinas de seda fue lo único que vio, pero aún así le vasto saber que estaba allí, detrás de las cortinas, esperándolo, suyo.
El olor al pan recién hecho llenó sus fosas nasales, aunque aún le quedaban unos cinco minutos andando, podía sentir la fragancia, llenandole los pulmones, el estómago le rugió con fuerza y de forma instantánea se llevó la mano a su estómago, sonrió.
La panadería estaba hasta arriba de la gente que pedía a gritas su pedido, Aylén lo vio y abrió los ojos, y con una mano le dijo que se acercara.
-Que sorpresa verte aquí, Magnus.-dijo la bruja, abrazándolo, la conocía hace relativamente poco, ¿cuánto? ¿Cien, doscientos años?
Se carcajeó.
-La verdad que sí, hace mucho que no te veía, dime ¿cómo es que acabaste aquí, no estabas con Jerry?
-Digamos que tenía muchos secretos, uno con nombre y apellido.-dijo sonriendo.
-Ops, yo…No sé, lo siento.-dijo mirándola.
-No hablemos de mi, dime, ¿qué haces aquí de nuevo?
-Bueno…digamos que al gran Magnus Lig… Bane le han echado el lazo y está de luna de miel.
-¡Venga ya! ¿Enserio?.-preguntó con los ojos abiertos.
-Si.
-¿Y quién es la afortunada?.-preguntó levantando una ceja
-¿Afortunada?.-preguntó con indiferencia.
-¿Afortunado está mejor?.-preguntó, la sonrisa se amplió y por un momento pudo ver su lengua de serpiente junto con los colmillos venenosos.
-Mucho mejor, muchísimo.-dijo.
-OH, bien, y dime, ¿brujo?¿Vampiro?
-Cazador de sombras.-dijo finalmente.
-Pensaba que los odiabas.-recalcó, con las cejas enarcadas.
-El verbo odiaba, está en pasado no en presente.
Ella rió.
-Te atiendo ahora mismo, si me prometes presentármelo.
-Hecho, pero te advierto una miradita de más y…
-¿Me echarás un maldición como la que te echó Oshi?.-dijo divertida, cómo le gustaba recordarle que estaba maldito, por un cara-culo de tres al cuarto.
-Agg, a ese loco no le hagas mucho caso.
-Todo el mundo dice lo mismo. ¿me vas a atender o no?.-preguntó.
-Dime que quieres.-dijo ella, sacando del bolsillo de su delantal una pequeña libreta y un bolígrafo.
-Bollos rellenos de crema , una docena, ah, y rellenos de chocolate también, dos cafés, unos sin azúcar y otro con sacarina y leche, por favor.
-Bien, tendrás que esperarte un momento, allí.-dijo señalando la parte trasera del establecimiento.-Están las sillas, diez minutos y te llevo el pedido.
-Bien.-le dio un beso en la mejilla.
De nuevo a esperar, odiaba esperar, se imaginaba a Alec, duchándose, con el agua recorriendo su cuerpo, pero sus cavilaciones acabaron estancados en Jerry, el ex de Aylén demasiados secretos había dicho.
Secretos, secretos…
Había algo extraño en esa palabra.
-Alec esconde algo.-dijo afirmándoselo a sí mismo.-Algo gordo…
Invocó en su mente los recuerdo recientes de Alec, no aquello a los que veía al nephilim dándose un chapuzón, en el agua fría del lago… No a sus ojos por las mañanas.
Recordó las marcas extrañas de su espalda, la manera en la que le costaba dormir por la noche, como a veces se apretaba el pecho como si le costara mantenerle el ritmo, cuando en realidad, siempre había sido él, el que tenía que apretar el paso para alcanzarlo.
-¿Magnus?.-dijo la voz de Aylén, él levantó la mirada, agarró con rapidez la bolsa de papel que le ofrecía y se levantó, le dio unas cuantas monedas y sin meditar palabra salió del establecimiento, el camino se le antojó largo de repente, como si por fastidiarlo la calle hubiese crecido.
