¡Hola! Lo sé, todos me quieren asesinar. Soy la pero persona que existe. No saben si Peter va a morir y los dejo meses esperando. Pero la espera terminó, la mente se me aclaró después de meses. E hice un pequeño esfuerzo por la insistencia de una pequeña personita a la que, por ser hermosa y ayudarme y alabarme, la metí en el fic lalalalalala. Espero que les guste el cap.

Sin más preámbulos.


Estaban a punto de cruzar la barrera, pero de repente, Peter chocó con algo, algo invisible. Annabeth estaba al otro lado, a salvo, pero él no podía cruzar. Sus padres lo intentaron con todas las fuerzas que pudieron invertir en un momento de tensión así, al ver que no pasaba nada ella empezó a llorar de desesperación mientras Percy maldecía a todo lo que pudiese. La serpiente se acercaba y, en pocos segundos, se encontraba al frente del muchacho. Con una mirada malévola alzó el cuello y lo miró desde arriba con una sonrisa perversa de dos incisivos. Ninguno pudo evitar emitir un chillido, en especial Peter, quien ya sentía como la muerte caía, literalmente, sobre él.

Sin embargo, la hoja de una espada le cortó por un instante la vista. Es decir, pasó tan deprisa ante sus ojos que no distinguió con claridad que lo había causado. El chico sacudió la cabeza de un tirón y pestañeó varias veces para poder ver qué había ocurrido con su asesino. Aunque no pudo ver mucho, por la velocidad con la que ocurrían las cosas, vio una figura bailando una danza mortal con la criatura de dos cabezas, empuñando una espada y gritando de valor. En un par de segundos, la sombra había logrado clavar su espada en los cuatro ojos de la Anfisbena, haciendo chillar de dolor a esta y dejando su cuerpo en el suelo, desmayado de dolor. La persona se acercó y sólo cuando la tuvo en frente pudo ver que era una chica.

¿Estás bien? —La expresión de preocupación en su rostro se notaba sin esfuerzo. Pero Peter fue incapaz de responder, había reparado en lo hermosa que era la muchacha. Sus ojos eran grandes y de un azul índigo impresionante, su rostro estaba cubierto de millones de pecas, su tez era blanca y tersa a la vista, y su pelo liso y de un negro azabache, que le llegaba mucho más allá del final de la espalda, ondeaba con el viento, formando grandes bucles al final. Llevaba una túnica blanca hasta las rodillas, ajustada con un pequeño cinturón dorado, y unas sandalias largas que se enrollaban como ramas de oro en sus pantorrillas, su aspecto le daba un toque de diosa griega. Pero la manera en que la había visto luchar, su fuerte delineador negro bajo sus párpados, y el aura que lograba personificar le indicaban que era más que eso: era una guerrera—. Vamos Peter, no te quedes allí.

—Sí, eso creo. —No habló con mucha claridad, mientras lo hacía no podía evitar fijar la vista en sus carnosos y rosados labios. Se incorporó torpemente y contempló la criatura en el suelo— ¿Está muerta?

Ella negó con la cabeza y se acercó a la Anfisbena, con seguridad, y al llegar hasta ella la miró con desdén y clavó su espada con rudeza justo en la primera cabeza. Del muslo, sacó su otra espada, que al chico le pareció algo diferente por el pequeño resplandor dorado que emitió al ser alzada, y la clavó en la segunda cabeza. Al instante la serpiente mutante se desvaneció en una gran nube de humo negro, ante la cual Peter no pudo reprimir una tos repentina.

—Ahora lo está —la segunda espada que sacó la volvió a guardar con un toque misterioso que hizo fruncir el ceño al chico, y la otra la cargó a sus espaldas con una sola mano, como si pesara menos que una pluma. Se volvió hacia él y le dedicó una pequeña sonrisa que le puso la piel de gallina, algo le decía que no era esa típica chica de las que sonreían a cada segundo, así que se sintió maravillado al ver sus dientes blancos ligeramente asomados. Tragó saliva e intentó prestarle atención—, deja que te ayude a entrar.

