Disclaimer: Los personajes y escenarios fueron horneados por el no panadero Rick Riordan.

Halo. Lamento todo el retraso que he tenido con esta historia, siento que los traiciono y me traiciono a mí misma. En fin, espero que no les parezca una total pérdida de tiempo leer este capítulo, ya que, aunque admito que esperaba algo mejor de mí, mi cerebro está quemado por los nervios de mi pobre realidad.


Identifíquense. —Chris anunció con voz firme, debían desconfiar de cada desconocido, eran tiempos difíciles.

No estaban solos, rápidamente Quirón y Thalía estaban a su lado, ambos preparados para alguna amenaza. Sin embargo, todos callaron cuando el ser levantó la cara.

Su cabello rubio estaba cubierto de barro, y su cara estaba llena de moretones. Sus ojos verdes reflejaron piedad y dolor. Estaba claro que ambos habían sido atacados. El chico intentó incorporarse pero le fue imposible, pero su intento bastó para que todos lo reconocieran. No llevaba cicatriz, pero sus rasgos estaban intactos. Nadie emitió algún sonido, pero la sorpresa los invadió. Después de tanto tiempo era él…Era Luke Castellan.

Iban caminando por el bosque, llevaban días sin haber visto a alguien aparte del uno al otro. Se guiaban por el sol, y el aire húmedo se les metía por los poros. Sabían que estaban cerca, ambos lo presentían, mas la distancia era tan relativa como el tiempo. Ella se quedó por un minuto atrás, mientras recuperaba el aliento perdido lo observó y sonrió para sí misma lo que no había podido sonreír en días. La compañía de Luke era lo único que le motivaba a seguir con su rumbo. Su espalda la hacía sentirse segura, su cabello rubio y sus ojos verdes la reconfortaban y su sonrisa torcida la hacía sentir única. A comparación de él, ella nunca se había sentido bonita o mucho menos merecedora de su poco cariño. Ella era pequeña, pecosa, de ojos verdes y cabello caramelo cortado a ras de la barbilla.

Antes de que pudiera siquiera pensar en ruborizarse, él se volteó y le dedicó una mirada de ánimo y una pequeña sonrisa de agradecimiento. Luke iba con paso decidido, adentrándose en el bosque como si lo conociera mejor que a sí mismo. Ella lo seguía, aunque un extraño sentimiento se lograba prever en su mirada; parecía preocupada. Sin ni siquiera suspirar pensó en lo que podría llegar a pasar. Quería permanecer sola con Luke, recorriendo el mundo y protegiendo su espalda, sin que nadie los juzgara. De un momento a otro sintió que la palma de su mano latía con más fuerza que cualquier otra parte de su cuerpo. Necesitaba sostener la mano de él, retenerlo hasta que se quedaran sin fuerzas. Extrañado por su silencio, Luke miró por encima de su hombro a la chica, retrasó un paso para quedar a su lado y al ver que ella seguía mirando el suelo, llamó su atención sosteniendo su mano y dándole un pequeño apretón. Sorprendida, observó la cálida sonrisa de él y no pudo hacer más que corresponderla. Luke podía hacerla sentir mejor con tan sólo darle una sonrisa de ánimo.

¿Luke? —No pudo evitar hablar con un tono tímido. — ¿Puedo preguntarte algo?

—Claro que sí. —Hablar sonriendo era algo típico de él.

¿Eres feliz? —Lo miró a la expectativa de un futuro para los dos. Sin embargo, la sonrisa de su rostro se borró por un segundo. Carraspeó y le volvió a sonreír.

—Sin ti no lo sería.

Ella no pudo resistirse y le dedicó una gran sonrisa, le gustaba que no pensase en él sino en "ellos".

—Vamos Dhalia, sé que falta poco.

La chica asintió y siguió de nuevo sus pasos, sin estar muy segura de lo que hacía. Luego de años de viaje el corazón se le llenaba de una niebla inconfundible que le hacía dudar de su destino. Como si Luke le leyera el pensamiento, le apretó la mano con más fuerza, como prueba de que él era real, provocando en Dhalia un inmenso alivio.