Llegó de nuevo al hotel, y entró. No le prestó atención al olor a viejo, y para su gusto el ascensor tardaba mucho, así que de dos en dos subió las escaleras antiguas, recordando que allí había besado hacía muchísimos años a una mujer desconocida, en su adolescencia, su verdadera adolescencia.
La puerta se materealizó ante sus narices y con las manos temblando abrió la puerta, Alec estaba profundamente dormido, respirando pausadamente dejó la bolsa de papel en la mesa, sorprendiéndose al observar cómo el café se había derramado, tal vez sus prisas por las calles o subiendo a trompicones las escaleras, para llagar lo antes posible.
Se acercó a su marido y lo observó, analizando su cuerpo, tenía la ilusión de que las marcas de su espalda hubiesen sido un juego de sombras o tal vez su imaginación, pero allí estaban, más grades de las que las recordaba, una justo debajo del omoplato derecho y otro en el hueso de la cadera, escuchó también un quejido y su propia voz repitiendo el verso de un libro que en ese momento no recordaba:
"Venenos, hay muchos y uno de los más poderosos es el veneno que se extrae de la vesícula biliar de los demonios…""Uno de los primero síntomas es el sangrado de la nariz, el dolor de cabeza casi permanente y marcas en forma de cardenal en la espalda, procedente de la sangre envenenada y de por sí muerta""Se acumula en la espalda generalmente aunque se han encontrado casos en las piernas y en la planta de los pies…"
-No.-susurró.
Alec volvió a gemir y se llevó una mano a la cabeza, y ante la mirada estupefacta de Magnus un río de color carmesí se abrió paso a través de ambos orificios nasales, manchando las sábanas.
Le odio, en ese momento le odio, y la furia se abrió paso por su pecho inundándolo.
Él abrió los ojos y lo miró, primero vio a través de sus ojos su propia mirada gatuna, lo miró extrañado y un segundo después, más rápido de lo que había esperado se llevó una mano a la nariz, dónde sus dedos se mancharon de sangre.
-¿¡Cuándo pensabas decírme!? ¿¡Cuándo te estuvieras muriendo o en el momento antes!? .-no planeaba gritarle, pero aún así no pudo evitarlo.
-Magnus ¿qué…?.-empezó a preguntar, claramente desconcertado.
-¿¡Qué "Qué quiero decir" Cómo es posible que seas tan estúpido Alec!?
-¿¡Qué coño te pasa!?.-gritó él en respuesta, apartando las sábanas de su cuerpo semidesnudo.
-¿¡Cómo que "qué me pasa"!?.-gritó, levantándose furioso de la silla, tirándola de paso.
-¡Sí! Me despierto y tú te pones a gritar como un maldito elfo loco!
-¿¡Cómo quieres que no me ponga furioso!?¿¡Desde hace cuánto tiempo necesitas una runa de energía sólo para mantenerte en pie!?
-¿¡Y a ti qué te importa!?.-gritó, sus ojos habían pasado de ser azules a negros en apenas segundo, observó estupefacto cómo se ponía los pantalones.
-¿¡Cómo puedes ser tan estúpido!? Eres mi marido.-gritó en respuesta, señalándose a sí mismo.-¿¡Todo me importa!?
-¿¡Estúpido!? Por el Ángel, Magnus te estás escuchando.
-¡Sí, para tu información con el paso de los años no he perdido audición!.-gritó.
Alec apretaba fuertemente la mandíbula, quiso arrepentirse cuando se dio cuanta que Alec, tomaba su chaqueta, seguramente para salir del hotel, trató de detenerlo agarrándolo del brazo, pero el muchacho se zafó y salió por la puerta cerrándola de un portazo.
Y Magnus se quedó allí, con la imagen de Alec rojo de furia en su cabeza, y como lentamente las finas venas de sus ojos estallaban, manchando el globo ocular de rojo.
Observó a Alec cruzar la calle, con la cabeza baja golpeando una china que apenas lograba ver, se sintió furioso a la misma vez que culpable.
-Te has ido.-se dijo a sí mismo.
