Capítulo 8
Milo anunció que iba a llevarse a cabo una subasta para recaudar fondos para el hospital, cuya única diferencia con una subasta normal radicaba en que en lugar de por objetos, las postoras competirían por cinco de los porteros del club. Los que fueran "vendidos" concertarían hora y lugar con sus postoras para hacerles de "esclavos". Les aclaró que simplemente se trataba de que los chicos debrían hacer algun trabajito para quien o quienes los hubieran "comprado" durante unas horas, como por ejemplo: hacer la limpieza sin camisa, planchar, pintar la casa, llevar a cabo alguna reparación, etc.
Camus fue a reunir a los chicos elegidos para tal subasta: Aldebarán, un joven brasileño muy alto y corpulento, Ikki, un chico japonés bastante ágil y atractivo, de cabellos cortos y algo encrespados; Argol, otro joven atractivo de mirada fría y penetrante; Sorrento, un chico muy guapo de gran talento musical y Hagen, un noruego de bellos ojos azules, de cabello largo y rubio. El subastador, Milo, les hacía buena publicidad acerca de los talentos de cada uno e incitaba a las mujeres allí presentes a que partieran con su dinero, lo cual no sería difícil ya que Camus y él habían elegido bien a los muchachos que se presentaron como voluntarios para este evento porque los había para todos los gustos.
El que más recaudó fue Hagen puesto que tanto el color de sus ojos como de su cabello eran inusuales y además se lanzó a hacer un pequeño strip-tease que volvió loco a aquel público femenino. Lo malo es que el pobre pasó la mayor parte de la noche intentando recuperar su ropa perdida porque varias personas se la habían escondido y no querían devolvérsela.
Como se suponía que tenía que trabajar Camus le echó bronca y le dijo que hiciera el favor de vestirse y volver a su puesto.
—Pero, Camus, mis pantalones... —balbuceó el joven noruego.
—¡Cállate y vuelve a trabajar! —le espetó su jefe.
—Pero...
—¡Hazlo o te pongo de patitas en la calle! —exclamó en un tono enfadado muy convincente.
En realidad Camus no estaba enfadado porque sabía que sus compañeros de trabajo habían escondido su pantalón donde no podría encontrarlo fácilmente pero pensó que sería divertido el intimidarlo un poquito. Después de echarse unos minutos de risas a su costa, dejaron de tomarle el pelo y el rubio volvió a su puesto. Aún así no le fue mal del todo, varios le echaron algunos piropos y una chica en especial se fijó en él y viceversa. Se trataba de Flare, que se le acercó una vez que se hubo vestido y le pasó un papelito con su número de teléfono. El chico prometió que la llamaría después del fin de semana.
El evento fue un éxito porque todos los chicos fueron "vendidos" y se recaudó una suma considerable para el hospital. Camus debía reconocer que aquello había sido una excelente idea pues aunque aquellos fondos no irían a parar a las arcas del club sí que representarían una buena publicidad gratuita. Milo tenía unas ideas fantásticas y por eso le gustaba tenerlo de asociado, pero le preocupaba el que en ocasiones su comportamiento tanto con las clientas como con los strippers no fuera del todo profesional y Camus no quería que ocurriera ningún incidente que manchara la reputación de su local. También estaba algo preocupado al tener que dejar a Hyoga solo, aunque razonó que el chico ruso ya era lo suficientemente mayorcito como para arreglárselas si surgiera algún problema.
Camus además tenía su mente ocupada con la inminente reunión de antiguos compañeros de colegio con su buen amigo Aioria, quien le había prometido una agradable sorpresa y también se llevó otra sorpresa bastante agradable al ver a Marin con su grupo de amigas en el local.
Llamó a Hyoga y ambos se acercaron a saludar a las chicas.
—Marin, ¡qué sorpresa verte por aquí!.
—¡Camus! —exclamó cuando se volvió y vio a la persona que le hablaba—. Se supone que el show es sólo para mujeres.
Tras darle dos besos notó que a su lado había otra cara familiar. El joven ruso y ella se saludaron brevemente antes de que Camus respondiera al comentario anterior de Marin.
—No te preocupes, Marin, estoy aquí porque soy el dueño del local. Hyoga ha venido como mi invitado.
—¡Caramba!, no lo sabía.
—Ya ves. ¿Tú y tus encantadoras amigas estáis disfrutando del espectáculo?
—¡Claro que sí, hombre!. ¿Vas a organizar algo así otra vez?
—Parece una idea muy popular a juzgar por las caras sonrientes y el número de chicas que os habéis presentado.
—Perdonad mis modales, chicos —se disculpó Marin al oír un carraspeo por parte de una de sus amigas—. Hablando de presentaciones, éstas son mis amigas, Shaina, June, Flare y Saori.
