Gracias a Leiram, LaOdisea, Anzu Ravenwood, yuyuyuoi y PerlhaHale por sus reviews.


II

o—o

Si era sincero consigo mismo, a Haruka no se le había ocurrido que la perspectiva de pasar el día con Rin le haría levantarse dos horas antes de lo acostumbrado, considerando que no tenía que trabajar.

Sin embargo, mientras jugaba con el gato que, suponía, era suyo a medias –Makoto lo había encontrado, pero él pasaba la mayor parte del tiempo en el parque de bomberos, así que le había encargado su cuidado a él–, no podía evitar preguntarse si había hecho lo correcto. Sabía –porque puede que nunca mostrase mucho interés en nada, pero eso no significa que no se percatase de lo que ocurría a su alrededor– que Rin quería estar con él. Lo que no tenía tan claro es que él lo desease. Hasta el momento, el joven había demostrado ser todo lo que Haruka generalmente intentaba evitar, pero no podía negar que también le causaba, como mínimo, curiosidad.

Cuando llegó la hora de marcharse, Haruka se aseguró de que el gato no lo siguiera empujándolo hacia el interior con el pie antes de cerrar la puerta; no es que le importase mucho si se iba o no, pero probablemente a Makoto no le haría gracia que lo más parecido a una mascota que su trabajo le permitía tener se escapase.

Le sorprendió comprobar que Rin ya estaba en la plaza en la que habían quedado. Se había sentado en un banco, y tras seguir la dirección de su mirada Haruka comprobó que estaba observando a unos niños que discutían sobre a quién le tocaba subir al columpio.

Le complació un poco acercarse a Rin sin que éste se diese cuenta; sin embargo, a diferencia de la noche anterior, en la que el joven casi se había caído de la silla, en esta ocasión Rin giró la cabeza cuando Haruka estaba a unos metros de él. Sonrió al verlo, levantándose y recorriendo la distancia que los separaba hasta quedar delante de él, con las manos metidas en los bolsillos.

—Hola —saludó. Un tímido rubor apareció en sus mejillas.

Haruka se encontró con la repentina necesidad de sonreír. En lugar de hacerlo, apartó la mirada, algo irritado al no poder negar que Rin tenía la culpa.

—Hola —replicó—. Vamos —agregó secamente, dándose la vuelta.

Rin echó a andar a su lado, y durante dos calles Haruka se preguntó, llegando al punto de preocuparse, por qué no decía nada. Todo lo que había hecho desde que lo había conocido había sido abrir la boca cuando no debía. Lo miró de reojo, y se encontró con que no era el único que había tenido esa idea.

El rubor de Rin se intensificó mientras volvía a mirar al frente.

—¿Dónde vamos? —preguntó.

Oh. Era cierto; Haruka no se lo había dicho.

—No tardaremos mucho en tren —respondió, sin embargo.

—Ah, claro, cómo no me he dado cuenta antes —replicó Rin, la voz cargada de sarcasmo—. Mi madre nos llevaba a Gou y a mí allí todos los veranos.

En esta ocasión, Haruka giró el cuello para mirarlo.

—Entonces no deberías haber perdido tiempo preguntando —comentó, vagamente consciente de que no era nada propio de él seguir las bromas. Aunque, bueno, tampoco era propio de él plantearse siquiera la posibilidad de querer pasar tiempo con alguien como Rin, y ahí estaba, decidido a estar con él en su día libre.

Rin soltó una carcajada y Haruka decidió posponer su reflexión unas horas más.

o—o

Rin adivinó adónde se dirigían en cuanto Haruka le dijo el tren que iban a coger. Irónicamente, había resultado ser cierto que iba al menos una vez al año al parque de atracciones con su hermana y su madre.

No estuvo seguro de que a Haruka le hiciese gracia su apabullante capacidad de deducción cuando le habló de sus conclusiones, subiendo al tren; aunque quizá se tratase simplemente de que le molestaba tener que viajar en el vagón lleno hasta los topes de gente, encogido con Rin en una esquina y respirando aire viciado, lo cual era comprensible.

—Sabía que era tu hermana —apuntó Haruka, sin embargo, tras mirar con desagrado a una mujer que en ese momento pasaba junto a ellos, obligándolos a pegarse aún más a la pared.