Agarró las llaves y se dirigió a la puerta, cerrándola con suavidad.
La calle, ahora no era pacífica, ahora estaba llena de gente gritando, como si el mundo cambiara a partir de las emociones de Magnus, el sol se escondió detrás de unas nubes grises que gritaban tormenta. La calle, anteriormente llena paro no en exceso ahora era demasiado concurrida y no dejaban ver la cabellera negra de Alec por ningún lado.
El olor a pan de la panadería de Aylén ahora se mezclaba con el olor del agua estancada, haciéndolo apestoso, su estómago se encogió de dolor, de rabia de furia de frustración y aunque le costara reconocerlo también se le llenó de miedo. Caminó entre las calles, preguntando en varios idiomas distintos sobre el mismo personaje, alto delgado pálido y de ojos azules, todos negaron con la cabeza y murmuraron sendas disculpas.
-Maldito nephilim ahora se le ocurre usar un glamour. ¿un glamour?
Sonrió para sus adentros, el glamour era fácilmente detectable, chasqueó los dedos y siguió un rastro suave de pasos, lo vio pararse un par de veces, y luego siguió caminando, cada vez más cerca de los famosos canales. No tardó mucho en verlo, conocía la figura de su cuerpo como si fuese la suya propia, estaba sentado, con la mirada perdida en el agua, hombros caído y parecía que quería desaparecer, Magnus se acercó a él, descubrió que tenía los ojos cerrados y que trataba de concentrarse en algo, se le paró un segundo el corazón y sus pasos se detuvieron, la cara pálida de Alec estaba manchada de nuevo por una gota de sangre, espesa y oscura que se quedaba quieta en la línea de sus labios.
Se acercó y se sentó junto a él, también con la mirada perdida, nadie dijo nada, nadie los veía, eran invisibles para el mundo, Magnus sacó del bolsillo de sus pantalones un pañuelo de tela blanca y se lo tendió, lo miró, sus ojos le dijeron que no entendía, entonces Magnus acercó el pañuelo a la línea carmesí, y con cuidado la limpió.
Sonrió, una sonrisa triste y algo forzada.
-Te amo.-dijo el brujo.
-Yo también, Magnus, te amo.-dijo sonriendo.
-No puedo, ¿lo entiendes verdad?
A Alec se le paró la respiración un momento.
-Yo en tu lugar tampoco podría.-dijo curvando los extremos de su boca en una sonrisa triste.
-¿Desde cuándo?.-dijo.
-Antes de salir del Instituto.
Todo se quedó en silencio durante un rato, un tiempo indefinido, ambos se habían perdido en sus pensamientos.
-Magnus, creo que necesito ayuda.
Magnus abrió los ojos sorprendido, creía que era más probable que le cayera un rayo en la cabeza a que Alec admitiera que necesitaba ayuda, por un lado se alegró que tuviera la fuerza necesario para admitirlo, pero por otro lado, tenía que estar en muy mala posición, como para obligarse a pedir ayuda.
-Tengo a la persona perfecta para eso.
No tuvieron que esperar demasiado para que Aylen abandonara el edificio en el que trabajaba, la bruja salió por la puerta principal como Magnus había dicho, tanto el nephilim como el subterráneo siguieron a la lengua de serpiente por un sinfín de calles, hasta que al fin se detuvo frente una casa de aspecto mugriento, pero, como Magnus tan bien sabía, seguramente el interior era delicadamente lujoso.
Alec se adelantó y se plantó frete a la puerta verde, miró a Magnus que le sonrió cómplice, antes de que el tuviera que levantar la mano para tocar el sucio timbre, la puerta se abrió y Alec se vio atacado, por la misma Aylén, un cuchillo de cocina le amenazaba el cuello, él sin embargo no se movió, se quedó allí, mirándola a los ojos, seguramente analizando cuanto le costaría llegar al cinturón de armas que llevaba, apartarse antes de que el cuchillo le llegara al cuello y finalmente defenderse.
Eso, paso a paso habría sucedido si Magnus no hubiese hablado.
-¿Así es cómo tratas a tus invitados, Aylén?
