¡Saludos, queridos lectores!
Me emociona poder ponerme al corriente con los temas, pues esta historia corresponde al primer tema de la actividad. Dejaré las notas más importantes al final de la historia, así que no haré larga la introducción n.n
Día 11 de marzo: Dios(a) del amor de la actividad semana del Día blanco 2023 del grupo SasuKarin Month.
Karin, la hija menor de los Reyes de Uzushio, era una joven hermosa con una larga cabellera heredada de su madre, y ojos del mismo color heredados de su padre. Ambas características eran propias de la realeza del reino, pero casi nadie poseía ambas al mismo tiempo, por lo que a ojos del reino, ella era la más hermosa del país.
Por el palacio desfilaron cientos de hombres, incluidos extranjeros que habían oído hablar de la belleza de la joven y aunque todos pidieron su mano esperando tener la fortuna de obtener una respuesta afirmativa, ella, sin dejarse ver, rechazó a todos y cada uno de ellos.
Las hermanas mayores de Karin estaban envidiosas de todas esas propuestas, pues ninguna era para ellas y su hermana menor se daba el lujo de rechazar a sus pretendientes con excusas tan débiles como que uno era demasiado alto, otro muy chaparro, uno tenía la nariz muy grande y otro tenía un acento muy extraño.
¿Cómo es que su hermana podía rechazar a tan guapos y ricos pretendientes por cosas tan ínfimas, especialmente cuando la mayoría de ellas parecían más un invento de su hermana?
No, las hermanas mayores de Karin no iban a seguir tolerando que su caprichosa hermana siguiera rechazando a todos los pretendientes que llegaban por ella, principalmente porque estaban seguras que si ella no se casaba, ningún hombre las voltearía a ver mientras la menor de ellas siguiera soltera.
Lo primero que las dos hermanas hicieron al respecto, fue tratar de convencer a sus padres de obligarla a elegir o incluso que ellos eligieran por ella para que ella finalmente se casara, pero ni su padre ni su madre aceptaron.
—Es el hombre con el que pasará el resto de su vida, su hermana tiene que elegirlo —fue la respuesta de sus padres.
Cuando su plan falló comenzaron a desesperarse ante la negativa de sus padres, quienes se mantuvieron firmes, aún incluso cuando los consejeros les advirtieron que si los pretendientes se volvían insistentes podrían traer guerra al país.
Al poco de su fracaso, las Princesas se enteraron de un suceso muy curioso.
Resultaba que en un país muy lejano, se decía que una Reina presumió la belleza de su hija asegurando que era más hermosa que Mikoto, la Diosa del amor y la belleza. Cuando el alardeo llegó a oídos de la Diosa, esta amenazó con destruir al país si no casaban a la chica con el hombre más feo del país o la sacrificaban.
—Hagamos eso —sugirió Uta, la hermana mayor.
—¿Y si sacrifican a nuestra hermana? —preguntó Amai, la más joven de las presentes.
—Nuestros padres jamás lo permitirían —aseguró Uta— Sólo queremos que Karin se case.
—Alardear de nuestra hermana llevará tiempo antes de que la Diosa Mikoto nos oiga, así que Karin puede elegir a alguien mientras tanto o se casará con el hombre más feo —aseguró Amai— Si no lo hacemos, jamás nos casaremos nosotras. El que se haya recluido tampoco nos ha dado ninguna ventaja. Haciendo esto es nuestra mejor oportunidad.
En consenso, las princesas de Uzushio comenzaron a hacer alarde de la belleza de su hermana pidiendo a sus sirvientes que hicieran eco de ello, provocando que la noticia llegara a tierras aún más lejanas, pero por sobre todo, aoídos de la Diosa del amor.
Al principio, Mikoto, que había oído el ruido que la belleza de aquella Princesa hacía en la Tierra, no le prestó mayor atención, pues pensaba que los humanos alababan a cualquiera como la más bella si no conocían a la Diosa en persona. Sin embargo, cuando oyó que los humanos comenzaron a adorar a esa humana en lugar de a ella, tuvo que tomar acciones.