Rin se mordió la lengua para evitar soltar un comentario mordaz. No había que ser un maestro de la lógica para darse cuenta de que Gou y él se parecían como dos gotas de agua; sin embargo, quizá Haruka no fuese tan perspicaz como aparentaba.

(O, la opción más probable, en la que a Rin no había pensado, puede que no se le ocurriese qué decir y aun así no quisiese que la conversación terminase tan pronto.)

—Bueno, nos parecemos mucho —miró por la ventana, anhelando el aire limpio del exterior del tren—. ¿Tú tienes hermanos?

—No —algo en el tono de Haruka hizo que Rin lo mirase de nuevo; por un momento, estuvo seguro de que iba a añadir algo.

Quizá el brusco frenazo con el que el tren se detuvo en la siguiente parada tuvo algo que ver con el hecho de que no lo hiciese. La inercia derribó a unos cuantos pasajeros, y si Rin no hubiese dejado de observar el paisaje probablemente Haruka hubiese sido uno de ellos. Alargó el brazo para agarrar su cintura y tiró para ayudarlo a recuperar una posición vertical, mientras las protestas de varias personas llenaban el vagón.

—Gracias —Haruka se pegó a la pared de nuevo, con el ceño fruncido, y no habló durante el resto del viaje.

Rin, sin embargo, no pudo mantener la boca cerrada en cuanto hubieron comprado las entradas y entrado en el parque de atracciones. Le importaba muy poco el hecho de ser mayorcito; había tenido debilidad por las montañas rusas desde que antes de alcanzar la altura necesaria para montarse en ellas y aún no se le había pasado.

—¿Dónde quieres ir? —le preguntó a Haruka, no obstante. Rin no iba solo. Además, su acompañante había pagado, después de fulminarlo con la mirada cuando Rin intentó protestar.

—A la barcaza —respondió Haruka al instante.

—Genial —Rin sonrió mientras se dirigían hacia allí—. ¿Y después?

—A las barcas de choque.

—Oh. Luego…

—A los rápidos. *

Rin se echó a reír cuando se percató del elemento común que tenían todas las atracciones en las que quería montarse Haruka.

—¿Y en qué parte nos secamos, exactamente?

—Después. Cuando salgamos —sin embargo, se detuvo—. ¿Dónde quieres ir tú?

Había genuina curiosidad en su voz, como si acabara de ocurrírsele que quizá Rin no quisiera ir a los mismos sitios que él.

—No tendrás vértigo, ¿no? —replicó él con cierta burla, señalando la montaña rusa más alta.

Haruka apartó la mirada y echó a andar de nuevo.

—No.

o—o

Mientras Rin le pasaba una botella de agua, Haruka tuvo que admitir que quizá tenía algo de vértigo.

Habían almorzado después de pasar al menos tres veces por cada una de las atracciones acuáticas, y Rin había sugerido que se secasen montando en la montaña rusa. Haruka había comprendido, mientras esperaba en la cola, que ésa no sería la mejor experiencia de su vida, pero había pasado demasiado tiempo desde la última vez que montase en una atracción así como para que recordase por qué prefería mil veces las que no lo obligaban a despegar los pies del suelo.

Al menos, la comida seguía en su estómago. No obstante, Haruka suponía que no tenía muy buen aspecto, a juzgar por la mirada preocupada de Rin. Destapó la botella y se bebió la mitad del agua de una vez.

—Tienes vértigo —comentó Rin.

—No.

—No, qué va.

—Hacía tiempo que no subía en una montaña rusa. Sólo es eso.

Rin se rascó la nuca y apartó la mirada de Haruka, soltando un suspiro.

—Sigues verde —le informó como quien no quiere la cosa. Haruka lo ignoró y se terminó el agua—. Podemos volver a la barcaza —sugirió tras unos minutos.

Haruka se giró hacia él. Rin observaba la torre de caída libre, a lo lejos, aparentemente decidido a no mirarlo.

—A ti te gustan las montañas rusas —comentó—. Si quieres montarte, puedes hacerlo.

Rin lo miró sin comprender.

—Na… Haru —en algún momento y sin que nadie se lo pidiese (para variar), Rin había dejado de llamarlo por su apellido. Sin embargo, cuando Haruka le había dicho que su nombre completo no era uno de sus favoritos, parecía haberse dado cuenta de que técnicamente no tenía permiso; pese a que Haruka le había dicho que en realidad no le importaba mucho, llevaba varias horas dudando cada vez que lo llamaba—.

