-Sólo tienes que decirme lo que quiero escuchar… -la voz de la chica se fue apagando hasta no ser más que un susurro- Aunque sea una mentira.

Se giró mirándolo allí de pie desamparado y un pinchazo de lástima sacudió su corazón. Se quedó pensando un momento y sacó su jersey del día anterior del bolso, lanzándoselo.

-Te vas a resfriar… -apartó la mirada- Puedes quedártelo si quieres… A mí me queda grande así que te de8e estar 8ien.

Kurloz cazó la prenda al vuelo y se quedó observando la tela, suave y cálida, impregnada en su aroma. Cerró los puños con fuerza sobre el jersey y tragó saliva antes de seguirla, poniéndose a su altura, obligándola a detenerse.

-((Te quiero, Vriska. Quizás. No lo sé. Hasta ahora no lo tenía claro, pero Jegus…)) –se interrumpió sorprendido por el agarre de su mano en el brazo de la muchacha y la expresión sorprendida en sus ojos azules- ((Puede que sienta algo por ti. Algo rojo. No lo sé, estoy confuso. Todo esto es muy extraño)) –suspiró inclinando la cabeza hacia atrás- ((Joder, ahora me vendría muy bien uno de esos putos milagros de Gamzee))

-Tengo uno. Me lo dio hace meses, pero yo no fumo –sonrío rebuscando un poco entre sus cosas, encontrando un porro machacado- Suficientes cosas asquerosas me meto en la 8oca a lo largo del día…

-((No me refería a esos milagros, me refería a los nuestros. En los que nosotros creemos)) –se lo quita de los dedos- ((Aunque pensándolo mejor, uno de estos tampoco vendría mal))

-Pues ya sa8es. Recapacita so8re todo. So8re tu vida. Tu Religión…. No sé –se encogió de hombros- Adiós Kurloz.

Él la miró alarmado.

-((Espera, espera. ¿Me dejarás hacerte una visita en un par de días?))

-No. Lo siento –una gota fría cayó sobre su mejilla e hizo que ambos levantasen la vista al cielo, como las densas nubes negras volvían a descargar su frío llanto poco a poco, solo empeorando y entristeciendo el corazón de los dos- Me tengo que ir. No quiero resfriarme y contagiar a todos en el tra8ajo… -sonrió con tristeza mirando sus manos- Perdería dinero.

Kurloz le ofreció el jersey, que aún sostenía con el puño fuertemente cerrado.

-((Toma. Úsalo como paraguas, no lo necesito)) –trató de sonreír también, pero no pudo- ((Vete antes de que te resfríes))

-Te he dicho que no me lo devolvieras… que puedes quedártelo. Es lo único que vas a tener de mí… ¿De verdad no lo quieres?

Él negó con la cabeza, cerrando los ojos.

-((No quiero nada tuyo. Ni tu jersey, ni tus sentimientos, ni a ti))

La frase le había quedado más cortante de lo que pretendía, pero los celos y el dolor no eran una buena ayuda para pensar con claridad. Ella le miró sorprendida por esas palabras tan dolorosas durante unos segundos, pero asintió.

-Así me gusta. Perfecto.

-((Adiós))

-Es lo que me merezco por enamorarme de chicos con matesprit.

-((Después de esto puede que ya no sea un chico con matesprit…)) –al ver que ella se mantenía reticente a abandonarle a pesar de las palabras que decía, decidió echar a caminar él, en la dirección contraria, bajo la suave lluvia.

-Ojalá Meulin no hu8iera existido… -murmuró para sí, mordiéndose el labio mientras veía alejarse a la alta figura cabizbaja- Él hu8iese sido mucho más feliz… -a cada paso que daba, sentía como su corazón se rompía cada vez en trocitos más y más pequeños, hasta que no pudo más- ¿QUÉ HAS QUERIDO DECIR CON ESO? –gritó en su dirección haciendo un cono con sus manos.

La oyó gritar, pero no se dio la vuelta para encararla.

-((Se merece algo mejor y ya es hora de que la deje irse…))

Vriska le miraba fijamente, a unos 20 metros de distancia que parecían un abismo insalvable a su parecer. El agua de lluvia goteaba por su largo pelo negro, mojando sus labios azules entreabiertos. Esperaba una respuesta por parte de ella, pero como no llegó, comenzó a caminar de nuevo.

-¿Te refieres a ella? No dejes a Meulin.

-((¿Por qué no?))

-Ella es tu Matesprit, ¿no? Vives para hacerla feliz.

-((Merece a alguien mejor y nunca le he preguntado si ella quiere formar parte de mi vida. Además… vivo para mi religión. Todo lo demás es secundario))

-¿Yo también…?

Vriska sonrió observándole a través del agua que goteaba de sus pestañas, a pesar de saber la respuesta.

-((Todos lo sois.))

-Todos lo somos.

-((No debería extrañarte.))

-No me extraña.

-((Nunca he tratado de ocultarlo.))

-Lo sé.

-((A pesar de ello, tú has llegado a estar muy arriba. Acercándote peligrosamente a mi religión.))

Los dos se callaron, escuchando el suave murmullo del agua al repiquetear sobre los charcos, hasta que Vriska rompió el silencio.

-Si pudieras cumplir un milagro… ¿Qué pedirías?

-((Ya sabes lo que pediría. Te quiero a ti. No sé cómo, si de forma roja o pálida… pero te quiero))

-Y tú ya sa8es que yo cumplo deseos… pero no lo hago gratis –le miró fijamente, casi suplicante- ¿Qué darías por mí?

-((A mí mismo.))

-No te sigo.

