05:00 am, ya era hora de iniciar oficialmente su día. El despertador la estaba desesperando, pero no lograba moverse por pereza. Tomó el maldito teléfono, tratando de adivinar el patrón de desbloqueo, como cada mañana. Al lograrlo en su quinto intento, desactivó la alarma y miró la pequeña burbuja de notificaciones: Tres mensajes no leídos. Se levantó de la cama, no sin antes bostezar y pensó quién debía ser mientras frotaba sus ojos. "Lauren" susurró divertida, y como siempre, tenía razón.

Lolo: [TÚ, YO, MAÑANA, FIESTA.]
[DETALLES COMO FECHA Y LUGAR HOY.]
[Pd: Buenos días. xo]

Camila arqueó una ceja, realmente odiaba cuando le escribía así. Pero finalmente, debía aceptarlo. La amistad era más fuerte que unas mayúsculas mal usadas, ¿no?.

Camz: [Ok.]

[Eres extraña.]

[Buenos días para ti también :D]

Dejó su teléfono en la mesa de noche y, sin dudarlo dos veces, continuó su camino hasta el baño. Como todo lunes, sería un largo día.

Luego de haber dormitado en la misma ducha y cuando secaba su cuerpo, quiso despertarse a la fuerza. Acomodó su cabello en una trenza y buscó un atuendo típico en ella: blusa, jeans, zapatillas. Y sí, muchas veces se odiaba por ser una típica adolescente, pero debía vivir con ello. Reunió sus llaves, dinero y su teléfono y las colocó con torpeza en su bolso, para finalmente irse. Si ella debía ser honesta, estaba cansada de la rutina, pero no tenía otra opción. Bajó con cuidado los escalones y no dudó en sonreír al ver a su madre al pie de la escalera.

Buenos días, Camilita.— Sintió un beso en la mejilla y no pudo evitar soltar una risa al escuchar el apodo que, a pesar de los años, aún le mantenía.

Deberías dormir un rato más, mami.— La muchacha la miraba con cariño, y su madre, sabía que tenía razón. Se despidió dándole un abrazo, tal como era cada día. Cerró la puerta de la casa y caminó hasta la vereda, esperando a que apareciera el auto que tanto soñaba tener algún día.

Cinco minutos más tarde, lograba escuchar la melodía de Video Games, que significaba una cosa: su mejor amiga no se había quedado dormida. Una vez el auto se detuvo frente a ella, abrió la puerta de copiloto y le sonrió a su amiga, la cual estaba extrañada por tanta felicidad que demostraba.

Quiero que expliques tu mensaje, Jauregui.— Dijo como si fuera obvia la razón de su felicidad, al ver que la otra ni pensaba en eso. La muchacha de ojos verdes puso su boca en forma de "o" y le sonrió de vuelta.

Ashton me invitó. Es extraño porque él siempre organiza y es de un grado mayor y sabe que me gusta y...— Camila rodó sus ojos al ver que nada cambiaba en su amiga. —Lo siento. El punto es... quería que me ayudaras a sobrevivir en el caos.— Soltó un suspiro y ella sabía que debía aceptar. Jamás una fiesta pequeña ha hecho grave efecto en nadie, ¿no?.

Si me ayudas en el trabajo, cuenta conmigo.— Le guiñó para luego mostrar una cálida sonrisa. —Además me ayudarás a escoger algo lindo de mi ropero.— Se sorprendió al ver como Lauren empezaba a conducir y asentía mientras cantaba BlueJeans. Eso era un sí en lenguaje Lauren. «Un punto a favor para mí.» Pensó, alegre.


Terminada su última clase, se veía enfrentada, como cada día, a su pesadilla máxima. Odiaba pasar por los pasillos llenos. Se aferró a su bolso y a sus libros, y bajó su mirada para enfocarse en el suelo. Sólo veía cerámica, cerámica, libros, cerámica... pies, que se detuvieron frente a ella. «Genial, Camz.» se dijo a sus adentros.

Hey, olvidaste esto.— Una voz amigable hizo que la ahora, no tan intimidada chica, levantara la vista del suelo. Abrió sus ojos al darse cuenta quién era. Ashton Irwin, el sueño de algunas, la pesadilla de otras. Tímidamente, le sonrió y aceptó el cuaderno que el otro tenía en mano.

¿Cómo sabes quién soy?, puedo ser o no ser Camila...— Quería agregar algo más, pero recordó a Lauren. Negó con la cabeza y miró a Ashton. —Pero sí, soy esa... y... ya debo irme. Gracias por no romper mis apuntes como otros.— Se encogió de hombros y siguió su camino hasta la salida de la escuela.


Cafetería, cafetería. Sí, amaba entrar y sentir el olor a café con sólo respirar. Era su lugar favorito, a pesar de trabajar cada día del año ahí.

Buscó a la chica con la mirada y ahí estaba, esperando empezar su turno, con, obviamente, su teléfono en la mano. Negó mientras se acercaba a ella. ¿Cuándo dejarían de ser ambas unas adolescentes idiotas?.

Él me pasó un cuaderno y siento que fui una cretina y si hablas con éldile que me perdone y...

