Su nombre golpeó en sus oídos, retumbó en su mente, destrozándolo aún más por dentro. Temblaba por la impotencia. Daría lo que fuera por ser aquel lowblood, por hacerla suya y ser suyo. Soltó un suave suspiro al seguir escuchando los gemidos que llevaban su nombre. No podía evitar sentirse excitado y halagado por todo aquello. Sabía que estaba mal, y que jamás lo admitiría, ni delante de ella ni de nadie, pero durante unos segundos, deseó traicionar todo lo que creía y entregarse a ella. Que le abrazase la cintura con las tersas y pálidas piernas. Que le dejase fundir sus cuerpos en uno como estaba haciendo con él.

Tras unos momentos Vriska abrió los ojos, que había mantenido cerrados casi desde el principio, y miró en su dirección. Eran sus dominios y sabía perfectamente dónde estaba. Con una expresión que Kurloz no acertó a descifrar alzó la mano como si pudiera alcanzarlo, mientras el lowblood seguía moviéndose dentro de ella.

-Kurloz…

Sus ojos se clavaron en los de ella, estirando su propia mano, que se encontró con el cristal.

-Tío, ¿qué carajos haces? ¡Que no puedes tocarla!

Las risas no tardaron en hacerse notar, pero las ignoró. Sólo tenía ojos para ella. Todo su mundo se resumía en Vriska en ese momento: su mano, su pelo, sus ojos, su cuerpo… toda ella. El cliente le dio la vuelta bruscamente, poniéndola a cuatro patas, volviendo a penetrarla con fuerza, jugando con ella, riendo y mordiendo su espalda.

-Deja de gemir ese nombre, puta. Me pones nervioso –dijo arañando su delgada espalda. Lamió los regueros que burbujeaban brillante sangre azul y se pegó a su oído, lamiendo su nuca- ¿Por qué no gimes mi nombre, guarra?

-Porque no lo sé, señor…

Kurloz había perdido el contacto visual para ese momento y el cuerpo sudoroso del lowblood se interponía entre ellos. Los celos le quemaban por dentro cuando lo veía azotarla, humillarla. Pero no perdía la calma, sino que se mantenía quieto, viendo como el otro se aprovechaba de ella. Casi aceptaba todo aquello como un castigo de su Mesíah por no haber sabido hacerla feliz. Verla allí, gimiendo su nombre pero sin poder tocarla. Sonrió aunque más que una sonrisa pareció una mueca desencajada.

Un gran castigo.

El lowblood la agarró de las muñecas y tiró de sus brazos, dejándola apoyarse sólo en las rodillas.

-Esto es para que todos puedan ver lo puta que eres, porque te encanta, ¿verdad? –rió incorporándola para que pudieran verla- Te encanta que te den caña.

-S-sí… Me encanta, señor.

Los temblores y la impotencia eran cada vez más intensos. Cerró los puños, dejando medias lunas moradas en las palmas de sus manos. En cierto modo agradeció que los otros estuviesen lo suficientemente ocupados atendiéndose a sí mismos como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Aquello dolía más que cualquier herida física. Un escalofrío sumamente desagradable y visceral le recorrió la espina dorsal. Las profundas estocadas se sucedían a un ritmo constante y el cliente empezó a impacientarse. De repente, cambió a un vaivén más frenético durante unos segundos agarrando sus caderas. Su expresión cambió y se quedó unos instantes quieto lo más profundo que podía, descargando su material genético. Incluso le tapó la boca para que no gimiese.

-No te mereces ni que te dé un orgasmo, puta –salió de ella con el mismo cuidado inexistente que había mostrado durante toda la sesión y la empujó contra la cama con saña- No vales tanto como decían –tras una risotada la dejó libre y se agachó a coger las braguitas que había llevado del suelo- De todas formas voy a llevarme esto. Con lo que he pagado no deberías tener problema.

La dejó allí sola, chorreando el indigno líquido amarillo y sentía ganas de llorar, pero tenía que ser fuerte porque sabía que Kurloz la estaba viendo. Como pudo se sentó en la cama, quejándose por el dolor de las heridas de la espalda y porque en realidad le dolía todo el cuerpo. Sonrió y miró al espejo esperando que no se hubiese ido indignado y celoso.

-Kurloz… ¿Has dejado de quererme ya? –preguntó a la pared que le devolvió su propio reflejo demacrado.

La sala se había quedado vacía tras el espectáculo, tan sólo quedaba él, con la misma postura que al principio. Sobre el suelo manchado de azul y turquesa, caían pequeñas gotas moradas, que resbalaban por sus manos. Miró a la chica de abajo con ternura a pesar de que ella no podía verle.