Dhalia había sido desde niña una chica cerrada. A eso mismo venía su ropa negra y su música rencorosa. Nunca había tenido alguien en su vida lo suficientemente importante para hablar de lo que sentía. Hasta Luke. Él había hecho que se sintiera segura, en ese momento de su vida Luke lo era casi todo. Casi. Pero ni si quiera a él sería capaz de revelar la verdad. Su verdad.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando le prestó atención a su nariz. El aire estaba impregnado de un asqueroso olor. Ambos conocían bien ese olor, también estaba aquella noche, cuando se conocieron. Se pusieron en guardia, con las espadas listas. Luke removió inquieto su mano, era un buen luchador pero nunca se había sentido seguro con esa arma. Hizo un esfuerzo por concentrarse y achicó los ojos para evitar que el aire le hiciera pestañar.

Un destello negro les quitó las dudas. La criatura les lanzó una maniática sonrisa que los hizo agradecer no haber comido nada. Aun así, Luke la miró desafiante, esperando ya el desenlace.

¿Qué quieres? —Espetó con un gritó Dhalia, aunque ya sabía la respuesta.

—Al hijo del maldito, el de voluntad para acabar con su eterna condena. —La harpía alzó sus alas de murciélago con fuerza para enfriar sus almas.

—Yo no soy a quién buscas, ni sé quién me reclama. Pero no dejaré que un triste intento de demonio me arruine lo que he estado buscando por tanto tiempo. —Luke hablaba en serio, se notaba en el tono de su voz.

¿A ella? ¿Es eso lo que buscas? —El chico frunció el ceño confundido. Dhalia se adelantó y le hizo una seña con su espada.

—No te importa. Ahora aléjate, pájaro apestoso.

—Si no me acompañas, te llevaré por la fuerza Castellan. —Sus afiladas garras se asomaron entre sus deformes dedos.

¿Lo ves? No soy yo a quién buscas —eso era más de lo que él podía soportar. Miró con odio a la criatura y le gritó: —Mi nombre es Luke Harris y estoy harto de esto. —Le lanzó su triste espada a la harpía, cortándole una de sus patas.

El aullido de dolor resonó en todo el perímetro, dándoles tiempo de escapar. Corrieron con todas sus fuerzas cogidos de la mano, para no dejarse atrás. No había sido una batalla épica y había perdido el arma, pero necesitaba respuestas y un descanso. Como si los dioses hubieran sabido su peligro, un cartel improvisado con troncos de árboles se asomó por los arbustos. Lo habían conseguido. No disminuyeron el paso, mas avanzaron con más esperanza. No faltaba mucho.

De repente, Luke sintió como lo tiraban por detrás. Sintió como las garras de la harpía se incrustaban en la piel de su espalda y no tuvo tiempo de gritar su dolor cuando esta lo alzó por los cielos y, a propósito, lo lanzó con fuerza contra el barro. Dhalia, paralizada de terror, luchó contra el barro pegajoso hasta que lo encontró. La harpía aprovechó y se lanzó en picada hacia él. Sin corazón le atravesó el hombro con sus garras, llenando sus venas de su único veneno.

Lo último que pudo ver el muchacho con claridad fue los ojos llorosos de la chica y como la criatura se alejaba por los cielos, riéndose de su desgracia. A Dhalia se le paró el corazón por un segundo. Para ella perder a Luke significaba, literalmente, perder la vida. Si Él se enteraba que ella había fallado en su misión, entonces estaría condenada al infierno. Sin embargo, intentó no pensar en ello y, con debilidad, intentó alzar a Luke, recorriendo el poco camino con el joven a rastras.

Así fue que, al llegar a la entrada, la pasó sin dificultad, aun siendo mortal, y gritó con todas sus fuerzas por ayuda. Nadie venía y no `podía cargar más con el peso. Depositó a Luke en el suelo, contemplando sus manos llenas de sangre y barro.

¡Ayuda!

Nadie contestaba y sus lágrimas fueron la única respuesta que recibió. No quería gritar más. No podía gritar más. Cuando estuvo a punto de perder la ilusión, un grupo de personas se acercó. Les sonrió y les hizo una seña de socorro. Mas ninguno se movía. Todos tenían una cara de estupefacción. Entonces lloró de rabia.

¡Por favor!

Nadie se acercaba. No había mucho tiempo. No había mucho que hacer. Quería gritarles lo mucho que lo necesitaba, pero ni si quiera a él había sido capaz de decirle. Por una eternidad sólo la observaron, como si fuera un bicho que aplastar. Casi dio un brinco de alegría cuando Luke se empezó a mover bajo sus brazos, quería levantarse. Pero sólo consiguió mirar al frente y cayó sobre sus piernas.