Ella extendió una mano hacia él y sin pensarlo, él alargó la suya hacia ella. La chica limpió la hoja de su espada en el antebrazo derecho de Peter, mientras pronunciaba unas palabras en un idioma totalmente desconocido para él, del que sólo pudo escuchar «Artemis Agrotera» entre un farfullo rápido y confuso. El líquido negro poco a poco se fue fundiendo con su piel y él, asustado, llegó a pensar que intentaba convertirlo en monstruo, pero sólo se difuminó en un polvo brillante y dorado, formando en su brazo una forma extraña y redonda. La chica guardó su espada y le invitó con una seña de mano a pasar por el mismo lugar que había intentado momentos antes.

Al girarse, se dio cuenta de que había olvidado por completo que no estaban solos, y que allí se hallaba su familia, un ligero rubor se asomó por sus mejillas y, bajando la mirada para que no fuese tan notorio, se dirigió con paso decidido a cruzar la barrera. Cuando se hubo milímetros de esta cerró sus ojos, asustado, y dio un paso. Pero nada le detuvo, a excepción del gran abrazo de su madre, quien aún daba pequeños sollozos. Se liberó de la prisión de sus brazos, para no avergonzarse en frente de la chica y fue directo al lado de su padre, de quien sólo recibió una mirada aliviada. Enseguida, Annabeth corrió hacia la que era su salvadora y la aprisionó igual o peor que a su propio hijo.

¡Por Parias Atenea! No sabes lo mucho que te agradezco Thalía. Eres la mejor. —La soltó y le dedicó una sonrisa de oreja a oreja a su gran amiga.

—Annie, sabes perfectamente que no tienes que agradecer. Cualquier cosa por mis sobrinos. —Le guiño un ojo a Peter y él sólo se sintió caer a la tierra, a la realidad. Aunque la palabra la hubiese dicho en tono burlón, esta le cayó al muchacho como cubeta de hielo estrellada en sus propias narices. Se quedó sin habla y se limitó a observar, sin ninguna emoción posible.

—Ay, déjate de tonterías. Tú y tus formalidades. —La rubia le respondió entre risas, girándose para contemplar a su esposo con un suspiro.

—Bueno, eso son para mí. —Avanzó con grandes zancadas hasta Percy y se paró en frente suyo, con pose desafiante y apoyando el dorso de sus manos sobre su cintura— ¿Y a ti qué, Jackson? ¿Acaso Hermes te robó el habla? ¿No me vas a saludar, sesos de alga?

—Claro que sí, rockerita. —No pudo evitar darle un gran abrazo, aunque seguía sin gustarle la manera en que ella decía el apodo que Annabeth le había puesto, en estos años había desarrollado un gran sentimiento por su vieja amiga. La soltó y todos se encaminaron a continuar su paso al campamento. Percy retrasó un poco el paso, para conseguir estar al lado de su esposa y tomarle de su mano, Annette iba callada al lado de Thalía mientras apretaba a su mascota y Thalía no dejaba de contar su última misión animadamente a sus amigos mientras que Peter no salía de su impresión de haberse fijado en su tía y, de haber sido maldito con sangre de serpiente mutante de mal aliento.

¡Guau! tía Thals, eres impresionante. —Cuando la cazadora terminó sus relatos la pequeña de los Jackson la tomaba de la mano y la miraba con ojos brillantes, maravillada con ella. —Quiero ser igual a ti, una cazadora de Artemisa.

—Bueno, no hay que adelantarse pequeña. —Apresuró a decir su padre, quien ligeramente se había ruborizado por el entusiasmo de su hija. Él nunca le desearía eso a ella. No sabía que era peor, soportar a cualquier idiota que dijese que la amaba o que buscara su felicidad sin conocer el amor verdadero. Ninguno era una buena opción.

Thalía y Annabeth al ver la expresión de Percy no pudieron evitar estallar en carcajadas, sabiendo el motivo de su repentino cambio de humor. Ya terminaban de atravesar el bosque y se podía ver asomos de una estructura. Los recién llegados se dieron cuenta de que se habían concentrado en su amiga y no habían preguntado por el campamento. La hija de Atenea tragó ligeramente saliva y se atrevió a preguntar lo que su marido no quería.

