Disclaimer: Los personajes no son míos, lamentablemente.

La historia pertenece a Dysperdis y es, por supuesto, una traducción autorizada. Podéis encontrar la versión original en Inglés aquí: www (punto) hpfandom (punto) net /eff /viewstory (punto) php? sid =16775

Pareja: Tom Riddle (Lord Voldemort)/Harry Potter. Historia SLASH (relación chico/chico)

Advertencias: Violencia, lenguaje adulto, violación, incesto, OoC, situaciones sexuales. No sigue la trama de HP y el Príncipe Mestizo. AU de ahí en adelante.

Géneros: Romance, drama, universo alterno, angst, tragedia, hurt/comfort.


Lettered

Capítulo 2 de 14

Descubierto

(2 de Agosto)

Harry sonrió mientras leía la última carta que Voldemort le había enviado. Parecía que la poción restauradora de Snape estaría lista en los próximos días, y Tom se estaba emocionando. No que los Lores Oscuros se emocionaran, como había insistido Tom tan vehementemente, pero...

Llamaron a la puerta de su cuarto. Harry se dio prisa en meter la carta en su baúl, entonces se abalanzó hacia la puerta. Esperaba que la Orden le fuera a buscar hoy; había estado impaciente desde por la mañana temprano. Abriendo la puerta, vaciló cuando vio quién se encontraba al otro lado.

—¡Usted!


Severus Snape estaba teniendo un mal día. Su desayuno se había enfriado, se había cortado mientras estaba partiendo raíces de mandrágora, y había tenido que sentarse a escuchar otro de los discursos del viejo excéntrico. Pero esto había sido la gota que colmó el vaso. El viejo había decidido que él era la persona indicada para recoger al mocoso de Potter.

Apareciéndose fuera de las barreras de protección que rodeaban al número 4 de Privet Drive, Severus se estremeció. Uf, suburbios. ¿Cómo puede vivir alguien en un lugar como este?, se preguntó.

Armándose de valor, el maestro de pociones caminó hasta el número 4 y llamó a la puerta. La abrió un niño increíblemente gordo, y al ver las ropas negras de Severus, gritó hacia dentro de la casa, ''¡Mamá! ¡Papá! ¡Es otro de esos monstruos!'' Pronto llegaron hacia él un hombre igual de gordo y una escuálida mujer con una cara muy parecida a la de un caballo. El hombre gordo, cuya cara se volvía poco a poco de un color púrpura imposible, fue el primero en hablar.

—¿Qué quiere?

Severus lo miró con desdén.

—Estoy aquí para buscar a Potter. ¿Asumo que está aquí, en alguna parte?

El hombre gordo lo miró con el ceño fruncido.

—¿Está aquí para llevarse al monstruo lejos de nosotros? Bueno, entonces bien, Dudley, lleva a este... caballero a la habitación de Harry.


Harry sintió que se ruborizaba al mirar a los ojos a su profesor de pociones, el mismo profesor al que pilló follando con el Señor Tenebroso el mes pasado. Severus alzó una ceja, sin saber exactamente qué había causado que el chico se pusiera tan rojo.

—Así que, ¿está preparado para irse? No quisiera pasar más tiempo del necesario en este... domicilio.

—Sólo serán unos segundos más —Harry llegó rápidamente hacia la tabla suelta del suelo, y con una mirada hacia atrás, la levantó, sacando su varita, el álbum de fotos, y la capa de invisibilidad. Se precipitó sobre su baúl, dejándo caer dentro las dos últimas. Su varita fue derecha a su bolsillo trasero. Finalmente, abrió la jaula de Hedwig, dejándola salir volando por la ventana.

—Ahora, ¿puede ...? —viendo el gesto de Harry, Severus sacó su varita, lanzó un rápido hechizo reductor en el baúl y en la jaula, y se dirigió hacia las escaleras a un ritmo acelerado, con Harry pisándole los talones.


De pie frente al número 12 de Grimmauld Place, Harry se quejó:

—Odio los malditos trasladores.

El maestro de pociones hizo caso omiso al joven Gryffindor, y se dirigió rápidamente a la casa.

Tan pronto como Harry entró, supo que había cometido un error. Cualquier lugar al que miraba le traía recuerdos de su padrino. Era demasiado para asimilar. Antes de que le diera tiempo a hacerlo, Ron y Hermione corrieron hacia él.

—¡Harry! ¡Al fin! ¿Cómo has estado? ¿Los muggles te han tratado bien? ¿El cretino grasiento ha intentado algo? ¿Cómo...?

—Ejem —el entusiasmado pelirrojo paró de hablar al oír a su madre aclararse la garganta.