Nadie respiró. El aire se sintió más pesado. El tiempo más lento. La única que mostraba señales de vida era Dhalia, que no dejaba de gritar para que la ayudaran. Él no resistiría por mucho tiempo, la sangre se iba de su sistema. Sin decir una palabra, Chris se acercó con cautela y pasó uno de sus brazos por su espalda. Todos fueron reaccionando poco a poco, excepto una persona.

De repente, como si el sentido común le hubiera llegado de la nada, la hija de Zeus les impidió el paso con una expresión de horror.

¿Qué creen que están haciendo? ¿Están ciegos? —La espada en su mano se reafirmó y apuntó directamente al cuello del joven indefenso. —No permitiré que este imbécil entre aquí. Sobre mi cadáver.

—Pero se está muriendo, ¡ridícula sin cerebro! —La desconocida le gritó con todas sus fuerzas, sin entender cómo alguien podía ser tan insensible.

—Por mí, ¡maravilloso! —No se notó ni un poco de sarcasmo en la voz de Thalía. Antes de atravesar al engendro que tenía en frente, observó a la chica y preguntó con desdén: — ¿Y tú quién eres?

—Soy Dhalia y lo único que necesitas saber de mí es que no dejaré que Luke muera.

Llena de sorpresa, frustración y enojo le mandó una patada al chico en el estómago, apoyado aun en Chris, dejándolo sin aliento. Tiró la espada al suelo y los miró a todos con profundo desprecio.

—Héroe del Olimpo y todo lo que quieran, pero pagarán todos por esto.

No hubo nadie que no se quedara viendo cómo la cazadora se iba, con porte de diosa herida y sin corazón en el pecho.

—Cuéntanos más Dhalia, por favor. —Percy se dirigió a la chica entre risas.

Era ya la hora de la cena y todos estaban reunidos en la mesa preparada sólo para ellos. Era extraño no comer en sus respectivas mesas con sus hermanos, aunque así se sentían más como una familia que como un grupo de amigos. Incluso Clarisse disfrutaba de la velada, a todos les había caído bien la chica que había llegado de la nada. Bueno, a todos los que estaban reunidos en la mesa. No habían visto a Thalía desde la mañana y ninguno se preocupaba lo suficiente. Todos eran conscientes de que era mejor que estuviera lejos a limitarse a hacerles a todos la vida imposible. No era culpa de ella, quizá sólo un poco, pero ésa no era excusa para que su actitud rancia regresara.

Habían pasado todo el día haciéndose a la idea de lo que había pasado. Al final, Quirón explicó que era la reencarnación de Luke la que había aparecido en sus vidas, no el verdadero Luke. Sin embargo, era una mala coincidencia de Némesis que llevara el mismo nombre. De alguna manera todos estaban preocupados. Annabeth se debatía entre lo que esta aparición (y Dhalia) le haría al corazón de su amiga y el hecho de que Luke ahora volvía con ellos, mucho más joven, pero seguía siendo su alma. Chris quería recuperar el tiempo perdido con su hermano, pero no sabía si seguía siéndolo ya que no se sabía si era un simple mortal o un semidiós y, si lo era, no se sabía quién era su padre o madre. Percy se alegraba de que Luke lo hubiera conseguido pero ahora su nueva vida también corría peligro a causa de la pelea con la harpía. Rachel tenía razones de demás para preocuparse pero no quería mencionar nada a nadie, no todavía. Y Dhalia tenía la cabeza en otro lado.

Al recién llegado lo habían dejado en la enfermería, en una esquina, apartado y donde nadie pudiera ver su conocido rostro. Él dormía mientras le extraían la mayor cantidad de veneno antes de que llegara a su corazón. Dhalia no quería dejarlo, pero todos estaban de acuerdo en que debía comer y que a él nada podría pasarle en aquel lugar; después de todo, era su casa. Se veía muy bien en paz. Le habían limpiado la sangre y el barro y vendado sus heridas. Su cabello rubio estaba intacto y se veía justo como antes, antes de que su alma se hubiese hundido en una maraña de odio provocada por el abandono de todos los seres que alguna vez había amado. Era tan puro como hacía veinte años y aun en sus presentes veinte años parecía que el tiempo no le afectara en absoluto.

