Capítulo 9.

Marin y sus amigas no habían conseguido ser las mejores postoras en ninguna de las subastas puesto que ninguna de ellas llevaba suficiente dinero encima. Ni aunque hubieran puesto junto todo lo que llevaban lo hubieran logrado porque particularmente con el último chico las pujas fueron altísimas. De todos modos, lo pasaron de muerte.

Una vez terminado este pequeño interludio entre una actuación y otra Milo anunció al artista-sorpresa de la noche, un ilusionista guapísimo de ojos verdes como esmeraldas y cabellos largos lilas al que se conocía como Mistyc Mu.
Para iniciar su número Mu pidió que ocho voluntarias acudieran al escenario. Aunque algunas de las mujeres allí presentes se habían puesto bien a tono con la bebida, al menos en un principio, nadie parecía tener el coraje suficiente de salir a escena delante de sus amistades. Como buen maestro de ceremonias Milo las instigaba para que Mu pudiera llevar a cabo su número.
—¡Venga, chicas! o sino elegiré yo... —les "amenazó" barriendo con la mirada todo el local.

En el grupito de Marin se chinchaban las unas a las otras hasta que finalmente June y Flare se presentaron como voluntarias junto con otras cuatro mujeres más que se animaron al verlas subir a la tarima.

Puesto que algunas eran jovencísimas (el club permitía la entrada a personas de como mínimo dieciséis años siempre y cuando vinieran acompañadas de una persona adulta y no consumieran alcohol) Milo les advirtió que se presentaran solamente aquellas que fueran mayores de edad, así que dos tuvieron que retirarse. Tal como era su costumbre debido a los requisitos legales que debían cumplir, también preguntó a las que quedaban en el escenario si alguna estaba embarazada o sufría ataques epilépticos. Otra más tuvo que retirarse puesto que se hallaba en el cuarto mes de gestación. Mu y Milo tardaron varios minutos en elegir a las ocho voluntarias que les ayudarían con la actuación.

Esta parte del espectáculo causó gran hilaridad tanto entre los participantes como los espectadores, incluyendo a los strippers que estaban en otra habitación con Aioros. Camus, que estaba en la zona VIP de la sala y Hyoga a su lado también observaban.
Para comenzar Mu les dijo que se relajaran, dejaran la mente en blanco y sobretodo que no se resistieran porque no les haría hacer nada que las pusiera en peligro. Mu se fue acercando a las chicas una por una, reposando suavemente su mano sobre sus cabezas al tiempo que les decía "relájate"; nada más tocarlas cada una hincaba la cabeza con la barbilla tocando el cuello como si se hubieran desplomado
—Cuando cuente hasta tres y chasquee mis dedos obedecerás mis instrucciones —dijo a cada una.

Dejó que transcurriera una corta pausa para dar mayor dramatismo al asunto antes de empezar a contar y chasquear los dedos.
—Chicas, estáis en una habitación viendo un programa de televisión que os gusta mucho.

Mientras hablaba las dividió en grupitos. A tres de ellas les encomendó la tarea de ver un programa de corte humorístico y nada más haber terminado aquella frase, las chicas comenzaron a desternillarse de risa. Guiñó un ojo a su audiencia y dejó que las otras voluntarias y el resto del publico las observaran antes de dirigirse a las dos siguientes con la instrucción de ver un programa muy triste, a lo cual las chicas reaccionaron poniéndose a llorar como un par de Magdalenas. Por último, a las tres que quedaban y en este grupito estaban las dos amigas de Marin, que se estaba partiendo de risa en anticipación al trabajito que el hipnotizador les iba a dar de un momento a otro, les dio una tarea diferente.
—Esto va a ser algo más difícil —comentó el chico que parecía pensativo hasta que de sopetón una gran sonrisa le iluminó el rostro y exclamó —¡ya lo tengo!, vuestra televisión no recibe ninguna señal y la estáis intentando ajustar.

Las chicas se levantaban de su silla "dando golpes" a la televisión para que funcionara, "ajustaban la antena" y ponían cara de enfado al no poder ver su programa favorito, cuya señal estaba llena de interferencias y les resultaba frustrante que no hubiera manera de conseguir una imagen limpia.
Para mantener la atención del público Mu incrementaba el número de tonterías que les hacía hacer en aquel trance, aunque poco a poco algunas de ellas fueron despertando y Milo las ayudaba a que regresaran a su grupo de amigas entre el público. Desde que empezó el número, Marin y sus amigas tomaban fotos y hacían mini-vídeos con sus cámaras y teléfonos móviles.

—Jamás hubiera creído que éstas dos, en particular June, salieran hacer algo así —dijo Marin mientras filmaba con su móvil.
—Yo no habría tenido el valor de hacerlo —respondió Shaina riendo.
—Yo tampoco —reiteró Saori mirando aún sorprendida a sus dos amigas en el escenario.
—¿Os imagináis la cara que pondría Albiore si viera el vídeo que he hecho de June? —les soltó la italiana.
—¿No serás capaz de mostrárselo? —preguntaron las otras en horrorizada fascinación.
—¡Claro que no!, pero sí que podemos divertirnos de lo lindo tomando el pelo a June.