Ella lo miró sorprendido, seguramente no se había dado cuente que Alec iba acompañado.
-Per..perdón, ¿Este es el afortunado?.-preguntó sorprendida señalando el pecho de Alec con el cuchillo.
-Alec, te presento a mi amiga y confidente…
-Aunque no lo suficiente para invitarme a su boda.-añadió con picardía.
-Aylén Brizz.-finalizó el brujo.
-Oye, ¿te importaría bajar el cuchillo?.-preguntó Alec con cuidado.
-Sí, sí me importaría, por eso no lo bajo.-le respondió.
-Podrías ser más amable, ¿no querías conocer acaso al que me echó el lazo?
-Lo dije por cortesía, lo que hagas más bien me importa poco.-respondió ella.
-¿Y aún te preguntas, por qué no te invité a mi boda?.-dijo Magnus algo nervioso, veía como el pecho de su marido se hinchaba cada vez más rápido, sabía que si no conseguía que Aylén bajara el cuchillo, la naturaleza del cazador de sombras lo iba a impulsar a actuar, y para ser sinceros, Alec no tenía ni la más mínima posibilidad.
-¿Qué quieres?.-le preguntó Aylén a Alec, sus ojos de serpiente, lo analizaban y su piel de apariencia suave había empezado a sacar escamas de brillantes colores.
-Un cura, te pagaré.-respondió.
-No soy barata, Magnus y lo sabes muy bien.
-Te salvé la vida, el decreteto de los hijos de Lilith te obliga a pagarme. Una vida por una vida.
-No veo que te estés muriendo.-dijo ella, él en cambio señaló a Alec con la cabeza.-Se trata de mi esposo.
Alec, se movió en el momento en el que Aylén miró a Magnus, arrancó el cuchillo de un manotazo, lo agarró por la empuñadura y ahora los papeles se habían invertido, Alec mantenía el filo del cuchillo en el cuello de la mujer , mientras ella, alzaba las manos en un gesto de rendimiento.
-Aggg, ya me dijo mi tutora que enfrentarse a un cazador se sombras era inútil.
-Digamos que tu tutora tenía razón.-dijo Alec, sus manos no temblaban aunque en su frente por arte de mágia habían aparecido gotas de sudor.
-Tiene jovencito.-dijo una voz antigua desde el interior de la casa.-Aún no me he muerto.
La anciana chasqueó los dedos y el cuchillo desapareció para aparecer en sus manos.
-Bueno, ¿qué te trae por aquí Magnus?.-preguntó la señora.
-Digamos que un asunto de salud…
-Yo te veo bastante bien.-dijo la voz pastosa de la señora, que se tapaba el rostro con una especie de sábana sucia y gris.
-No es para mí, es para mi…Marido.-dijo la última palabra alzando los hombros, por una vez la mirada de la mujer se posó en Alec y lo analizó.
-Te dije que se acabaría casando.-dijo la vieja, dándose la vuelta y penetrando en la casa.
-Déjales pasar Aylen, pero que el nephil deje todas sus armas en la entrada.
-Sí señora.
Aylén agarró el pomo de la puerta y con un movimiento de cabeza les hizo entrar, Alec empezó a desenfundar y una barbaridad de armas de los lugares más recónditos, dejando sorprendido a Magnus.
-Te faltan los cuchillos de la espalda.-Mgnus señaló los pequeños cuchillos, no mayores que las palma de las manos, debidamente enfundadas en la cinturilla del pantalón.
-Magnus…-dijo distraído.
-¿Mmmm?.
-Me cuesta mover los brazos.
Abrió los ojos sorprendido, con mano temblorosa sacó los cuchillos de la funda y los dejó a mano, para que Alec pudiera alcanzarlos y dejarlos en la mesilla.
-¿Alguna cosa más?.-preguntó tratando de quitarle hierro al asunto, en menos de una hora saldrían de ese apestoso sitio y Alec estaría bien.
-Tengo uno en la parte delantera de mis pantalones.-dijo con voz sensual.
