Capítulo Dos: de sangre y otros condimentos
Hannibal respiró profundo tratando de ordenar las ideas. Su cerebro, obra magnífica de la creación, inmediatamente empezó a categorizar todo lo visto o sucedido comenzando por lo más importante…Will Graham.
Abrió los ojos y contempló a su pequeño títere que descansaba inconsciente sobre su sillón. Lo había traído a toda prisa desde las oficinas del FBI y le había dado un potente somnífero para asegurarse que estaría fuera de combate por varias horas. Lo contempló, sí, su máncora que lo protegería cuando las cosas se pusieran difíciles. Will era su seguro de vida por si en algún momento llegaba alguien con cerebro a la policía y trataba de seguirle el rastro. Nadie comprendía la gracia que había en sus asesinatos, aquellas muertes eran mucho más que la obra de un simple asesino serial. Eran arte.
Y ahora, aquel estúpido detective aparecía de la nada y no solo se atrevía a ser una amenaza para sus andanzas culinarias, sino que también, se había atrevido a posar sus insolentes ojos en Will. Aun no estaba seguro por qué aquello lo molestaba tanto, pero presentía que tenía que ver con el hecho de que aquel amante de los perros se había transformado en algo como un "mejor amigo". Pues, obviando la parte en la cual Hannibal lo mandó a la muerte en manos de Tobias Budge su amistad había marchado sobre ruedas.
"Esos son detalles necesarios para crear lazos" se justificó mentalmente.
Aunque también estaba el hecho de que no había informado a Will que estaba enfermo de encefalitis, sacando provecho cada vez que podía de esta situación…. y bueno, también había asesinado al único médico que lo sabía.. Además había matado a aquella chica que lo vio asesinar al doctor, pero lo hizo, no tan solo porque ella pudiese significar algún riesgo, sino que sintió un intenso desagrado al ver como Will se vinculaba tanto con ella. "Sí, se merecía arder de esa forma" reflexionó mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios.
Se acercó al sofá y puso una mano sobre la frente de Will quien ardía como el infierno en aquel momento. Temblaba ligeramente y parecía estar atrapado en alguna especia de pesadilla. "Como me gustaría estar allí dentro junto a él" pensó Hannibal. Lo que más amaba de su amigo era esa imaginación tan llena de terror, quizás cuántos monstruos habitaban allí adentro y lo perseguían mientras dormía. Nada como algo siniestro para hacer de ese alguien una persona especial.
Le abrió la chaqueta bajando lentamente el cierre, le gustaba el olor que tenía Will, aunque ahora estuviera inundado del matiz dulzón de la locura. El pecho de este subía y bajaba mientras el doctor Lecter continuaba con su tarea desabrochando la (horrenda) camisa cuadrillé que llevaba el detective en ese momento. Ahh su piel era tan blanca, parecía una escultura de mármol color blanco hueso.
Recorrió con su largo dedo el cuerpo de su amigo, nombrando cada órgano por el cual pasaba: corazón, pulmones, páncreas, riñones, estómago, intestinos…su dedo se quedó detenido ahí, sobre el plano abdomen a unos escasos centímetros de la hebilla del cinturón. Definitivamente Will estaba muy delgado, el ancho de su cintura había disminuido desde que lo conoció. "Debería invitarlo a cenar más a menudo" reflexionó. Lo contempló durante un gran tiempo hasta que su dedo subió nuevamente para terminar posado sobre la cicatriz del hombro derecho del agente. Había sido acuchillado hace varios años, pero aquella situación le había provocado un fuerte trauma, obligándolo a encerrarse en un centro de rehabilitación para gente depresiva. Pocos sabían eso, de hecho, eso estaba en la parte privada de los expedientes, pero para Hannibal descubrir todos los secretos de Will había resultado una tarea sencillamente deliciosa. ¿Cómo negarse al placer de desarmar cada pieza de ese hermoso cerebro?