—Harry, querido, que bueno verte. ¿Quieres algo de comer?

Harry le dirigió una mirada agradecida a la matrona del clan Weasley.

—Sí, por favor.

—Perfecto. Ron, enséñale a Harry su dormitorio. Hermione, ¿serías tan amable de ayudarme en la cocina? Harry, ¿por qué no vas a refrescarte?

Suspirando, Ron agarró el brazo de Harry, sin ver la mueca de dolor que puso el moreno.

—Vamos, esta vez todos tenemos nuestras propias habitaciones.

Subiendo las escaleras, Harry se dio cuenta de que Ron estaba inusualmente callado. Rompiendo el silencio, Harry se giró hacia su amigo:

—Y, ¿qué has estado haciendo?

Ron se detuvo un momento, y miró a Harry.

—Bueno, hay una cosa, pero probablemente debería esperar a que Hermione estuviera para contarte...

—¿Qué? ¿Al final le pediste salir? —el sonrojo de Ron le dio a Harry todas las respuestas que necesitaba—. Bueno, ¡era cuestión de tiempo! ¿Cómo te fue?

—Dijo que sí —masculló como respuesta.

—Por supuesto que dijo que sí. Sólo está loca por ti desde cuarto año.

—Eso fue lo que ella me dijo —Ron sonrió a su amigo.

—Bueno, voy a cambiarme y a deshacer el equipaje. Nos vemos en unos minutos.

Después de que Ron se fuera, Harry sacó su varita y agrandó su baul. Se quitó su enorme camiseta y la lanzó a una esquina de la habitación. Mientras estaba rebuscando en su baúl otra camiseta, oyó que se abría la puerta del dormitorio.

—¡Oh, mierda, lo siento! —le llegó la avergonzada voz de Ginny Weasly. Aunque la vergüenza fue rápidamente reemplazada por la preocupación, cuando se dio cuenta de los moratones que Harry estaba trantando de esconder, sin éxito—. ¿Qué te ha pasado? —exigió saber.

—¡No es nada! Estoy bien, un poco dolorido, pero eso es todo —mintió Harry.

—Tonterías, Harry. Toda tu espalda está morada. ¿Quién te ha hecho eso?

—¡Ya basta! No es asunto tuyo —dijo bruscamente—, puedo cuidar de mí mismo.

—¡Vale! —Ginny bramó mientras dejaba la habitación, dando un portazo al salir.


Una vez que estuvo fuera del cuarto, Ginny se detuvo.

—Debe de haber alguna manera de ayudar a Harry —reflexionó—, y me pregunto... ¡Sí! ¡Eso debería funcionar!

La chica cambió de dirección de repente, precipitándose a su dormitorio para escribir una carta al lider de la luz, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.


Mientras tanto...

Mansión Riddle, Pequeño Hangleton

—Mi Lord, el chico Potter ha sido conducido al cuartel general de la Orden del Fénix. También he sido informado de que planean ir al Callejón Diagón en dos días para comprar sus útiles escolares.

—Excelente, Severus. Ahora, ¿cuándo estará preparada la poción?

—Estará lista mañana por la mañana. Supongo que querrá tomarla inmediatamente.

—Correcto. Sobre Potter... ¿has notado algo raro en su comportamiento?

—La verdad, sí. Cuando fui a buscarle, no paró de sonrojarse. ¿Usted no sabrá por qué, mi Lord?

Voldemort simplemente rió.


Querido profesor Dumbledore:

Necesito hablar con usted lo antes posible. Es sobre Harry. Estoy preocupada por él. Cuando llegó, contaba con un buen número de moratones, heridas y otras lesiones en el cuerpo. Estoy preocupada por su seguridad. Gracias por su tiempo.

Atentamente,

Ginevra Weasly

Ginny le dio a la carta un último vistazo antes de atarla a la pata de la lechuza de Ron, Pig.

—Lleva esto al profesor Dumbledore, ¿vale? Y espera a por la respuesta.

La pequeña lechuza ululó, y salió volando.


Harry suspiró y se tiró sobre la cama. Desde que Ginny vio los moratones ayer, había estado vigilándolo. Lo miraba mientras comía. Lo miraba mientras leía. Lo miraba mientras jugaba al ajedrez con Ron. Era tan evidente que incluso Ron, quién normalmente se perdía la mayoría de los aspectos de las interacciones humanas, hizo un comentario sobre cómo parecía que Ginny todavía estuviera enamorada de Harry. No ayudó que Snape le lanzara miradas extrañas, o que Ron y Hermione buscaran excusas para escabullirse a besarse. En serio, era suficiente como para volver loco a cualquiera. Agarrando la almohada (era más fácil que mover la cabeza), oyó un crujido. Curioso, abrió la funda de la almohada y sacó una carta.