-No tenemos todo el día.-dijo Aylén, apareciendo justo en el momento en el que Magnus se decidía a llevar la mano a la parte delantera de los pantalones.
Magnus se resignó, y de nuevo emprendió el camino hasta toparse de frente con una cortina hecha de perlas de madera, al atravesarla, la habitación se transformó, allí había una mase, con una sábana oscura encima, haciendo de camilla improvisada.
-Siéntate allí.-señaló la señora, mientras rebuscaba en una estantería llena de frascos.-y quítate la camisa.
Alec obedeció, su rostro se contrajo mientras lentamente se quitaba la camiseta.
Aylén soltó un grito, a lo cual la vieja se dio la vuelta al instante, soltó un improperio y el tarro que sujetaba en las manos se calló al suelo. Magnus no entendió la reacción de las chicas, Vieja se puso a gritar a Aylén que enseguida se acercó a Alec y lo tumbó boca abajo en la mesa.
Vieja, se puso entonces a rebuscar murmurando nombres que incluso al Gran Brujo, le resultaron desconocidas.
-Llévatelo de aquí.-le dijo la Vieja a Aylén que se dirigió a Magnus y lo hizo atravesar de nuevo la cortina de perlas.
-Quédate aquí, ¿de acuerdo? Ni se te ocurra moverte.-le enseñó los colmillos de serpiente y volvió a atravesar la cortina, la habitación que Magnus había visto se difuminó, y no volvió a aparecer.
5 minutos después.
Aylen apareció detrás de la cortina después de que una corriente de aire cambiara la habitaciones.
-Magnus.-dijo con voz apagada.
-¿Qué le pasa? Nunca había visto a Vieja actuar así.-dijo negando con la cabeza.
-Magnus.-volvió a decir, tomó aire.
-¿Qué pasa Aylén?.
-A Alec no le quedan ni tres días de vida, se está muriendo, Vieja está sorprendida de que ella durado tanto.
El mundo a los pies de Magnus se tambaleó.
-Eres muy mala contando bromas.-dijo Magnus sonriendo.-Siempre se te ha dado mal.
-Te hablo enserio, Magnus.
-No, no lo haces.-dijo él, negándose a admitir la verdad.
-Magnus, escucha, lo han envenenado, damantium, ¿lo recuerdas?
-El veneno que podía matar a lo dioses.
-Alec nunca ha tenido ni una oportunidad Magnus. Se muere, ya no le queda tiempo.
-Mientes, el damantium se extinguió hace tiempo…y…Y Él…Él no puede morir.
-Es un mortal Magnus, si el veneno puedo con gente como nosotros, ¿crees que no podrá con un simple Cazador de sombras?
-Quiero hablar con Vieja.
-Está ocupada.
-Me importa una mierda.-dijo apartó a Aylén de un empujón y entro en la sala, Alec dormía tranquilo, mientras en su espalda Vieja trabajaba, vislumbró una cantidad incontable de agujas clavadas en el cuerpo del nephilim, justo encima de las marcas oscuras de su espalda.
-Vieja.-llamó Magnus.
-¿Qué quieres?.-dijo de mal humor, Alec entreabrió los ojos.
-Deberías cuidar la lengua viperina de tu alumna.
-No entiendo.-dijo finalmente, limpiando con un pañuelo la espalda de Alec.
En ese momento Alec despertó justo en el momento antes de hablar, la voz de Magnus lo interrumpió.
-¿Alec se muere?.-preguntó, sintiendo su mundo pendiendo de un hilo.
-El veneno de los dioses.
-¿Cuánto?.-preguntó la voz de Alec desde la camilla.
-No más de tres o cuatro días, como mucho. Lo siento joven.
Magnus desapareció por la puerta, sin dirigir una sólo palabra a ninguno de los dos.
-¿Tuve alguna posibilidad?
-No niño.-dijo con cierta pesadez en la voz, como si de verdad le doliese que Alec siento. Hubo un tiempo en el que se envenenaba a mucha gente con el Néctar de los dioses, como lo conocíamos en mi época.
