-Kurloz… -suspiró ella contra su pecho- Tengo curiosidad por sa8er qué puede hacer esa lengua.

El chico sonrió comenzando a lamer su cuell0, justo detrás de la oreja, lentamente, recreándose y buscando despertar los puntos sensibles de ella. A pesar de todo aún inseguro todavía por la falta de uso y práctica que arrastraba. Ella gimió débilmente guiándole unos centímetros a la izquierda. Él respondió mordisqueando con cuidado, lo que arrancó un pequeño gritito de la garganta de la chica.

-Me… gusta… -susurró ahogadamente en su hombro, apoyando la barbilla. Sintió como las manos de Kurloz comenzaban a bajarle los tirantes hasta la cintura, acariciando su espalda. Casi por inercia llevó las manos a sus cuernos, moviéndolas de arriba abajo. El roce con estos hizo que el chico gimiera en su cuello y bajase más la prenda, tocando toda la piel desnuda, descendiendo con los labios.

-Espera… -murmuró ella- Espera…

-((¿Qué?))

Llevó las manos hasta el primer botón del chaleco negro, luego al segundo y después al tercero. Cuando terminó con este, volvió a subir al primer botón de la camisa morada, bajando de nuevo, disfrutando de cada movimiento. Desabrochó los botones de los puños antes de sacarle ambas prendas, deslizándolas por sus brazos, como una caricia. Una vez se hubo deshecho de la ropa y acomodó el pomposo vestido en su cintura le abrazó, enterrando la cabeza de él en su pecho que comenzó a lamer con deleite. Ella se puso de rodillas sobre sus piernas, en equilibrio, antes de hundir las manos en su pelo para guiar a su lengua por el territorio desconocido. Vriska abrió más el triángulo que se dibujaba entre sus piernas para permitirle el paso más cómodamente. Acarició la cara interna de sus muslos, lamiendo sus pezones, lentamente, y mordiendo con suavidad.

-Kurloz… -gimió su nombre en su oído agarrándose con fuerza a sus cuernos. Él soltó un suspiro de placer, estremeciéndose bajo los efectos de un agradable escalofrío que recorrió su espalda. Subió las manos hasta su entrepierna, provocando que comenzase a mover las caderas buscando que la mano la tocase más.

-Vriska….-susurró, quedando su voz amortiguada contra el pecho de ella- Baja… siéntate en la silla.

-¿Para qué?

-Voy a enseñarte lo que puedo hacer con mi lengua –sonrió juguetón. Obediente, se bajó de sus rodillas, ayudándolo a levantarse para sentarse después.

-Lista… -se mordió el labio levantando las capas de gasa y tul.

Kurloz se arrodilló ante ella, abriendo por completo sus piernas. Acarició la cara interna de uno de sus muslos, besando la otra, acercándose cada vez más a su lugar de unión. Los dedos de ella se crispaban agarrándose con fuerza al borde de la silla, mientras inclinaba su cabeza hacia atrás, suspirando. En el justo momento en el que sus labios rozaron el punto que hizo que se estremeciese, comenzó a respirar entrecortadamente.

-Por qué nadie me pide que haga esto…- sonrió atontada mientras él seguía jugueteando con la lengua por ahí abajo, ayudándose con los labios, succionando- Por el amor de Jegus… es glorioso, Kurloz…- sin dejar lo que estaba haciendo alzó la vista, buscando sus ojos. Ella hundió las manos en su pelo alborotándolo aún más- Te quiero… mucho.

Poco después comenzó a intercalar las succiones con suaves mordiscos, apenas un roce de sus dientes sobre ese botón en el centro, cada vez más abultado. Ella empezó a acariciarse a sí misma para aumentar el placer mientras él llevó una mano hacia su propia entrepierna desatendida. Tras una última succión, bajó la lengua un poco y comenzó a dar toquecitos en la entrada de ella, haciendo presión.

-No, no…

-((¿Qué pasa?))- se separó de ella y la observó con la boca manchada de azul.

