Capítulo 7.
En cuanto abrieron las puertas de "Alexandros" Marin y las demás chicas entraron y se dirigieron a la barra a pedir bebidas antes de que se llenara demasiado el local, que aquella noche prometía estar abarrotado.
Se respiraba una atmósfera de expectación porque aunque sabían que aquella noche habría strippers también se les acababa de anunciar que habría una actuación sorpresa y que habría un evento de recaudación de fondos para el departamento pediátrico del hospital general. El anunciador pidió que los donativos fueran abundantes y generosos.
Las mujeres se establecieron en grupitos que charlaban animadamente. Las había de todas las edades, desde jovencitas de dieciocho hasta maduritas de sesenta años, pero todas tenían algo en común: venían a ver a unos chicos guapos que se desnudarían sensualmente para ellas y ¡por supuesto!, que venían con el propósito principal de disfrutar al máximo de aquella noche.
Camus estaba algo nervioso y no podría estar mucho pendiente de Hyoga puesto que tenía que asegurarse de que todo funcionara bien, hasta en el más mínimo detalle, ya que la reputación de su negocio dependía de ello.
Milo, en cambio, se encontraba en su elemento y en esos instantes estaba en la oficina con Camus discutiendo algunos detalles. El francés estaba tan concentrado en su trabajo que no prestaba atención a la forma en la que Milo miraba a Hyoga, o sea, como si se lo estuviera comiendo con los ojos.
Aunque Milo no le era indiferente pues se sentía atraído hacia ese hombre tan carismático, se sentía algo inquieto y tenía miedo de hacer algo que delatara sus sentimientos a cualquiera de los otros dos hombres y sobretodo tenía miedo de herir u ofender a Camus pues se había enamorado de él.
Cuando llegó la hora de empezar el espectáculo, Milo salió a escena y empezó a "calentar" el ambiente pidiendo una voluntaria que le asistiera con unos trucos de magia. Varias manos se alzaron y el chico escogió a una de las mujeres maduritas que se hallaban en primera fila. La manera en la que Milo hablaba hacía que quienes le escucharan se quedaran absolutamente pendientes de cada palabra suya, porque este hombre seducía tanto por la forma de mirar como de hablar como por la de moverse. A cada mujer u hombre con quien hablaba le daba la impresión de que no había nadie más en el mundo en aquellos momentos.
Tras unos minutos de estos juegos preliminares presentó al primer stripper, un muchacho alto y moreno de cabellos larguísimos que iba vestido de bombero y al que Milo presentó como "Rebel".
Nada más salir el muchacho, junto con la música, se oían los gritos y suspiros de las mujeres que lo veían contonearse al ritmo de una canción que titulaba "I touch myself". Sus movimientos eran sensuales y mantenía contacto directo con los ojos a toda aquella que lo mirara. Milo sabía elegir bien a sus muchachos y por eso Camus lo había contratado para llevar a cabo el show.
A medida que se iba despojando de sus prendas, dejaba ver su perfecto cuerpo en cuya espalda se podía apreciar el tatuaje de un dragón gigante.
A mitad de la danza cogió una botella de aceite para bebés con la que comenzó a lubricar su cuerpo, haciendo que el líquido cubriera su pecho y sus abdominales para que su cuerpo brillara y fuera más suave al tacto.
Con la botella en la mano se dirigía al grupo de mujeres y a unas cuantas les ponía algo del viscoso líquido en las manos para que le ayudaran a embadurnárselo por todo el cuerpo, las otras que lograban tocarle, se contentaban con palpar aquellos músculos tan fuertes y bien proporcionados.
Cuando llegó la hora de remover la última prenda se cubrió con una toalla con la que antes había estado "jugando" para excitar a su audiencia y para tantalizarlas aún más, dejó sus genitales cubiertos mientras lo hacía y se fue del escenario en medio de un ensordecedor jaleo de aplausos y gritos de "más, más, más...". Marin y las otras estaban disfrutando de la actuación y del ambiente en general y aunque gritaban y aplaudían tanto como las otras, eran de las que mejor se comportaban. En otras partes del club había varias chicas que no cesaban de pedir bebidas alcohólicas que les eran servidas por guapos camareros en top-less. Los muchachos llevaban pantalones negros, pajarita y puños de camisa y al igual que los strippers, eran bien fornidos aunque estos chicos simplemente se limitaban a servir.
Camus, Milo y los demás al cargo del show debían andarse con pies de plomo, pues este tipo de comportamiento podría crear un problema muy serio. Muchas de estas féminas que se habían tomado unas cuantas copas de más se estaban volviendo más atrevidas. Camus esperaba que no hubiera que organizar una mala escena y tener que echar a alguien, así que por si acaso, se aseguró de que los guardias de seguridad (entre los cuales había dos mujeres no uniformadas) se pasearan discretamente entre la audiencia.
Una vez terminada la actuación del chico, Milo volvió a salir a escena para presentar a los siguientes artistas, dos hermanos gemelos de largos cabellos azules a los que presentó como "Estámina y Adrenalina"
Si el primer chico había calentado el ambiente en la sala, estos dos lo hicieron aún más, porque además de los sugerentes contoneos y mutuos toqueteos entre ambos chicos y los de los chicos y su audiencia, añadían un factor de incesto que resultaba excitante puesto que eran gemelos idénticos.
Mientras los chicos actuaban, Shiryu, el que salió primero, estaba siendo atendido por Aioros. Shiryu se había torcido un tobillo mientras regresaba a su camerino, pero por suerte no había sido una lesión grave aunque su tobillo aún estaba muy hinchado. Durante el descanso lo reposó en un banco mientras que Aioros le masajeaba la pierna y le daba unos calmantes. Aioros era enfermero muy bueno en su trabajo y muy popular con pacientes de ambos sexos. Sin embargo, a pesar de ser un chico muy seductor, mientras que trabajaba mantenía en todo momento un aire de profesionalidad y jamás de los jamases se le habría ocurrido propasarse con uno de sus pacientes. Shiryu no era una excepción a pesar de que era guapísimo y estaba prácticamente desnudo delante de él.
Milo le preguntó si podría hacer el próximo número, el moreno asintió y Aioros dijo que no habría problema siempre y cuando descansara durante los intervalos. Sin embargo, sus motivos para ir y venir de la oficina no eran enteramente altruistas o profesionales porque seguía tratando de pillar al ruso a solas y no pensaba desaprovechar cualquier oportunidad que se le rpesentara.
Una vez que los hermanos terminaron su actuación, Shiryu y los gemelos volvieron al escenario ataviados con unos pantalones cortos puestos para que las chicas se hicieran fotos con ellos. Algunas lo hacían individualmente y otras en grupo, lo que causó unas colas grandes pues todas querían verlos más de cerca, tocarlos y de paso llevarse un recuerdo grato de aquella noche. Todas lo pasaron en grande, Marin y su grupito se acercaron de las últimas para pasar a la posteridad con ellos.
Sus amigas se burlaban de Marin porque decían que Aioria se pondría celosísimo cuando las viera.
—¡Mejor!, así mi leoncito cuidará más de su imagen —les dijo riéndose.
June también recibió algunas bromas porque su marido sí que era un hombre algo celoso, pero aquella noche no le importó un pepino lo que nadie pensara y dijo que así mantendría a Albiore a raya si se le ocurría mirar a otra mujer que no fuera ella.