-Bien.-dijo Alec, simple sin complicaciones ni llantos, como había esperado Vieja.
-¿Bien?¿Sólo eso?.-preguntó.
-Ya estoy en la tumba, no me pondré a llorar, no puedo hacerle eso a Magnus.
-¿Le amas?
-Más que a anda.
No hubo más conversaciones, todo quedó en silencio.
Magnus corrió hasta la salida, abriendo la puerta del golpe, y simplemente se derrumbó, luchaba para no llorar, pero ahí estaban las lágrimas traicioneras, escapando de su ojos gatunos, lágrimas eternas, empezó entonces a golpear las calzada, la calle estaba desierta, pero aun así, los temblores de las casas vecinas no le hicieron parar.
Alec se iba a morir, tenía asumido eso, pero dentro de muchos años, no ahora, no con aun la vida por delante, sin conocer el mundo, como tenia planeado.
Sólo tres días, y ya está, y eso si tenían suerte.
Tres.
-Magnus.-dijo la voz de Alec a su espalda, mientras se acomodaba lacazadora de cuero.
No tuvo tiempo a seguir la frase, Magnus lo abrazaba, mientras murmuraba cosas entre sollozos,.
Pegó su oído al pecho del nephilim , escuchando los erráticos latidos del corazón.
Nunca tuvo un aposibilidad.
Nunca.
-Mírame.-dijo Alec, sin embargo Magnus lo ignoró.
Siempre había sido Alec el fuerte, y ahí estaba sin fallarle, fuerte como un roble con raíces profundas, no lloraba ni sollozaba, sólo acariciaba el pelo del brujo, que empapaba la ropa con lágrimas.
-Magnus…-continuó.-Ya está, pasó, moriré. Todo el mundo lo supo.
-No puedo perderte.
-no me vas a perder, no seas un imbécil llorón, estaré contigo aunque este muerto.
-¿Cómo puedes hacerlo?¿Cómo puedes simplemnte aceptar tu muerte así como así? ¿Acaso no sabes lo que significan las palabras de Vieja?
-Sí lo sé, saqué en un nueve en comprensión y redacción.-dijo con sencillez, encogiendose de hombros.
-No dejaré que mueras.
-No está en tu mano decidirlo..-antes de que pudiera continuar, Alec lo besó, un beso lento, suave, con emociones descocnocidad encontrándose en un cóctel asqueroso y repusivo en el interior del cuerpo de Magnus, pero Alec, siempre con su poder de curar lo malo de él, convirtió ese cóctel en amor.
-Quiero volver a casa, Magnus cazadora de cuero.
No tuvo tiempo a seguir la frase, Magnus lo abrazaba, mientras murmuraba cosas entre sollozos,.
Pegó su oído al pecho del nephilim , escuchando los erráticos latidos del corazón.
Nunca tuvo una posibilidad.
Nunca.
-Mírame.-dijo Alec, sin embargo Magnus lo ignoró.
Siempre había sido Alec el fuerte, y ahí estaba sin fallarle, fuerte como un roble con raíces profundas, no lloraba ni sollozaba, sólo acariciaba el pelo del brujo, que empapaba la ropa con lágrimas.
-Magnus…-continuó.-Ya está, pasó, moriré. Todo el mundo lo supo.
-No puedo perderte.
-no me vas a perder, no seas un imbécil llorón, estaré contigo aunque este muerto.
-¿Cómo puedes hacerlo?¿Cómo puedes simplemente aceptar tu muerte así como así? ¿Acaso no sabes lo que significan las palabras de Vieja?
-Sí lo sé, saqué en un nueve en comprensión y redacción.-dijo con sencillez, encogiéndose de hombros.
-No dejaré que mueras.
-No está en tu mano decidirlo..-antes de que pudiera continuar, Alec lo besó, un beso lento, suave, con emociones desconocidas encontrándose en un cóctel asqueroso y repulsivo en el interior del cuerpo de Magnus, pero Alec, siempre con su poder de curar lo malo de él, convirtió ese cóctel en amor.
-Quiero volver a casa, Magnus.
