Unlimited Denki Capítulo 1. Drim [Kyomi]

Y la tormenta cesó.

Ahora que las nubes negras se perdían en el horizonte, Kyomi Taylor pudo divisar desde el avión la Gran Isla. Se quitó sus cascos rosas dejando de escuchar una canción de su grupo favorito Black y abrió aquella ventanilla lo máximo posible. Estaba súper emocionada.

- Al parecer llegaremos en veinte minutos –Decía su compañera Nagisa-. Ha sido un viaje de tres horas y media… quien iba a decir que esto está cerca de Japón.

- ¿¡Has visto lo grande que es!? –Gritaba Kyomi haciendo caso omiso a lo que Nagisa le contaba-. Dentro de poco estaremos estudiando allí, y llegaremos al área 1.

- Oye Kyomi, no te ilusiones tanto –Suspiró-. Llegar al área 1 no es tan fácil como tú crees.

- ¿Acaso es fácil entrar en Drim? –Preguntó Kyomi mientras acariciaba su cabello anaranjado. –Solo residen 3000 personas: 2500 son alumnos, 200 profesores y lo demás son familiares y técnicos.

- Sí que estás informada…

- ¿Por quién me tomas, Nagisa? –Dijo Kyomi entre risas.

Ambas se echaron a reír.

El avión aterrizó perfectamente en la zona sur de Drim. Podía decirse que era una isla tropical ya que su clima tenía unas condiciones muy próximas a este, o al menos en lo que respecta al sur de la isla. Drim es una isla artificial creada por una empresa multimillonaria donde asisten alumnos de toda la zona oriental. ¿Por qué es tan famosa? Porque en Drim lo principal no eran los estudios, sino el fútbol.

El fútbol se ha hecho muy popular en todo el mundo. Actualmente es el deporte más jugado en todos los sentidos. Empresas multimillonarias han creado islas artificiales donde van una serie de alumnos a estudiar y a jugar al futbol. Una de ellas al sur de Japón es Drim.

Kyomi Taylor por fin había conseguido entrar, tiene diecisiete años recién cumplidos y va a entrar en segundo de preparatoria. Le hubiera gustado haber entrado en la Gran Isla desde primero pero por desgracia no lo consiguió. Era primavera, y sus cerezos habituales se habían sustituidos por palmeras. Un cambio al que tenía que acostumbrarse. Aun por tener un apellido extranjero había vivido en Japón gran parte de su vida.

- ¿Se os olvida algo, señoritas? –Preguntaba un hombre trajeado que las acompañaba a la salida del aeropuerto.

- A mi desde luego no –Contestaba Nagisa-. ¿A ti, Kyomi? –No pudo acabar la pregunta ya que Kyomi se había alejado de ella. Estaba ante un gran cristal transparente que mostraba un paisaje precioso de la zona. Ella se había fijado en un campo de fútbol, no podía parar de sonreír-. Esta chica no tiene remedio.

- ¿Has visto, Nagisa? –Preguntaba la joven señalando el campo de fútbol-. Tenemos que ir allí ahora mismo.

- Pero habrá que llevar el equipaje y todo…

- Si queréis me lo podéis dar a mí y mando a un par de personas para que os lo lleven a vuestros pisos. –Interrumpía aquella persona trajeada con un tono agradable-. Debéis de disfrutar lo máximo posible ahora que tenéis la oportunidad.

- ¿En serio? ¡Gracias! –Exclamaba Kyomi sin terminar de sonreír.

- Que suerte, podremos ver quienes están jugando al fútbol.

Ambas se despidieron del señor y se dispusieron a salir del aeropuerto. Aquel sitio era enorme, mucho más grande que el aeropuerto de Kyoto. Tuvieron que preguntar a un par de personas donde se encontraba la salida ya que no se habían enterado muy bien por los mapas. Mientras caminaban escucharon un vozarrón que llamó la atención de Kyomi.

- ¡Abran paso!

Tres hombres llevaban una camilla donde se encontraba un chico de unos 17 años. Tenía el pelo verde y unas ojeras muy marcadas. Se pararon al lado de ellas dado que una rueda se había quedado pillada. Kyomi pudo escuchar lo que murmuraba el chico. ''Tengo que ganar…''. Un escalofrío acarició el esbelto cuerpo de la chica.

Remontaron su camino cuando la rueda se arregló y un hombre viejo y gordo apareció corriendo detrás del carro. Se estaba sujetando el sombrero, seguramente para que no se cayese. Parecía preocupado.

- ¿Quiénes serán? –Preguntó Nagisa.

Cuando por fin consiguieron salir del aeropuerto, buscaron el campo de fútbol que había visto por los cristales. De camino, Nagisa recibió una llamada telefónica. Kyomi la estuvo esperando sentada en un banco mientras veía pasar a las personas. Unas estaban con un balón pasándoselo mientras corrían. Otras alardeaban de lo bueno que era su equipo. ''Seguro que puedo ganarles'' Pensaba Kyomi con una sonrisa confiada. Cuando Nagisa acabó, Kyomi se levantó.

