Antes que todo, pido disculpas por la grosera demora en publicar el 3 capítulo. Solo puedo decir que lo siento mucho y que sus mensajes me animaron a seguir escribiendo. De verdad, Muchas gracias!

III - La imaginación tiene su precio

"Cuando todo está oscuro, creo que puedo sentirme tranquilo, como si flotara en medio de la nada. A veces me gustaría que todo simplemente se callara, pero por un largo tiempo, solo escucho el infinito tic tac del reloj que hace girar al mundo. Me pierdo solitario en las sombras deseando ser mecido nuevamente sobre el cálido regazo de mi madre.

Y al final, cuando las voces parecen murmurar casi imperceptiblemente y mi corazón late en armonía con la bruma que puebla mi mente, el milagro de la imaginación me ataca y lo transforma todo. El ruido se hace insoportable, taladrando mis oídos, mientras las imágenes de sangre, destrucción y muerte llegan otra vez, el aire desaparece y el rojo carmín tiñe hasta mis blancas manos. Mi pobre cerebro ya puede con eso…pero…pero…lo repito una y otra vez como si aquello pudiera salvarme, cual santa oración las palabras brotan de mi voz rota una vez más: Este es mi diseño".

Will abrió los ojos lentamente, la luz del sol era pálida, casi imperceptible, indicando que el amanecer recién comenzaba a despuntar. Trato de moverse, pero algo pesado lo tenía atrapado. Giró con más fuerza para zafarse de aquello y cuando al fin consiguió su objetivo, quedó frente al relajado rostro de Hannibal que dormía plácidamente junto a él.

Los celeste ojos de Will se abrieron de par en par tratando de recordar y asimilar lo que pasaba. La noche anterior Hannibal lo había ido a dejar a su casa, pero no recordaba nada más, las lagunas mentales se estaban volviendo demasiado habituales. Quizás aun se encontraba en estado de shock tras el brutal ataque que había sufrido en manos de Benjamin Budge, aquel horrible hombre que casi lo había matado con una cuerda de violonchelo…y casi también a Hannibal. Sin duda alguna, ambos habían tenido mucha suerte de haber sobrevivido.

Su delgada mano acarició el rostro de su compañero quien respiraba lentamente. Era la primera vez que lo tocaba, el contacto físico no era algo que existiera en el diccionario de Will, sin embargo, ese frío amanecer lo hacía sentir distinto. Una extraña sensación de agradecimiento flotaba en su pecho, se sabía afortunado por tener un amigo como el doctor Lecter, un hombre tan leal y con quien había creado un vínculo único. Confiaba en él.

Confiaba ciegamente.

Hannibal abrió los ojos y sintió que podría perderse en la vulnerabilidad que existía en Will. Este lo miraba como si fuera un desconocido faro en medio de la noche y mantenía su mano sobre la mejilla del doctor.

- Espero que no te moleste que me haya quedado contigo Will. Nunca había hecho algo así. Estaba durmiendo en el sofá, pero hacia demasiado frío y tu calefacción está mala, debes arreglarla o morirás congelado un día de estos. ¿Cómo lo has hecho para sobrevivir? - Terminó aquella frase con una sutil sonrisa.

- Solo está descompuesta hace 2 días y bueno…me he quedado en tu casa, no había tenido la necesidad de prenderla. Pero tranquilo hoy la repararé y si no, siempre puedo dormir en medio de mis perros, te aseguro que no hay nada más cálido que dormir junto a ellos. - Sentenció con una leve sonrisa también.

- ¿Estás seguro que no hay nada mejor? - preguntó el doctor con un tono ofendido en la voz. - Pensé que te sentías tan cómodo y feliz como yo.

Will pestañeó rápidamente, aquella conversación estaba tomando tintes en los cuales no quería entrar a matizar. No porque no se lo hubiese cuestionado antes, sino que simplemente no podría verbalizar lo que pensaba al respecto.

- Ja ja ja…doctor Lecter lamento informarle que usted jamás a dormido junto a Buster, pero cuando lo haga tenerme a su lado será una cosa de segunda mano. - Will se acercó más a Hannibal dejando que sus rizos le tocaran la barbilla. El doctor aspiró profundamente aquel olor dulzón que salía a mares de la piel afiebrada de su amigo.

