Vriska se echó a llorar varias veces en el tren de vuelta a casa. La gente se acercaba a preguntarle qué le pasaba, pero ella los apartaba bruscamente con un gruñido enfadado. La habían dejado en paz por fin cuando una mano se posó en su hombro, apenas casi rozándolo.

-¿Por qué lloras?

-Por nada.

Alzó la mirada para descubrir a un chico humano sentado a su lado en el vagón. Un chico rubio y cuyo pelo caía sobre sus profundos ojos verdes. La miraba sonriente, como intentando contagiarle su sonrisa. Pero no tenía ganas de sonreír.

-Bueno quizá esa pregunta era un poco difícil… -se rascó la mejilla con una risita- ¿Cómo te llamas?

-Vriska –susurró.

-Es un nombre muy extraño… no tienes pinta de ser de por aquí.

Kurloz llevaba vagando sin rumbo desde que la había dejado. Estaba roto, la mejilla le escocía y la herida se había abierto de nuevo. Se revolvió el pelo frustrado, preguntándose como había acabado todo tan mal. No podía corresponderla. No podía dejar a Meulin. Le había hecho demasiado daño y ella siempre le había apoyado. Pero a pesar de todo no podía olvidar a Serket. Sus manos, su voz, su cara, su risa… Empezaba a estar asustado y confundido porque ya no veía nada claro.

El toque de la áspera mano del chico se trasladó de su hombro a su rodilla, mientras dedicaba la otra a acariciarle los pómulos y la barbilla.

-Las chicas bonitas no deben llorar, ¿nunca te lo habían dicho?

Él se dejó caer en uno de los bancos de la calle, junto al parque. Veía como las parejas felices pasaban a su lado, los grupos de amigos reían… como todos parecían felices. ¿Por qué él no podía tener eso? ¿Por qué estropeaba siempre todo lo que amaba? Se preguntó qué sería de Meulin si ella pudiera seguir oyendo. Si seguirían juntos. Quizá hubiera encontrado a alguien mejor que él. Alguien realmente bueno.

Vriska observaba absorta como los mechones dorados caían por su frente, y como su risa la invadía, bajando sus defensas sin darse cuenta.

-¿Me vas a contar qué te pasa?

-Le he hecho daño a alguien que quiero muchísimo… -admitió apartando la mirada- He echado de mi vida a la única persona que quería entrar.

-¿Te has peleado con tu mejor amiga? Tienes cara de eso…

Vriska sonrió.

-Amigo. Mi mejor amigo.

Kurloz cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándose en el banco. Lentamente, las incipientes gotas de agua comenzaron a mojar el suelo. Primero una, luego otra, otra, otra… hasta desatar una fuerte tormenta sobre él. La pintura blanca de su rostro se difuminaba arrastrada por la furia del agua, pero no le importaba. No le importaba absolutamente nada.

-Oh… ya veo. Supongo que él piensa que puede ser más que un amigo para ti, pero no… ¿quieres? ¿Por eso te has peleado con él?

-No.

-¿Huh?

-Soy yo la que quiere ser su novia.

-¿Y cómo alguien en su sano juicio no querría salir contigo? ¡Es que no lo entiendo! –soltó con una risa cantarina.

-Él ya tiene una novia… y la adora.

Se preguntó qué sería de Vriska. Cómo hubiera sido ser su moirail. Uno de verdad. Uno que la protegiese de todos, incluso de sí mismo. Sonrió tristemente. Se odiaba por haber sido tan idiota.

-¿Cómo se llama?

-Kurloz.

-V-vaya… supongo que en tu círculo sois un poco extraños. De todas, formas me gusta tu cosplay –tocó sus cuernos sin ningún cuidado, haciéndola estremecerse- Es muy realista.

-¿Verdad que sí?

-La gente dice que los trolls sois aliens… Yo sólo creo que no tenéis a nadie que os quiera. Supongo que por eso os pintáis de gris y os ponéis esos cuernos tan extraños. Pero oye, es una filosofía de vida como cualquier otra… cualquier tribu urbana es mejor que ir con una pistola por la calle acribillando gente, ¿no crees?

((Realmente sólo les he hecho daño. A las dos. No las merezco)) –pensó- ((Vriska estará mejor sin mí. Soy sólo un encaprichamiento pasajero. Conseguirá ser feliz))

Ella sonrió y se mordió la yema de un dedo, perforando la piel con el afilado colmillo. Lo justo para que asomase una pequeña gotita azul.

-Incluso me he teñido la sangre, mira.

-¿¡Eso puede hacerse!?