—¡Itachi, hijo! Ve a Uzushio cuánto antes y pide la vida de esa niña como sacrificio. La quiero en cinco días —indicó Mikoto— Adviérteles que si se niegan, su país será destruido por el insulto de adorar a una humana como si fuera una Diosa.
—¿No les dará la oportunidad de elegir entre dos opciones en esta ocasión? —preguntó Itachi extrañado de que no ocurriera lo de la primera vez.
—No. Esta es la segunda ocasión que los humanos me ofenden así, si la primera reprimenda en qué les di a elegir castigo no aprendieron, entonces ahora no les dejaré opción —explicaba la Diosa, que si bien no estaba encolerizada como los humanos pensarían, si estaba enojada y debía tomar acciones para educar a los humanos— Si hay una tercera vez, no habrá castigo a la chica, simplemente destruiremos el país. Esas son las reglas que nuestro padre tiene con los humanos que adoran a seres no divinos.
—De acuerdo —Itachi hizo una reverencia a su madre, tomó sus herramientas y bajó a la Tierra hasta donde estaba el palacio donde vivía la Princesa de Uzushio.
El castillo de aquel país era tan enorme y esplendoroso, que delataba lo grande y próspero del país. Además, el sitio resaltaba más con todas esas personas que rodeaban el lugar para adorar a la Princesa que ya era considerada la reencarnación de Mikoto en la Tierra.
Por supuesto, Itachi no necesitó abrirse paso entre la gente para llegar al palacio, pues con sus alas pudo sobrevolar el lugar y entrar al salón de los tronos, dónde los reyes y sus consejeros hablaban preocupados por el alboroto que la gente estaba haciendo alrededor de su hija menor.
Al principio, Itachi entró sin ser visto para oír lo que se discutía y en cuanto se dio cuenta que los Reyes estaban preocupados por la adoración que la gente tenía por su hija, los ministros intentaban convencerlos de usar esa devoción para ampliar el reino y su poder.
—Saludos, mortales. Soy Itachi, Dios del amor e hijo de la Diosa Mikoto. Hasta el Cielo nos han llegado rumores de la belleza de la Princesa más joven de Uzushio y he sido enviado para anunciar el castigo que mi madre ha dictado a la humana que ha osado compararse con ella.
En cuanto Itachi fue visto en el palacio, todos, sin excepción, lo reverenciaron y los Reyes sólo levantaron la vista cuando él terminó de hablar.
—Señor, se lo suplico, nuestra hija jamás ha insultado a los Dioses de ninguna manera —hablaba el Rey educadamente, pero preocupado— Han sido mis súbditos los que, confundidos, la comparan con la Diosa Mikoto y le aseguro que hemos tratado de todas las formas posibles de corregirles, pero ellos insistente —hizo una reverencia— Haremos lo que sea necesario aclarar el malentendido, pero por favor, disculpe a nuestra hija.
Sí, Itachi ya había notado que los humanos afuera eran muy insistentes y ahora que él estaba allí, los ministros parecían pálidos y arrepentidos de lo que habían dicho hacía poco.
—¿Quién de ustedes es la Princesa de la que se habla? —Itachi se dirigió a las hermanas de Karin, mientras el joven pensaba que, aunque eran guapas, ninguna ameritaba el alboroto que había afuera.
—Mi hija, la menor, no está presente. Desde hace tiempo se ha recluido en el templo de la Diosa Izumi —intervino el Rey— Ella ha declarado que no va a casarse hasta enamorarse y mientras eso no ocurra se dedicará al templo.
—Mi hermana es la menor de todas, ha sido muy consentida y se sentirá insatisfecha con cualquiera —Uta dio un paso al frente haciendo una reverencia, quería llamar la atención del joven Dios que era bien parecido, pero por sobretodo, quería que él hiciera que su hermana finalmente se enamorara para que aceptara casarse con alguien— ¿Podría ser usted tan amable de usar sus poderes para que ella se enamore de alguien?