-((No tengo nada más que darte y que tú puedas querer. No voy a darte dinero y no puedo darte a nadie. Sólo me tengo a mí mismo y a mi religión, pero supongo que eso no lo quieres…)) –sonrió con tristeza aún de espaldas a ella.

-Está 8ien. Quiero tu religión.

-((¿Qué quieres de ella?))

-Quiero aprenderla.

-((La última persona que dijo eso, acabó sorda.))

-Quiero que seas mi… maestro. Y aca8ó sorda, pero es tu matesprit. Yo creo que vale la pena.

-((No. No vale la pena, pero seré tu maestro si es lo que quieres.))

-No vale la pena para ti porque eres un idiota testarudo.

Vriska se había ido acercando a él poco a poco a medida que hablaban y le abrazó por la espalda con ternura.

-Se mi maestro. Prometo ser una discípula o8ediente.

-((Seré tu maestro)) –agarró las manos que le rodeaban acariciándolas.

-Vamos a casa. Estoy deseosa por aprender.

Kurloz asintió tomándola de la mano y caminando a su lado, guiado por ella mientras la chica le enumeraba las nuevas condiciones de su "pacto".

-No volveré a llamarte loco, ni a decir que eres un iluso. Porque tenías razón y los milagros existen. Eso sí, puede que te llame celosillo, pero con cariño.

-((Claro que los milagros existen. Están en todas partes. En todo momento. Aunque algunas veces parezcan más bien maldiciones))

-Te creo.

-((¿Ah, sí?))

-Sí. Tengo un milagro maravilloso justo a mi lado.

-((Yo tan sólo los predico, no hago nada más))

-No ha8lo de eso…

-((¿Te refieres al porro?)) –le miró confuso.

-¡No! ¡Tú eres mi milagro!

-((En ese caso soy un milagro jodidamente raro.))

-Sa8es… creo que puedo cam8iar muchas cosas contigo si me das la oportunidad. Muchas cosas que no me gustan.

-((Podemos cambiar todo lo que quieras)) –apretó su mano levemente- ((Sólo busca algo con lo que empezar.))

-Mi… ¿tra8ajo? –dijo después de un rato pensativa- A mí me gusta, pero sé que a ti te molesta. Tam8ién predico los milagros… a mi manera.

-((No tienes que cambiar sólo para satisfacerme))

-Haría cualquier cosa para satisfacerte. Y lo sa8es. Los dos lo sa8emos.

Una mueca de desagrado se dibujó en el rostro del chico, pero no dijo nada de todo lo que había cruzado su mente en un segundo.

-((A pesar de ello no quiero que cambies por mí.))

-Si no quieres que haga nada por ti, tam8ién puedo hacerlo por William. Tengo su pester –sonrió con malicia.

Los ojos de Kurloz relucieron morados por unos segundos.

-((Ni se te ocurra))

Vriska soltó una risita y continuó caminando de su mano, acariciando el dorso con el pulgar.

-((Me da igual tu trabajo. Puedo llegar a soportarlo. No aceptarlo, pero sí soportarlo. Pero no voy a soportar que te toquen fuera de él.))

Vriska le empujó para que no chocase con una farola por ir mirándola. Le pegó a la pared y echándose el pelo empapado hacia atrás, tiró del cuello de su camiseta hasta que las frentes de ambos se juntaron.

-((Vriska…))

-Aca8o de recordar lo mucho que me pones cuando estás celoso. No lo puedo evitar.

-((Entonces puede que tengamos un problema)) –trató de aparentar tranquilidad- ((No puedo dejar de estar celoso, tendremos que convivir con ello.))

-Por tu culpa ahora estoy necesitada y hasta mañana nadie me va a tocar. Y no es que no me guste que estés celoso, el pro8lema es que me gusta demasiado que lo estés. Me dan cosquillitas por aquí… -tomó la mano de él llevándola a su vientre- Y por aquí… - llevó la otra a los muslos.

Tragó saliva. Esa chica iba a acabar por volverlo loco.

-((Para, Vriska))

-Sólo te estoy mostrando donde siento las cosquillas.

-((Soy tu maestro, ¿recuerdas? Esto no es lo que hace un maestro. Al menos no los de mi religión)) –se rascó la mejilla- ((Y no… no me interesan las cosquillitas))

-Vaaaaaaaale –sonrió a pesar de todo, despegando sus frentes mojadas, dejando un casto beso sobre los hilos- De esto no te puedes quejar. Que apenas te he rozado.

-((No me he quejado)) –sonrió contento- ((No seas melodramática.))

-¡Oh, por favor! Ha8ló de melodramas el señor "No me puedo arrancar el corazón" – dramatizó poniéndose la mano en la frente y se ríe alegremente, tirando de él para salir de la seguridad de la cornisa de la pared de vuelta a la lluvia- Ha sido tan emotivo que casi me haces llorar.

-((No buscaba ser dramático… era la verdad)) –se dejó llevar, volviendo a notar las gotas de lluvia resbalando por su pelo.

-Estás muy guapo sin pintura… -soltó cambiando de tema- Entre eso y tus celos no sé si me podré concentrar en las clases…

-((Volveré a pintarme cuando lleguemos a tu casa… Esto es importante para mí, Vris. No quiero que te lo tomes a broma.))

-Pero yo quiero aprender, de verdad. Quiero que me enseñes so8re tus milagros, para demostrarte que eres uno de ellos. Y que has venido a mí para que aca8e con mi vida de pecadora lasciva.

Kurloz sonrió.

-((Creo que ni el propio Mesiah podría acabar con tu vida de pecadora lasciva.))