Basta, Camz.— Contestó sin despegar la vista de la pantalla —Dijo que eras adorable como un animalito y que tengo una buena elección de amigas.— Le sonrió como enamorada al teléfono y luego miró a Camila. —Vendrá con sus amigos, hoy. Sé que son lindos.— Se encogió de hombros, conociendo la respuesta de la menor.

¿Como un animalito?, vaya, que lindo.— Le sacó la lengua y rió.

No eres buena, Camz.– La miró fijamente, queriendo contestar algo más, hasta que escuchó la campanilla sonar: Cambio de turno.


6:00pm, y aún ambas chicas seguían en su turno. Cada vez que se encontraban libres, hablaban de la escuela o de su nuevo puntaje de Flappy Bird. Se dejó escuchar la dulce campanilla de la entrada y Lauren acudió a saludar con ánimo, y a la vez, orgullo. ¿Orgullo de qué?, de estar enamorada, claro está.

Ash, chicos, ¿qué desean?.— Dijo Lauren, a la vez que jugueteaba con un mechón. El chico le encantaba, y eso la tenía de esa manera. La otra muchacha disfrutaba la escena de lejos, aguantando una risa. Al ver que ella seguía conversando y no pidiendo órdenes, Camila se acercó a ella y le susurró al oído, haciendo que saliera corriendo a la parte trasera de la cocina. Los chicos miraban atentos a lo sucedido.

¿Qué desean tomar o comer?— Dijo finalmente la castaña, sonriendo tímida. Uno de los chicos dejó escapar un suspiro y otro rió. Era normal reírse sin haber entendido, claro. Ella también se reiría, si no hubiera ganado más trabajo.

¿Qué pasó ahí? — Preguntó uno de los chicos. Lo había visto antes, en sus clases de Física. Era bastante lindo... Calum Hood, eso era.

Le dije que podía salir antes, y que yo haría las ventas que a ella le faltaran— Se mordió el labio mientras hablaba. Sí, era un problema para ella.

¿Cuántas ventas son?— Preguntó otro, que, claro conocía. Luke Hemmings. Compartía todas sus clases con él, puesto que siempre calzaban en las mismas. Y al compartir algunas, ya se conocían. Y ella agradecía eso, puesto que si no, huiría de los cuatro.

Doce. Me quedaban sólo cinco... pero bueno, ya saben.— Murmuró divertida mientras veía a Lauren caminando nerviosa.

Podemos comprar muchas cosas, ¿no?, mañana será un genial día y quiero comer bien hoy.— Ashton se cruzaba de brazos esperando la respuesta de sus compañeros de banda, terminando en una risa masiva. La chica con ojos verdes se acomodó a un lado del chico de sus sueños, lo cuál resultaba bastante tierno para Camila. Suspiró y les sonrió, anotando cada orden, excepto por la de uno de los chicos. Jamás lo había visto, y estaba muy metido en su teléfono para interrumpirlo. Al volver con toda la comida, se las entregó a cada uno y les agradeció, puesto que habían comprado todas las órdenes faltantes.


¡Cal!, ¡basta!.— Chilló Camila mientras era levantada por él. Iban a mitad de la calle, sin miedo alguno. Lauren iba conversando con Ashton, Luke y Calum jugaban con Camila y... bueno, el otro muchacho actuaba como si no le interesara su alrededor.

¡Bájenme!, ¡ya!.— Se aferró al cuello de Luke mientras Calum sólo reía. —¡Debí haber caminado sola!.

Camila es muy pequeña.— Canturreaban divertidos mientras ella deseaba que la soltaran. Estaba en los brazos de ambos, y ya comenzaba a sentirse mareada.

Ustedes son muy grandes. Y viejos.— Trató de defenderse, causando más risas.

Tengo tu misma edad, Camz.— Dijo el rubio antes de dejarla firme en el suelo. —Y soy mejor que tú, claro.— Apretó las mejillas de la, para él, pequeña y sonrió.

Lauren y los demás sólo reían al ver la situación. Eran las 22:00 y aún seguían en la calle. Vecinos salían a mirar por el escándalo que hacían, y pues, si alguien se estuviera riendo en la calle a esa hora, pensarían en algunos adolescentes borrachos. Y ellos sólo estaban borrachos de juventud, de diversión.

Los odio.— Camila se cruzó de brazos, dándole una pequeña mirada al chico misterioso. ¿Por qué...?

¡Te tengo!.— Gritó Calum mientras la rodeaba por la cintura para levantarla. La chica, soltó un grito de espanto y lo terminó con una risa.

Eso es todo. Has iniciado una guerra.— Frunció el ceño antes de seguir con el juego que jamás terminaría.


Muchas gracias, chicos.— Murmuró Lauren en nombre de ambas chicas. —Son muy divertidos.— Claramente, ella ignoró la diversión que tuvo su amiga, pero, ambas estaban felices. La otra muchacha soltó un bostezo y escuchó las risas de los muchachos mientras se alejaban.

Son extraños.— Le susurró Camila una vez adentro de la casa de su amiga. —En especial ese chico que no hablaba.— Se cruzó de brazos, caminando hasta el sofá y acostándose en él. —¿Lau?.

¿Mhm?.

Ugh. El amor es extraño.— Susurró esperando que la otra no la escuchara. Luego de unos segundos, cayó en los brazos de Morfeo.