La amistad era algo completamente desconoced para el doctor, pero sin duda Will significaba mucho de eso. Tan pequeño…sus ojos de un celeste increíble permanecían siempre ocultos.
No solo estaba desnudo físicamente frente a él, si que también, sus más oscuros miedos estaban a disposición del Hannibal para cuando este lo quisiera. "Los amigos no deben tener secretos".
Se acercó y de olió la fresca piel de Will. Que ganas tenía de morderlo, pensó mientras lamía la cicatriz.
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La sala giraba como un torbellino, tenía miedo. Era como abrir la puerta a todos aquellos terrores que nos persiguen antes de ir a dormir. Todo parecía confundo cuando una voz familiar le llegó desde lo más profundo de su cabeza.
- Voy a organizar una cena e invitaremos a nuestros nuevos amigos.
Will acababa de abrir los ojos y se incorporaba en el sillón, mientras Hannibal ordenaba los dibujos sobre su escritorio.
- ¿Qué dices?
- Ya escuchaste, haré una cena e invitaremos al Sr Holmes y al Doctor Watson, también puede acompañarnos Jack.
- ¿Por qué estoy acá? - A Will todo le daba vueltas, trató de ponerse de pie, pero terminó otra vez sentado en el elegante sillón de la consulta. Hannibal se acercó a él y le tomó la temperatura poniendo la mano sobre su frente.
- Te desmayaste en las oficinas de FBI, pensé que sería mejor si te traía a mi casa para cuidarte. Quédate recostado, te traeré algo para el dolor de cabeza, tienes un aspecto fatal Will. - Dijo sonriendo
- Gracias, no entiendo por qué te tomas todas estas molestias por mi.
- Porque somos amigos Will y los amigos se cuidan mutuamente.
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La mañana de todos comenzó muy temprano, pues antes de las 8 de la mañana, tanto Sherlock como Will, fueron llamados con urgencia a terreno. Un nuevo cuerpo había sido encontrado a las afueras de la ciudad. Está vez era un hombre de 45 años, al cual le había extraído varios órganos y una pierna.
Sherlock y John llegaron rápidamente al lugar, pero Jack no les permitió acercarse hasta que Will entrara primero.
- ¿De qué les sirve que nos hayan traído hasta acá si no nos dejan entrar a la escena del crimen? - Sherlock estaba realmente enojado por esta situación, cruzar el Atlántico ya había sido un gran esfuerzo como para que ahora más encima no le dejaran trabajar. - Vamos John recorramos el lugar por mientras, no hay tiempo que perder.
Comenzaron a caminar por el lugar, pero todo estaba limpio. Prácticamente no había nada que le ayudara al detective a hacerse una idea, excepto lo pulcra de la escena, aquello no era nada normal.
- Te das cuenta John. ¿Algo está realmente mal acá? Es imposible que todo este así de limpio. Puedo ver que un hombre camino desde la carretera hasta acá cargando algo de gran peso (seguramente el cadáver), pero no se ven las huellas de vuelta, es como si al depositar el cuerpo se hubiera esfumado. ¿Cómo es posible? Además todo el resto de las cosas que podrían ser evidencias, son demasiado obvias, ¡están envueltas para regalo! Casi no parece la escena de un crimen, es más bien un set para una película.
John trataba de seguir el paso y las palabras de Sherlock, pero para él todo aquello eran solo árboles y mucha tierra. Era una especie de bosque de especímenes finos con troncos de un horrible color gris.
- Este lugar me da miedo. - Murmuró mientras Sherlock se encaramaba sobre un árbol. - ¿Qué haces? - Pero su amigo ya estaba escalando.
Pasaron un par de minutos cuando Sherlock saltó desde otro árbol cercano con algo en la mano.
