Capítulo 17.

No mucho después de que las chicas recibieran la llamada de Camus salieron de la casa para almorzar en un café local, un lugar muy de moda en Atenas en el que habían reservado mesa la semana anterior, pero primero tenían hora en el salón de belleza de Afrodita pues querían estar lo más guapas posibles para recibir a Argol.
Nada más pasar por la puerta Afrodita las recibió muy efusivamente pues Marin acudía al salón a menudo y gracias a ella había conseguido nuevas clientas. Se alegró especialmente de que llegaran puntualmente ya que serían las últimas que Afrodita recibiría aquel día.
—Buenos días, ¿en qué puedo servir a tan encantadoras damas?
—Necesitamos que nos mimes, Dita.
—Con mucho gusto, preciosas, pero tendrá que ser rapidito que tengo que tomar un avión en pocas horas —les contestó mirando el reloj de pared que había enfrente suyo.
—¿Cómo es que nos dejas abandonadas?
—Me voy con unos amigos a Tesalónica —les dijo entre risas mientras las conducía a la sección de peluquería y maquillaje—. Sand, sea and...
—¿Ah, sí?, ¿y con quién vas?—le interrumpió Shaina.

Afrodita se limitó a sonreír e indicó a las chicas que tomaran asiento. Les preguntó qué servicios requerirían del salón y se encargó de que una de las asistentas las atendiera mientras que el seguía conversando con Marin, de cuya manicura se estaba encargando personalmente.

— Dita, no contestaste a Shaina... —le recordó con un pequeño retintín en la voz.
—Querida, no me hagas preguntas comprometedoras y no te mentiré —le dijo guiñando un ojo coquetamente.
—Si lo haces tendrás que cambiarte de nombre, Pinocho en vez de Afrodita.
—¿Cómo que Pinocho? —dijo algo "ofendido" poniendo los brazos en jarras.
—Por trolero... —le contestó ignorando el exagerado gesto del chico sueco— por cierto, ¿y Shunny?, ¿él sabe algo de todo este asunto o prefieres que se lo cuente yo?
—Llegas tarde para el chantaje, nena— le comentó entre risas—, Shun no sólo sabe a donde voy sino que también viene conmigo.
—¡Vaya!, y yo que pensaba que me harías la manicura gratis de por vida —le contestó fingiendo estar algo molesta.
—¡Uf!, ¿quieres ser mi ruina? Gratis no, cielo, que tengo que comer y pagar mis facturas —Afrodita le siguió el juego y le ofreció un "compromiso"— pero si quieres te haré descuento.
—¿Veinte por ciento? —interrumpió la pelirroja

Afrodita se rio y le ofreció sólo un cinco por ciento, la chica puso cara de indignación exagerada y le dijo que un quince. Afrodita se acercó a ella y la abrazó, Marin le correspondió diciéndole entre risas que menos daba una piedra.
—Tienes suerte que no te lo voy a tomar a mal —le dio un beso en la mejilla—. ¡Anda, preciosidad!, será mejor que me dé prisa que se me va a echar la hora encima.

Un ratito más tarde Marin pagó a Afrodita y le dio las gracias por sus atenciones, prometiéndole que volvería pronto. Las chicas ya estaban todas bien acicaladas para salir al centro de ciudad a almorzar y comprar algunas cosillas que necesitarían cuando llegara Argol a casa de Shaina pues querían tener una noche inolvidable.

Regresaron ya entrada la tarde a casa de Shaina, donde nada más llegar, Shaina comenzó a preparar unos cafetitos. Las demás se sentaron en la sala de estar riéndose a carcajada limpia mientras mostraban unas a otras los artilugios que acababan de comprar para la "cita" con Argol, el muchacho de la subasta.

—Mirad, he comprado estas velitas para ponérselas a San Camus bendito —dijo Saori.
—San Camus bendito, esperamos que vayamos a pasar con Argol un buen ratito... —rieron las otras al unísono.
—Bueno, nenas, ¿al final en qué quedamos que haga?