- Nada…jamás se comparará con dormir junto a ti mi querido amigo.

Y con aquella declaración ambos retornaron a sus pesadillas habituales, pero esta vez, sintiéndose mucho menos solos.

Cuando Will entró a la oficina del FBI pasada las 10 de la mañana, esta parecía ser el caos mismo. La causa de todo ese alboroto era que el Doctor Gideon, un reconocido asesino a quien el Doctor Chilton insistía en señalar como el descuartizador de Chesapeake, había logrado escapar del Instituto psiquiátrico para Delincuentes Peligrosos. Así que los agentes corrían de aquí para allá como si se los llevara el diablo, mientras trataban de darle un uso práctico a todas la pistas que el talentoso detective Sherlock Holmes les había entregado tras revisar la escena del escape.

Crawford estaba muy complacido con las pesquisas realizadas hasta el momento y felicitaba al británico mientras este trataba de zafarse de todo aquello lo mejor que podía.

- Solo felicítame cuando hayamos atrapado al asesino ese. - murmuró mientras se deslizaba hacia el rincón.

Will se dirigía a hablar con Jack cuando el alto detective lo tomó por el brazo y lo sacó a toda prisa de la habitación.

- Buenos días Will, hoy es un gran día para que salgamos a pasear juntos, ¿no lo crees? - Sherlock hablaba muy deprisa y caminaba aún más.

- No, no creo eso, Gideon acaba de escapar, deberías ayudar a encontrarlo. Es sumamente peligroso Sherlock. - Continuó tratando de soltarse, pero seguía fallando olímpicamente en eso.

- Claro que lo es, pero nuestra presencia no hará más que estorbar en este minuto. Sin embargo, lo creas o no tengo una pista interesante, pero no voy a compartirla con tus amigos del FBI aún…ey! no me mires así, lo haré eventualmente, es solo que quiero tu opinión primero, no creo que tus compañeros logren ver las sutilezas. Iremos a un lugar que no ha sido marcado como escena del crimen, pero tengo toda la impresión que otras cosas han ocurrido ahí, será una interesante expedición. No te preocupes por John, le pedí que fuera tras una pista falsa, así que seré todo tuyo hasta pasada las 3 de la tarde, luego de eso él sabrá que le mentí y me odiará hasta las 4. hora en la que vendrá a buscarme a la oficina donde tu y yo ya estaremos de vuelta. Por cierto, veo que dormiste en una posición incómoda, pero elegiste no molestar a tu compañero, estoy seguro que uno de tus perros se metió a tu cama Will Graham.

Will estaba rojo y el hecho que Sherlock terminará con un guiño del ojo no ayudo a hacerlo sentir mejor. Hubiera deseado contestar con algún comentario sobre John para emparejar las cosas, sin embargo, aún no tenía muy claro cuál era el tipo de relación que tenían ellos dos. Podía sentir que el amor flotaba entre medio, pero...

Aquel viejo observatorio tenía una gran carga histórica, en ese lugar habían encontrado referencias a la misteriosa desaparición de la joven aspirante al FBI Miriam Lass, la chica a quien Crawford había enviado para buscar al descuartizador de Chesapeake. Este hecho, casi provoca la salida del agente por haber enviado a una estudiante en una misión tan peligrosa.

Sherlock hizo pasar a Will como si lo invitara a entrar a un palacio. El óvalo central estaba oscuro y parecía que hace mucho tiempo nadie hubiera entrado ahí, el aire viciado lo golpeó provocándole un escalofrío terrible.

- ¿Por qué me traes acá? - Los ojos de Will comenzaron a llenarse de lágrimas. No entendía que pasaba, pero era como si sobre su pecho hubieran abierto un agujero por el cual se filtraba toda la cordura que tanto trabajo le costaba construir. Comenzó a caminar por el lugar mientras respiraba entrecortadamente. Era como si su cerebro se estrellara contra las paredes de su cráneo gritando por salir.

Sherlock lo observó atentamente. Era pequeño. ¿Cómo un hombre adulto podía provocar esa sensación? Era tan opuesto a John, quien jamás parecía frágil, sino todo lo contrario: siempre era fuerte como un roble. Un soldado dispuesto a matar, un soldado dispuesto a aceptar las pesadillas que vendrían tras apretar el gatillo. Eran blanco y negro. Todo lo que fascinaba a Sherlock de John era de lo carecía Will, pero todo lo sublime que había en el agente Graham de lo cual John no poseía nada, trastocaba a Sherlock por completo. Eran luz y sombra.