- Perdona Kyomi, me temo que tendrás que ir tu sola al campo. –Decía Nagisa-. Me han llamado y tengo que ir al área 5 a hacer un papeleo. Tengo que coger el tren de las una o no llegaré a tiempo.

- Um… Vale.

Ambas se despidieron y Kyomi prosiguió su camino. No le había gustado que Nagisa se fuese, pero no podía impedirlo. Esperaba encontrarla de nuevo en la graduación. Cuando llegó al campo de fútbol intentó abrirse paso entre la multitud para ver que ocurría. Gran parte del montón eran chicas, todas gritando de emoción.

- ¿Qué pasa aquí? –Preguntó Kyomi, que por fin dejó de sonreír como una boba.

- Shh –Le había mandado a callar una chica-. Va a jugar nuestro gran Kitaru.

- ¿Ki… taru?

- ¿No sabes quién es? Mira, ese ángel rubio.

En el campo se encontraba únicamente un chico rubio con once jugadores por delante. Tenía el flequillo corto excepto por su lado derecho. Por detrás tenía el cabello hasta el cuello. Poseía unos ojos azules acompañados de una mirada fría parecía que podía atravesar cualquier defensa, seguramente eso le encantaba a las jóvenes. A la vista de Kyomi, medía unos diez centímetros más que ella, lo que viene siendo 1, 80m. Se sacudió un poco su camiseta negra y roja, suspiró, y corrió hacia delante con el balón. Todas las chicas gritaron aún más fuerte que antes.

Los dos primeros jugadores fueron fáciles de regatear, pero el tercero le propinó una entrada muy forzada. Kitaru lo saltó sin problemas, dejando a Kyomi impresionada. Aquellos movimientos eran de lo más perfecto. Nunca había visto un jugador así. El cuarto y el quinto intentaron cargar contra él, pero este dejó de correr y se quedó parado, haciendo que estos dos defensas se chocasen entre ellos. Prosiguió su camino hacia la portería y le asaltaron tres jugadores más, de uno en uno. El primero fue sencillo, el segundo mucho más, y con el tercero solo tuvo que amagar por un lado para irse por el otro. Cuando cada vez quedaban menos defensas decidió saltar llevándose el balón consigo. En el aire chutó el balón y le dio de tal manera que unas flamas anaranjadas acompañasen el esférico. El portero intentó pararlo pero aquel tiro tenía la potencia necesaria para sobrepasar al guardametas. El gol fue inminente.

- ''Esas llamas'' –Kyomi no podía abrir la boca de lo impresionada que estaba-. ''Ese chico ha usado una hissatsu''.

Un joven se levantó del campo y se dirigió al rubio. ''¡¿Cómo es posible?!'' Se preguntaba él. Kitaru que se dirigía a la salida del campo se paró y miró hacía el chico. ''No habéis montado bien la defensa, no sabíais que hacer nada más regateé el primero, tenéis que pensar más rápido''. Kitaru se fue y un grupo de chicas lo rodearon y comenzaron a pedirle autógrafos. Kyomi dio media vuelta para proseguir su camino, pero chocó contra el brazo de una persona, aunque más que chocar contra un brazo parecía que había chocado contra una farola.

- ¡Ay! –Gritó Kyomi que había caído al suelo.

-¿Estás bien? –Medía alrededor de dos metros, la joven no conseguía verle la cara desde su posición, por lo que tuvo que levantarse. El joven tenía el pelo castaño, abierto por los lados. Poseía una sonrisa contagiosa y se notaban sus horas de gimnasio, muchas. -¡Lo siento, a veces no miro por donde voy!-. Comenzó a reír.

-¡P-pero…! –Kyomi se había quedado paralizada. ¡Era un monstruo! Pero pintaba ser amable. Parecía que hoy era el día de los raritos. Primero el chico en la camilla, segundo el rubio guapetón y tercero aquel muro.

-Toma, un helado.

-¿¡Para qué quiero un helado!? –Decía Kyomi, que no entendía nada.

-Era para Kita pero veo que se va a derretir para cuando lo vea.

Ambos caminaron hacia delante juntos. Kyomi había aceptado el helado, estaba muy bueno en verdad, y más con el calor que hacía en la isla. Al parecer el chico se llamaba Kenma pero prefería que le llamasen Ken. Cuando cruzaron una esquina, dio la casualidad de que un extraño con capucha y gafas de sol chocase con Ken.

- ¡Eh! Mira por dónde vas. –Decía el extraño que tras apartarse del grandullón, se quedó paralizado-. Anda, Ken.

- ¡¿Qué haces así vestido?!

- ¡¿Y esa chica?!

- ¡Yo he preguntado primero, Kita!

