- ((De todas formas haré lo que pueda para llevarte por el buen camino.))

Acababan de bajar del ascensor en el octavo piso de un edificio de apartamentos, y se encontraban junto a la puerta del 8ºB, el cual Vriska compartía con Gamzee y otros inquilinos ocasionales. Al abrir, el olor, una mezcla entre slime y ambientador de varios tipos les dio la bienvenida. El piso era antiguo, de oscuros y largos pasillos y altos techos. Vriska dejó las llaves y el bolso en el recibidor pidiéndole que cerrara tras de sí.

-En realidad… ¿en qué crees?- le preguntó con curiosidad.

-((Es algo extraño, básicamente se puede resumir en milagros. "Las cosas ocurren por milagros"))

-Sí, tengo esa historia muy oída –se agachó a quitarse las botas mojadas y hacer lo mismo con los zapatos de él- Cuéntame sobre tu Mesías.

- ((Cuando él venga, librará al mundo de los blasfemos y sólo sus seguidores se salvarán))

-Hummmmmmmm… -estrujó los calcetines sentada en el suelo, pendiente más del agua que goteaba de sus manos que de él- ¿Entonces yo moriría?

- ((Probablemente sí, aunque supongo que podrías salvarte si creyeras en él))

-Dame los tuyos –con un gesto de la mano para que se apoyara en el aparador se arrodilló frente a él quitándole los calcetines suavemente y besando sus pies con mimo.

-((Vriska otra vez no…))

-Una vez leí algo de que es importante lavarle los pies a tu maestro… en la 8i8lia o algo así. No lo sé, la verdad. Esta8a en un motel con un tío y ese li8ro tocho esta8a en la mesita. Cuando él se durmió me puse a leerlo y me recordó mucho a Gamzee y a ti.

-((Esto no tiene nada que ver con cosas humanas)) –suspiró.

-No digo que tenga que ver.

-((No tienes que besarme los pies, no eres mi sirvienta, eres mi discípula))

-¿Por qué no me dejas hacer las partes divertidas de la religión? –se incorporó negando y se quitó la chaqueta, dándosela- Tiéndela con tu ropa… voy a cam8iarme y a traerte algo de Gamzee.

-((No te dejo porque eso no pertenece a mi religión)) –le sonrió y se dirigió a colgar la ropa cuando la chica desapareció por el pasillo, quitándose la suya propia. Ella entró en su habitación y suspiró sonriendo. Se sentía agotada física y mentalmente, pero estaba bastante animada y tenía ganas de sentarse y escucharle, porque le encantaba verlo tan contento por algo. Se quitó la ropa mojada y la tiró al suelo, poniéndose un suave pijama azul. Una vez vestida salió al pasillo descalza y tras tocar a la puerta y no obtener respuesta se adentró en los dominios de Gamzee. Pisó un par de bocinas y casi acabó en el suelo antes de llegar al armario. Con la luz del móvil buscó una camiseta de manga larga y unos pantalones, aunque le pareció que todo le quedaría corto a Kurloz.

Mientras tanto él seguía esperando en la entrada, semidesnudo y temblequeando. Sin duda había sido un día largo y agotador para él.

-Creo que esto le puede valer… -se decidió finalmente y salió de allí volviendo a su habitación para coger su manta azul y un par de toallas y volver a donde le había dejado- Kurloz… -dijo llegando poniéndose la toalla a modo de turbante.

Él le saludó con la mano, abrazándose a sí mismo para entrar en calor.

-Te he traído unos calzoncillos suyos tam8ién… -le tendió la ropa con una risita- No creo que mi ropa interior te quedase 8ien.

- ((No estoy de acuerdo con eso)) –se rio cogiendo la ropa y yendo al baño a cambiarse.

Ella se tiró en el sofá acurrucándose en la manta, agotada.

- ¿Cómo puede ser que siga tan cachonda por su culpa?

Kurloz cerró la puerta del baño despacio. Se quitó los calzoncillos y comenzó a vestirse con la ropa de su Beta. No es que fuese demasiado de su estilo, pero al menos estaba seca y ya era más de lo que se podía decir de la suya propia. Una vez vestido y tras rebuscar en varios cajones logró dar con uno de los botecitos de pintura blanca que tanto él como Gamzee utilizaban. Abrió el grifo y se lavó la cara para eliminar todo rastro de pintura que quedase y abrió el bote. Comenzó a dibujar el patrón que siempre usaba en el rostro delineando primero y rellenando el interior de blanco después, aplicando la pintura con cuidado, suavemente con la yema de sus dedos. Al acabar guardó el bote de nuevo y sacudió la cabeza para secarse el pelo.