—Sí, por favor, señor. Si ella se casa pronto, la gente aquí ya no tendría motivos para adorarla. Es sólo que nuestros padres no quieren obligarla a casarse —Amai suplicó haciendo varias reverencias— Los hombres allá afuera sólo la alaban esperando ser correspondidos, pero ninguno piensa que mi pequeña hermana realmente sea una Diosa o se parezca a su señora madre.
—Mi hija lleva encerrada en el templo ya varios meses. Se recluyó porque estaba agobiada por la atención de los hombres del país, pero en realidad casi nadie la ha visto —la Reina se unió a las súplicas— La gente fuera del castillo sólo se ha dejado llevar por rumores, pues aunque ha sido bendecida con belleza, jamás podríamos compararla con la hermosa Diosa Mikoto.
Itachi tenía bastante claro que la familia Real estaba sinceramente preocupada por la hija menor y que de hecho, ninguno parecía querer alardear imprudentemente. Por otro lado, si esa Princesa realmente jamás tuvo una actitud presuntuosa y tuvo la prevención de refugiarse en el templo de una Diosa virgen, quería decir que ni ella ni su familia tenían la culpa del alboroto afuera, por tanto, le parecía injusto reclamar la vida de la chica.
—Quiero conocer a la Princesa.
—Pero…
—Envíen a alguien que pueda entrar al templo para pedirle que salga —Itachi interrumpió a Uta— Quiero hablar con ella a solas, así que espero puedan darnos un espacio.
La familia Real y el Dios fueron a la entrada del templo de la Diosa Izumi, Diosa de la sabiduría y la justicia que cuidaba de las mujeres que optan por mantenerse puras. Ellas podían buscar refugio en sus templos y nadie que no fuera virgen, incluidos los Dioses, podía entrar en ellos. Se decía que al hacerlo, recibirían el castigo de la Diosa de manera fulminante.
A los pies de la escalera del templo, el grupo esperó a que Uta bajara en compañía de su hermana menor, quien no habría bajado, de no ser que era el mandato de un Dios el que la obligaba a salir.
—Señor, le presento a mi hermana menor, la Princesa Karin —habló Uta inquieta de que el Dios fuera influenciado cómo el resto de los hombres por la belleza de su hermana.
Karin, sin decir nada, hizo una reverencia. Eso sí, estaba muy sorprendida de hasta dónde había llegado el alboroto.
—Acompáñeme, señorita —Itachi ordenó a la joven y la llevó a un salón que los Reyes le habían preparado.
Desde el momento en que Itachi vio a la joven bajar las escaleras, quedó prendado de ella, pues aunque su belleza no se comparaba a la de su madre, había algo en ella que atraía con el primer vistazo. Además, podía entender por qué la gente de Uzushio se había vuelto loca por ella, pues aquellos rasgos eran poco comunes en el país, pero en cuanto los extranjeros la vieran, no quedarían tan impresionados.
Es decir, cada país tenía su estándar de belleza y la Princesa cumplía con la perfección de la de su país, pero no el de los demás. Mikoto era la única que encajaba con todas, porque ella era quien las dictaba bajando a la Tierra con un look diferente.
—Me van a castigar. ¿Verdad? —Karin preguntó cuando ella y el Dios entraron al salón.
—Eso depende de tu respuesta a una sola pregunta —respondió el joven que se le escapó una sonrisa por la inteligencia de la chica— ¿Por qué te recluiste en el templo de Izumi si piensas casarte?