Querido Harry,

Soy yo. Le dije a Severus que pusiera esto en algún lugar donde sólo tú pudieras encontrarlo, así que si lo estás leyendo, supongo que lo hizo bien.

Ahora que tengo mi propia apariencia de vuelta, estaba preguntándome si querrías quedar conmigo para tomar una cerveza de mantequilla o algo así. Sé que irás al Callejón Diagón mañana, así que si estás interesado, encuéntrate conmigo en el Caldero Chorreante. Estaré en el lado opuesto a la entrada del Callejón Diagón. Si no puedes escaparte, no te preocupes.

Saludos,

Tu amigo

Tu amigo. ¿Es cierto, realmente pienso en él como en un amigo? No como en el Señor Tenebroso, sino ¿cómo en cualquier tipo? —se preguntaba Harry—. Sí, creo que lo hago.

Sintiéndose mucho mejor, Harry se desprendió rápidamente de su ropa, y se puso el pijama. Parecía que había algo que esperar, después de todo.


Mientras tanto...

Ginny abrió la carta que finalmente le había enviado Dumbledore.

Estimada Ginny,

Sé que puede que estés preocupada por el joven Harry, pero te puedo asegurar que está perfectamente a salvo con su familia muggle. He estado vigilándolo, y no he encontrado ninguna razón para preocuparse.

Un cordial saludo,

Albus Dumbledore

Gilipolleces —pensó Ginny—, absolutas y jodidas gilipolleces. Bueno, si él no va a cuidar de Harry, lo tendré que hacer yo.


El Callejón Diagón estaba tan abarrotado como siempre. Harry, que no llevaba dinero encima, se dirigió a Gringotts, acompañado de Ron, Hermione y Ginny. Al llegar a los mostradores y presentar su llave, oyó a alguien gritar su nombre.

—¡Señor Potter! ¡Hemos estado tratando de contactar con usted durante meses! ¡Tenemos algunos formularios que debe rellenar! No se preocupe, sólo le llevará un momento, y podrá dirigirse a su bóveda después.

—Está bien. ¿Nos vemos en unos minutos? —dijo esto último a sus tres compañeros.

—Vale, estaremos esperándote aquí.

El duende le llevó a una lujosa oficina. Después de cerrar la puerta e indicarle que se sentara, comenzó a hablar:

—Así que, ¿usted es el famoso Harry Potter? Bueno, yo soy Gerishank. No estoy seguro de si tenía conocimiento de esto, pero resulta que es el único heredero de Sirius Black, su padrino, ¿verdad? —Harry asintió—. Bueno, como tal, ahora tiene acceso a las bóvedas de la familia Black. Sólo necesito que firme estos documentos, entonces le daré la llave. ¿Le gustaría inspeccionar las bóvedas mientras esté abajo? —sonrió al ver asentir a Harry—. Bien. Firme aquí, aquí y aquí. Además, necesitaremos una gota de sangre, con fines de verificación, no se preocupe, no puede utilizarse en ningún otro sitio, vamos, sólo pínchese el dedo y deje caer la gota aquí... ¡y ya está! Ahora, iremos a sus bóvedas y usted puede seguir su camino. ¿Tiene alguna pregunta?

—La verdad es que sí... Me preguntaba, ¿cómo intentaron ponerse en contacto conmigo?

—Bueno, como es usted menor, nos intentamos poner en contacto con su guardián mágico, Dumbledore. Supongo que no le informaría de nada, ¿no? En cualquier caso, uno de los documentos que ha firmado nos permite enviarle cualquier información directamente a usted, vía lechuza. Supongo que no querría que le comunicáramos a Dumbledore este pequeño hecho, ¿cierto?

—No, no especialmente, supongo. Gracias, creo.

—Oh, no hay problema. Aquí apreciamos sobre todo la confidencialidad. Ahora, ya está. Griphook, lleve a este joven a las bóvedas 687 y 711.

Girándose para seguir a Griphook, Harry le preguntó al duende más taciturno:

—¿Es siempre tan hablador?

—Desgraciadamente —suspiró Griphook.


Después de ir a Gringotts, los cuatro fueron primero a Flourish y Blotts para recoger sus libros. Harry, que de alguna manera se las había arreglado para obtener una E en su examen de pociones, tenía siete asignaturas: Defensa Contra las Artes Oscuras, Encantamientos, Transformaciones, Pociones, Herbología, Cuidado de Criaturas Mágicas, y Astronomía. Ron tenía seis al haber conseguido una I en su examen de pociones. Visto el exceso de triunfo de Hermione, tendría las mismas asignaturas que Harry, exceptuando Astronomía; además estudiaría también Aritmancia, Runas Antiguas y Estudios Muggles.