»La gracia de las atracciones es ir con alguien —Haruka miró con cierta aprensión la montaña rusa. Si no hay más remedio…—. Así que andando —Rin le cogió una mano y tiró de ella para levantarlo del banco—. A la barcaza.

Llevarlo de la mano por todo el parque de atracciones era algo que Rin estaba haciendo sin que nadie se lo pidiera, pero Haruka no protestó. No era tan difícil acostumbrarse.

o—o

Rin estaba casi seguro de que se había resfriado; pero mientras observaba el paisaje a través de la ventana del tren –afortunadamente mucho más vacío de lo que lo había estado en el trayecto de ida–, no le importaba demasiado. A pesar de que sólo había subido una vez a la montaña rusa, había visto sonreír a Haruka más veces esa tarde que en los días que habían pasado desde que lo conociese.

En ese momento, aunque Haruka no sonreía ni hablaba, el silencio que se había instalado entre ambos era mucho más cómodo que los que habían compartido hasta ese momento; Rin no sentía la continua necesidad de rellenarlo con lo primero que se le pasase por la cabeza, sino que podía disfrutar de él mientras el traqueteo del tren los llevaba al momento en que tendrían que despedirse.

Cuando llegaron al punto en el que se habían encontrado por la mañana, Rin no estaba seguro de qué esperaba –tenía la edad suficiente para saber que difícilmente escucharía una declaración de película, y mucho menos teniendo en cuenta que se trataba de Haruka–, pero la minúscula parte de él que seguía negándose a poner los pies en la tierra se estaba entreteniendo dibujando varias posibilidades, ninguna de las cuales Rin veía más factible que un repentino tsunami que borrase la ciudad del mapa.

—Bueno —dijo, sin saber muy bien cómo seguir. Haruka se había detenido y lo observaba fijamente, con tantos deseos de romper el silencio como de costumbre—. Me lo he pasado genial —declaró—. Las atracciones de agua no están tan mal, aunque todavía no sea verano —sonrió un poco.

Haruka murmuró algo en voz demasiado baja para que Rin lo escuchase. Si lo que dijo a continuación era la repetición de sus anteriores palabras u otra cosa, no había manera de saberlo:

—Me alegro —giró la cabeza hacia el lado—. Tienes que irte —masculló.

Sus pálidas mejillas se tiñeron de rosa y Rin se preguntó si después de todo la posibilidad de que un tsunami se los llevase a todos no era tan descabellada.

—No me voy del país —replicó, soltando una risita—. Es decir, me siguen gustando los donuts que hacéis —Haruka lo miró de nuevo, y entonces Rin comprendió lo que tenía que decir—: Y la próxima vez yo elijo dónde vamos.

Haruka sonrió.

—Bien.

Rin se preguntó si las piruetas que estaba haciendo su estómago eran parecidas a lo que Haruka sentía al montarse en una montaña rusa.

o—o

A Haruka no le sorprendió en exceso encontrar las luces de su casa encendidas. Entró sin hacer ruido, se dirigió al salón y le dio una palmadita en la espalda a Makoto.

La reacción de su amigo fue, cuanto menos, cómica; Makoto no sólo dio un respingo, sino también un grito que espantó al gato que tenía en su regazo. Casi arrastrándose por el suelo, retrocedió hasta que su espalda dio con la pared, momento en que se percató de la identidad de la persona que lo había alarmado.

—¡Haru! —lo miró con reproche—. ¡Me has asustado!

Haruka se encogió de hombros y se sentó frente a Makoto. El gato se acercó a él y restregó la cabeza contra su rodilla.

—No entres a mi casa cuando no hay nadie —replicó simplemente. Rascó tras las orejas al animal, sonriendo cuando empezó a ronronear.

—Quería ver al chiquitín —se excusó Makoto. Chasqueó los dedos para llamar al gato, que se acercó a él de nuevo—. Además, nunca cierras la puerta de atrás con llave. Algún día entrará alguien con peores intenciones.

Haruka se encogió de hombros. No había gran cosa para robar en su casa.

—¿Quieres cenar? —preguntó, dándose cuenta en ese momento de lo hambriento que estaba. No había comido nada desde el almuerzo.

—Sí, gracias —Makoto sonrió—. Has estado con Rin, ¿no?

Haruka había estado esperando esa pregunta desde el momento mismo en que había visto luz en su casa, pero no se había parado a pensar en cómo la respondería.