Se levantó del banco y echó a andar bajo la lluvia. No sabía dónde ir, pero no quería volver a casa. La gente pasaba corriendo a su alrededor en busca de cobijo. Algunos chocaban contra él, profiriendo toda sarta de insultos. En otro momento les habría dado una paliza sin dudarlo, pero ahora no quería volver a hacer daño a nadie, ni siquiera a esos humanos despreciables.

-Guau… y yo que pensaba que eso de los trolls sólo era una moda estúpida y todos estaban locos. No sabía que había chicas tan guapas.

-No es una moda, ya lo has dicho –frunció levemente el ceño mirando al suelo- Es una forma de vida –la megafonía del tren avisó la siguiente estación y advirtió a los pasajeros que tuvieran precaución debido al andén mojado. Ella se levantó pesadamente- Esta es mi parada.

Al pasar enfrente de una pizzería sonrió y pasó al interior. Al principio no recibió más que malas miradas del dueño, gritos por haberlo empapado todo y por su aspecto que fácilmente se podría confundir en esos momentos con el de un vagabundo huyendo de la lluvia. Pero en cuando le mostró el dinero que llevaba consigo, se volvió servicial al instante. Estúpidos humanos movidos por simples trozos de papel. No recordaba qué había pedido Vriska la última ocasión, pero tampoco era como si se lo fuese a comer. Eligió algo al azar y se sentó en una mesa con la masa humeante frente a él. Al rato, el encargado volvió a molestarle. Al parecer la tormenta había causado algunos desperfectos e iban a cerrar antes de tiempo ese día. Se levantó como un autómata y salió por la puerta haciendo caso omiso a los gritos que le decían algo de "comida para llevar". La lluvia había cesado, pero sí que podía ver algunas ramas rotas en el suelo y trozos de las cornisas sueltos. Algunos toldos agujereados aquí y allá. No se sentía con fuerzas para volver a su colmena, así que decidió seguir caminando hasta no poder más por calles que desconocía.

Al salir de la estación de tren miró el suelo empapado y sacó la mano del bolsillo del abrigo para comprobar si seguía lloviendo, pero para entonces ya había amainado. Echó a andar por la calle llena de charcos con un suspiro.

-¡VRISKA!

Se giró al escuchar su nombre, que ella no veía tan extraño. El chico llegó hasta ella corriendo y al alcanzarla apoyó las manos en las rodillas, jadeando sin aire.

-¿Qué haces?

-Un… segundo –levantó la mano aún sin aliento, intentando recomponerse y se la tendió- Me… llamo William… Will –se rio- Es un… nombre muy… normal.

Tomó la mano que le ofrecía y sonrió ella también.

-Encantada, William. Yo sigo siendo Vriska.

Se había perdido definitivamente. No sabía cuánto tiempo llevaba andando ni dónde estaba. Pero continuó hacia delante, sin importarle lo que le pudiera ocurrir… Hasta que a lo lejos vio una silueta conocida. Aunque no se hizo demasiadas ilusiones. Desde que la había dejado le había parecido verla al menos tres veces más. Buscándole. A pesar de todo se acercó lentamente a donde le había parecido verla porque no tenía nada más que perder por intentarlo.

Ella se rio suavemente, llevándose la mano a la boca para ocultar sus colmillos.

-¿Y por eso te has 8ajado del tren? ¡Ahora vas a tener que andar tres estaciones a pie!

-Bueno, me pareció de mala educación haberte hecho un interrogatorio de tercer grado y que no supieras ni cómo me llamo… Y además ya sabes que me pareces preciosa.

-Gracias, William –se ruborizó ligeramente y sin darse cuenta estaban caminando tranquilamente, uno junto a otro sobre la acera mojada- Parece que va a empezar a llover otra vez y no tengo paraguas…

-¡Da igual! Puedo dejarte mi chaqueta. Me la puedes devolver otro día. Y no es que eso sea una petición para una segunda cita ni nada por el estilo… -su risa se desvaneció de repente- Vriska creo que ese tío nos está mirando.

Al acercase se dio cuenta de que realmente sí era ella, pero al ver que iba acompañada no pudo evitar que los celos se apoderasen de él como lava corriendo por sus venas. Cuando el chico la miró podía sentir como las ganas de golpearle crecían en su interior.

-((Aléjate de ella))

-Wow, wow, wow…. ¿cómo has hecho eso? –William se llevó las manos a la cabeza, masajeando sus sienes doloridas por los voodoos- ¿Tío de qué vas? ¡Vas a hacerle daño a alguien con eso!