Después de ir a la droguería, Harry se volvió hacia Hermione y Ron, que habían estado haciéndose ojitos el uno al otro todo el tiempo:

—¿Por qué no vais a Fortescue, o algo así? Creo que estaremos bien sin vosotros, ¿verdad, Ginny?

Ginny lo captó enseguida.

—Sí, Harry, tienes razón, estoy harta de verles coqueteando.

—¡Ginny! —Hermione soltó un grito, no muy ofendida—. Eso no ha sido muy amable.

—Bueno, es cierto. Quiero decir, vamos, ¿quién querría ver a su hermano poniéndole ojitos a alguien?

—¿Ron? —Hermione se giró para preguntar a su novio.

—Vale, nos vemos después donde Fred y George, ¿está bien?

—¡Vale! Ahora, os vais —Ginny prácticamente les empujó hacia la heladería.

—Dios, esos dos me enferman —murmuró Ginny—. Quiero decir, sé que están enamorados y todo eso, pero joder.

Harry alzó la ceja mirando a la pelirroja, que se puso roja.

—Estoy harta huir de ellos, cada vez que me doy la vuelta los veo besándose. De todas maneras, ¿quieres hacer algo?

—En realidad yo sólo iba a por una cerveza de mantequilla, o algo de eso. Me dieron algunas noticias en el banco, y no he tenido oportunidad de pensar en ello... —Harry fue apagándose, buscando alguna disculpa.

—Oh, está bien. Yo voy a ir a la tienda de Gred y Feorge ahora. ¿Quieres acompañarme?

—Será un placer.

Cinco minutos más tarde, Harry se alejaba de Sortilegios Weasley en dirección al Caldero Chorreante, tarareando para sí mismo, satisfecho. Estaba tan concentrado en su próximo encuentro que no se dio cuenta de la chica que lo intentaba seguir a una distancia prudente, fallando estrepitosamente.


Tom estaba aburrido. Había estado en la misma mesa durante la última hora, poco dispuesto a moverse, temiendo que Harry entrara en el momento en el que él se moviera. Había cuatro botellas de cerveza de mantequilla vacías frente a él cuando apareció Harry. Al encontrarse con los ojos de Harry, sonrió y le hizo un gesto con la cabeza. Sonriéndole a su vez, Harry se sentó y miró las botellas vacías que tenía delante.

—¿Qué? He estado esperándote durante dos horas. Creo que el camarero estaba sospechando algo. Oh, ahora que estás aquí, vuelvo en un momento —señaló a las botellas y luego al baño.

Harry se rió entre dientes. Tenía que admitir que Tom se veía bastante bien. Parecía un par de años mayor que cuando lo vio en el diario. Su pelo estaba por los hombros, y lo llevaba suelto. Vestía una sencilla pero elegante túnica negra. La mayor diferencia, pensó, era su sonrisa. Ya no se veía tenso y peligroso, como antes. No, esta vez parecía verdaderamente feliz.

Mirando hacia atrás, se dio cuenta de que podía ver todo el bar desde ese rincón. Estaba bastante vacío, había una bruja sentada en la otra esquina, y un trío de magos bebiendo cerveza inclinados sobre un montón de papeles. Se giró al ver a otra persona entrando desde el Callejón Diagón, una pequeña bruja encapuchada. Mientras la observaba, vio un mechón de pelo rojo que se salía de la capucha, y sintió que el estómago se le hacía un nudo.

Ginny. La única persona que podría reconocer a Tom. Joder.

Estaba tratando de encontrar una manera de sacarla de allí, cuando Tom volvió.

—Joder, Tom, tienes que esconderte —Harry siseó.

—Espera, ¿qué? ¿Qué está pasando?

—Ginny Weasley me ha seguido. Acaba de aparecer. Tom, ella sabe como eres, y... oh, mierda, nos ha visto.

De hecho, la capucha de Ginny se había caído, y su rostro estaba totalmente blanco. Pensando rápidamente, Harry se levantó, agarró a Ginny, y tiró de ella hacia el Londres muggle.


—¡¿Qué coño está haciendo él aquí? —dijo entre dientes al moreno.

—Um, es una larga historia. Necesito que prometas que no se lo dirás a nadie, o que no harás una escena o algo así.

—¿Disculpa? Allí hay un maldito Señor Tenebroso, ¿y me estás pidiendo que no haga una escena ni nada parecido?