—Porque estoy harta de la atención innecesaria que me dan, pero principalmente porque es desesperante la insistencia de algunos hombres que a pesar de haberlos rechazado, son más atrevidos al acercarse a mí —respondió la joven con sinceridad y a pesar de ello, no era grosera, pero tampoco excesivamente respetuosa como solían hacer los humanos— Quiero enamorarme, pero jamás podré tomar en serio a ningún hombre que sólo quiere mi mano por haber oído de mi "belleza". Son tan superficiales que ni siquiera han sabido apreciar a mis maravillosas hermanas.
—En ese caso, deberías simplemente convertirte en una Sacerdotisa oficial de Izumi o podrías deformar tu rostro para alejar a los indeseables.
—La Diosa Izumi sólo cuida de las mujeres que quieren permanecer vírgenes voluntariamente, y me temo que no es mi caso. No podría ofenderla convirtiéndome en Sacerdotisa mientras tengo deseos carnales aunque no tenga con quién desahogarlos —contestó la pelirroja— Si deformo mi rostro, tengo que hacerlo frente a toda la gente que pueda verme o acusarán a mi familia de inventarse mis virtudes y causará más problemas en el país. El problema es que mi familia querrá detenerme porque no quieren verme hacerme daño.
—Entonces ya habías pensado en ambas opciones —comentó el Dios pensativo.
—Sí. También consideré huir, pero además de que les rompería el corazón a mi familia y a mí, la gente podría creer que mis padres mienten para alejarme y terminaría metiéndolos en problemas.
—Suenas muy vanidosa.
—La mayoría de los que están afuera del palacio no me han visto ni una sola vez y aún así están afuera haciéndome plegarias cómo si pudiera oírlas. No es vanidad sólo estoy hablando de lo que la gente ha demostrado ser capaz de hacer sólo por un rumor.
Itachi rió encantado con las respuestas de la joven. Con aquellas palabras ella había terminado de fascinarlo, pues estaba demostrando lo consciente que era de su alrededor y su influencia, al mismo tiempo, delataba un carácter precavido.
—Vuelve al templo y quédate allí hasta que regrese. Hablaré con mi madre sobre tu castigo y te ayudaré con tu problema con los mortales.
—¿Cuál es el castigo que tendré si no me perdonan?
—Debes ser sacrificada —Itachi fue sincero y Karin, aunque al principio se estremeció, enseguida se enojó.
—Ya era injusto saber que tenía que pagar por la locura de los demás y me enojaba, pero tener que dar mi vida sólo porque los hombres no pueden mantener la verga quieta en los pantalones es…
Fue extraño ver a la pelirroja enfurecerse tanto, pues aunque tenía razones de sobra para hacerlo, él había pensado que ella suplicaría por su vida. La verdad es que ella y la otra chica que había sido castigada lo tenían muy sorprendido. La primera por ser tan noble al aceptar sacrificarse por su pueblo y la pelirroja por enfadarse por la injusticia y aún así saber que no podía hacer nada.
—Espera noticias mías. Quizá no tengas que ser castigada.
Itachi volvió al Cielo y habló con su madre, explicándole que ni la Princesa, ni la familia Real habían presumido de nada. También le habló de lo que oyó cuando llegó al país y lo que habló con los humanos cuando se presentó ante ellos. Por supuesto, también hizo énfasis en las respuestas de la chica.
—Te has enamorado —aseguró Mikoto enojada e Itachi sabía que era inútil negarlo. Si alguien sabía del tema, era su madre.
—No es por eso que intercedo por ella, sino porque es injusto que ella y su familia sufran un castigo por culpa de las acciones de los demás.
—¿Y qué sugieres?
—Estaba pensando en anunciar al país que me la llevaré a mi casa en la Tierra. Allí, nadie la molestará y nadie querrá causarle conflictos a su familia y ella…
—No puedes. Sabes que puedes tener a quien quieres y no se te prohibirá, pero ella, aunque fuera de forma indirecta, ha causado que miles de personas blasfemen contra mí y sabes que nuestro padre Maadara es muy estricto con las ofensas directas a los Dioses —explicó Mikoto— Además, aún si aceptara tu propuesta, e intercediera con nuestro padre por ustedes, él jamás lo aceptará porque sería darles el mensaje erróneo a los humanos de que al no castigarla, estoy aceptando que ella es igual o más que yo al punto de entregarla a mi hijo mayor.
