Capítulo 18.

Tras haberse refrescado en sus respectivas habitaciones del hotel los muchachos bajaron a la entrada a la hora acordada y se dirigieron al restaurante "Sócrates", uno de los más famosos de la ciudad, especializado en la cocina griega. Shun se quedó en el hotel porque prefirió dar espacio a su novio para que se divirtiera con sus amigos, además, se encontraba algo cansado y se encontraría fuera de lugar en una reunión de amigos que seguramente querrían recordar sus años mozos. De todas formas, ellos iban a estar más tiempo de vacaciones que los otros y sabía que más tarde podría estar en compañía de Afrodita todo el tiempo que quisiera.

Los camareros trajeron los menús y mientras decidían les trajeron unos canastillos con panecillos, unas jarritas de aceite y unas deliciosas olivas provenientes de los campos de un pueblecito cercano a la ciudad que tenían un gusto algo fuerte. El menú era excelente y se componía de platos típicos griegos: de primero podían elegir dolmades (hojas de parra rellenas de arroz), pescaditos fritos, calamares tanto a la plancha como rebozados y ensalada griega con queso feta, entre otros.
Como los chicos no se decidían, Aioria pidió al camarero que trajeran una selección de mezethes mixtos, el equivalente griego de unas tapas, para tres personas.

—Aioria, tío, que somos más de tres... ¿o es que no sabes contar? —le dijo el español en un tono bromista.
—Pues claro que sé, colega —le respondió de forma similar—. Lo que pasa es que si pido mezethes para el número de personas que estamos aquí, no te molestes en comer una semana...
—¡Joder!, ¿tan mal me caería la comida? —le contestó "inocentemente".
—No, pero mi querido hermanito tiene toda la razón del mundo. Además, acabarías con dolor de tripita, ¡pedazo de glotón!, y no tengo ganas de hacerte de enfermero. Estoy de vacaciones y ya bastante trabajo me espera cuando regrese a Atenas.
—Ja, ja, .. ¡qué más quisieras que jugar a médicos y enfermeras conmigo, centaurito! —le respondió a su mejor amigo.
—¡En tus sueños, cabritillo! —respondió Aioros.
—O más bien... ¡tus pesadillas! —dijo MM disfrutando de meter baza y ver la cara de rifle que le puso Shura.
—¿Queréis dejaros de chorradas? —finalizó Aioria, quien al igual que los otros se estaba partiendo de risa—. Shura, sólo he pedido para tres porque las porciones son muy generosas.
—"Uzté pedone, zeñó, ez que no lo zabía" —le dijo el español burlonamente mientras trataba de decidir que pediría como segundo plato.

Afrodita y Camus inicialmente se limitaron a escuchar a los otros, ambos con una divertida sonrisa pintada en sus rostros. Al sueco le parecía divertidísimo el oír como "discutían" sus amigos y se llamaban por los motes que se habían puesto en la escuela, cosa que le traía muchisimos y agradables recuerdos.
En particular se alegraba de ver a Marco, ya que durante la epoca estudiantil habían sido inseparables y Afrodita se estaba preguntando en aquellos momentos si el italiano todavía tenía aquellas máscaras funerarias colgadas por las paredes negras y rojas de su sala de estar o si aquello solamente fue una humorada para la fiesta de disfraces en la que pillaron una enorme borrachera y metieron un susto de muerte a varios de los invitados durante una vista del sueco a Roma.

—Mi querido Shura, tus conocimientos culinarios dejan bastante que desear pero estás de suerte —comentó el sueco mientras guiñaba un ojo a su mejor amigo—. Si la comida de este restaurante no te gusta o no eres capaz de decidirte de una buena vez por todas, siempre podemos pedir a Marco que cocine para ti.
—Te veo venir, pescadito. Ya veo que vas a sacar a relucir la noche de la despedida de soltero de Aioria... —el italiano dejó escapar un exagerado suspiro tras hablar y puso cara de "resignación".
—¡Pobre Marin!, a punto estuvo de quedarse viuda antes de casarse —comentó algo solemnemente Camus, que hasta ese momento había estado muy callado, aunque estaba disfrutando tanto como los otros de aquella conversación y de que Marco fuera el centro de las tomaduras de pelo.
—¡Por el amor de Zeus! —Shura se dirigió al mayor de los chicos griegos—. Aioros, ni se te ocurra dejar que éste nos cocine otra de sus bazofias, que sino, no vuelves a Atenas en un mes. ¡Joder!, aún se me revuelven las tripas con sólo pensar en la famosa receta de su abuela...

Aioria decidió ignorarlos por unos momentos, ya que vio que el camarero se estaba impacientando para tomar el pedido y a sugerencia de su hermano también pidió que trajeran algunos aperitivos tradicionales como acompañamiento: houmus (una pasta hecha de garbanzos, aceite de oliva, ajo y semillas de sésamo), tzatziki (una salsa fría hecha con yogur, pepino, ajo y menta) y taramasalata (salsa de color rosado cuyo ingrediente principal son las huevas de bacalao)

La selección de segundos platos era igualmente apetitosa, y también compuesta de varios platos tradicionales griegos. Había listados la famosa moussaka (un plato hecho al horno con capas alternas de berenjenas, carne picada de cordero,en salsa de tomate y salsa blanca alternadas, cuya capa final va recubierta de queso); calabacines rellenos de carne picada (similares a un plato de origen turco llamado Hunkar Begendi) y otros platos, tanto de carne como de pescado, cuya sola mención hacía la boca agua de todos los comensales.

Finalmente, los chicos se decidieron y para beber pidieron unas botellas de retsina (vino griego al que se le da un sabor peculiar al sellar los barriles con resina de pino para impedir que el vino se oxide) y esperaron impacientes a que les trajeran lo pedido.