Tras unos segundos, se decantó por la opción más rápida:

—Sí.

—¿Cómo ha ido?

Haruka se dedicó a observar el movimiento sinuoso de la cola del gato, reflexionando sobre los sucesos del día.

—Nos hemos mojado —sabía que eso no era, ni por asomo, algo con lo que Makoto fuese a estar satisfecho, así que intentó elaborarlo un poco más—: Le gustan las montañas rusas. Habla demasiado.

El gato se puso panza arriba, moviendo una de las patas de atrás cuando Makoto le rascó la barriga.

—Te lo has pasado bien, ¿no?

Haruka se puso en pie y se dirigió a la cocina, intentando por todos los medios ocultar su rostro. Makoto rio.

o—o

A pesar de su promesa, Rin no pudo ir al día siguiente a comprar donuts.

El primer motivo era la chica que habían encontrado muerta por sobredosis. Pese a lo trágico del suceso, en la comisaría el ambiente era más de intranquilidad que de tristeza. No les había costado mucho deducir que, o había más de una organización de tráfico de drogas en la misma zona –algo altamente improbable–, o los narcotraficantes a los que habían estado a punto de echar el guante se habían reorganizado con más rapidez de la habitual.

—O ese edificio no era el principal —había apuntado uno de sus compañeros.

Rin detestaba tener que admitir que se la habían jugado, pero ciertamente ésa era la explicación que tenía más sentido. Que el edificio que había ardido hacía casi un mes no había sido más que un juguete para mantener a la policía distraída.

El emisor del bufido exasperado que hizo que Rin diese un respingo era el segundo motivo por el que el joven no había querido salir de la comisaría. Al menos, no sin él, y Sousuke se negaba a desplazarse más de lo necesario.

—Esto tiene mala pinta —murmuró cuando los policías se dispersaron. Rin lo miró.

—He oído hablar de suicidas más optimistas que tú.

Sousuke lo miró con enfado.

—Rin, te he dicho que…

—Sí, te siguen —lo interrumpió Rin. No quería ser desagradable, pero él también estaba nervioso y se negaba a admitir que su amigo tenía razón—. Es normal que te dé esa sensación después de… —sus manos se cerraron en puños—, de lo que pasó, pero…

—No me lo estoy imaginando —la voz de Sousuke, grave y pausada, bastó para interrumpir a Rin—. Es verdad que no puedo relajarme desde entonces —admitió, bajando la mirada—, pero no estoy loco.

Rin se mordió el labio.

—Ya… —bajó la mirada—. Bueno, entonces en algún momento descubriremos quién te sigue, supongo.

Sousuke cogió el primer folio del montón que tenía que rellenar y un bolígrafo y empezó a escribir casi con furia. Rin volvió a su propia mesa, deseando que el enfado se le pasase rápido.

o—o

Tras dos días en los que Haruka no supo nada de él, Rin apareció para comprar donuts, como de costumbre, con su amigo. Se disculpó por no haber ido antes y, tras asegurarse de que su próxima cita seguía en pie, ofreció a Haruka la posibilidad de elegir el destino como compensación, que él rápidamente rechazó.

Así pues, terminaron yendo a una bolera. A Haruka, pese a que le molestó un poco la soberana paliza que Rin le dio, no le desagradó la disposición del joven para enseñarle cuando se dio cuenta de que no estaba muy habituado a jugar a los bolos.

En esa ocasión, regresaron al lugar en el que habían quedado cogidos de la mano, en un gesto tan inconsciente que Haruka no se percató de ello hasta que se hubo despedido de Rin con la promesa de pasar otro día juntos tras una semana, cuando notó su mano demasiado fría.

El tercer destino, elegido por Haruka, fue el zoológico, donde estuvieron demasiado ocupados viendo animales para hablar de asuntos medianamente importantes. Aun así, Rin encontró tiempo para hablarle de su hermana, de su compañero serio –al que al parecer conocía desde que era pequeño– y de más asuntos a los que Haruka no logró prestar atención. Rin se adueñó de su hombro cuando pasaban ante los leones y Haruka se encontró cogiendo su mano cuando se percató de que se alejaba para mirar más de cerca a los cocodrilos.