- ¡Pero la mía es más importante!

Kyomi no entendía nada, hasta que los tres entraron en un callejón. El desconocido se quitó aquella sudadera con capucha y aquellas gafas, dejando de ser el desconocido y pasando a ser Kitaru.

- ¡Si es Kit-

- ¡Shhhhh! Por favor no digas mi nombre -El chico apartó su cálida mano de la boca de la joven.

- ''Con que Kita venía de Kitaru…'' –Pensaba Kyomi.

- Oye Ken, te toca explicar esto.

- ¡Ah, sí! Ella es Kyomi, es una buena chica, aceptó mi helado sin rechistar.

- Que te he dicho de darle helados a la gente… -Suspiró-, bueno tenemos que irnos.

- Uy, sí. Casi lo olvido.

- Un placer Kyomi.

- Espero volver a verte –Decía Ken.

Ambos se fueron por el callejón dejando a Kyomi sola. Se había quedado perpleja, vaya día que tenía. Avanzó por el callejón cuando se dio cuenta de que había vuelto por el mismo camino. Kyomi no tenía muy buen sentido de la orientación, era un poco torpe en esos casos. Confusa cruzó una esquina y se encontró con un pequeño campo de fútbol.

Aquel sitio estaba hecho polvo, el suelo era súper incómodo para poder jugar, pero eso no era lo que le molestaba a la chica. Un grupo de cuatro chicos la miraban. Uno de ellos, el más diminuto, estaba fumando.

- ¡Eh, bellezón! ¡Únete a nuestro equipo! ¡Necesitamos animadoras! –Gritaba uno de ellos. Era el segundo más alto y era delgado como un fideo. Sus paletas superiores sobresalían y junto a sus ojos rasgados no daba muy buena impresión.

Kyomi se quedó callada y pasó por delante de ellos. ''Ni de coña'' Susurró.

- Creo haberla escuchado. Ha dicho que ni de coña. –Dijo un chico. Era el tercer más alto pero al contrario que el anterior este era mucho más guapo, a su modo. Poseía un pendiente en su oreja izquierda y tenía el pelo castaño oscuro y hacia atrás. Su mirada poseía mucha confianza.

- ¿Eso ha dicho, Yowa? –Preguntaba el enano. Sí, era un enano que si no llega a ser por una cresta que tenía en medio, sería calvo. Tiró el cigarro, lo pisoteó y continuó hablando-. Gouma, tráela.

- Encantado. –Decía el último, el más alto, el más gordo. Su pelo negro tapaba los ojos pero no hacía lo mismo con aquella barbilla que estaba partida en dos. Su sonrisa daba un poco de miedo, pero se notaba que el chico era tonto.

El gigantón se acercó a la chica. Kyomi no sabía qué hacer. Había llegado a Drim muy confiada en ella misma, pero aquella confianza desapareció por un grupo de cuatro niñatos. Cuando el gordo la cogió por un brazo y la elevó, quería haber corrido pero no pudo, quería llorar pero tampoco pudo, quería..., quería…

De pronto, Kyomi se encontraba en el suelo, el gigante la había soltado. Abrió los ojos y lo encontró en el suelo, con un balón incrustado en toda la cara. Los tres chicos del fondo se encontraban impresionados. ¿Qué había ocurrido?

- ¿Acaso creéis que la chica se va a ir con un grupo de cuatro patos? –Una voz al fondo de un callejón se acercaba poco a poco.

- Oye, no te las des de guay Ryuma.

- Déjalo, le ha dado de pleno en toda la cara, JAJAJA.

- ¿Estará bien la chica?

Un grupo de cuatro apareció detrás de Kyomi. Entre ellos se encontraba un gigantón. Tenía barba por los alrededores y un pañuelo en la cabeza que tapaba su cabello, aunque algunos pelos se escapaban. En cada ojo marrón tres pestañas inferiores se marcaban.

Otro de ellos tenía la altura de Kyomi, quizás medía un centímetro menos que ella. Era un joven de pelo gris, con el pelo abierto hacia los lados y el flequillo corto, excepto las patillas, que eran un poco largas. Sus ojos azulados eran grandes y mostraban un poco de desinterés.

Al lado del gigante se encontraba otro joven. Este parecía un poco más maduro que los demás. Tenía el pelo oscuro y largo, hasta los hombros. Poseía unos ojos verdes, y el izquierdo iba acompañado de un lunar. Estaba remangado y se estaba poniendo bien el gorro de la sudadera.

Por último, por delante de los anteriores, se encontraba el causante de todo. El que había lanzado el balonazo. Tenía el pelo azul oscuro y un poco alborotado, con un flequillo largo por el medio y sus ojos eran de un color anaranjado y negro. Su sonrisa desbordaba aún más confianza que la de Ken. Estiró un poco los brazos y gritó: ''¡Esta chica se viene con nosotros!''