Mientras ellas hablaban las tareas de Mu se volvieron más atrevidas. Hizo que una de las chicas se tumbara en el suelo y a otra que se arrodillara delante de ella. Muy seriamente pidió al público que no se les ocurriera intervenir puesto que el despertar súbitamente a una persona en un trance hipnótico podría tener consecuencias muy graves. A la chica que estaba arrodillada le dijo que se imaginara que la del suelo era un delicioso pastel de chocolate y que tenía mucha hambre.
Milo volvió a recordar a la audiencia que nadie interviniera. Mu dirigía sus movimientos pero la paraba a tiempo antes de que hiciera algo verdaderamente embarazoso.
El ambiente entre la audiencia rayaba entre lo fascinado y lo horrorizado. La mayoría de las mujeres allí presentes parecían aliviadas de no haber salido a escena y verse inmortalizadas en camara digital, teléfono móvil o peor aún, en Internet vía You Tube o algo por el estilo.

Shiryu y los gemelos se estaban preparando para su último número que sería bastante más fuerte que el que hicieron anteriormente. Hyoga, debido a que Camus estaba ocupado, ofreció echarles una mano con su atrezo. El ruso pensó que sería mejor apartarse de Milo y el hacer algo lo mantendría distraído ya que se sentía algo avergonzado por los pensamientos que le estaban cruzando por la mente con respecto a Milo. En parte era porque tenía miedo de la reacción de Camus si se enterara de que había sucumbido a los encantos de Milo nada más haber empezado su relación con él y porque se sentía algo ofendido ante la insistencia del peliazul, que se había pasado parte de la noche coqueteando con quienquiera que se le cruzara en el camino.

Hyoga también sospechaba que había algo entre Milo y Aioros puesto que este último parecía dolido cuando Milo se ponía a tirar los tejos a alguien más. El sagitariano parecía una persona bastante diferente a la que Hyoga vio en casa de Marin.
—Hyoga, hola, ¿cómo estás?
—Bien ¿y tú? —respondió algo nervioso al recordar la escenita de la cocina.
—También bien —dijo tras una pausa algo incómoda—. Hyoga, por favor, perdóname por lo ocurrido en casa de mi hermano, me porté como un idiota.
El más joven se vio muy sorprendido por aquellas palabras porque no detectó ninguna nota de sarcasmo o ironía en ellas, la disculpa parecía sincera y además Aioros se veía bastante sonrojado, cosa poco común en él.
—No te preocupes, hombre. Ya es agua pasada.
—Gracias —respondió aliviado.

Aioros terminó de recoger los artículos que había usado para tratar a Shiryu y ponerlos en su maletín. Por último, se fue al camerino a asegurarse de que Shiryu no se moviera de donde estaba hasta que le llegara la hora de terminar su número.

Mu ya había llegado a la parte final del suyo y ya sólo le quedaban dos chicas, una de ellas era June. Flare se había despertado del trance varios minutos antes y estaba recogiendo en su cámara "evidencia incriminante para enseñar a Albiore", al igual que sus tres amigas.
Milo y Mu las sentaron al lado de dos de los chicos que habían estado sirviendo mesas anteriormente para que cuando se despertaran pensaran que esos dos eran sus ídolos favoritos. June fue la primera en hacerlo y cuando vio al chico que tenía al lado gritó el nombre de un conocido actor de Hollywood.

Al oírla el público se partió de risa particularmente debido a las miradas de corderita degollada que dirigía al muchacho, que, al contrario que el actor, era negro. La otra chica se despertó casi inmediatamente después.
—¿Quién eres?
— El es quien tú quieras que sea —respondió Mu mientras hacía una señal silenciosa al muchacho para que no dijera nada.
—¿De verdad? —preguntó confundida, lo cual causó unas risotadas mucho más fuertes por parte del público. —Por supuesto que sí, ¿quién quieres que sea este chico? —preguntó de nuevo el hipnotizador. El aludido simplemente se limitaba a sonreír.
—No sé...
—¡Venga!, ¡decide! —insistió Mu.

La chica dio el nombre de un conocidísimo futbolista y esa respuesta hizo que la audiencia volviera a reírse aún más al ver la cara de confusión de la muchacha y la del chico, que apenas podía mantener una expresión seria. Mu dijo que pidieran un autógrafo a los chicos, para lo cual Milo les trajo dos rotuladores de los que se utilizan para escribir en las pizarras blancas. Como no tenían papel donde hacerlo, las chicas dejaron que les firmaran en la piel. June fue la más atrevida y pidió al chico que le firmara en el escote.
Marin y las otras no daban crédito a lo que estaban viendo y volvieron a la carga con las fotos mientras hacían comentarios algo subidos de tono. Pero lo peor estaba aún por llegar.