—Pero…
—Si fuera tu primer amor o el de Sasuke, me vería obligada a interceder por ella, pero ya que sólo es una chica más en la larga lista de personas de las que te enamorarás a lo largo de la vida inmortal, podemos prescindir de ella —respondió Mikoto— Ahora, por favor vuelve y exige su vida como ofrenda para mí. Dales tres días para hacerlo y si para ese entonces ella no ha muerto, arrasaremos con el país y todo aquel que haya pronunciado al menos una vez una comparación de ella conmigo.
—Antes había dicho, madre, que les darías cinco días.
Mikoto miró fijamente a su hijo antes de responder. Si había reducido el tiempo, es porque ya se había gastado un día en el ir y venir de su hijo a la Tierra y que incluso este intercedió por ellos. Empero, la mirada suplicante de su hijo no le fue indiferente.
—Cinco días será todo lo que te dé, así que aprovecha tu tiempo con ella. Si retrasas esto, voy a castigarte.
—Gracias, madre.
Itachi dio media vuelta con tristeza, pues no estaba de acuerdo con el destino de la chica y su familia, sin embargo, su madre había sido muy clara y sabía que aún si ella quisiera ayudarle, no tenía mucho qué hacer frente al padre de los Dioses. Si ella fuera su primer amor, nadie la tocaría.
¿Por qué?
Los humanos se enamoraban más de una vez en la vida, así que los Dioses lo hacían muchas veces más en su vida inmortal. Empero, a diferencia de los humanos, el primer amor de los Dioses era único e igual de eterno que su vida aún si se separaban una temporada para conocer otros amores. Era por eso, que cualquier primer amor de un Dios debía ser respetado y rescatado.
Itachi, por ejemplo, se había enamorado de Izumi, y era correspondido, pero sus naturalezas eran opuestas, pues cuando Izumi amaba espiritualmente sin necesidad del contacto físico, Itachi lo hacía físicamente. A pesar de ello, ambos pasaban horas y horas juntos, pero él siempre buscaba el amor físico en otro lado.
Si tan sólo Karin fuera su primer amor, podría salvarla.
Hablando del primer amor, Itachi decidió ir a consultar a Izumi sobre el problema de la Princesa y ya que ella siempre estaba del lado de la justicia y no podía sentirse celosa de una humana, mucho menos cuando lo de ellos era particilar, le dio algunas opciones. Eso sí, ninguna era satisfactoria debido al corto periodo de tiempo que tenían para actuar.
Al volver a Uzushio, Itachi solicitó hablar de nuevo a solas con la Princesa, pues ya que ninguna de las opciones que Izumi le dio lo convencía, optó por preguntarle a la joven, especialmente porque la Diosa le advirtió que la pelirroja podría preferir morir que realizar alguna de las opciones.
—He hablado con mi madre sobre tu castigo, pero se ha negado a cambiarlo —anunció Itachi.
—¡¿Qué?! Pero…
—Sí, es injusto, y no estoy de acuerdo, pero ella está haciendo esto porque si no toma acciones, las tomará nuestro padre Maadara y su castigo será más catastrófico —Itachi se apresuró a explicar— Sin embargo, con ayuda de Izumi, he planteado algunas opciones para salvarte, pero no me atreví a elegir ninguno porque quizá no estés de acuerdo.
—¿Qué opciones? —preguntó ansiosa.
—Mi madre sólo solicitó que seas sacrificada. El cómo se realice este sacrificio está en manos de tu gente. Empero, podría indicar que seas entregada a alguna bestia para ser devorada cómo ocurrió con Sakura, la otra humana que fue castigada —explicaba el Dios— Ella fue salvada por un héroe y la ofensa quedó en el olvido porque todos en el Cielo quedaron impresionados por las habilidades del héroe para vencer a la bestia. Como premio, le concedieron la mano de la chica.