-((¿Eso?)) –lo miró confuso hasta darse cuenta de que se refería a sus cuernos, altos y puntiagudos- ((No voy a hacerle daño a nadie. Ahora aléjate de ella))

-No. Tío no lo entiendes. Lo está pasando mal y la estoy animando. Vuelve a tu cueva o donde sea que vivas.

-((¿Qué?))

William la señaló encarándose a Kurloz aunque apenas le llegase a los hombros, sólo para demostrarle que podía defenderla.

-Un idiota que no ve lo preciosa que es la está haciendo sufrir.

Vriska soltó un pequeño gritito a medio camino entre un gemido y un quejido y le miró tragando saliva. En el fondo la conmovía verlo allí, empapado y celoso. Pero sabía que estaba mal, que no debía gustarle la agradable y cálida sensación que crecía en su estómago.

-((¿Ah, sí? ¿Y tú tienes intención de enseñarle lo preciosa que es? No seas estúpido))

-Podría hacerlo mejor que tú.

-((No lo creo…)) –le dirigió la misma mirada que un depredador dirige a su presa segundos antes de cazarla.

-Ya vale –Vriska se metió entre ambos, apartándolos.

-¿Qué crees que te hace tan especial, Señor Huesitos? –Se carcajeó- ¿Crees que eres mejor que yo? ¿Crees que puedes entrarle sólo porque eres un troll? ¿Qué crees que te hace tan bueno, tío? ¿Qué tan sólo por ser guapo puedes tener a la chica que quieras? –se envalentonaba por momentos, henchido de orgullo.

-He dicho que ya vale –sentenció- Los dos.

-((CIERRA LA PUTA BOCA HUMANO DE MIERDA. NO SABES NADA DE MÍ, NI DE VRISKA)) –gritó, dándole un golpe en el hombro. No fue demasiado fuerte, pero debido a la abismal diferencia de fuerza entre los dos le hizo tambalearse- ((HE DICHO QUE TE ALEJES DE ELLA))

-¡KURLOZ!

-((Apártate. No quiero que te salpique))

-¡Oh, vaya qué sorpresa! ¡Así que aquí tenemos al idiota ingrato! ¡Eras lo único que faltaba para la función! Mira, no sé como lo estás haciendo porque los trolls sois muy raros y joder, no entiendo nada pero la has jodido, tío.

-((No me das miedo, humano de mierda. He matado a gente con la sangre mucho más alta que tú))

-Has perdido una oportunidad de oro, gilipollas. No he necesitado más de cinco segundos viéndola llorar en el tren para saber que es una chica fantástica y que alguien le había hecho daño. Y resulta que quien lo había hecho es un imbécil posesivo… ¿Qué es lo que quieres? ¿A las dos? ¡Eres un cretino!

-¡WILLIAM NO!

La expresión de Kurloz permaneció impasible durante unos segundos, entonces su mandíbula se tensó, haciendo rechinar sus dientes, con los ojos completamente morados de ira. Apartó a la chica de entre ambos y le cogió por el cuello de la camiseta, levantándolo unos centímetros del suelo.

-Kurloz… Kurloz relájate…

-((NO SABES NADA DE MÍ ESTÚPIDO HUMANO. NO TIENES NINGÚN DERECHO A HABLAR)) –gritó y empotró su puño en la cara del otro.

William perdió el sentido por unos instantes, pero cuando volvió en sí le escupió la sangre roja que manaba de su boca, mirándolo desafiante.

-¡Eres un cerdo, tío!

-((¿QUE SOY UN CRETINO? ¿Y QUÉ COJONES QUERÍAS HACER TÚ CON ELLA? ¿FOLLARTELA HOY Y DEJARLA MAÑANA?)) –volvió a golpearle, sin hacer caso a la sangre que manchaba su cara.

-Kurloz por favor…

Continuó golpeando al chico, ignorando lo que Vriska le decía. Hasta que ella agarró su puño, tirando de él.

-QUE TE HE DICHO QUE PARES, MALDITA SEA, KURLOZ.

Iba a volver a golpear con todas sus fuerzas, cuando se dio cuenta de a quién iba dirigido el ataque. Bajó el puño mirándola. Ella besó su mano enfundada en el guante empapado y manchado de rojo.

-((No quiero que vuelvan a tocarte. No gente como él. No fuera de tu trabajo…)) –miró al chico que yacía en el suelo con los ojos en blanco- ((No debería… haberle pegado))

-No. No de8erías ha8erlo hecho. ¿Qué has ganado con eso? ¿Demostrarme que eres un celoso y tiene razón? ¿Qué nos quieres a Meulin y a mí para acapararnos?

-((Eso no es cierto))

William recuperó la conciencia lo justo para incorporarse apoyándose en los codos, tosiendo sangre.