-Me da… vergüenza que hagas eso. Es muy íntimo- cerró las piernas ligeramente. Él la miró alzando una ceja.

-((Relájate, no voy a hacer nada que los dos queramos hacer))- pensó besándole una pierna.

-Vale…-dijo mientras el rubor volvía a adueñarse de sus mejillas- Vale, confío en ti.

Sonrió y abrió un poco sus piernas para volver a colar su cabeza entre ellas y empezar a dar pequeños toques sobre ese punto.

-Tu lengua es tan perfecta… ¿Por qué el mundo es tan cruel?-las palabras salían entre atropelladas y entrecortadas de sus labios- No es justo. Que tú no puedas ha8lar y sin em8argo Karkat vaya por ahí chillándonos a todos.

-((Me reservo para la gente que importa))

Agarró sus largos cuernos para que la mirase y se inclinó para besar su boca cubierta de azul. Él abrió los ojos, sorprendido, pero seguidamente los cerró para disfrutar del beso, haciéndolo profundo y largo.

-Como no me he fijado en lo maravilloso que eres antes.

-Has estado ocupada persiguiendo al príncipe equivocado.

Dicho esto, se volvió a deslizar entre las piernas de ella, dejando un rastro morado y blanquecino desde la rodilla hasta su zona íntima.

-Kurloz… Kurloz levántate… Ya está 8ien…

Depositó un último beso y la obedeció, quedando de pie frente a ella. Las manos de Vriska le rodearon, sus labios besaron su vientre desnudo, su lengua recorrió los huesos de su cadera.

-Vriska no tienes por qué hacer esto.

-Tengo que hacerlo- comentó desabrochando el cinturón- Dijiste que hiciera lo que quisiera. Y nunca he deseado tanto un tentáculo en toda mi vida- concluyó finalizando su tarea.

-Como quieras.

Empezó dejando pequeños besos en la zona justo encima del pantalón mientras se lo quitaba.

-Así que 8óxers de calaveritas- sonrió complacida- Por qué será que no me sorprende.

Tragó saliva mirando el látigo morado que se movía frenético entre sus manos enrollándose en su muñeca.

-Soy un tradicional- se encogió de hombros con un débil gemido- Llevo mi religión conmigo.

-Me gusta tu religión- besó las calaveras sonriendo- ¿Listo?

Una oleada de placer lo recorrió tan sólo con el tacto de las manos de ella, aumentando su excitación y por tanto, la secreción y movimiento del tentáculo.

-Listo- susurró mirándola con lujuria.

La lengua de la chica comenzó a pelearse con el tentáculo que serpenteaba por su rostro, dejando marcas moradas de baba. No tardó mucho en llevárselo a la boca, pero hasta la mitad era la máxima capacidad que su boca admitía, así que no consiguió tragárselo del todo. Se esforzó por lograrlo hasta que comenzó a sentir nauseas y las lágrimas azules agolpándose en sus ojos. Al ver lo que ocurría, Kurloz posó una mano sobre la frente de ella, obligándola a echar la cabeza atrás.

-Para, no quiero hacerte daño- a pesar de ello no podía evitar estremecerse de placer y gemir ligeramente.

-No lo haces.

-Estás llorando. Deja de forzarte.

-No lloro por eso, tonto –dijo limpiándose la boca, relamiéndose- Lloro porque estoy pensando en lo maravilloso que eres y lo afortunada que soy.

La miró fijamente. No podía negar que ese aspecto despeinado la hacía aún más sexy de lo que era normalmente y verla con la boca manchada de morado le excitaba de una forma que no alcanzaba a comprender. Estiró un poco el brazo, hasta alcanzar su mejilla, apartando las lágrimas. Su corazón se encogía sólo de pensar que podía estar haciendo daño a alguien que quería y tus temores y traumas le asaltaban continuamente. Pero ella seguía tranquilamente, lamiendo con la experiencia de una profesional y el deleite de una novata. Trataba de limpiar con la lengua el meloso líquido morado que goteaba por su barbilla.