—Al final, debo casarme en contra de mi voluntad con un completo extraño para salvar mi vida —resumió enojada con la idea, pues de haber sabido que eso pasaría, habría elegido a alguno de sus pretendientes— Eso, suponiendo que aparezca un héroe a rescatarme y matar al bicho antes de que la bestia me mate.
—Yo traería al héroe a rescatarte. Izumi está buscando candidatos, pero tú tendrías que acceder a hacerlo.
—¿Hay más opciones?
—La más drástica, es dejar que mueras y rescatarte del Inframundo. Por supuesto, mi tío Izuna sólo ha permitido el regreso de una mortal una única vez, pero Izumi está segura de poder convencerlo.
—Preferiría una opción dónde no tenga que morir —respondió Karin abrazándose a sí misma.
—Hay una tercera, pero deberás renunciar a todo.
—¿A todo? —preguntó Karin, especialmente porque ella pensaría que morir era la renuncia de todo.
—Para salvarte, tendría que esconderte en Skótadi y no podrás salir de allí jamás. Al ser el lugar más oscuro de la Tierra, ningún Dios ni ser podría encontrarte, y aún si alguien entra, no podrá verte ni podría saber que eres la Princesa fugitiva —explicaba Itachi— Vivirías allí hasta el final de tus días. Por supuesto, prometo visitarte seguido para que no te sientas sola y si alguien más entra a la cueva, no podrás decirle tu identidad, porque si algún Dios oye de ti y la noticia llega a oídos de Maadara, no podré hacer nada para ayudarte.
—¿Por qué el Señor Maadara querría empeñarse en hacerme algo?
—Porque él es muy estricto con las ofensas a los Dioses. Con el tiempo, mi madre podría olvidarlo y dejarte en paz, pero él…
—Entiendo.
Karin bajó la mirada sabiendo que aún si existían más opciones, tendría que sacrificar algo y necesitaba pensar cuál sería mejor.
—Sé que ninguna opción es muy alentadora, pero te sugiero que aceptes casarte con el héroe. Si lo haces, podrás seguir viendo a tu familia y vivir una vida normal.
—Supongo que tiene razón… y quizá, al ser un héroe enviude rápido. ¿No? —Karin intentaba consolarse, pues se sentía frustrada de pensar que terminaría casada con un tipo al azar, sólo porque inicialmente no quería casarse con un tipo al azar.
—Eso es algo que no puedo garantizarte, pero sé que estarías a salvo —él le sonrió con calidez.
La mirada que la pelirroja recibió del Dios, ya la había visto antes, lo que por impulso la hizo retroceder un par de pasos.
—¿Por qué hace esto por mí?
Sin duda, ella era muy perspicaz, aunque había tardado un poco en darse cuenta que él no tenía por qué ayudarla y aún si lo hacía, tampoco tenía que preguntarle por la opción de su preferencia. Siendo Itachi un Dios y ella una humana, ella no tendría muchas opciones para rechazar lo que él decidiera.
—Porque me parece injusta tu situación. Quiero ayudarte.
—No me lo creo. Si fueras la Señora Izumi lo entendería, pero…
—Si prefieres que no te ayude, sólo dejaré mi mensaje y…
—¡Bien! Lo siento, ya no cuestionaré nada. No estoy acostumbrada a hablar con un Dios —Karin se disculpó dándose cuenta que estaba siendo muy atrevida y hasta desafiante con el único que podía ayudarla.
—En cinco días tendrá que hacer el sacrificio. Tú sólo obedece y accede voluntariosamente. Izumi y yo vendremos con tu rescatador a tiempo. ¿Alguna duda?
—¿Y si yo venzo a la bestia, no podría obtener el perdón de los Dioses?
—¿Sabes pelear?
