Ilusiones Perdidas
Por Victoria Muinesva Black
Disclaimer: El Potterverso le pertenece a J.K. Rowling
Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
N/A: Para este desafío se me dieron las siguientes palabras: Poción, Belleza, Amor, Juicio y Condena. Dichas palabras están resaltadas en negritas en el texto.
N/A 2: En el segundo capítulo de mi fic "Infortunios" menciono brevemente los sucesos de la viñeta I. Dicho capítulo también está relacionado con mi fic "Little Hangleton".
I
Su magia fue disminuyendo con el paso del tiempo. Los golpes y las humillaciones habían hecho que perdiera la poca autoestima que tenía. Su padre no dejaba de llamarla inútil y ella terminó convirtiéndose en eso. Todo lo hacía mal y solo provocaba desastres con la varita.
Pero algo renació en ella el día en que el Ministerio sentenció a su hermano y a su padre a Azkaban. Por primera vez en su vida estaba sola. Y aunque sabía que el tiempo pasaba volando y ellos estarían de vuelta muy pronto, decidió que era hora de hacer algo. No quería regresar a la vida de sufrimiento que había llevado hasta ese momento.
Sintió que sus poderes regresaban y que ahora era capaz de realizar incluso un simple encantamiento. Visiblemente más contenta y más aseada, sin moretones ni sucios delantales, trató de estar fuera de su cabaña cada vez que Tom pasaba por ahí. Después del ataque de su hermano, el muchacho había desaparecido por un tiempo, pero ahora volvía a cabalgar cerca. Sin embargo, él no le prestaba atención. No la miraba, y si lo hacía, era con algo parecido al desprecio.
Merope decidió entonces, que si en verdad quería ser amada por Tom, tenía que hacer más que sonreírle y esperar que él viniera hacia ella.
Por eso decidió preparar una poción de amor y esperó pacientemente a su siguiente paseo por la zona.
Tom no tardó en aparecer nuevamente, pero esta vez Merope se quedó en casa, observándolo por detrás de las cortinas. Le pareció ver que él se había dado cuenta de su presencia y que ahora obligaba a su caballo a ir más deprisa. Sin perder más tiempo agitó la varita con cuidado y pronunció claramente unas palabras. De repente, el caballo de Tom relinchó y quiso detenerse, negándose a seguir caminando. El joven intentó calmarlo pero de nada sirvió, el animal se puso cada vez más nervioso y al final logró tirar a Tom de encima. Merope guardó la varita y se alejó de la ventana. Cogió el vaso en que había mezclado la poción con un poco de agua y salió de la cabaña.
Tom se había levantado y su caballo estaba tranquilo, un poco alejado del camino. La muchacha se apresuró en acercarse, sonriendo con nerviosismo. El joven la miró con algo de desconfianza pero no se apartó.
—¿Se ha hecho daño? —le preguntó ella, con la voz ligeramente temblorosa a causa de los nervios— Tenga, tome un poco de agua —Tom hizo un gesto de duda y estuvo a punto de rechazar el ofrecimiento—. Es solo agua, señor —insistió ella con suavidad, logrando al fin controlar su voz.
Con un ligero asentimiento, Tom se decidió y cogió el vaso que le ofrecía la muchacha.