Haruka no recordaba quién había elegido el lugar de su siguiente cita. Quizá había sido él, después de que Rin insistiera en que dijera adónde le apetecía ir. Puede que lo hubiese sugerido el propio Rin, tras una larga divagación sobre dónde podrían pasar un buen rato. En cualquier caso, a ambos les pareció bien, y Haruka pasó la noche anterior preparando comida para ambos.

Fueron a la playa. El agua aún estaba fría, pero a Haruka no le importó; para cuando quiso darse cuenta ya estaba nadando en el mar. Supuso que Rin tendría algún reparo en bañarse tan pronto, pero apenas había entrado en calor cuando lo vio acercándose a él. Se quedó flotando boca arriba, mirando al cielo, hasta que le cayeron varias gotas de agua en la cara.

Rin estaba a su lado, sonriendo.

—Sabía que nadabas bien.

Haruka se sumergió unos segundos, antes de salir a la superficie y sacudir la cabeza para quitarse las gotas de agua de la cara. Miró a Rin con interés.

—¿Cómo lo sabías?

—Bueno, lo suponía —admitió él—. Te gusta mucho el agua.

Haruka pensó que Rin no debería ser capaz de deducir tantas cosas sobre él. Sin embargo, y aunque al principio le hubiese parecido imposible, había dejado de molestarle, incluso cuando Rin asumía algo erróneo.

Pese a que al principio Rin simplemente lo dejó estar, no tardó en declarar que se aburría y decidir que intentar hundir a Haruka era más divertido. Irritante como era, Haruka no pudo evitar seguirle el juego, aunque sólo fuese por escuchar la risa de Rin cuando volvía a asomar la cabeza e intentaba hacerle una ahogadilla.

En algún momento, después que Rin le metiese la cabeza bajo el agua por enésima vez, Haruka salió a la superficie más cerca de él de lo que esperaba. Y, quizá porque Rin tenía sus muñecas aferradas y sabía que sus opciones eran limitadas, Haruka lo besó y aprovechó su sorpresa para empujarlo hacia abajo.

Cuando volvió a ver el rostro de Rin, sus mejillas estaban del color de su pelo, y puede que fuesen esos dos segundos que perdió admirando lo diferente que era al policía sarcástico al que había conocido hacía apenas dos meses lo que lo llevó a sufrir quince segundos sin poder tomar aire.

Salieron del agua sin aliento, Rin tirando de la mano de Haruka hasta que se dejaron caer en la toalla. Cuando Haruka se preocupó por escuchar a Rin, descubrió que seguía con su monólogo sobre quién había hundido más veces a quién.

—Te he ganado —apuntó secamente. No había llevado la cuenta, pero estaba seguro.

—Mentira.

—Verdad.

Rin pareció meditarlo seriamente durante unos segundos.

—Aunque lo hubieras hecho —empezó, sonriendo—, has hecho trampas, así que no cuenta.

Haruka parpadeó.

—¿Trampas? —repitió, sorprendido—. No he…

Cuando Rin acalló el resto de la frase con sus labios, Haruka se dio cuenta de que tenía razón. Eso era jugar realmente sucio.

o—o

—Deberíamos dormir.

—Deberíamos.

Ni Rin hizo ademán de dejar tranquilo al gato ni Haruka le pidió que se apartase para dejarlo levantarse.

Estaban en el salón de la casa de Haruka; en teoría, viendo una película que Rin había dicho que le interesaba. La verdad era que Rin estaba más entretenido peleándose con la mascota de su novio (¿novio?, ¿eso era correcto? Pese a los muchos besos que habían seguido al primero en los últimos días, nunca lo habían hablado… ¿No estaría precipitándose?), y Haruka… bueno, Haruka estaba ensimismado y era mejor dejarlo así.

Rin tenía las manos llenas de arañazos, pero se negaba a darse por vencido. Se llevaría bien con ese gato –que, según Haruka, aún no tenía nombre– aunque le fuese la vida en ello. O un ojo, lo siguiente que intentó quitarle el animal con un zarpazo.

—Tu gato me odia —Rin se recostó en el pecho de Haruka, enseñándole los dientes al animal cuando lo escuchó bufarle por enésima vez.

—Lo veo —Haruka le cogió una mano y observó los arañazos con ligero interés, apoyando la barbilla en su hombro—. Pero no es mío.

—¿Ah, no?

—Es de Makoto.

Rin giró la cabeza con cierta dificultad para mirarlo.

—¿Makoto también vive aquí?

—No.

