Ilusiones Perdidas

Por Victoria Muinesva Black

III

A partir de aquel momento, cada día se convirtió en una constante sinfonía rebosante de perfección. Cada mañana despertaba sabiendo que tenía a su lado al hombre que amaba. Cada tarde ella se encargaba de reavivar el amor con una poción en el té de su esposo. Cada noche, él le decía que la amaba con locura mientras le demostraba sin palabras que jamás habría nadie más para él.

Sin embargo, con el paso de los meses, Merope fue dándose cuenta de que estaba viviendo una mentira y que los ojos vacíos y cristalinos de Tom no eran los de un hombre verdaderamente enamorado. Entonces se encontró deseando ver en él un sentimiento real.

Un niño crecía en su vientre y podía ver a su esposo pletórico de alegría, mas sus ojos no parecían decirle lo mismo. Lo veía ausente y eternamente dispuesto a complacerla, y cada día que pasaba se asemejaba más a una marioneta manipulable a su antojo.

Lo amaba demasiado y por eso decidió un día que la poción ya no era necesaria. Creyó que él la amaría realmente sin ella y que por fin podría ver su gran amor correspondido.