Vriska miró a su alrededor y deslizó una mano bajo la manta y el pantalón del pijama, pasando la yema de sus dedos sobre la tela. Se mordió el labio por el placer, metiendo y sacando un par de dedos. Gimió débilmente ahogando todo ruido bajo su mano.

-Kur… loz…

Él se observaba a sí mismo en el espejo y tras decidir que ya estaba presentable de nuevo se dispuso a volver al salón. Entró con su sigilo habitual y se quedó inmóvil al verla. La chica con los ojos cerrados y la mano en la boca. A pesar de que apenas podía distinguir sus murmullos se imaginó perfectamente lo que ocurría. Estaba completamente extasiada, con los ojos cerrados, los labios entrecerrados y las piernas abiertas.

-Soy una discípula horri8le… -se rio- Las alumnas no piensan estas cosas… ahhmmm- empezó a usar ambas manos para más placer- Hace tanto que nadie me pide ese disfraz… hmnnm ahh aah Kurloz….

Él seguía allí quiero, sin estar seguro de si delatarse o no. Dio un paso atrás para volver cuando ella no estuviera tan "ocupada" pero un profundo "Honk" sonó bajo su pie resonando en toda la habitación. Definitivamente no era su día de suerte. Sus mejillas se tiñeron de morado por completo y dio gracias al Mesías por el maquillaje que impedía que se notase.

Ella se asustó por el ruido soltando un gritito y al verlo allí se su cara se encendió de azul brillante.

-H-hola… -sacó las manos de su ropa interior limpiándolas en el pijama- N-no es lo que parece… De verdad.

-((¿Y qué parece?))

-N-no lo sé…

Kurloz sonrió a pesar de todo y se acercó al sofá, sentándose a su lado.

-¿Qué crees tú que parece? –preguntó tímida.

-((Parece que alguien no tiene suficiente con doce y que mi nombre tiene que ser realmente pegadizo))

Vriska se escondió tapándose con un cojín avergonzada. Él se lo apartó y la atrajo hacia sí, abrazándola.

-((No tienes por qué avergonzarte, no es nada malo))

-Pero me has vuelto a… dejar a medias –lloriqueó- Podías ha8erme dejado terminar al menos. Y sí es malo. Tú mismo lo dijiste. Las 8uenas discípulas no hacen eso.

-((Lo siento, la culpa la tienen las estúpidas bocinas de Gamzee)) –miró a su alrededor- ((Están por todas partes)) –le acarició el rostro- ((Si fueses una discípula buena, esto no sería un milagro))

-Eres un pervertido, ¿eh? En realidad querías ver si llega8a al orgasmo sólo pensando en ti… -se rio- Pues si me hu8ieras dado unos segundos más…

-((Eso no es cierto. Pero si eso te hace feliz, adelante))

-¿Y a ti? ¿Qué te haría feliz? En el hipotético caso de que fueses uno de mis clientes. ¿Qué me pedirías? –le señaló con el dedo- Y no digas que nada porque esa cara de 8o8o no es "nada". Total no me puedo tocar pensando en ti contigo aquí delante, lo siento… -dijo sacando ambas manos de la manta.

-((Pues no sé. Me conformo con lo que tengo))

-Kurlooooooooz… No. Seguro que deseas algo. Al final confesarás. ¿No hay nada que siempre hayas querido hacer pero no hayas podido?

Él la miró sorprendido, negando y haciendo algunos gestos rápidos acerca de la falta de modales por su comentario.

-Es… hipotético.

-((No vuelvas a hacer eso delante de mí, Vriska))

-Créeme, me han pedido cosas muy raras. Puedes decírmelo. Y no lo hacía delante de ti, pensa8a que… no esta8as.

-((Pues supongo que te pediría algo doloroso, no lo sé, nunca lo he pensado pero… por una vez me gustaría probar a ser el que recibe)) –bajó la mirada azorado por la confesión.

-¿En serio?

-((En un hipotético caso, claro)) –asintió lentamente.

-Ay Kurloz eso es adora8le. Le pasa a muchos chicos, no te avergüences –se dio un par de palmadas en los muslos para que apoyase la cabeza en ellos y él se dejó caer, aún con las mejillas ardientes.

-((Estos temas no son algo que uno trate a diario…))

-…. Yo sí. Quizá de8ería avergonzarme yo más.