- !Ja! Te tengo. Así lo hizo nuestro hombre ligero John. - el detective sostenía una bolsa con un pedazo de tronco arrancado. - Se subió arriba de los árboles y se movilizó entre ellos. Buscamos a alguien realmente ágil, alto y delgado. Muy cuidadoso por cierto, pero que quebró varias ramas en su paso hacia ese sector. Con este pedazo de madera podremos calcular su altura real, pues dejo una clara huella entre las hojas de la rama. Seguramente en la oscuridad no se percató de este detalle. Nunca verás a un oficial de policía subiéndose a un árbol así, esta vez lo hemos pillado cometiendo un error.
Cuando volvieron a donde se encontraba el cadáver, el agente Graham estaba solo frente al cuerpo. Todos miraban hacia otro lado como si nada estuviera pasando. Sherlock quedó fascinado viendo como Will respiraba una y otra vez y cerraba los ojos.
- El es empatía pura….- Murmuró mientras sus ojos brillaban con el sol que comenzaba a aparecer.
- ¿De qué hablas? - A John aquello no le parecía nada del otro mundo, de hecho, creía que era bastante idiota. (estúpidos nerds)
- Will es increíble, cuando leí sus informes, me pareció única su forma de describir los sucesos. Míralo ahora. - John lo observó, pero solo le pareció más insoportable que después del "Will es increíble" que había dicho su amigo. - Debe estar conectándose con lo sucedido acá. Necesito acercarme a él.
Cuando Will abrió los ojos lo primero que vio fue al gran dragón británico parado frente a él. Estaban a 4 metros de distancia, pero la potencia de sus ojos lo sacó de cualquier reflexión en la cual pudiera estar. Se miraron uno a otro. Para cuando Jack se acercó a Will para preguntar sobre el crimen, este se desembarazó de él rápidamente y para ir hacia el detective.
- Sherlock….ayer….no recuerdo qué pasó. - Dijo mientras le daba la mano.
- No te preocupes, creo que te presioné demasiado, espero que podamos hablar con más calma pronto. - La pálida luz del amanecer hacía parecer todo mucho más melancólico. Melancolía que combinaba a la perfección con las moradas ojeras del pálido rostro de Will.
John se acercó a ellos, pero ninguno lo miró, solo estaban ahí uno frente a otro sostenidos de la mano aún. Las tripas del doctor Watson se revolvieron por un potente sentimiento de odio hacia ese hombre con cara de víctima. Sherlock era su amigo, definitivamente no necesitaba de otro. Menos de uno que fuera "increíble".
Pero no tan solo él sentía un ataque de celos en ese momento, pues Hannibal había llegado al lugar y observaba con los ojos entre cerrados como aquellos dos se hablaban en voz baja. Will jamás se acercaba demasiado a alguien, de hecho tardó semanas en bajar del segundo piso del estudio de Hannibal para sentarse frente a él por voluntad propia, el resto del tiempo siempre le rehuía y ni siquiera lo miraba a los ojos. (que lo mirara fijamente le había demorado exactamente 35 días desde que lo conoció). Sí, había contado el tiempo transcurrido.
Y ahora su pequeña ardilla estaba ahí haciéndole gracias a ese tipo. Lo miraba fijamente, pareciendo una quinceañera enamorada contemplado a aquel hombre.
"Lo odio". No, no, no…aquello estaba mal. A Hannibal no le gustaba que tocaran sus cosas.
Se acercó a ellos usando una de sus acostumbradas caretas de hombre formal. Enseñando la justa y necesaria cortesía, por mucho que despreciara a ese hombre, era mejor tenerlo cerca e investigarlo. Caminó despacio maldiciendo por ultima vez a aquel deslavado británico.
- Sr Holmes, Sr Watson, un gusto verlos otra vez. Espero que nuestro encuentro fugaz de ayer no haya sido mal interpretado.
Sherlock lo miró y vio muchas cosas que el día de ayer no estaban. Las etiquetas esta vez si flotaban a su alrededor, era como contemplar a otra persona. Aquello no olía nada bien.
- No hay problema Doctor Lecter, es bueno verlo bajo una nueva luz. - Fue todo lo que dijo el detective.