¿Hay…? —Se aclaró la garganta, sin saber la razón de su nerviosismo pero consciente de que debía de haber una razón para estar allí. Sólo que no sabía qué tan grave podría llegar a ser. — ¿Hay algún problema?

La expresión de su amiga no fue ni de preocupación ni de burla, sólo mostró tranquilidad. Los miró fijamente y luego de un momento ladeó la cabeza, sonriendo un poco.

—Cambios, no problemas. Pero de seguro se van a sorprender. —Se adelantó unos pasos para apartar la gran rama que había en frente; lo único que les separaba de la nueva realidad.

La chica no bromeaba. Si Percy no tuviera la mano de Annabeth entre la suya, de seguro se hubiera caído de espaldas; aunque ella lo sostuvo con esfuerzo, porque también se quedó con la boca abierta.

El tiempo rústico del campamento había acabado. Se alzaba ante ellos una edifico moderno que, excepto por el material de madera vieja, parecía una escuela. De dos pisos y con ventanales grandes, ¿cómo era posible que el lugar hubiese cambiado tanto? Este era tan grande que, en un principio, las cabañas no se veían, sólo hasta rodear la estructura consiguieron verlas. La organización era diferente. Al lado del edifico aún estaban las mesas en las que se reunían por casas y la gran montaña de escombros que solía dar lugar a la fogata seguía en el centro de todo. Pero las cabañas eran más grandes, con un aire menos a campamento y más a conjunto de casas de roble cortado. Conservaban su color natural, y se distinguían, como siempre, por las características de cada dios. Las tres primeras casas, se veían oscuras, como si nadie las hubiese habitado desde hacía tiempo. La cuarta estaba rodeada de un bello campo de flores, tomates y un pequeño árbol de duraznos, con el toque primaveral de las hijas de Deméter. La cabaña Ares conseguía adoptar un aspecto cálido, de televisores y juegos, con armas por doquier y el desorden de la casa cinco. La cabaña de Atenea, en sexta posición, parecía blanca y pálida, con cierto parentesco con el Panteón. La séptima gritaba un aura misteriosa de unión, magia y pequeña arrogancia interna, con dianas improvisadas en el jardín, colocadas por los hijos del dios del sol. Para su sorpresa, la octava casa estaba en movimiento y las cazadoras de Artemisa tenían secando sus armas, túnicas y sandalias doradas. En la cabaña de Hefesto se podía palpar la suciedad, el desorden y el olor a metal quemado. A su lado, desentonaba con la pulcra, limpia y perfumada casa de las hijas de Afrodita, adornada en las ventanas con las flores más rosas y femeninas. En la cabaña de Hermes se podía escuchar las risas, por algún relato de bromas y asaltos, pero lo que más resaltaba era un pequeño monumento dorado con forma de zapatillas aladas en la derecha del jardín. Para terminar la hilera de las casas principales se hallaba la casa número doce, distinguidamente negra y con la música de Metallica a punto de estallar las ventanas. Detrás de esas primeras doce se podía ver que habían muchas más casas, seguramente de los dioses menores, pero no se notaban mucho, los dioses olímpicos lo opacaban todo. El campo de batalla se veía a lo lejos, más grande y con nuevas cosas.

En fin, no se reconocía nada del viejo Campamento Media Sangre. Thalía los guió en silencio a una pequeña casa que había justo al lado del comedor, cuando llegaron allí les abrió la puerta y les indicó con un gesto que siguieran. Al entrar, escucharon voces muy familiares, y cayeron en la cuenta de que estaban en la casa del dios del vino.

—Dionisio, no podemos permitirnos disminuir la guardia. Estamos en tiempo de lucha, luego de dos décadas en tranquilidad deberemos luchar por nuestras vidas. —Quirón lucía enojado mientras observaba como el otro organizaba su colección de vino más vieja.