Se produjo un silencio sólo roto por los bufidos del gato, que parecía detestar a Rin con verdadera pasión. Haruka no añadió nada más y Rin se sintió un poco idiota por haber esperado que lo hiciera.

—¿Entonces por qué está aquí su gato?

—Él está casi siempre en el parque de bomberos y no puede cuidarlo —explicó Haruka con voz aburrida.

Rin intentó acariciar al gato una vez más. En esta ocasión, se ganó un mordisco en el dedo índice. Un ligero temblor que le recorrió la espalda le indicó que Haruka lo encontraba divertido.

—No te rías —protestó—. ¿Es así con todos, o soy yo el único?

—Hasta el momento, eres el único.

—¿Eso me hace ganar puntos?

Haruka rodeó su cintura con los brazos y cerró los ojos.

—Si no lo dejas tranquilo, probablemente tengan que echarte alguno.

Rin hizo un pequeñísimo puchero, mirando al gato con desdén y jurándose que ese gato sucumbiría a su encanto. Por mucho que Haruka se riese de él en el proceso.

o—o

Tras tres días sin verlo, Haruka se sintió extrañamente aliviado cuando Rin fue a comprar donuts, como de costumbre.

—Estamos un poco liados —dijo bajando la mirada, como de costumbre—. ¿Te acuerdas de lo que te conté el otro día?

A Haruka le costó comprender a lo que se refería. Rin le contaba muchas cosas.

—¿Lo de los nar…?

—¡Shhh! —Rin lo miró con reproche—. Confidencialidad, a lo mejor te suena —Haruka enarcó una ceja. Le parecía ridículo que él tuviese la culpa por mencionar un tema que había sacado Rin—. Bueno, pues estamos muy ocupados con eso —le explicó. Miró hacia afuera y Haruka comprendió, sin necesidad de fijarse, que estaba mirando a su compañero, que lo esperaba afuera.

—Así que esta noche tampoco vendrás —dedujo Haruka.

Rin se mordió el labio.

—No —admitió—. Pero no es sólo por eso… Sousuke… está más alerta que de costumbre y no le gusta quedarse solo en el piso.

Haruka le pasó la bolsa de dulces por encima del expositor.

—¿Por qué no lo dejó? —preguntó. Le resultaba extraño, sobre todo después de lo que Rin le había explicado, que alguien quisiera seguir trabajando en un puesto en el que se sentía tan incómodo.

La pregunta cogió desprevenido a Rin.

—Supongo que le gusta —se encogió de hombros—. Makoto sigue siendo bombero a pesar de que tragó humo, ¿no?

—El humo es sólo humo —replicó Haruka—. Las personas son más preocupantes.

Rin pareció meditar seriamente sus palabras.

—Puede —le dio el dinero que costaban los dulces; ya lo llevaba justo—. El caso. Mañana tenemos mucho que hacer, pero por la tarde podré pasarme por tu casa.

Haruka se encontró sonriendo.

—Bien.

o—o

Esa noche, Haruka volvió a casa más cansado que de costumbre. Una familia había reservado el restaurante entero para celebrar el cumpleaños de uno de sus miembros, y los gritos de primos alborotadores, junto con las conversaciones de tíos borrachos, le habían provocado un dolor de cabeza impresionante. Casi agradecía que Rin no pudiese pasar la noche con él.

Suspiró con cierta resignación cuando vio, desde el exterior, la luz del salón encendida. Makoto no era tan ruidoso como Rin, pero Haruka quería dormir y lo que menos le apetecía era tener que hablar con alguien.

Entró por la puerta trasera por pura pereza; no le apetecía tener que buscar las llaves. Pese al sueño y el dolor de cabeza, Haruka se encontró caminando de puntillas por hábito; lo mínimo que merecía Makoto era llevarse un susto. Según Rin, lo de colarse en su casa sin permiso se llamaba allanamiento de morada y técnicamente era un delito.

Escuchó pasos en el salón antes de llegar y se preguntó qué diablos estaba haciendo su amigo. Quizá le hubiese dado por hacer carreras con el gato. Armándose de paciencia para mantener una conversación con el colosal dolor de cabeza acompañándolo, Haruka se asomó al salón.

Quien estaba ahí no era Makoto.


Notas de la autora: Eh... en realidad no sé qué decir, pero me gusta poner notas al final. Así que imaginad una risa malvada mientras desaparezco entre las sombras.

¿Qué os ha parecido?