No estaba solo, sólo que él no lo sabía. Nadie lo sabía. En silencio, la cazadora perdida había aprovechado el momento en que todos se contaban historias cursis de sus vidas para visitar al disturbio de su mente. No sabía que sentir, no sabía que pensar, no sabía cómo ser ella. Sin tener ni un sólo prejuicio desde la mañana, se acercó lentamente a la camilla donde descansaba el cuerpo de Luke. Su Luke. Suspiró y retuvo el poco aire que le quedó en su estómago para evitar perder los estribos.

Había sido feliz los últimos veinte años. Había ayudado a las personas. Había sido cazadora y había dejado de sentir. Pero muy dentro de sí, Thalía era consciente de que nada de eso era posible si él estaba en su vida. Lo creyó muerto, en el Infierno. En los Elíseos, pero en el Infierno. Sabía que era posible que renaciera, pero en otro continente, otro rostro y sin ser él. No tenía razones totalmente válidas para odiarlo. Nadie las tenía, después de todo él había sido uno de los más grandes héroes del Olimpo. Todos lo adoraban, habían olvidado sus momentos oscuros y lo idolatraban. Pero Thalía no podía, para ella siempre iba a ser la persona que le había roto el corazón, más de una promesa y su interés por el amor.

Se sentó junto a él y lo contempló con seriedad. La luz de la luna hacía que la tez de ambos se viera más pálida. Thalía alargó una mano, pero se retractó cuando estuvo a punto de sentir su mejilla. No creía que podría perdonarlo alguna vez. Aunque debía admitir que era bueno verlo y que el ente que tenía en frente ya no era el mismo Luke Castellan del que alguna vez se había enamorado. No quería que muriera, pero no sabía cómo vivir con la idea de que su alma estaba a su lado. El sólo mirarlo hacía que todos los recuerdos de su niñez hablaran por sí mismos y no sabía cómo evitarlo. No sabía cómo evitar el hecho de quererlo. No quería quererlo pero ni si quiera una cazadora es tan bendita de tener la suerte de no amar. Además estaba esa tonta chica que lo acompañaba, le recordaba a alguien pero aun no sabía a quién; y siendo sincera, prefería no averiguarlo. No conocer a la chica era la mejor manera de odiarla por sólo el hecho de existir.

Su vida estaba llena de negaciones.

Cuando estuvo a punto de irse e intentar retomar su vida, Luke empezó a toser. Volteó con una mirada desafiante y prevenida a su rostro y él respiró profundamente. Sus ojos se encontraron. El flujo de la normalidad se rompió, en tan sólo una mirada se pudo palpar la intensidad de sus cuerpos, la cercanía de sus almas. Luke sonrió y Thalía se enfadó, se maldijo tanto a sí misma por su encanto que quitó la mirada. Sus ojos eran demasiado para ella, incluso cuando antes eran grises y ahora eran más verdosos, seguían teniendo ese brillo soñador y optimista de siempre.

—Hola.

Ella no quiso responder, sólo levantó un poco la mano y sonrió de manera irónica.

—Soy Luke. Luke Harris. —Su actitud no le borró la sonrisa y le extendió su mano débilmente.

—Lo sé. Soy Thalía. Grace, pero sólo dime Thalía. —No quería ser mala con él, se suponía que no se conocían. Se suponía que no se habían amado. Se suponía que no era "Castellan".

¿En dónde estoy?

—Es el campamento mestizo, nada especial. —No sabía cómo escapar de allí, quería largarse y dejar de hablar como si no estuviese molesta, como si no quisiera odiarlo.

—Lo logré entonces. —Su voz se escuchaba alegre y entusiasta. A ella le entraron ganas de vomitar. —Por cierto, ¿sabes dónde está la chica que me acompañaba?

—Dhalia. —Thalía pronunció el nombre como una blasfemia. Él no lo ignoró. Sólo bastó eso para romper su atmósfera. Ella tampoco lo ignoró. —Está comiendo

—Genial.

—Uhum.

De sonrisas y saludos pasaron a mirarse de una manera extraña. Dos semidesconocidos que desconfiaban de la presencia del otro. Un silencio incómodo y reflexivo se plantó delante de ellos.

—Me tengo que ir —ella, como siempre, huyó de cualquier sentimiento. Se incorporó y lo miró por última vez—, tengo cosas más importantes que hacer.

¿Y? ¿Se supone que debes pedirme permiso para irte? —Luke se cruzó de brazos y alzó una ceja.

