Así que el pequeño Nouvelle Espagne se había escapado y no solo el si no también trece colonias.
Sonrió para sí mismo, esa era una de aquellas noticias que le hacían el día a cualquiera, tomo su sombrero y se puso de pie no sin antes depositar un beso en la morena frente de su pequeño Haití que dormía plácidamente.
Iría rumbo a Luisiana y de ahí a las tierras de su petit Matthieu, no sin antes curiosear por los límites que tanto Angleterre como Espagne tan recelosamente cuidaban, a veces esos dos le ponían de unos nervios terribles y es que no había podido ni siquiera ver a esas pequeñas colonias ni de lejos y se moría de curiosidad por echarles un vistazo.


Por su cabeza pasaron una serie de imágenes e ideas que nunca, NUNCA antes había tenido, y valla que más de uno se regodearía de tenerlo como aquel chiquillo lo tena ahora.
Apenas entrar a la alcoba de Matthieu pudo observar como este se hallaba sobre la enorme cama acompañado del que supuso sería la colonia de Arthur, pero antes de poder acercarse siquiera, se vio derribado por aquel chico de piel morena y ojos rojos que sostenía un cuchillo sobre su cuello, o eso suponía, el filo sobre su delicada piel le quitaban las ganas de verificar.

-Tenochtitlán-

Gritaron a coro los pequeños seguido de algunas palabras que no entendió, pero lograron hacer que el muchacho (de aparentes quince años) retrocediera con recelo, así que la pequeña colonia de su buen amigo no era tan pequeña.

-S'il vous plaît ne pas faire quelque chose pour eux, ils sont mes frères-

Habló su protegido con lágrimas en los ojos y algo de dificultad, y para la guinda del pastel abrazando a los otros dos logrando que aquello terminara por convencerlo de mantener la boca cerrada y ayudarlos a regresar a sus tierras bajo el mayor secretismo que pudiera.