-((Nunca dejaré de quererte))

Vriska oyó la voz en su cabeza porque una expresión sorprendida cruzó su rostro y alzó la cabeza en el mismo instante en el que los potentes focos se apagaron anunciando el final del espectáculo. Las sombras la recogieron con mimo y la bañaron para arrancarle los restos del lowblood y de su propia sangre. La peinaron, la vistieron, la abrazaron y consolaron. Ellas sabían que pretendía con eso; alejar a Kurloz para evitar hacerse más daño.

-"Tranquila, mi niña…" –susurraban- "seguro que los dos seréis más felices así…"

La dejaron cuidadosamente en una cama, para que pudiese descansar hasta la siguiente cita.

Kurloz la buscaba, sin éxito. Había salido de la sala sin saber muy bien lo que hacía porque desconocía la estructura del lugar y porque lo que acababa de presenciar estaba grabado a fuego en su memoria. Como no podía dar con ella, decidió vagabundear por el sitio, llamando una por una a todas las puertas, esperando respuesta y cuando ella oyó el repicar no pudo más que poner mala cara y quejarse porque aún no había conseguido dormirse.

-¿Ya empieza la sesión? ¡De8e ser 8roma!

-((Soy yo)) –dijo finalmente, después de un prolongado silencio. Estaba delante de su puerta cerrada de nuevo, sin saber qué más hacer o decir. Pero no podía irse sin más. No quería volver a perderla. Tampoco quería darle falsas esperanzas. Realmente lo único que deseaba con toda su alma era abrazarla y mimarla, volver a ser como antes. La voz débil y cansada de la chica se oyó desde el interior.

-¿Quieres… entrar?

-((Sí))

-¿Estás seguro? –su tono se quebró un poco.

-((Quiero verte))

-Está a8ierto –se recostó sentándose en la cama.

Kurloz entró, se acercó a ella y se sentó a su lado, sobre la cama en la habitación en penumbra.

-¿Y 8ien?... Ha sido horri8le, ¿verdad? Espero que no me tengas en cuenta el ha8erte engañado para que vieras eso. Tenía que hacerlo para que vieras cómo es la verdadera Vriska.

Kurloz asintió con las imágenes aún nítidas en su retina.

-((Sigo queriéndote igual que antes, me da igual quién seas y lo que hagas))

-No joder… -Vriska se llevó las manos a la frente, masajeándose- ¿Por qué sigues con eso? No quiero que me quieras ¡Y no quiero quererte tampoco! Me lo pones demasiado difícil.

-((No puedo negar lo que siento, puedo mentirte si eso te hace feliz, pero no voy a dejar de quererte))

-Pero es que si no vas a quererme como necesito que me quieras, prefiero que no me quieras en a8soluto. Miénteme si es necesario. Y si así te sientes mejor. Pero olvídame –Vriska levantó los brazos señalando alrededor- Esta es mi vida. Es lo que yo he elegido.

-((Sólo soy un capricho más, Vriska. No me hagas repetírtelo))

-Lo siento. Pero no es así. Sé que te gusta creer eso para no sentirte culpa8le. Pero no es la realidad –la chica soltó una risita triste- Qué estupidez, si tú siempre te sientes culpa8le por todo.

Kurloz se levantó dirigiéndose a la puerta.

-((¿Es tu elección?))

Ella asintió.

-Es mi elección. Que no vuelvas. Que no seas cariñoso ni so8reprotector conmigo. Que no te acerques si me ves… No tienes ningún derecho so8re mí ni a ponerte celoso, que no se te olvide.

-((Como quieras, si así eres feliz. No te preocupes, para mí será como si no existiera, como si jamás hubiera estado en tu vida. Adiós Vriska. ))

Antes de que saliera ella le llamó una última vez.

-Todo esto es porque no acepto tus sentimientos.

-((Que no los aceptes no va a hacer que desaparezcan))

-Quizá tienes razón y eres un capricho –dijo hundiéndose en los almohadones viéndole cerrar la puerta y alejarse de ella hasta perder la conexión mental de los voodoos- Pero merecía la pena ese capricho –las lágrimas afloraron a sus ojos cuando se dio cuenta de que era demasiado tarde y que con su orgullo había conseguido finalmente echarlo de su vida.

-Que no aceptes los míos tampoco va a hacer que desaparezcan.


