Capítulo 6.
Por fin llegó el día tan esperado por Marin y sus amigas. Al estar en temporada de exámenes no era necesario que los profesores atendieran clases a diario y justo aquel día Marin tuvo la suerte de que no le correspondiera ninguno. Shaina había pedido libre puesto que por la mañana tenía unos compromisos familiares ineludibles y de todas formas, las otras dos secretarias podrían apañárselas solas por un día.
Shaina y Marin decidieron ir a almorzar juntas en el centro de la ciudad ya que habían pedido hora para ir al salón de Afrodita y ponerse aún más guapas para su salida nocturna.
También fue cuando Hyoga, que ya había asegurado el contrato de alquiler de aquel pisito, decidió mudarse allí. Cuando se levantó por la mañana empaquetó sus pertenencias y dio las gracias a Marin y Aioria antes de marcharse.
—No hay de qué, muchacho. Ha sido un placer tenerte en casa y perdona el incidente con Aioros, pero mi hermano es auténticamente incorregible.
—No te preocupes, Aioria. Es agua pasada—contestó tratando de quitarle importancia al asunto mientras que Aioria le echaba una mano para bajar los paquetes al rellano.
—Si te esperas un poquito Marin puede llevarte al centro, ella tiene que ir allí de todas formas. Mi coche está en el mecánico, sino te habría llevado yo mismo.
—Os lo agradecería mucho, pero no quiero causaros ningún inconveniente.
—Ja, ja, no lo es, muchacho, no lo es.
—Cuando ya esté instalado en el piso espero que vengáis a verme.
—Ya te hemos dicho que ha sido un placer tenerte aquí con nosotros, Hyoga, y desde luego que nos gustaría mucho ver tu nuevo hogar.
Un poco más tarde, Marin llevó al joven ruso a su nuevo hogar y ella se dirigió al lugar acordado con su amiga. Camus ya lo esperaba allí para entregarle las llaves oficialmente.
—Déjame que te ayude a instalarte.
—No te preocupes, Camus, como puedes ver no tengo gran cosa —comentó señalando sus pocas cajas.
—Está bien. Aunque si quieres podemos ir a almorzar primero.
—Me parece una idea magnífica —dijo Hyoga, quien inmediatamente tomó la iniciativa y plantó un beso en los dulces y carnosos labios de Camus.
Aunque en aquellos momentos nada parecía importarle más en el mundo que Camus, el muchacho no se había olvidado por completo del seductor Milo y aún tenía su número de teléfono anotado en un papelito y era reacio a deshacerse de él. Aunque sabía que tendría que hacerlo si quería tener una oportunidad de mantener una relación duradera con ese hombre que tenía delante suyo. Sin embargo, no deseaba que la escenita con Milo le rondara por la cabeza y estropeara su tiempo con Camus, así que se fueron a almorzar a un pequeño café donde servían muy buena comida a precios razonables. Esta vez fue Hyoga quien insistió en pagar puesto que quería devolver el cumplido al otro chico.
Mientras tanto, Marin y Shaina se fueron al salón de belleza donde habían quedado con las otras tres amigas para una buena sesión de tratamientos de belleza. No es que les hiciera falta porque eran todas guapísimas pero querían empezar el fin de semana con buen pie y aquella era una magnífica excusa para pasar más tiempo juntas, ya que no se veían muy a menudo para divertirse. Ni que decir tiene que disfrutaron como locas de aquella sesión porque estaban anticipando ver a unos muchachos tan guapos desnudándose para ellas aquella mismita noche y la boca se les hacía agua de tan sólo pensarlo.
Tras el almuerzo Camus y Hyoga llegaron al pequeño apartamento. Una vez que Hyoga colocó sus pertenencias en los lugares adecuados, hizo una lista mental de las cosas que le harían falta para poder instalarse, aunque el piso ya venía amueblado con algunas piezas básicas.
—Me tomé la libertad de poner algunas cosas para que te fuera más fácil el instalarte. Sino te gustan siempre puedes cambiarlas, ¿sabes? —dijo el joven francés.
—Camus —dudó un poquito antes de continuar hablando—, no sé como agradecértelo, no tendrías que haberte molestado.
—No es molestia, quiero que tu estancia aquí sea lo más cómoda posible —le dijo mirándolo fijamente a los ojos; poco después apartó la vista de él e hizo ademán de salir de la casa para dejar que el ruso tuviera un poquito de intimidad mientras se instalaba. A fin de cuentas no quería que Hyoga pensara que estaba abusando de su posición como casero.
Sin embargo, Hyoga tenía otras ideas y antes de que Camus lograra salir de la habitación logró pararlo y atraerlo. Sus labios esta vez se unieron en un apasionado y demandante beso en el que sus lenguas exploraban cada rincón de sus bocas. No obstante, aunque ambos deseaban llegar más lejos, no tuvieron tiempo más que para algunos apasionados besos y caricias porque cuando Camus se dio cuenta de qué hora era, vio que no le quedaba mucho tiempo para arreglarse e ir a "Alexandros". La sala estaría llena y cuando ello sucedía le gustaba estar presente para poder asegurarse de que no hubiera ningún problema y poder coordinarse con el organizador del espectáculo. En una noche como ésta no se podían permitir fallos de ningún tipo.
Hubiera preferido pasar la tarde entera con Hyoga pero como no iba a serle posible, se le ocurrió la idea de llevárselo con él; Hyoga aceptó encantado. Justo cuando entraban por la puerta del piso de Camus sonó su móvil; se trataba de Milo que quería verle antes de que abrieran las puertas. Camus le respondió que no había problema pero que tardaría unos tres cuartos de hora en llegar porque tenía que cambiarse de ropa. Milo pronunció algunas palabras de asentimiento antes de despedirse de su amigo.
Hyoga le preguntó de qué se trataba todo aquello cuando Camus colgó.
—No es nada grave pero tengo que estar en el club cuanto antes —le respondió para asegurarle que no tenía de que preocuparse.
—¡Qué lástima!
—No te preocupes, podemos volver esta noche —le dijo usando un tono de voz muy seductor.
—Suena muy prometedor... —Hyoga lo rodeó con sus brazos y acarició su rostro suavemente.
—Lo es —dándole un largo beso— pero será mejor que nos demos prisa o tendré problemas luego.
