La chica volvió a poner los pies sobre sus hombros con una sonrisa.

-¿Para qué quieres que te mire?

-((Oh, no se preocupe, señorita. Arreglaré eso enseguida. Voy a buscar a mi beta, no se mueva)) –dijo haciendo el amago de levantarse. Pero ella le sujetó las mejillas con las plantas de los pies, haciéndole poner cara de pez.

-Quieto ahí, Makara.

-((Te he dicho que buscas a otro Makara))

-Sí, al que no es un im8écil de remate.

-((Mala suerte, lo de ser idiota viene con la sangre. Y no me toques con los pies, a saber quién los ha lamido antes…))

-Pues hoy nadie, estás a salvo –los pies de ella seguían jugueteando con sus mejillas haciendo que sonriese y frunciese el ceño- Aunque yo he lamido los tuyos. Déjame hacerlo otra vez. Ahora soy Terezi y Terezi lame cosas… -se relamió- Ya me entiendes.

-((A mí no me lame nadie nada))

-Oh claro. Eso dices ahora, pero 8ien que disfrutas. Y tienes razón, ve a 8uscar a Gamzee, perdió una apuesta la semana pasada y ahora es mi esclavo. Llámale, necesito un masaje.

-((Si te va a hacer un masaje dile que te lave los pies primero, los llevas sucios)) –se rió- ((Y ya tienes bastante con un Makara a tu servicio, no necesitas más.))

-Nunca se tienen suficientes esclavos.

Comenzó a darle golpecitos en la nariz con los dedos de los pies. Él sólo frotó la nariz contra ellos, manchándola.

-No hagas eso, parece que lo estés disfrutando y no... –Kurloz siguió frotando su cara contra la planta del pie sólo por fastidiarla- Que pares.

Al ver que no se detenía, le empujó con el otro pie.

-¡Que pares!

-((Ponte de acuerdo, quieres un masaje sí o no…))

-¿Un acuerdo? ¿Quieres un acuerdo? Pues espera que mis piernas se van a reunir para llegar a un acuerdo ahora mismo –las cerró aprisionándolo entre ellas- ¡Oh Kurloz! ¡Qué sorpresa tú por aquí! –se burló dando pequeños tirones de su cabello mientras lo acariciaba. Agarró sus cuernos y le lanzó un beso coqueto- Eres tú el que se tiene que poner de acuerdo.

Kurloz la miró sin comprender, hasta darse cuenta de cómo estaban, de lo que habían hecho. Deshizo el nudo que lo mantenía cerca de ella y se puso en pie sintiendo un profundo dolor en su pecho. El dolor que le causaba ser un traidor. Un infiel.

-Podrías vestirte de colegiala. ¿Me dejas vestirte de colegiala? Es mi sueño que me folle una colegiala.

-((Vriska…))

-Perdoooooooona… es verdad que una colegiala tendría más espíritu que tú.

Él negó con la cabeza levemente y se dirigió a coger su ropa aún húmeda. Sin querer empezó a reír bajito. Vriska le tiró el mando mirando la tele.

-Deja de reírte solo, me das miedo.

-((Necesito tiempo para pensar)) –dijo cambiándose de ropa- ((Espero que comprendas que tengo que aclarar lo que siento, a solas)) –recogió el mando del suelo y se lo tendió encaminándose a la puerta del piso.

-Pero llueve.

-((No me importa un poco de lluvia))

-Pero a mí no me da la gana de que te resfríes, que luego me toses encima y me contagias y no puedo presentarme en el tra8ajo enferma.

-((Sé cuidar de mí mismo))

-Makara ven aquí, no me deso8dezcas.

-((Estaré bien, tranquila))

-No es eso, idiota. Es que si vas a pensar en cómo te sientes y aclarar algo… antes tengo que darte una cosa.

-((¿Qué cosa?)) –por un segundo se quedó inmóvil con los dedos puestos sobre el picaporte de la entrada.

-Acércate –dijo sentándose en el sofá y colocándose bien la ropa y el pelo. Él volvió y se sentó junto a ella, obediente. Vriska le miró y suspiró con una preciosa sonrisa. Extendió las manos y le abrazó acurrucándolo entre sus brazos y pecho. Le besó la frente y los cuernos y le miró a los ojos- Te quiero.

El chico, comparativamente más grande que ella, consiguió levantarse de nuevo, azorado por tal muestra de cariño nada propia de ella, y salió de allí antes de que fuese demasiado tarde y cometiese otro error. Al salir la lluvia impactó en él de golpe, despejándolo. Y caminó hasta su colmena sin saber qué hacer.


Vriska abrió los ojos sonriendo levemente y estiró sus brazos y piernas hasta que crujieron. Miró al techo y rozó suavemente sus labios con la lengua. Se había quedado dormida en el sofá la noche anterior y le dolía todo, por lo que decidió darse un capricho.

-Los mañaneros son los mejores.

Se llevó la mano a la entrepierna y comenzó a masajear la zona con delicadeza, acariciando y apretando en los sitios precisos, amasando también sus pechos por debajo de la manta. Emitía suaves jadeos y dulces gemidos que llevaban el nombre de Kurloz. Introdujo un par de dedos en su interior, arrancándose a sí misma un jadeo de sorpresa y se quedó sin aire unos instantes disfrutando de la sensación. Se lamió la otra mano para seguir masajeando la zona desatendida y siguió así hasta llegar al orgasmo. Al llegar a su clímax ahogó un gritito en la manga de su piajama y se quedó extasiada en el sofá, completamente satisfecha. Agarró el móvil que estaba sobre la mesa y abrió mucho los ojos: más de 20 llamadas del trabajo.