Kurloz llegó a su colmena cabizbajo. Se dirigía a su habitación cuando un papel mal doblado sobre la mesa llamó su atención, se acercó y leyó varias veces lo que había escrito sin llegar a creérselo. Un par de gotas moradas mojaron el papel. Las palabras de la carta se le clavaban en el alma. Cada sílaba retumbaba en su cabeza. Meulin se había ido. Alguien había sido lo suficientemente cretino para contarle que lo había visto con Vriska en una actitud no muy propia de una pareja de moirails. Y ahora se había ido.

Por el Mesíah, ¿qué clase de prueba era esa? ¿Acaso él quería que estuviera solo? ¿Que nada le distrajera de su labor para con su religión?

Suspiró profundamente y se tiró en el sofá, aún con la carta entre las manos. Volvió a leerla. Podría haberse ido, tenía que haberse ido cuando pasó el incidente, fue sólo culpa suya. Pero no, ella había seguido a su lado, a pesar de todo había seguido a su lado, alegrándole, tranquilizándole y cuidándole…

Se preguntó por un instante si realmente lo que sentía por Meulin era tan sólo cariño. Habían pasado por demasiadas cosas juntos y quizá era sólo eso. Pero los sentimientos rojos no podían pasar a blancos… Las palabras de Vriska resonaron en su memoria:

"Los sentimientos rojos no pueden pasar a blancos, sólo a negros"

Vriska. Suspiró y cerró los ojos. Se preguntó cómo habría sido su vida con ella. Era una troll fuerte, valiente, caprichosa y volátil. Rememoró días atrás… aquella chica era un verdadero reto. Conseguía perturbarlo como nadie antes lo había hecho. Sabía lo que ella sentía por él, lo había visto de primera mano, lo había sentido él mismo. Su interés por su religión, la promesa de dejarlo todo por él…

Pero lo había echado de su vida, lo había dejado bien claro, no quería volver a verlo. Había vuelto a hacer daño a alguien que amaba. Quizá lo mejor que podía haber pasado era eso. Ambas se habían alejado de él y ya no volvería a herirlas. Ni a ellas ni a nadie; viviría por y para su religión tal y como tenía que haber hecho desde un principio. Por un momento lo tuvo claro, dejaría que las dos siguieran sus caminos lejos de él. Subió las escaleras en busca de algo para cambiarse, pero al entrar en la habitación los recuerdos le golpearon de nuevo. La cama, el armario, las fotos de gatitos que a él no acababan de convencerle pero que Meulin adoraba…

No.

Aquello no podía acabar así.


Vriska miraba abstraída como las pequeñas gotas de sangre se escurrían de su clavícula resbalando por su pecho hasta llegar a su cintura. Dejó las afiladas tijeras sobre la mesa delante de ella y admiró su obra con detenimiento. La pequeña calavera muda se dibujaba titubeante y ensangrentada entre su cuello y su hombro izquierdo, encima de su corazón. Muy cerca de la cicatriz que el bastón de Terezi había dejado al atravesarla por la espalda, mucho tiempo atrás. Era uno de los errores de su vida; cosas de las que se arrepentía y que la hacían sentir horrible. Y ahora ahí estaba él. Otro error. Otra metedura de pata que le había costado a su moirail. Suspiró pasando los dedos por la calavera con un quejido ahogado.

Le quería.

Y estaba segura de que, después de todo si volvía y le demostraba que él a ella también, aunque fuese de forma blanca, caería en sus brazos sin remedio.


Bueno. Supongo que eso es todo. Se acabó Meant to 8e. No voy a decir que no me alegro porque, joder, me alegro mucho. Suele pasar que cuando llevas más de un año con una misma historia y tan pocos personajes como tiene esta pues, te acabas aburriendo y creo que en muchas ocasiones se ha notado como me aburría y era como "lol why not quiero terminar esto". Si es así lo siento, de verdad. Intentaré que no vuelva a pasar, aunque ya tengo cosas pensadas para este nuevo curso que espero que os gusten. Referente a este fic... bueno, lo que más me dice la gente es que no se esperaba esta ship, pero que ahora les parece bonita y yo me alegro, hombre, yo me alegro de abriros las puertas a una ship maravillosa como el KurVris, faltaría más. Gracias a todos los que habéis seguido la historia y habéis comentado y gracias a los que la descubristéis hace poco. Gracias en general a todos y shalala the polly.

Esta historia tiene un final abierto así que no sé si subiré un epílogo de qué pasó, qué no pasó o qué de qué. De todas formas haga lo que haga os enteraréis fijo, tho.