John por su parte los contemplaba a los 3. Eran un grupo de lo más particular, pero las chispas que salían entre Hannibal y Sherlock eran más que evidente. John no pudo evitar pensar si Will Graham tendría algo que ver en esa visible hostilidad.
- Esta noche haré un cena a la cual obviamente están invitados. Sería una verdadera alegría que fueran. Jack también nos acompañará en la velada.
- ¿Una cena? - Sherlock lo miró con desconfianza. - Hemos venido a atrapar a un asesino, no a hacer vida social, además tenemos muchas cosas que hacer en Inglaterra, no podemos perder el tiempo en cenas.
- No es una pérdida de tiempo si lo piensa bien Mr Holmes. Siempre pueden discutir sobre el asunto luego del postre. Será un gusto poder ayudarles, no olvidé que también soy siquiatra y he trabajado en perfiles de criminales violentos, como el del que tratan de atrapar.
Aquella respuesta no convenció en nada a Sherlock, pero entonces la delgada voz de Will sonó.
- Deberías ir…Hannibal es un excelente chef, créeme. - Miraba al suelo mientras decía aquello. - Creo que sería bueno que fueras…
- Que fuéramos. - Interrumpió John. - Nos invita a ambos.
Pero Will ni siquiera lo escuchó, en ese momento miraba a Sherlock tratando de convencerlo. Hannibal también se percató de eso y en el acto imaginó 100 formas distintas de asesinar al detective. Su favorita fue convertirlo en carne asada y darle una gran parte a Will. Sería épico... Quizás lo hiciera.
- Iremos. - Sherlock levantó su mirada de Will para dirigirse a Hannibal. - Ahora volveremos al trabajo, le pediré los datos a Jack para llegar. Agradecemos su ofrecimiento. Nos vemos a la noche. Adiós Will.
Mientras caminaban hacia su auto John no pudo evitar preguntar qué era lo que lo había convencido a su amigo de ir a la cena, no es que le preocupara el evidente hecho de que quizás el agente Graham lo hubiera convencido poniéndole esa cara de perrito triste con aquellos ojos tan celestes, claro que no, era solo que….
- ¿No lo ves John? Es la oportunidad perfecta de observar al Doctor Lecter en su habitad natural. Creo que el es como un gran tigre blanco que jamás se permite ser visto. Pero si estamos ahí, algo podremos sacar en limpio…forzarlo a hacer algo que nunca haría.
- ¿Solo eso? - Replicó John a quien aquella respuesta no lo convencía del todo.
- Claro que sí, ¿qué más podría ser?
- No lo sé, quizás querías ver al detective Graham fuera del ambiente "laboral". - Sherlock pestañeó varias veces tratando de comprender qué significaban esas palabras. - Vamos Sherlock no pongas esa cara, es evidente que Will tiene una fijación contigo y parece que tu le respondes muy bien.
- La verdad no tengo idea de lo que hablas John…
- Claro…
- Y si quisiera ver a Will fuera de lo "laboral" simplemente iría a su casa, estoy seguro que el estaría encantado de verme. - Sentenció subiéndose al auto mientras le cerraba un ojo a un enojado John.
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La cena comenzó de lo más normal. Normal dentro de los parámetros de Hannibal Lecter quien había contratado ayudantes para que todo estuviera perfecto. La casa relucía como nunca y la comida era una verdadera obra de arte. La carne era de la propia cosecha personal del doctor y el postre era una de aquellas cosas impronunciables para Will.
Cuando este entró a la cocina para saludar a su amigo, el corazón de Hannibal vibró de felicidad. ¡Como le gustaba verlo ahí! De pie en medio de la sala, mirando como si jamás fuera a encajar entre tanto lujo. Sus ojo se encontraron y Will le sonrió. Iba vestido con un beatle negro y unos pantalones a tono. Se veía realmente guapo. El Doctor Lecter pensó que la próxima vez que lo tuviera para el solo haría más que lamerlo.
