Capítulo 15

Los hermanos y Camus habían quedado anteriormente en casa de Aioria para poder ir los tres juntos al aeropuerto en un solo coche porque todos pensaron que era una tontería ir por separado, sobretodo al considerar que Camus también vivía en el centro de la ciudad y que tendrían que pagar muchísimo menos por el aparcamiento en el aeropuerto, que era carísimo.
Los tres jóvenes se dirigieron hacia la zona de facturación donde ya les esperaban Afrodita, que había venido acompañado de su novio, un muchachito japonés de bonitos ojos verdes llamado Shun. Otro amigo más ya se encontraba allí, se trataba de Shura, que había viajado especialmente desde Barcelona la noche anterior para pasar unos días con ellos.
Debido a que el tráfico por la capital era absolutamente atroz se habían asegurado de llegar muchísimo antes de que abrieran los mostradores. Aún así debían esperar una hora de paso, motivo por el que decidieron ir a la cafetería y además, faltaba otra persona: Marco, que venía en un vuelo desde Roma que estaba a punto de aterrizar.

Una vez en la cafetería el grupo comenzó una animada charla porque todos parecían felices de estar allí reunidos una vez más. El único que se encontraba fuera de lugar era Shun a quien Afrodita tenía tierna aunque posesivamente abrazado. El muchachito era algo tímido y no sabía qué decir, así que se limitaba a observar y escuchar a su pareja y amigos.
—¿Y dónde está el italianito? —preguntó Shura con una risotada.
—¿Tan impaciente estás por verlo? Recuerda que llega desde Roma, pero no te preocupes que no tendrás que esperar por mucho tiempo para reencontrarte con tu novio —contestó Aioria en tono burlón ignorando la mirada asesina que le lanzó el español y le señaló una de las pantallas de información colgada enfrente suyo—. Si no me equivoco, su vuelo no va a tardar en aterrizar.
—Para no variar siempre llega el último... —comentó Camus con voz algo seria. El francesito era de una puntualidad milimétrica y si había algo que detestara era el que alguien llegara tarde a una cita, ya fuera de negocios o de placer.
—Camusito, sabemos que tú eres super-puntual pero Marco es italiano y los italianos son otra cosa. Siempre tienen que hacer la entrada triunfal y dar la nota —le contestó Shura tratando de hacer que por lo menos el acuariano esbozara una sonrisa, lo cual consiguió.
—¿Y tú no? —interrumpió Afrodita con un retintín sarcástico en la voz.
—Me parece que voy a ignorar tal insinuación, pececito —respondió Shura con exagerada indignación.

Shura volvió la mirada casi inconscientemente hacia la puerta mientras hablaba. Afrodita se salvó de un pequeño zape amistoso porque justo entonces vieron algo, o mejor dicho, a alguien que se acercaba hacia su mesa.
—Hablando del burro... perdón, del rey de Roma...
—¡Por la puerta asoma! —dijo en una voz superjovial—. ¡Hola, chicos!.
—¡Hola, cangrejito! —contestaron ellos.
—Dita, ¿por qué le llaman Cangrejito? —el japonés estaba algo perdido con la conversación pero oyó el mote del chico italiano y sintió curiosidad por conocer aquel detalle.
—Es una larga historia, muchacho. Por cierto, no tengo el placer de conocerte —le saludó cortésmente pero enfatizando la palabra "placer" antes de que el sueco pudiera contestar a su novio.
—Shun, me llamo Shun.
—Bueno, Shun, encantado de conocerte. Yo soy Marco —le contestó en una voz calculadoramente sensual.
—Encantado, Marco.

Esta conversación se vio interrumpida cuando una voz proveniente del sistema de megafonía anunció que los pasajeros del vuelo OA GR 306 A con destino a Tesalónica podrían empezar a facturar su equipaje en los mostradores 35 y 36. El animado grupito se dirigió a hacer cola y deshacerse de sus maletas. Una hora y media después de subir a bordo los muchachos llegaron a la segunda ciudad más grande de Grecia, en donde pasarían la noche.

Ya que eran tantos habían alquilado un minibús un par de semanas antes de salir de viaje, que los estaba esperando en el aeropuerto y tras recoger su equipaje se dirigieron al mostrador correspondiente de la casa de alquileres para que les dieran las llaves. La recepcionista hizo firmar un documento a Aioria para obtener un seguro adicional puesto que los accidentes de tráfico eran muy frecuentes en la ciudad; les recordó que debían llenar el depósito del combustible nada más salir del aeropuerto pues el vehículo sólo contenía la reserva; que llevaran en todo momento la documentación encima en caso de que los parara la policía y que además del dinero requerido por los días de uso, debrían también pagar una pequena cantidad por cada kilómetro que marcara el contador cuando lo devolvieran.

En cuanto Aioria firmó el contrato la chica le entregó las llaves y lo primero que hicieron después de repostar fue encaminarse al centro de la ciudad hacia el hotel donde se hospedarían para poder dejar su equipaje.

El volumen de tráfico era absolutamente atroz, tan denso como en Atenas y en algunas calles era peor. Cuando ya estaban a punto de llegar vieron un accidente en cadena protagonizado por cinco coches que venían en uno de los carriles opuestos.
La policía, los bomberos y la ambulancia ya llevaban un buen rato de haber llegado a la escena del accidente y estaban tratando de sacar a las personas de los vehículos que habían quedado atrapados en el medio de aquel montón. Por suerte, no parecía que hubiera habido fatalidades, aunque sí que había varias personas heridas y tanto el conductor como los pasajeros del coche central, cuyo armazón estaban cortando los bomberos, estaban atrapados.
Por suerte, la horrible impresión que les dio al ver aquello no les duró mucho puesto que accidentes como estos eran comunes a diario en toda Grecia y por la autopista habían pasado varios iconos dejados por la carretera como memoriales a lugares donde había habido alguna colisión.

Los chicos llegaron a su hotel sin percance alguno y una vez que se hubieron refrescado y dejado el equipaje en sus respectivas habitaciones salieron a dar una vuelta por la ciudad.