-Déjame hacer esto, ¿vale? Aunque llore o parezca que me duele. Quiero hacerlo. Yo sé cuando parar- acarició el largo tentáculo y lo recorrió con la lengua, de la base a la punta- Nunca me contaste que tenías esta maravilla entre las piernas… -sonrió pícara lamiendo el extremo, jugando con él- Que tontería. Tú nunca has sido muy ha8lador. Pero es una muy grata sorpresa.

-M-me alegro de que te guste- su voz sonó entrecortada y en realidad no se le ocurría nada más ingenioso que decir.

Ella se acercó a su oído y después de lamerle y mordisquearle susurró con tanta lascivia que Kurloz pensó que si no le estuviera agarrando, se desmontaría ahí mismo.

- Estoy deseando sentirte dentro de mí, quiero ver de lo que eres capaz, Makara. Pero antes…

Gruñó y tiró de su cabeza hacia atrás para besarla con fiereza, queriendo retomar el control de la situación.

- ((Dime Serket))

Se separó de él, trazando un camino húmedo y azul desde ahí, pasando por su cuello, su pecho, su abdomen… hasta llegar de nuevo a la ingle. Respiró profundamente mentalizándose, agarró el tentáculo para que no se moviera demasiado y lo metió en su boca, lamiendo la baba morada que goteaba. Llegó hasta la mitad con pasmosa facilidad lo que la animó a seguir introduciéndolo poco a poco… despacio. Estaba decidida a llegar al final y darle el mayor placer que le hubieran dado en su vida. Él por su parte dejó escapar un gruñido de placer y agarró cada cuerno de ella con una mano, perfilando ambos. Un escalofrío la recorrió desde los cuernos e hizo que se tragase dos o tres centímetros de golpe. Las lágrimas volvieron a aflorar a sus ojos, con un jadeo.

-Jegus, Vriska…

Aumentó el movimiento de su cadera lentamente, dejándose llevar por el placer, sin pensar ya en nada más que en incrementar esa sensación. Ante eso Vriska frunció el ceño con determinación y respiró empujando para hacer más hueco en su garganta para él. Después de un buen rato de pelea consigo misma y sintiendo como la punta daba pequeños latigazos en su garganta, consiguió besar la base y cerró los ojos aguantando la respiración. Kurloz gimió con fuerza sin poder soportarlo más. Las piernas comenzaban a temblarle y todo su cuerpo se estremecía por el placer. Susurró su nombre entre gemidos, con las manos aún en sus cuernos, mordiéndose el labio con fuerza.

Lo sacó bruscamente de su boca cogiendo aire a bocanadas que sus pulmones agradecieron de inmediato. De sus comisuras colgaban hilos del viscoso líquido morado.

-¿Te ha gustado?-sonrió sin apenas aire, recuperando la visión que había empezado a emborronarse- Puedo hacerlo siempre que tú quieras…

-Eres perfecta –se agachó a darle un beso- Pero no quiero que vuelvas a hacerlo- la miró completamente serio esta vez- Prométemelo.

-P-pero, ¿por qué? Ha sido agrada8le… ¿No? –preguntó mordisqueando sus labios confusa- No lo entiendo. Puedo hacerlo aún mejor que eso… -puso las manos en sus mejillas mientras la besaba- Tan solo déjame practicar…

-Ha sido genial. Pero no quiero que hagas esto. No conmigo.

-¿Por qué, Kurloz? –preguntó mientras él la examinaba para asegurarse de que estaba bien de verdad.

-No quiero hacerle daño a alguien que me importa.

-No me has hecho daño. He parado antes de hacérmelo.

Kurloz sonrió y la besó de nuevo.

-Vriska –murmuró perdiéndose en sus ojos azules- Te quiero.

Ella le miró perpleja y parpadeó un par de veces. De pronto una tierna sonrisa se dibujó en sus labios.