—Mira Quirón, los chicos necesitan aprender y luchar, eso es suficiente. —Se había ablandado un poco tras la muerte de sus únicos hijos en la gran batalla. Sólo un poco—. Además, deben mantener impecable esta porquería de sitio y más ahora, con las remodelaciones. Para la guardia, las cazadoras pueden rascar sus ombligos a la espera de algo innecesario.

—Espere un momento, señor exigente. Mis cazadoras vinieron a aprender, no de sirvientas de un dios inútil.

Tan sólo cuando Thalía interrumpió la conversación, ambos se percataron de la presencia de los invitados. El centauro miró a todos con alegría y Dionisio no mostró emoción alguna, sólo fastidio hacia la cazadora.

— ¡Percy! ¡Annabeth! Qué alegría verlos. —Quirón los ahogó en un abrazo único y les dedicó una gran sonrisa. Miró a los más pequeños con sorpresa y dirigió la mirada a sus padres en busca de respuestas.

—Lo mismo digo. Quirón, estos son nuestros hijos: Peter y Annette. —La niña sonrió con timidez, mientras que el chico miraba su cuerpo con asombro. La criatura repitió el abrazo con ellos y a su espalda, se escuchó una risita burlona de Dionisio al escuchar sus nombres.

—Bueno, ¿en qué podemos ayudar? Veo que las cosas no son como antes —inquirió la hija de Atenea.

—Exacto, por eso mismo los necesitamos aquí. Resulta que a Quirón se le ocurrió una grandísima idea —el dios revoloteó sus ojos y continuó con aburrimiento—: incluir una escuela en el campamento. Así los chicos pueden vivir aquí, sin necesidad de salir al peligro del mundo exterior pero continuando su entrenamiento como semidioses.

—Pensamos en todo, como se pueden dar cuenta, hemos implementado muchas cosas y las suficientes para que sea una escuela respetable. Sin embargo, nos hacen falta profesores. No tenemos.

—Así que piensan "reunir a la vieja banda" para que enseñen. Ése es el plan 16 C. —Thalía enfatizó la frase con sus dedos y luego los miró con mofa.

¿Y qué hacen las cazadoras de Artemisa aquí?

—Bueno Jackson, la señora decidió que tal vez era mejor que aprendieran aquí para no abandonar su vida por completo y de vez en cuando, acompañarla en sus misiones. Que son pocas, considerando que el peligro ha disminuido.

¿A qué te refieres con disminuido? Los monstruos siguen existiendo, nos acabamos de encontrar a uno, ¿recuerdas?

—Sí, pero ya no es como antes, los últimos años se puede decir que han casi desaparecido terrenalmente. Pero según Hades, el inframundo bajo está repleto de ellos —Quirón explicó seriamente—. Es muy sospechoso.

—Pero hay más. El estudio de los chicos necesita empezar cuanto antes, porque Rachel... —Su amiga los miró con preocupación— Tuvo una nueva profecía.

Con esas últimas palabras la pareja pasó saliva, y asintieron rápidamente. Recordaban que al atender el llamado de urgencia ella había mencionado una visión, pero no una profecía. No era usual que hubiera una nueva profecía que los incluyera a todos si se supone que había tranquilidad. Aunque todo era relativo, las pasadas duraron varios años en cumplirse, pero Quirón tenía razón: no podían bajar la guardia.

—Aceptamos.

—Esto está bastante bien.

Percy estaba realmente asombrado con los cambios y no paraba de insistir a sus hijos lo mucho que eso le habría ayudado a adaptarse años atrás. Ellos dormirían en la casa del dios salado, por supuesto, aunque Thalía les había explicado que era temporalmente, mientras que organizaban todo en la nueva cabaña de héroes. Ellos no eran los únicos maestros, ni los únicos con hijos; a decir verdad, ninguno de sus amigos había desaprovechado el tiempo. Así que los niños vivirían en la cabaña de los hijos de los semidioses: los "héroes". Ellos, por su parte, debían hacerse lugar en una cabaña aparte para los maestros. Quirón había insistido en que los campistas no aceptarían que los vigilaran de noche mientras dormían, y debían cuidarse de las bromas. Todo era muy confuso.