- No sé que esperas que encuentre en este lugar aparte de dulces sueños. - Dijo Will finalmente mientras llegaba al centro de la sala y miraba hacia el cielo. Era de día en el exterior, pero estando en aquel lugar no hubiese sido nunca capaz de afirmarlo.

Sherlock se acercó hacia él hasta que quedaron frente a frente.

- Hueles extraño Will…deberías dejar que un doctor te examinara. -

- El Doctor Lecter me ha examinado muchas veces, me ha hecho dibujar relojes por montón Sherlock, estoy bien. - No estaba seguro si quería seguir con esa conversación. Sentía su respiración agitada y los ojos de dragón que tenía enfrente comenzaban a marearlo.

- Cierra tus ojos Will, quiero que te concentres y me cuentes que es lo que sientes estando acá. - Apoyó sus manos sobre la sien de este. - Cuéntame…que es lo que no quieres ver…

Fue como si la vibración de la voz del detective hiciera click dentro de la mente del agente Graham, quien pudo ver aquel péndulo dorado balancearse indicando que había llegado el momento de desconectarse de su yo para entrar en la mente de un otro. Siempre había sido así, capaz de penetrar en las resonancias que quedaban en un lugar tras un asesinato o los mecanismo del pensamiento de los asesinos que tanto se esforzaba en atrapar. Cada vez que hacia esto sentía que algo de si mismo se perdía para siempre, pero aquello ya casi ni le importaba…salvaba vidas y eso era lo único que contaba.

Así que respiro profundo dispuesto a adentrarse en las sombras de aquel observatorio, sin embargo cuando abrió los ojos para modificar la realidad, sus sentidos se quedaron en blanco.

Se hallaba en un gran anfiteatro con butacas rojas. Algo en su mente le hizo recordar que no era la primera vez que caía ahí por error.

"Siento como si tuviera las llaves del mundo en mis manos, siento que dentro de este enorme salón guardo al mundo entero. Acá adentro el aire sin embargo es frío…eso es porque quiero recodar cuando era joven y caminaba a toda prisa por las calles de Londres, memorizando sus infinitos recovecos.

"En este salón también hago audiencias, juzgo a los criminales, revisando sus coartadas y descartando posibles fallos en sus relatos. Soy el juez, el jurado y el verdugo.

"Mi hermano, mi hermano mayor está acá también, pero sabe que soy un extraño, no lo logro ver con claridad, pero tengo al sensación que lleva un paraguas en sus manos, lo hace girar mientras me evalúa. Siento que debo salir.

"Corro hacia la gran puerta de madera que se abre bajo el peso de mis delgadas manos. Un enorme pasillo se dibuja y empiezo a correr a través de él. Pero no corro realmente, es mas parecido a flotar. Hay montones de puertas con extrañas marcas como si fuera una biblioteca gigante que habita dentro de mi. Sigo moviéndome hasta que me encuentro con un hermoso perro color caramelo. "Barba Roja" repite mi boca automáticamente como si siempre lo hubiera sabido. El me mira con sus ojos llenos de amor. Cuánto lo quise, de cuántas angustias me salvó su cariño, tantas horas felices que pasé junto a él en la finca familiar.

"Llévame a dónde deba ir" le digo y el comienza a correr por aquel infinito palacio mental.

"Durante un largo rato, aunque quizás han sido solo unos pocos segundos, recorro aquel laberinto hasta que una puerta me distrae. Es metálica a diferencia de las demás y un gran candado la sella. Apoyo mis manos y mi cabeza sobre ella para escuchar. Adentro un hombre gime y canta al mismo tiempo. Mi corazón se aprieta, pues sé que por él perdí todo lo que más amaba…el quería que yo ardiera y lo hice. Quemó hasta la última de mis convicciones obligándome a desaparecer por tres años para poder destruir su maldita red de muerte. No solo mi cuerpo ahora esta lleno de cicatrices por eso, sino que también mi alma.

"El quería vaciarme y lo hizo. Corrí tras él durante todo ese tiempo y cuando al fin pude regresar, mi única casa, mi único fuerte había sido arrancando de mi.