—Deja de hacerte el importante e intenta no morir. —Frunció el ceño y se alejó de él.

—Como si realmente te importara.

Así se conocieron en esa nueva vida. Thalía no se sorprendió de que incluso después de haber estado en el Inframundo él siguiera siendo tan terco, orgulloso y fiel. Luke sintió algo más cuando la vio, sentía que conocía a esa chica pero no sabía cómo. Sin embargo, ya no era como antes, no existía ese lazo invisible que los unía. Ahora él había conocido a Dhalia primero y sentía que le debía a ella la vida. Ninguno se imaginaba lo que en realidad podría llegar a pasar. Ninguno se imaginaba que, mientras que Thalía huía al bosque con su arco en su espalda y Luke intentaba dormir sin pensar en lo que había sentido, alguien los observaba. Alguien con una melena roja resplandeciente en la noche, alguien que sí sabía lo que pasaría a continuación.

Los siguientes días pasaron tranquilamente. Sin presencia de monstruos ni luchas que dejaran demasiados heridos; sólo lo normal en prácticas. Para entonces Dhalia ya era conocida y le gustaba presumir de su agilidad con un arma en especial: el arco. Mientras tanto, Thalía se había dedicado a observarla detenidamente sin decir nada desde los árboles a cualquier hora; no confiaba en ella, había algo que le instaba a ser precavida. También había aprendido a ignorar a Luke, él se dedicaba a aprender algo de la vida en el campamento y un poco de su historia. Se sabía que era un semidiós, no un mortal, y además hijo de Hermes, de nuevo.

No se pudo retener por mucho tiempo el impacto que causaba en la gente, así que hizo sus propias averiguaciones, sin descubrir más de lo superficial. Al final (y por consejo de Percy) decidió ir al punto y preguntar a Annabeth. Una tarde cualquiera, justo antes del atardecer, la vio sola, en una computadora. Se acercó a ella y se sentó a su lado.

—Hola.

—Hola —Ella le devolvió la sonrisa y bajó la pantalla del aparato, para prestarle mayor atención—, ¿cómo has estado?

—Bien, adaptándome al lugar. —Torció la sonrisa y miró al horizonte, tratando de ordenar sus ideas—. Quería preguntarte algo.

—Adelante.

—Bueno… Quisiera que me hablaras de Luke Castellan. —Pronunció el nombre en un susurro, se sentía incómodo sobre el tema.

—Oh. —Annabeth miró su rostro y bajó la mirada— ¿Estás seguro?

—Sí, estoy harto de que la gente hable a mis espaldas sin que yo me enteré del porqué.

—Bien. —Reprimió una sonrisa. De alguna manera, hablaba como él, lo que lo hacía más extraño aun—. Espero que hayas oído alguna vez de la gran Batalla que hubo hace mucho tiempo en Manhattan.

Él asintió, esperando a que continuara.

»Entre los semidioses de aquella época destacaba un hijo de Hermes. Él era un gran amigo, hermano y excelente con la espada. Su nombre era Luke Castellan. Le encantaba su vida en el campamento, siempre haciendo bromas e iniciando a los nuevos. Pero con el tiempo, algo dentro de sí cambio. Algo faltaba. Su corazón se estaba volviendo oscuro y lleno de odio hacia su padre, hacia los dioses, hacia su vida. Hizo cosas malas, muy malas, de las que estoy segura de que se arrepintió. Sin embargo, nada fue tan malo como dejar que Él entrara en su cuerpo. Así es, Luke fue poseído. Y no por cualquiera, sino por el mayor de los titanes, el más malvado y el de mente corrompida: Cronos. Desde ese momento Luke dejó de existir y en su cuerpo habitaba el titán. ¿Por qué él? Bueno, porque era fuerte y tenía voluntad de héroe. Esa es la mayor verdad: él era un héroe. Aunque no se pudo hacer mucho, él decidió quitarse la vida para que Cronos no consiguiera su objetivo. Es por él que aun el mundo es como lo conocemos.

»Luke era mucho más que mi amigo. Era casi mi hermano. Nunca conoceré a alguien tan leal y decidido a luchar por los que ama.

—Así que murió… —Frunció ligeramente el ceño, no entendía que tenía que ver ese chico con él.