—Como digas. —La actitud de Peter no había mejorado. Su celular había muerto, se quedaría sin novia, se había fijado en su "tía" y debía vestir de una manera ridícula. La pesadilla de todo adolescente.

Pero ninguno de sus padres le prestaba atención, se habían resignado a que se adaptara a su manera. Estaban bastante bien recordando su infancia y sintiéndose en casa como para pelear con un niño malcriado que no quería aceptar su destino. En el campamento todos los reconocían, les daban abrazos y les deseaban una buena estadía. Y el chico ni si quiera podía ver lo maravillosos que eran sus padres, para él era su mayor humillación. No tuvo que preguntar quién era la mujer de rizos rojos que los ahogaba en un fuerte abrazo, descargaba en ella toda su rabia y la culpaba de haber sido forzado a dejar su vida perfecta en la ciudad. Así que, cuando sus padres y su hermana estaban a punto de entrar a otra diminuta casa, se fue y se perdió entre los campistas. Estando a dentro no pudieron contener sonrisas de admiración. La cabaña era muy confortable, llena de pinturas de arte y objetos extraños por los que prefirieron no preguntar. Se sentaron e intentaron disculparse por la reacción de su hijo.

—No se preocupen, no lo culpo por no venir a saludarme. —Aunque se podía notar un poco la tristeza en sus ojos, Rachel no hizo ningún otro comentario acerca de Peter; dejó que siguiera concentrado en su reproductor, lo único que le quedaba. — Mejor cuéntenme qué les parece las remodelaciones y la idea de ser maestros.

—Te puedo decir que mi sueño nunca fue ser profesor. —Percy rió ante su propio comentario y se acomodó en el sofá, abrazando a la pequeña Annette.

—Todo está bastante bien, algo diferente, pero bien —Annabeth miró a su amiga con preocupación. No quería arruinar el momento pero no podía quitarse la angustia que tenía, así que debía ser directa—, no mencionaste la profecía.

—Lo sé. —Rachel suspiró—. No quería preocuparlos. Creí que era mejor inventar lo de la visión a decirles la verdad.

¿Es así de mala?

—Pronto lo sabrán. —Su nerviosismo no ayudaba. Hizo un gesto con la mano, como restando importancia del asunto—. Pero eso será después. Por ahora, hay que esperar a los demás y que se conozcan. No es momento de preocuparse.

¿Cómo puedes estar tan segura?

—No por nada soy el oráculo, aguado. —Se mofó y luego pareció pensar algo—. Es más, para demostrarlo les contrataré a la mejor guía que tenemos en el nuevo campamento… ¡Lena!

La pareja intercambió una mirada confusa y esperaron a que apareciera la chica que Rachel había llamado. En la parte de atrás se escucharon varios ruidos hasta que apareció una figura. Se fue acercando sin ninguna timidez y los miró con alegría. No era necesario hacer conjeturas sobre quién era. Había cambiado mucho, pero era la misma Helena de siempre. La hija de su amiga había crecido bastante desde la última vez que la habían visto. Era más alta, más esbelta y sus rizos color fresa claros le llegaban a la cintura. Aparentaba más de los dieciséis años que tenía y vestía una túnica, a la manera de las cazadoras.

—Lo siento, mamá. Estaba buscando un recipiente para darle al gatito un poco de agua. —En una pequeña taza sirvió agua y, por primera vez, Loui salió corriendo de los brazos de Annette para refrescarse. — Me alegra mucho verlos.

—Ha pasado mucho tiempo, ya no eres la pequeña niña que jugaba con espaditas. —Annie la abrazó y se volvió a sentar.

—Bueno, el tiempo nunca descansa.

—Tienes razón. Entonces, ¿nos mostrarás los cambios?

—Por supuesto que sí. Annie, si quieres, él se puede quedar aquí, así duerme un poco. —Helena le habló a Annette con una sonrisa y ella asintió satisfecha.