—No, pero puedo intentar entrenar algo en estos días.
Itachi pudo ver la voluntad de la chica por defenderse a sí misma si era necesario aún cuando también parecía asustada, lo que alimentaba el sentimiento por ella.
—Me temo que no sería conveniente. Si lo haces, sería como desafiar el castigo, así que es mejor dejar que alguien, especialmente del extranjero, se haga cargo.
—Lo sabía, pero no perdía nada preguntando —dijo dando un suspiro de resignación.
—Confía en mí. No te defraudaré —Itachi le sonrió y notó un respingo en la joven, pero no dijo nada— Iré a darle el aviso a tu familia.
El respingo de Karin se había debido a que iba a protestar, pues ella no podía confiar en alguien en quien no conocía, pero se abstuvo de decir algo porque tratar con los Dioses no era lo mismo que tratar con los humanos y señalar su duda ante el Dios, podría traerle más problemas de los que ya tenía.
Por otro lado, Karin estaba preocupada por su familia, pues entendía que no se les podría decir nada sobre el plan, así que sufrirían con la idea de perder a su hija menor.
—En cinco días deberán atar a la Princesa más joven en el bosque del Sur, en el roble más viejo, ahí donde no llega la luz del sol, para ser devorada por la demonio de la música, Tayuya —Itachi daba las indicaciones a la familia Real— Una vez que el corazón de la Princesa deje de latir, Uzushio y todos aquellos que adoraron a la Princesa cómo Diosa serán perdonados.
—Pero… Señor, si hacemos eso, no podremos darle sepultura a nuestra hija —objetó el Rey escandalizado, aún así no perdía el respeto en el cómo se dirigía al Dios.
—Por favor, tenga piedad. Ella no ha hecho nada malo. Debe haber otra forma de solucionarlo —pedía la Reina de rodillas, mientras las hermanas mayores de Karin no sabían qué decir.
—Madre, padre, aceptaré ese destino. No se metan en más problemas por mi —habló Karin ocultando el hecho de que, a pesar de haber un plan, tenía miedo.
—Volveré en cinco días para ver que se realice la tarea apropiadamente. Mientras tanto, despidanse de la Princesa —Itachi siguió hablando— Está de más decirles que si intentan esconderla o evitar el castigo de alguna forma, se tomarán medidas al respecto.
—Señor, mi hermana y yo sabíamos que había la opción de que podría casarse para solucionarlo —Amai se inclinó ante Itachi— ¿Podría decirnos por qué no le han dado la oportunidad a mi hermana de elegir?
—Sakura, la joven que tuvo la oportunidad de elegir, perdió ese privilegio porque los hombres estaban dispuestos a asesinar a quien se casara con ella para tener su oportunidad —explicó Itachi, pues si bien no era una mentira que eso ocurrió, no le veía el caso de decirles el verdadero motivo— Para evitar problemas, exigiremos el sacrificio directamente. Esperemos que después de esto, no se vuelvan a repetir las circunstancias, de lo contrario, se eliminará al país completo que lo haga.
—¿Y si tomo el lugar de mi pequeña hermana? —preguntó Uta, algo que sorprendió mucho a los presentes, pero ella no sólo lo hacía por sentirse culpable de llevar a ese problema a su hermana menor, sino porque esperaba que de esa forma, el Dios del amor se conmoviera y les perdonara la vida a ambas… y quién sabe, quizá enamorarlo a él.
—Sacrificarte a ti, no desaparecerá la belleza de tu hermana ni la devoción blasfema de tus súbditos —respondió Itachi— No hay forma de conseguir lo contrario. Así que sólo resígnense y despídanse de la Princesa.
Itachi no dio más oportunidades a nadie de hablar y se retiró a buscar a Izumi para encontrar al héroe que habría de rescatar a la joven Princesa.