Pasada las 8, Jack y el doctor Chilton también se unieron al grupo, mientras que Sherlock y John fueron los últimos en llegar. Tomaron asiento rápidamente a la mesa, pues el delicioso olor de la estancia les hacía rugir el estómago a todos.
Fue una comida deliciosa que subió los ánimos. Sherlock miraba a Will todo el tiempo y este le sonreía cada vez que podía. Hannibal miraba con desprecio a Sherlock y con mucha curiosidad a John, quien no sabía cómo reaccionar frente a esto. John tenía un extraño vacío en el estómago, se sentía incómodo, pero debía representar su papel. Temía por esta nueva relación e Sherlock, le hubiera gustado hacer o decir algo que pudiera representar lo absurdo que se sentía, pero después de todo Sherlock era solo su amigo…
"Solo su amigo", mala elección de palabras, aquella era un puerta demasiado pesada para ser abierta sobre todo en un lugar como este.
Tras acabar el postre pasaron al salón principal a degustar de un excelente vino y a conversar un poco más. Obviamente el caso que investigaban ocupó toda la atención y eso permitió poner a Hannibal al corriente de la situación. Su situación.
Solamente Sherlock Holmes se negaba a decir palabra sobre eso recordándoles a los presentes que no era bueno hacer conjeturas ni mucho menos compartirlas.
- Vamos Sherlock, estamos entre gente de confianza. - Replicó Jack mientras bebía una nueva copa de vino.
El detective levantó una ceja y miró a Hannibal como toda respuesta.
Las horas transcurrieron rápidamente, y de hecho fue en un abrir y cerrar de ojos, mientras Hannibal iba a buscar otra botella, que Sherlock y Will desaparecieron de la sala. John tardó en darse cuenta pues en ese momento el Dr. Chilton hablaba sobre aquellos criminales que habían enloquecido en la guerra.
Miró alrededor y una implacable rabia se le subió a la cabeza. "Claro…..no entendías de qué hablaba, verdad". Salió de la sala y empezó a buscar por la casa a Sherlock. No quería parecer que estaba fisgoneando, pero simplemente no pudo evitarlo. La casa era enorme, la verdad es que si no tenía cuidado podría perderse dentro de aquellas paredes de color rojo.
Al final del pasillo del primer piso se encontraba la gran sala de consulta de Hannibal, con aquella deliciosa biblioteca en la parte superior. Se acercó silenciosamente y los escuchó.
Will le replicaba que no ha Sherlock, pero este parecía querer insistir en algo. A John Watson jamás le temblaban las manos al disparar, pero mientras estiraba el brazo para abrir la puerta y ver que estaba pasando dentro sentía que era como una hoja la viento, al viento más frío del (puto) invierno.
Sin embargo, antes de que pudiera girar la manilla, la puerta se abrió de golpe dejándolo frente a Will quien parecía muy agitado.
- John….ehhh….
- ¿John? - la voz de Sherlock llegó desde el fondo.
- Sí, hola, emmm, ¿interrumpo algo? - Miró inquisitivamente a Will quien parecía no respirar y aun sostenía la manilla.
- No. - Sherlock apareció detrás de Will y le puso una mano en el hombro. - Quería ver la codiciosa biblioteca del doctor Lecter y Will me ayudaba a revisarla. - El agente Graham se volteó a mirarlo. - ¿Cierto?
- Ehmmm sí, pero ahora es mejor que regresemos a la sala….- Dijo mientras prácticamente corría de regreso.
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Hannibal estaba apunto de ir a buscar a los desaparecidos cuando los tres regresaron al salón. Sherlock solo sonrió y tomó sus cosas y las de John excusándose que debían irse, pues mañana tenían un gran día. Agradeció la cena y a su anfitrión por todo. Le dio un rápido (e inesperado abrazo a Will) y salió de la habitación con un aun sorprendido John.