"John se ha ido para siempre.

John ya no me pertenece.

Pero yo aún volvería a morir por él."

"Todo tiene sentido ahora. Me alejo corriendo de aquel dolor que promete destruir mi infranqueable muro. Volteó una vez más y logro leer sobre aquella puerta al infierno unas letras negras que forman el nombre de MORIARTY"

"Sigo corriendo y Barba Roja se detiene frente a una bonita puerta de caoba. Sus ojos me dicen que debo entrar, pero algo comienza a aterrorizarme. Respiro profundo y hago girar la manilla. La sala del Doctor Hannibal Lecter me da la bienvenida.

"Entro lentamente y escucho al gran alce negro respirar con dificultad. Esta atado en medio de nuestras sillas. Sí, aquellos asientos en los cuales hemos conversado durante muchas horas. El animal agoniza.

"Me acerco y sobre una mesita al lado de la silla de Hannibal hay un papel con un dibujo de un reloj, pero mal hecho. Los números parecen caerse distorcionándolo todo. El animal agoniza y yo comienzo a sudar como si tuviera fiebre.

"Siento olor a carne asada y unas incontenibles ganas de vomitar llegan a mi. En unos de mis innumerables experimentos en el laboratorio de Molly (¿quién es ella?) trabajé con carne humana. Para la gente ordinaria no habría diferencia entre un filete de vaca o uno de humano, pero luego de que probé aquel primer bocado en la cena en la casa del doctor Lecter las alarmas se dispararon dentro de mi cabeza, indicándome que había algo muy malo en aquel delicioso plato del cual John y yo disfrutamos mucho. Por eso fui hasta la biblioteca de Hannibal, quería investigar la casa, quería saber más sobre este mentiroso hombre. Por eso traté de convencer a Will ha que me ayudara a entrar a la cocina. Sé que algo muy oscuro se teje dentro de esa casa.

"En la biblioteca también encontré cosas muy interesantes. Logré leer parte del libro que Hannibal lleva acerca del agente Graham. Varias de las cosas que entendí me han preocupado de sobre manera.

"No"

Will observó aquel lugar tan familiar. Su cerebro trataba de revelarse frente a lo que se hacia tan obvio.

"Hannibal Lecter es peligroso no confíes en él."

Se vio reflejado a si mismo mientras aquel horrible monstruo negro de cornamentas del mismo color lo ataba como a una vieja marioneta.

"Ahora saber que no debes confiar en el, en realidad siempre lo he sabido, mi instinto me lo ha gritado a la cara una y otra vez, pero es una realidad que me niego a ver"

Su voz era la mezcla perfecta entre Will Graham y Sherlock Holmes.

"Es peligroso, no confíes en él"

Sentía como las cuerdas comenzaban tirar. La marioneta estaba casi lista para cuando se abriera el telón.

"Lo he visto Will…y este no es tu diseño".

Todo se fue a negro cuando una enorme explosión tuvo lugar dentro del observatorio. Sherlock y Will cayeron de bruces contra la pared golpeándose fuertemente. El detective logró recuperar el sentido mientras luchaba por ponerse en pie. Entornó la vista vio que su compañero estaba fuera de combate y un hilo de sangre goteaba por uno de sus rizos. "Mierda" pensó mientras se levantaba y se dirigía al lugar de la explosión.

Un gran agujero había quedado en la pared y la luz del sol entraba a raudales. Caminó hacía allá tratando de buscar una explicación, pero un hombre lo atacó por la espalda golpeándole la cabeza. Sintió un fuerte dolor y la boca se le llenó de tierra al caer al piso otra vez. Sherlock Holmes luchaba por no perder el conocimiento cuando la voz del hombre sonó muy cerca de sus oídos.

- No sé quién eres mi pálido amigo, pero debes saber que soy inocente. Me gusta matar, pero no soy quien dicen que soy. Te dejo un acertijo para que me encuentres y tengamos una charla, quizás puedas ayudarme…

Luego de eso todo se volvió negro otra vez.

Cuando Will recuperó el conocimiento un grupo de gente lo rodeaba, "los paramédicos no tardarán en llegar" fue lo primero que entendió. Sentía mucho frío y que nadie hiciera algo por él no lo hizo sentir mejor. Cuando trató de apoyarse en un brazo se dio cuanta que no llevaba camisa puesta y que sobre su torso desnudo habían unos números dibujados.