-Vuelve con tu novia y deja que los demás la hagamos feliz.

-((Jegus cierra la puta boca o te la pienso coser, LowBlood))

-Nah… a ti te queda mejor ese estilo –se pasó la manga por la boca limpiándose y emitiendo un quejido al rozar el pómulo hinchado- Te da un aire aún más estúpido.

Kurloz le propinó una patada que sonó a huesos rotos y que lo volvió a dejar en el suelo.

-¿Quieres dejar de pegarle ya? Sólo me esta8a acompañando a casa.

-((Vriska no os quiero a Meulin y a ti para acapararos. Podéis salir con quien queráis, sólo quiero protegeros))

-No puedo salir con quien quiero. Deja de ponérmelo más difícil.

-((No empieces con eso. Vete con él si quieres)) –abrió los brazos con expresión molesta- ((Te usará y te dejará igual que todos. Pensaba que buscabas algo diferente))

-Es la vida que me ha tocado vivir. Tú la tienes a ella. La dejaste sorda y te sentiste culpa8le. Por eso te cosiste los la8ios.

-((No. Es la vida que tú has decidido tener))

-Pero te aca8aste enamorando de ella. Y yo lo respeto.

-Dios mío, putos trolls. Llevan este juego demasiado lejos –William se rio desde el suelo, llevándose las manos a la cara.

-((Dile a tu mascota que se calle o te juro por mi religión que lo hago callar yo))

-No es mi mascota… -se cruzó de brazos, pasando el apoyo del peso de su cuerpo de un pie al otro.

-Lo seré si tú quieres que lo sea, guapa –se rio él solo.

-8usca8a algo diferente. Pero algo diferente eres tú y nadie más.

-((No soy diferente, ya lo has visto, sólo soy un imbécil más que te ha hecho daño))

-Pero tu daño es… distinto. Me dañas porque me quieres. Es por eso que quiero estar contigo. No es que quiera aca8ar sorda o muda o ciega o lo que sea pero… te amo.

Se mantuvieron la mirada, con los ojos clavados en los del otro hasta que Kurloz la apartó.

-Más que a los 12 de hoy. Más que a mi tra8ajo. Más que a mi vida.

Esas palabras se clavaron en su corazón, haciendo el agujero aún más grande y doloroso.

-Por eso tienes que irte.

-((Vriska, déjame ser tu moirail. Prometo protegerte de todo, de gente como él)) –señaló al chico que seguía riéndose por no llorar- ((Te protegeré de mí))

-No. No puedo verte como a un moirail. Te quiero mucho más de lo que se de8e querer a un moirail. Y no podría dejar de pensar en ti de esa forma.

-((Entonces nadie será mi moirail. Todo esto pasará. Sólo soy un capricho para ti))

-Puede. Pero eres un capricho agrada8le –suspiró triste- Ojalá no hu8iera mencionado a Meulin en aquel momento. Habría sido tuya para siempre.

-((Nunca habrías sido mía, ni yo tuyo))

-Déjame tener fantasías. Yo quiero pensar que lo ha8ría sido.

-((No son fantasías. Son mentiras. Sabes lo que siento por ella))

Casi le propinó otra bofetada, que ya llevaba conteniendo mucho rato, pero se contuvo en el último segundo, dándole un puñetazo en el pecho.

-Cállate.

Kurloz sonrió a la vez que ella se miraba la mano manchada de morado.

-((Yo no puedo hablar, Vriska)) –bajó la mirada a su propio pecho, recordando la herida que había en él.

-No te he dado tan fuerte y de todas formas no te puedo hacer sangre con un puñetazo.

-((Serás más fuerte de lo que piensas…)) –no estaba dispuesto a enseñarle la herida en ese momento. Pero ella agarró su camiseta y la levantó sin ningún pudor.

-Kurloz… ¿Eres im8écil o qué te pasa?

-((Tan sólo es lo justo)) –suspiró resignado apartando la mirada- ((Te lo debía))

-Vriska, me voy a casa… -el humano se levantó por fin y se limpió como pudo la suciedad que se había adherido a su cuerpo y se dio la vuelta, no sin antes mirarlos con desaprobación- Si tienes problemas con el Huesitos me llamas.

-No, tranquilo… -miró a Kurloz fijamente antes de ponerse en camino, andando en la dirección contraria- Yo tam8ién me voy a casa.

-((Adiós, Vriska))

-Es tu decisión que sea sólo un "hasta luego" –murmuró sin mirar atrás.

Él se quedó allí mientras los otros dos se alejaban, con la camiseta aún sin colocar.

-((Lo siento. Lo intenté pero… no pude arrancarme el corazón…))