- Que demonios fue todo eso?
- Camina John, solo actúa natural. Ya te lo contaré todo.
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Tras la partida de Shelrock y John, la cena finalizó rápidamente y Hannibal se ofreció a llevar a su amigo a casa. Era una noche fría, pero Will había comenzado a tener fiebre haciendo que el auto del doctor pareciera menos gélido. No era ni mitad de camino cuando finalmente perdió la conciencia y comenzó a soñar. Pero sus sueños nunca eran tranquilos, el gran ciervo negro parecía seguirlo a todas partes y por más que corriera sabía que no podía escapar.
Hannibal lo ayudó a bajar del coche y lo sentó en el sillón mientras sus perros le lamían las manos. Pensó en dejarlo ahí, pero las cosas experimentadas durante los últimos días hacían ver a su pequeño cachorro diferente. No solo era su póliza de seguro además de uno de los hombres con la mente más interesante que había conocido en el mundo. Ahora Will Graham era quien hacía sentir cosas a Hannibal Lecter. Cosas como amor (uno profundamente distorsionado obviamente), pero que de todas formas era nuevo y especial.
Lo miró un momento. Era tan delicado…
Reflexionó un momento: "No", no era prudente tomar ninguna decisión ahora, así que se acercó para despedirse, sin embargo sus propias pasiones lo traicionaron mientras la mano de Will encontraba la suya sujetándola. Unos delirantes ojos lo contemplaron mientras Hannibal estaba fascinado con tanta locura.
- No te vayas. - Susurró Will. - Siento que el gran monstruo viene a comerme, tengo miedo Hannibal…quédate conmigo….- Fueron sus últimas palabras antes de quedar inconsciente otra vez.
¿Cómo negarse ante semejante petición? El tiempo pareció congelarse y quedar sometido a aquellos dos hombres que se buscaban mutuamente para defenderse (de la manera más extraña y errada del mundo)
Só que lo tomó de un brazo y lo llevó a su cama. Lo recostó y le quitó la ropa, esta vez también le sacó el cinturón y los pantalones. La perfección del delgado cuerpo del agente enloquecía a Hannibal. Trató de pensar en él más allá de su cuerpo…claro que había un monstruo que lo deseaba, pero esta noche no quería morderlo. No, esta noche solo quería saber a qué sabía su afiebrada boca.
Todo en él parecía arder…sudaba como los mil demonios haciendo que sus rizos se pegaran su rostro.
Hannibal se sacó la chaqueta (aquello era tan raro). Se acostó al lado de Will y lo miró mientras su cerebro vagaba en algún terrorífico lugar. Se acercó y lo besó. Fue un beso largo y extraño. Definitivamente la boca de Will era dulce, pero tenía fuego en su interior. Se preguntó si su amigo podría sentir algo estando en este letargo mental, se alejó un poco y por primera vez en su vida, deseo que la otra mitad de este acto respondiera.
Hannibal había besado a poca gente y siempre le había parecido fatal. Pero ahora, ahora que realmente importaba, hubiera dado lo que fuera para que Will lo besara de vuelta. Se acercó nuevamente explorando con su lengua los pequeños dientes. Todo era tan nuevo y delicioso. Que maravilla sería explorar el resto de aquel hombre, ¡cuánto lo amaba! Porque ahí, envuelto y la penumbra y sin ningún ojo que lo juzgará, aceptaba el hecho de amar a Will. Lo quería, lo quería como a su tía Murasaki, lo quería como parte de si mismo.
Se acurrucó junto a su compañero, cerrando los ojos mientras sus manos tomaban las de Will y sus respiraciones se tranquilizaban de a poco.
Hannibal Lecter durmió feliz por primera vez en mucho tiempo. Solo el hambre que tenía al despertar lo obligó a levantarse. Era de día y los perros de Will lo miraban con rencor.
Besó nuevamente a Will, pero este seguía muy, muy lejos…