-Oh mierda… el cliente de las ocho.

Mientras se vestía a toda prisa abrió Trollian y le buscó.

[AG] comenzó a trollear a [SB]:

AG: 8uenos días, 8ello durmiente.

AG: Me voy a tra8ajar como las niñas 8uenas.

AG: Puedes venir a verme luego, te prepararé una sorpresa… quizá hasta me piense lo de quitarte el castigo.

AG: ::::P


Los rayos del sol lo golpearon al amanecer, apoyado el cuerpo sobre la mesa de la cocina. Apenas se había dado cuenta de que ya era de día. Llevaba toda la noche pensando. Sobre él, sobre su religión, pero sobretodo, había estado pensando en ella. ¿Quién podía decirle que no a alguien como ella? Sabía que seguramente sólo fuese un capricho pasajero, que sólo le querría durante un tiempo, se cansaría de él y lo dejaría tirado como hacía con todos los demás. ¿Realmente merecía condenarse por ella?

Por no hablar del tema de Meulin. Por suerte cuando había llegado la noche anterior, empapado y triste, la troll estaba durmiendo. Si no hubiese tenido que dar muchas explicaciones que no le apetecía dar. Pero hiciera lo que hiciera con Vriska, Meulin seguía en su vida y no quería dejarla. No podía dejarla. Le había robado su oído, y por ello debía permanecer a su lado, como castigo para recordarse su error cada día. Y no solo eso, realmente sentía algo muy rojo por la joven Leijon. Algo que no sentía hacía Serket. Jegus, sería capaz de condenarse por ella, pero sus sentimientos rojos por Meulin eran el doble de grandes. No lo sabía. No sabía nada…

Decidido y molesto por el sol que incidía sobre su cara, se levantó de la silla en la que había pasado la noche, dispuesto a aclarar las cosas de una vez por todas con Vriska. A ser posible esta vez, sin caer en sus jueguecitos. Cogió el móvil, viendo los mensajes que había recibido y se limitó a leerlos, sin contestar. Para qué, iba a verla no mucho después.


Después de vestirse y caminar hasta el trabajo dando por perdidas la sesión de las ocho y la de las nueve, y tras llegar y desnudarse en su habitación pasaron a relatarle las cosas que debía hacer ese día. Suspiró por los cambios que los clientes que no había atendido el día anterior habían efectuado para hacerla pagar por su irresponsabilidad empresarial.

-Necesito que me preparéis la sala 46 –le dijo a una de las sombras que la ayudaban mientras otra seguía con la cantinela- Y cuando venga Kurloz, quiero que le llevéis allí, ¿entendido? Y dejad de reíos –sonrió soltándose el pelo- Le quiero.


Al llegar le dirigieron a una habitación, por lo que supuso que ella estaba trabajando. No le importaba esperar y pese a los ruegos de las sombras de un asiento más cómodo se sentó sobre el suelo y esperó. Había entrado a hurtadillas a su propia habitación, la que compartía con Meulin para coger una camisa, un chaleco y unos pantalones limpios y no sabía cómo sentirse al respecto de ser un ladrón en su propia casa. Las sombras le ofrecían dulces, frutas, bebidas, cada pocos minutos, que él rechazaba de mala gana. No había ido a ese lugar a comer ni a beber, sino a hablar con ella.

Unas plantas más arriba, Vriska sonrió satisfecha con el resultado de su pelo. Las dos largas coletas oscuras recogidas con dos lazos azules, la hacían parecer una niña. Se levantó poniéndose la falda plisada, la camiseta con lacito marinero y las medias negras por encima de las rodillas.

"Seguro que le encanta" pensó sonriendo a su reflejo.

Salió de la habitación pidiendo las llaves de la sala 46 y se apresuró a encontrarse con el chico.

-Siento ha8erte hecho esperar, esta8a un poco ocupada hoy. Muchos cam8ios de turnos –le abrazó un poco al verlo sentado en el pasillo. Él alzó la vista cuando la vio, quedándose sin respiración por un segundo, pero negó suavemente con la cabeza.

-((No importa, buenos días, Vriska))

-8uenos días. ¿Quieres ver la sala 46? –dijo levantando las llaves con el numero en relieve plateado. Kurloz se encogió de hombros.

-((En realidad he venido para hablar contigo))

-Para ha8lar conmigo…. –metió la llave en la cerradura, la giró y abrió la puerta. Una clase completamente normal. Con pupitres y pizarra- ¿De qué quieres ha8lar?

Kurloz miró el interior de la habitación y luego a ella alternativamente.

-((Si tienes trabajo podemos dejarlo para más tarde))

Vriska se apoyó sugerente en uno de los pupitres, levantando la falda unos centímetros.

-¿Quieres ser mi profesor? –gimió.

-((No empecemos otra vez)) –puso los ojos en blanco cruzando los brazos.

-¿Empezar con qué? –dijo mientras se tocaba una de las coletas, subiendo la mano por el muslo.

-((Con esto)) –señaló la habitación y a ella misma- ((No soy uno de tus clientes))

Vriska asintió y se acercó a la pizarra, volviendo con una tiza azul. La puso sobre la mano del chico y cerró los dedos sobre ella.

-Enséñame. Eres mi maestro –le mostró una sonrisa adorable- Y los maestros enseñan en clases, ¿no?