Mientras tanto, Karin tuvo que fingir ser fuerte y resistirse a decirle nada a su familia, pero por sobre todo, necesitaba convencerlos de seguir con la petición del Dios. Sin embargo, su padre no estaba conforme y decidió consultar al Oráculo de la ciudad para ver si realmente todo estaba perdido. Las palabras del Oráculo fueron:
"La salvación de la Princesa está obedeciendo a al Dios Itachi"
Esto no dio ningún consuelo a la familia de Karin y aún cuando ellos buscaron otras opciones, la joven Princesa insistió en cumplir la tarea.
Al llegar el quinto día, Itachi se presentó de nuevo con la familia Real, que ya tenían preparada una escolta para llevar a la joven Princesa al bosque.
—Imagino que ya habrán informado a su gente de esta situación, pero quiero que lo anuncien de nuevo antes de iniciar la procesión al bosque —indicó Itachi— Estaré vigilando la comitiva desde el aire y una vez que la hayan atado, deberán volver al palacio. Cuando se concluya el castigo, se los anunciaré.
La familia y amigos de la Princesa se despidieron de ella antes de iniciar la marcha y el discurso y mientras lloraban, la acompañaron hasta el roble que el Dios les había indicado.
Antes de atarla al árbol, la familia volvió a despedirse y aún cuando ya habían hecho oraciones y súplicas por el perdón a los Dioses desde que Itachi les anunció el castigo, no dejaban de hacerlas.
Con mucho pesar, la familia Real dejó atrás a su hija que se mostraba fuerte, pero cuando se quedó sola en el bosque, no pudo evitar llorar en silencio.
¿Quién será el héroe que rescate a Karin? ¿Itachi podrá conquistar a Karin? ¿Se puede confiar en Izumi? ¿Qué otras dudas les han nacido?
Me encantará leer sus teorías y dudas en los comentarios n.n
Sí, este es un LongFic, pero serán al rededor de cuatro capítulos, los cuales serán subidos los fines de semana, así que, además de que no habrá que esperar mucho para la continuación, tampoco deberán esperar demasiado para terminar de leer la historia n.n
Originalmente quería subir otra historia que he estado escribiendo desde hace algunos años que encaja perfecto con este tema, pero decidí no hacerlo porque es un LongFic, más largo y quiero subirlo cuando pueda reducir los fics que debo, pues, aunque tengo algunos capítulos adelantados, temo quedarme sin capítulos antes de poder terminar los que aún debo. Sin embargo, esperen en otro momento esta historia n.n
Debo decir, que antes de esta idea, hubo otra que iba a escribir donde Karin y Sasuke serían Afrodita y Ares correspondientemente, pero por diversas razones, ni siquiera la escribí, pero se me ocurrió esta idea y me agradó para poder subirla en esta ocasión n.n
Una nota que es más directa al origen de esta historia, es que quise apegarme un poco a los mitos, así que se habrán dado cuenta que hay partes que van muy rápido (como el enamoramiento de Itachi), pues muchos mitos no se detallan, pero también he dado el espacio para que haya interacción entre los personajes para que pueda ser más entendible cuáles son sus relaciones.
Quizá habrá quienes ya se dieron cuenta, quizá no, pero dejaré dicho que esta historia está basada principalmente en un mito. ¿Ya lo identificaron? Por supuesto, no es una copia del mito, sólo es una adaptación libre y al mismo tiempo estoy haciendo referencias a otros mitos. ¿Han identificado alguno?
Por supuesto que les estaré hablando de qué mitos me estoy basando y/o estoy haciendo referencias, pero los dejaré al final la historia, pues me gustaría saber si alguien aquí puede identificarlos. Claro, dejo dicho que esos mitos son griegos (incluso romanos, debido al parecido entre ellos), y me imagino que ya tienen una idea de la asociación de los personajes, pues he sido algo explícita en ellos n.n
Sin más, por ahora los dejo con este capítulo y comentando que la actualización la estaré haciendo el fin de semana n.n
¡Hasta la próxima actualización!