Salieron de la casa y la pequeña le agarró la mano a la pelirroja. Se sentía más segura cuando tenía un reemplazo de hermano mayor. Peter nunca la había apoyado en nada y, aunque sabía que él la quería, no sentía que realmente le agradara. Giraron a la izquierda, se podía ver un campo de batalla, los campistas rodeaban una escena que no podían ver. Helena pidió permiso para que les abrieran un espacio y Percy no se sorprendió al observar quién peleaba. La melena castaño rojizo estaba recogida en un gran moño y daba grandes gritos de batalla. Su acompañante se reía de los movimientos de su compañera y le daba una gran batalla. Sin embargo, Clarisse no se dejaba vencer delante de un montón de mocosos, así que remató en una descarga de energía y le robó la espada al hijo de Hermes y se la colocó en la garganta. Todos aplaudieron y a ella le brillaron los ojos de alegría.

—Bien, ahora todos en pareja e intenten repetirlo. Si es que pueden. —Gritó y todos se retiraron a hacer lo que ella había mandado.

—No creas que voy a dejar esto así. —Chris la miró desafiente, pero era algo natural entre ellos. Con tan sólo mirarlos se podía palpar la pasión que había crecido con los años.

—Ejem. —Helena no pudo evitar anunciarse, en otro momento no lo hubiera hecho pero había una pequeña delante de ellos.

¡Vaya! Ya era hora de que llegaran. —La hija de Ares se cruzó de brazos, pero su sonrisita indicaba lo feliz que estaba de verlos.

—Bueno, alguien tenía que ir poniéndote en tu lugar, sabiendo que ni tu esposo puede hacerlo.

—Cuidado Jackson, no te quieres ganar una cicatriz en tu cara de príncipe. —Chris bromeó y le dio una palmadita en el hombro a su amigo.

Se sentía tan bien estar juntos de nuevo, en su verdadero hogar. No podía esperar a que llegaran los demás. Aunque ninguno de los dos estaba seguro de a quiénes se refería Rachel. Lo que más importaba era que todo sería como antes, todo diferente, pero como antes.

Annabeth iba a agregar algo a la interesante conversación cuando apareció una hija de Hermes. En su aura se notaba que era descendiente del dios mensajero pero sus zapatos alados se lo confirmaron. Venía tan apurada que casi tropieza con Clarisse, ella iba a gritarle hasta que vio su cara llena de miedo.

—Ami, ¿qué pasa? —apoyó su mano en la espalda de la chica para intentar calmarla.

—Deben venir… rápido. Es… —tragó saliva. No sabía cómo explicar lo que acababa de ver. Ellos no duraron en seguirla y cuando vieron una figura arrastrándose en el piso sacaron sus espadas. Una chica intentaba con todas sus fuerzas levantar a la persona del suelo, pero ella también se veía herida.

—Identifíquense. —Chris anunció con voz firme, debían desconfiar de cada desconocido, eran tiempos difíciles.

No estaban solos, rápidamente Quirón y Thalía estaban a su lado, ambos preparados para alguna amenaza. Sin embargo, todos callaron cuando el ser levantó la cara.

Su cabello rubio estaba cubierto de barro, y su cara estaba llena de moretones. Sus ojos verdes reflejaron piedad y dolor. Estaba claro que ambos habían sido atacados. El chico intentó incorporarse pero le fue imposible, pero su intento bastó para que todos lo reconocieran. No llevaba cicatriz, pero sus rasgos estaban intactos. Nadie emitió algún sonido, pero la sorpresa los invadió. Después de tanto tiempo era él…Era Luke Castellan.


¿Reviews? ¿Reviews? ¿REVIEWS? Lo sé, ahora me aman. Pero no se fíen, no todo es lo que parece. Así es Ami, ahora eres parte del fic al que has seguido tanto. Me falta darles las gracias por el apoyo a pesar de la demora, espero que haya valido la pena. El caso, juro darles otro cap pronto no dentro de seis meses. Lo juro por el Ángel. Ahora sí,

Besos.

Nini