Ilusiones Perdidas
Por Victoria Muinesva Black
II
Aguantando la respiración y casi sin moverse, Merope esperó a que la poción surtiera efecto. No parecía haber algo diferente en Tom y por un momento creyó que su plan había fracasado. Pero tras unos segundos que le parecieron eternos, el cambio se produjo. Si antes él la miraba con indiferencia y a veces con antipatía, ahora sus ojos irradiaban algo que había esperado demasiado tiempo, soñando con ello día y noche. La observó como si nunca antes la hubiera visto bien, le sonrió embelesado y se acercó lentamente, dejando caer el vaso sin prestarle la más mínima atención.
Merope dio un respingo, sin podérselo creer, en cuanto Tom cogió sus manos y las besó con suavidad. Ella no cabía en sí de gozo. Se había imaginado tantas veces en la misma situación, que realmente no importaba que el repentino enamoramiento se debiera a una pócima. Lo único que le importaba en ese instante era que por fin tenía ante sí su historia feliz.
Atrás quedarían los días en los que fue desdichada, en los que tenía que aguantar en silencio los abusos de su padre y su hermano. Esos días en los que todo lo hacía mal y sus ilusiones eran aplastadas cruelmente.
Y mientras Tom le hablaba de sus profundos sentimientos y elogiaba su belleza, Merope no era capaz de imaginar una vida más perfecta que la que acababa de empezar.