-((Pero tú eres tú, eres un pequeño milagro andante… los demás no somos así.))

-No soy tan pequeña… -lo miró fingiendo estar enfadada.

-((Comparada conmigo sí lo eres))

-¿Te gustaría coserme la 8oca? –le preguntó de repente. Él la observó horrorizado.

-((No))

-¿Por qué no? Así comprendería tu dolor. Creo.

-((No es algo con lo que jugar, Vriska. Duele mucho pero no es sólo dolor físico, es otro dolor. Duele más aquí)) –se llevó la mano al pecho justo encima del corazón- ((Que aquí)) –subió la mano a su boca.

Vriska le miró confusa desenredándose el largo pelo húmedo y revuelto con los dedos.

-No lo entiendo.

- ((Aunque te cosiera los labios, cosa que no estoy dispuesto a hacer, no comprenderías mi dolor. Porque no es un dolor normal. Es un dolor espiritual. Te duele y te come por dentro. Y eso no se puede entender))

-Vale. No te pediré que me cosas por Navidad entonces…

Se inclinó hacia delante y besó su cuerno porque su columna no le permitía doblarse tanto como para besar sus labios.

-Me gusta tu pelo… tus cuernos… -frunció el ceño- Aunque son ligeramente distintos. No tan distintos como los míos, pero…

-((¿Distintos?))

-Tú tampoco puedes comprender ese dolor.

-((¿A qué te refieres con eso?))

- A que el derecho y el izquierdo no son iguales.

-((Sé lo que significa distinto, pero yo los veo igual))

-Supongo que en el espejo siempre te los ves de frente y te parecen iguales. Pero de perfil se ven distintos. Uno es como… -trazó una S en el aire- Y el otro es más como… -trazó una Z.

-((N-no sé…)) –se llevó una mano a su cuerno, inocente- ((Nunca me he fijado…))

-Tienes los cuernos distintos como yo. ¡Y como Equius!

Kurloz trataba de descubrir a qué se refería, tocándolos, hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo y paró.

-((Creo que me gustaba más la idea de tenerlos como tú))

-Cuando era pequeña, siempre llora8a y se metían conmigo porque tenía los cuernos distintos –los acarició con cariño.

-((Tienes unos cuernos preciosos y únicos))

-Ellos no pensa8an eso. Por eso un día Equius, cuando todos me esta8an insultando, se puso delante y se partió el suyo… para que no fuese la única.

Kurloz alzó la mano, pero apenas podía alcanzarlos.

-Aún lo tengo guardado… -se rio acariciándole con nostalgia.

-((Eso fue muy caballeroso por su parte. Parece un buen troll))

Vriska le empujó un poco hacia sus rodillas para inclinarse lo suficiente para llegar a besarle.

-Calla ya…

Finalmente consiguió agarrar uno de los cuernos de la chica y sonrió, atrayendo sin querer la cara de ella hacia la suya propia, besándola. Vriska respiró sobre los hilos.

-¿Vas a enseñarme algo... o sólo vas a 8esarme?

-((Ha sido un fallo de cálculo. Primera lección: no dejes que tu maestro mida nada, no sabe hacerlo))

-No sa8e medir ni sus propios cuernos –soltó una risita- En realidad yo me he fijado porque o8servo los de Gamzee desde hace mucho. Aunque los tuyos son más desiguales aún… pero vale, te prohi8o medir nada, Kurloz.

Dejó un diminuto beso en sus labios y se retiró cuando él la buscó para más.

-((Muy bien, primera lección aprendida))

-¿Segunda lección? –le miró expectante.

-((Segunda lección…)) –aprovechando que aún tenía su cuerno agarrado, tiró de él hacia abajo, volviendo a unir sus labios- ((Tu maestro siempre tiene la última palabra))

A Vriska se le escapó una risita y lamió sus labios pensando "¿Siguiente Lección?" para que la escuchase sin necesidad de pronunciar palabras.

-((Tercera y última lección por hoy)) –se separó un poco- ((No juegues con tu maestro)) –se apartó de ella, sentándose recto al otro lado del sofá.

-Kurloz… -se acurrucó con la manta en la esquina del sofá y estiró los pies- Está 8ien… Si no quieres jugar conmigo, jugaré yo sola.

-((No seas dramática, Vriska)) –se cruzó de brazos- ((No hagas eso, lo digo en serio))

Ella metió las manos bajo su ropa interior, mirándolo fijamente y dejando que oyese el sonido del elástico contra su piel.

-No estoy jugando contigo.