Marin extrajo un disfraz super-sexy de gladiador, una vestimenta parecida a la que llevaba el actor principal en las últimas secuencias de la película "Gladiador", sólo que la faldilla era algo más reveladora. No sabían que talla exacta gastaría el muchacho, asi que Marin se imaginó que estaba comprando aquello para Aioria y en lo sexy que se vería su maridín vestido en esa guisa.
El trajecito resultó algo caro y lo pagaron entre todas; por lo tanto, decidieron que luego echarían a suertes quien se lo quedaría como recuerdo. June declinó ser incluida en el sorteo puesto que no tenía ganas de dar explicaciones a Albiore. Marin y Shaina se dieron cuenta que la muchacha más joven llevaba ya un buen rato de parecer encontrarse de capa caída; desde que salieron del restaurante su bonito rostro había palidecido un poco y se encontraba algo mareada.

—June, ¿qué te pasa? Tienes muy mala cara... —Marin se la había llevado aparte para hacerle aquella pregunta—, ¿te preocupa lo que pueda decir tu marido?.
—No, no es eso... creo que comí algo que no me sentó bien... —dijo la muchacha , cuyas palabras no acabaron de convencer a Marin.

Shaina la acompañó a su dormitorio e hizo que se echara en la cama un rato. La otra chica insistió en que pronto estaría bien, tal vez su malestar se debía al no estar acostumbrada a irse de juerga hasta altas horas de la noche y luego patearse media ciudad. Las otras se preguntaban qué le habría pasado e incluso sugirieron cancelar la visita de Argol pero June insistió en que ni se les ocurriera hacer tal cosa y se echó a dormir.

June llevaba un par de horas de estar tumbada en la cama de Shaina cuando el momento que tanto ansiaban las chicas llegó: Argol acababa de tocar el timbre.
No tuvo que esperar mucho tiempo cuando fueron todas de golpe a abrir la puerta y casi se le tiraron encima. El joven se sintió halagadísimo de poder suscitar tal reacción en un grupo de atractivas mujeres pero se encontraba al mismo tiempo algo abrumado porque no sabía exactamente que le esperaría en aquel lugar en las próximas dos horas. No se echó atrás puesto que ya se había comprometido y el incumplir tal tarea le hubiera supuesto el que Camus lo pusiera de patitas en la calle. Además, todo era para una buena causa y quizás él saldría como ganador de la situación o por lo menos pasaría un buen rato en la compañía de ese grupito de bellas mujeres.

Las jóvenes no perdieron tiempo y le mostraron el trajecito que debía ponerse, a lo cual el chico accedió gustoso.
—¿Dónde puedo cambiarme?
—¿Cómo que dónde?, ¡pues aquí mismito! —le contestó Marin con una cara muy seria.
—Señoritas, ¿no sería mejor que...?
—Joven Argol —le interrumpió sugerentemente Shaina—, ¿tanta vergüenza le da mostrar su cuerpo a estas damas?
—Bueno, soy un chico algo tímido... —les dijo sonriente.
—Pues eso habrá que remediarlo...

Tras un divertido intercambio de palabras de doble sentido Shaina le mostró la habitación donde podría cambiarse pero con la condición que la puerta quedara abierta. Argol rio e hizo lo que las chicas pedían pero como estaba teniendo algunas dificultades para atar ciertas partes de la vestimenta ellas no perdieron la oportunidad de "ayudarle" y palpar ese hermoso cuerpo de varón que tenían delante suyo.

Una vez ataviado con aquel traje, las chicas sacaron sus cámaras digitales y se pusieron a tomarle fotografías en poses diferentes con cada una de las chicas como en grupitos. June, aunque estaba algo paliducha, se había levantado y aceptó que le tomaran algunas pero pronto tuvo que retirarse lo más discretamente posible mientras que las demás se divertían con el guapísimo chico vestido de gladiador.