- ¿Qué demonios…

- Will. - Sherlock ahora estaba a su lado mirándole el abdomen. - No te muevas, te golpeaste la cabeza. Gideon decidió hacer una obra de arte sobre tu estómago mi querido amigo. Agradezcamos que tenía pintura a mano o lo más probable es que estuviéramos viendo como tus tripas forman números en este momento. - tenía cara de agotado, estaba todo empolvado y algunos rasguños adornaban su blanca piel.

- Sherlock….¿qué fue lo que pasó? - Will recordaba a la perfección la visita que había hecho a la mente del detective, pero necesitaba más explicaciones al respecto.

- Estalló una bomba puesta por Gideon cuan…

- No me refiero a eso. - Lo cortó en seco. Estaba adolorado y no tenía tiempo ni ganas de jugar con el detective. - ¿Por qué…

- ¡Will!

Hannibal había llegado y corría hacia su amigo. Cuando estuvo a su lado lo abrazo fuertemente.

- Dioses Will, cómo es que siempre terminas metido en problemas cuando no te estoy vigilando. - Se sacó la chaqueta y lo cubrió. - Ven, déjame mirarte. Creo que solo has tenido una leve contusión, es mejor que te saquemos de acá antes de que te resfríes.

- Doctor Lecter.- Interrumpió Sherlock. - Hay que llevar a Will a un hospital para que lo revisen, además tiene una pista sobre su estómago que debería ser analizada.

La mirada de Hannibal era frío como el acero, si de él dependiera hubiera estrangulado al detective ahí mismo. Ya tenía razones más que suficientes para odiarlo, pero esto, exponer a su Will de esta manera había llenado la copa. Se encargaría de él lo antes posible.

- Estoy seguro que sabes lo que significan estos números. - Si voz era afilada. - Will se va conmigo, yo soy su doctor y no se dirá una palabra más.

Se puso de pie y ayudó al detective Graham a hacer lo mismo. Pasándole un brazo por la cintura lo llevó hasta su auto con el cual corrieron a toda velocidad por la carretera hasta la casa de Hannibal. Una vez allí este le vendó las heridas y le limpió el estómago. Se sentía como la virgen mientras limpiaba el cuerpo de Cristo. Sus manos que nunca temblaban se estremecían al contacto de la suave y lastimada piel de Will. Se acercó finalmente a su rostro y le dio un largo y cálido beso. Cuando volvió a abrir los ojos se dio cuenta que su querido amante se había desmayado otra vez. Nuevamente no sabría cómo besaba Will por libertad propia.

Lo arrastró hasta su cuarto y lo metió en un suave pijama de seda negro. Mientras lo tendía sobre la cama, Will entre abrió los ojos y estiró la mano para acariciar a su amigo. Hannibal no dejó pasar la ocasión y lo besó otra vez con renovada intensidad.

- Eres mío Will Graham…no vuelvas a perderte. Le susurró mientras le besaba el cabello pasado a pólvora. Will lo observaba como a través de un vidrio. Tratando de convencerse si aquello era cierto o no.

- Yo…Doctor Lecter… - Los besos de Hannibal le hacían cosquillas en el cuello. - Yo…tengo miedo de ti.

Hannibal lo miró. Aquellas palabras fueron como cuchillos en su corazón de piedra. Hace un par de horas atrás Will jamás (de los jamases) le hubiera dicho eso, pero ahora, luego de perderse con aquel británico ¿dudaba de él?

Una finas lágrimas corrían por las mejillas de Will mientras quedaba inconsciente otra vez. El Doctor Lecter se acomodó junto a su amigo en su gran cama victoriana y lo rodeó con su brazos, tratando de absorberlo, tratando de capturarlo para siempre en su extraño y enfermizo amor.

- Esta bien que me tengas miedo Will. Así cuando llegue el momento y yo deba matarte, sentiré que al menos lo sabías... Te amo.

Y diciendo eso, durmieron tranquilamente entrelazados como ángeles caídos en la desgracia del amor. Sabiendo que mañana sería probablemente el último día para alguno de ellos.

O quizás para Sherlock y John.