—Sí, pero terminó yendo a los Campos Elíseos. Donde su alma merecía estar. —Ella paró un momento y se fijó en la expresión que él tenía en su rostro. Así que continúo—. Aun así, prometió renacer.

¿Crees que lo hizo?

—Estoy segura de eso. —Sonrió de oreja a oreja, disfrutando la ironía ella sola.

¿Por qué? —La miró y se dio cuenta de que se estaba casi burlando de él— ¿Qué?

—Creo que necesitas ver algo. —Volvió a abrir la pantalla de su computadora y buscó una fotografía de su "viejo" amigo. Cuando la encontró le mostró la pantalla con cuidado—. Él era Luke Castellan.

Luke no pudo evitar abrir los ojos de par en par. Era como estar viendo un espejo. Su cabello, sus ojos…Él era Luke Castellan.

—…Eso es… imposible.

—No, no lo es. —Tomó aire y pronunció en el tono más amable que pudo utilizar: — Tú eres la reencarnación de Luke Castellan.

Sin poder pronunciar palabra, agradeció a Annabeth con un gesto, la abrazó y se retiró lentamente. Estaba a punto de desmayarse. Caminó tambaleándose hacia el bosque y se sentó bajo un árbol. Se cubrió la cara con las manos e intentó pensar. Ahora todo tenía sentido. Por eso todos lo miraban extraño. Por eso lo habían ayudado sin preguntar. Su rostro representaba mucho más para todo el mundo y no era consciente de ello. Seguía sin poder creer lo que había visto. Y aun así no quería correr, sólo quería entender. Había tantas coincidencias y, por alguna razón, no las creía verdaderamente coincidencias. Sentía que su mundo le daba vueltas y el atardecer le acompañó en su confusión.

Levantó la mirada, no podía mirar a su alrededor. Sin embargo, se sentía observado. No se puso nervioso, ni tuvo miedo. Tenía esa sensación de algunos días atrás. Como si la presencia que fuera, la conociera de toda la vida. Así que miró hacia arriba y la vio. Por primera vez en una semana no la vio como una amenaza. Simplemente la detalló. Era tan bella como cuando había abierto los ojos en ese mundo tan nuevo, tan extraño, tan familiar. Y así la sentía: familiar, distante y extremadamente cercana. Thalía. Thalía. Thalía. Cada vez que lo pensaba se le hacía mejor. Thalía.

—Thalía.

Ella se sobresaltó y se sostuvo con cuidado para no caerse. La manera en que pronunciaba su nombre le producía el mismo efecto que antes. Se deslizó ágilmente hasta el suelo, demostrándole sus cualidades de cazadora. No sonrieron pero no se insultaron.

¿Estás bien? —Susurró la pregunta más por amabilidad que por interés. Se notaba que no estaba bien y su actitud ruda no ayudaría.

Luke no contestó de inmediato. Se quedó sopesando la respuesta. No confiaba en ella por más que algo le decía que debía de confiar. Se decidió por no perder nada y suspiró.

—Me acabo de enterar que no soy quién creía ser.

Thalía abrió los ojos y supo a qué se refería. Mas no supo qué decir. Ni ella misma entendía lo que pasaba.

—Lo sabes.

Volteó a mirarla con ojos brillantes. En respuesta, ella asintió y lo miró con timidez. Carraspeó y se atrevió a dejar su silencio.

—Se puede decir que lo conocía.

¿Cómo era? —No pudo esconder la esperanza de su voz. Pero Thalía no podía responderle, porque sería ser sincera consigo misma. Negó con la cabeza y se dispuso a irse.

—Era un idiota.

Se alejó sin mirar a atrás. Sin embargo, sentía su mirada indescifrable siguiendo su partida. No hablaría de eso. Y menos con él. Luke subió la vista al cielo, frustrado. Ya se había ido el día. Se dio cuenta de que había estado persiguiendo el atardecer hasta que se había perdido en los ojos de Thalía.


Eso fue todo. Lo sé, lo sé, nada muy especial. La historia irá progresando poco a poco así que son necesarios esos capítulos en los que pasa mucho pero realmente nada pasa.

REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS.

Los quiero. Por cierto, debería mencionarles que en una semana cumplo años así que deberían llenarme de muchos reviews y arreglarme la vida.

Si quieren que pase algo o tienen sugerencias para mi falta de inspiración, se los agradecería enormemente.

En fin, que las náyades sean buenas con su vida.

Besos, Nina.