—Mira, Ginny, es complicado. Si prometo explicártelo todo una vez estemos dentro, ¿puedes prometerme al menos pensarlo antes de hacer nada?

Ginny lo consideró durante un minuto.

—¿Confías en él?

—Mucho más de lo que confío en cualquier otra persona, Ginny. Mira, odio decir esto, pero si tengo que hacerlo, te lazaré un obliviate.

—Bien, pero más te vale que esto esté bien, o si no...

Exhalando un suspiro de alivio, Harry guió a Ginny de vuelta al bar.


Ginny se sentó y se volvió hacia Tom.

—Así que, ¿por qué y Harry y tú parecéis tan amigos de repente?

—Es una larga historia. El mes pasado Harry me envió una carta. Parece ser que mi oclumancia falló mientras yo estaba... ocupado.

—En otras palabras, estaba ocupado follándose a Sn... —Harry comenzó a decir antes de que Tom le tapara la boca al más joven.

—En cualquier caso, Harry me envió una carta pidiéndome que tuviera más cuidado. Yo le respondí con otra carta, burlándome de su falta de vida sexual. En algún momento, pasó, mientras tratábamos algunos asuntos.

Harry bufó.

—¿Hay algo que quisieras añadir, Harry?

—No, está bien.

—¿Seguro?

—Sip.

—¿Absolutamente seguro?

—Mmm-hmm.

—Entonces vale. De todas formas, hablamos sobre nuestro pasado, las opiniones públicas, las causas que me llevaron hacia la locura y a ser un cretino megalomaníaco y mi retorno a la cordura, Dumbledore, la idiotez de los mortífagos y cualquier otra cosa que surgiera. Incluso me disculpé con él, aunque nunca me oirás decirlo. Con el tiempo, nos hicimos amigos. Entonces vi un par de cosas...

—¿Lo mismo que dejó a Harry cubierto de moratones?

—¿Los has visto? Sí, eso mismo. Y desde que Harry parece estar intentando un Avada Kedavra no verbal y sin varita, creo que voy a cambiar de tema. De todas maneras, me las arreglé para entregarle una nota final pidiéndole el encuentro de hoy, si conseguía escaparse de todos vosotros. Supongo que sus intentos de deshacerse de vosotros han sido demasiado evidentes.

—En realidad no. Pero he estado pensando en cuidarlo, así que lo seguí, por supuesto.

—¿Sabéis? Siempre es agradable sentarse y escuchar a los demás hablar de ti, ¿no os parece? —intervino Harry.

—Bueno, tenía que explicárselo todo, ¿no?

Harry hizo un mohín. Tom puso los ojos en blanco.

—No, hagas eso... mocoso. Bien. Entonces, ¿cómo estuvo tu día?

—Bueno, me dieron noticias interesantes en Gringotts. Al parecer, Sirius me hizo su único heredero. El duende… ¿Geirshank? Él me dijo que trataron de ponerse en contacto, pero Dumbledore no se había molestado en hacérmelo saber. Es jodidamente frustrante tratar con ese hombre algunas veces.

En ese momento, Ginny asintió con la cabeza.

—Sé lo que quieres decir. Um, no te enfades, Harry, pero le envié una carta a Dumbledore después de ver tus moratones, y, um, me respondió diciendo que no había nada de lo que preocuparse, porque te había estado vigilando. Lo sé, lo sé, no debería haberme entrometido, pero estaba preocupada, y es obvio que había algo mal, y si él no está haciendo nada al respecto...

Harry interrumpió sus divagaciones.

—Ginny, está bien. Sí, preferiría que no lo hubieras hecho a mis espaldas, pero sé por qué lo hiciste; me veía bastante mal. Y francamente, la reacción de Dumbledore no me sorprende. Joder, mi primera carta de Hogwarts estaba dirigida a ''Alacena bajo las escaleras'', obviamente, él sabía que los Dursley me trataban como a una mierda.

En ese momento, Tom le interrumpió:

—¿Tratarte como a una mierda? Eso es quedarse corto. Todavía estoy pensando en matar a esa maldita bola de grasa a la que llamas tío, asqueroso y vil vio... —cerró la boca al ver la mirada furiosa que le dirigió Harry.

—Sabes, creo que es hora de que nos reunamos con tus padres, Gin. Hablaremos más tarde, Tom.

Entonces, Harry se levantó y caminó rígidamente hacia la entrada del callejón. Tocando en el ladrillo adecuado, Harry comenzó a andar hacia la tienda de Fred y George, con Ginny detrás suyo, totalmente confusa.


Editado 25 de Agosto de 2014: Corrección de diversos errores y mejora en el formato.