—Mesdames, enchanté —Camus se dirigió al grupo de jovencitas.
—Chicas, estos guapos muchachos son Camus y Hyoga.
—¡Hola, Camus!, ¡hola, Hyoga! —dijeron todas al unísono.
Tras intercambiar algunas banalidades Camus tuvo que cortar la conversación porque debía volver a su puesto.
—Encantado de conocer a tan encantadoras damas pero debo marcharme —dijo a modo de disculpa—. Espero que disfrutéis del resto del show.
—¡Gracias! —dijo un coro de cinco voces.
—De nada —replicó el francés con una sonrisa mientras él y Hyoga se retiraban.
Cuando se alejaron las chicas se volvieron a Marin.
—¡Qué pillina eres!, no nos habías dicho que tenías unos amigos tan guapos —comentó Saori.
—Lo siento, chicas, pero mucho me temo que si queréis ligároslos perdéis el tiempo —dijo encogiéndose de hombros y tranquilamente volvió a sorber su bebida.
—¿Ah, sí? ¿No te basta Aioria? —le soltó Saori con un retintín algo pícaro en su voz.
—¡No, tonta!, pero estoy segura que esos dos son pareja —respondió devolviéndole una mirada algo enigmática. No es que supiera todos los detalles pero llegó a esa conclusión ya que se acordaba de todo lo ocurrido en la noche en la que Camus y Hyoga se conocieron en su casa.
—¡No fastidies! ¿Por qué todos los tíos que están buenos tienen que ser gays? ¡No es justo! —dijo algo decepcionada puesto que Camus le pareció un chico enormemente atractivo.
Shaina dejó que una media sonrisa se dibujara en su rostro y colocó una mano encima del hombro de Saori pues conocía un detallito que las otras no habían notado. Un rato antes, la italiana había visto a Milo acercarse a Hyoga cuando tuvo que ir a "empolvarse la nariz" y fue testigo casual de cómo intentaba tocar al muchacho. Además de que el guapo Milo también había estado descaradamente practicando sus dotes de Don Juan con algunas damas de la audiencia.
—Y si no me equivoco, queridas mías, el maestro de ceremonias también lo es o por lo menos es bisexual— recalcó Shaina, que había estado muy calladita hasta entonces. No quiso añadir nada más a su comentario para no meter al chico ruso en ningun lío y menos ahora que Marin había mencionado que estaba saliendo con el guapo francés. De todas formas, lo que ellos se llevaran entre manos no era asunto de su incumbencia.
—En boca cerrada no entran moscas— interrumpió tajantemente cuando las otras chicas comenzaron a hacer preguntas y señaló hacia el escenario para que prestaran atención al espectáculo.
Mientras las chicas hablaban Camus y Hyoga se fueron hacia la oficina. Milo salía justo cuando ellos entraban y como el pasillo era algo estrecho, aprovechó la ocasión para acariciar el trasero del chico ruso mientras pasaban. Hyoga prefirió no decir nada a Camus porque no quiso montar una escena desagradable delante de él pero le dijo que le disculpara que tenía que ir al servicio. Camus siguió caminando hasta la oficina y Hyoga se fue detrás de Milo, al que agarró de un brazo y lo llevó a una esquina algo oscura procurando no hablar en voz muy alta para que nadie les oyera.
—¿Se puede saber qué te propones? —le preguntó algo nervioso pero suficientemente indignado.
—Creo que las explicaciones no son necesarias, precioso —respondió con toda la tranquilidad del mundo mientras se soltaba del agarre.
—Milo, Camus es mi pareja. ¡Déjame estar! —a pesar de que Hyoga mantenía una seria expresión en su rostro, en su voz había un pequeño deje de súplica que se manifestó en un leve temblor que Milo notó.
—Eso ya lo sé, pero también he notado cómo me miras y sé que mi deseo es reciprocado por ti.
—Milo, yo... —fue interrumpido cuando el otro le plantó un apasionado beso y acarició su espalda mientras lo arrinconaba contra la pared, haciendo así que ambos cuerpos estuvieran lo más pegados posible.
—Shhh, calla, pequeño... —le susurró mientras le entregaba un papelito doblado—. Llámame después del espectáculo y si quieres puedo organizar uno para ti en privado. Por si acaso lo perdiste aquí tienes de nuevo mi número.
—Pero Camus...
—Camus no tiene que saber nada. De todas formas, ahora tengo que volver a escena —murmuró muy sensualmente—. Hablemos más tarde.
Dicho esto se alejó, convencido de que la "victoria" era suya, dejando a Hyoga muy confundido.
¿Se verán después del espectáculo a solas? ¿Se enterará Camus de lo que ocurre? ¿Habrá destrozos en el local?
No se pierdan la excitante continuación a esta historia...
