FINALLY! Mil perdones, enserio no tengo vergüenza... ya que, les traigo un nuevo capítulo de esta extrema alucinación random a la que llamo Mala Noche. Antes de continuar me gustaría aclarar algunos detallitos.

"¡Anatomía básica humana!"

Como bien deberían saber, los seres humanos por más fuertes que sean son extremadamente frágiles y con esto me refiero más específicamente a la cabeza. Un mal golpe y quedas K.O. o en el peor de los casos estiras la pata, así de simple. Un fuerte impacto contra alguna superficie "filosa" (la esquina de una mesa, el marco de una puerta, etc.) provocaría que te descalabres, (esto lo digo por experiencia propia) una herida en la cabeza, no más grande que la cabeza de un alfiler es de bastante cuidado. La sangre, comienza a salir de forma incesante cubriendo todo a su alrededor dejando una escena similar a Kill Bill vol. 1 tras la batalla contra los Crazy 88. Recordemos que la sangre también es conocida como líquido vital por el simple motivo de que sin ella no podemos vivir, cuando alguien se descalabra tiene que ser llevado a urgencias de forma inmediata (aunque también depende del tamaño de la herida) También es de suma importancia que la persona descalabrada no duerma por lo menos unas 6 horas, de lo contrario existe el riesgo de que no vuela a despertar.

Eso es todo. Disfruten la historia.


Un mal despertar

Frio. Era todo lo que podías sentir, un frio extremo que te cubría por completo.

No podías ver nada, solo oscuridad, una maldita oscuridad que consumía todo a tu alrededor.

A lo lejos se podía escuchar una voz, suave pero intensa. Gritando tu nombre una y otra vez, se podía notar la desesperación impregnada en sus palabras.

'no se quien seas, pero no molestes' intentaste decirle, pero tu propia voz se negaba a salir.

Estabas cansado, demasiado cansado solo querías dejarte llevar por la maldita oscuridad, desaparecer en ella y olvidarte de todo.

Estabas a punto de conseguirlo cuando una reconfortante calidez comenzó a rodearte, era tan agradable, si pudieses te encantaría permanecer así, pero era imposible, sabías en lo más profundo de tu ser, que ya no había lugar para ti en ese mundo.

Trataste de alejarte, pero tu subconsciente se negaba a aceptar la realidad. El sonido de gotas de agua llamarón tu atención. Caían, una tras otra sobre tu cabeza recorriendo tu rostro llegando hasta tu boca. Saladas, eran lágrimas las que caían sobre ti, lágrimas llenas de pesar y sufrimiento.

¿Por qué lagrimas? ¿Quién lloraría por ti? Te preguntaste. Desde que tienes memoria nunca has sido lo que se consideraría un niño bueno, siempre buscando pelea y ganando enemigos, bañando tus palabras con sarcasmo alejabas a todos los que se te acercaban, eso era lo mejor que sabías hacer.

Tal vez sea Genda, lo dudaste, tu fiel compadre de copas debería estar atendiendo perros, gatos u otras cosas como el buen veterinario que es. Tal vez sea Fubuki, tal vez, tu compañero de cubículo se habría preguntado por qué no has ido a trabajar. Tal vez sea Kido… ¡JA! Como si él fuera a volver después de todo lo que le has dicho y aunque existiera la más mínima probabilidad de que volviera, sus lágrimas serian de felicidad y dicha por su bien ganada libertad, serian todo lo contrario a estas que se ciernen sobre ti.

Voces, más voces resuenan en la oscuridad, quieres apartarlas pero todo va más lejos de tu comprensión y antes de que puedas pensar otra cosa, una resplandeciente luz aparta las tinieblas que te cubren alejándote de aquella maldita oscuridad.

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Cansado y mareado era como Fudou se sentía.

Desconocía por completo el lugar y el estado en el que se encontraba, intento moverse pero le era imposible, tanto su cuerpo como sus parpados que permanecían cerrados parecían estar hechos de plomo.

A su alrededor podía escuchar un par de voces que discutían sobre algo que no llegaba a comprender.

-Te digo que no hay que de qué preocuparse –dijo una de las voces de forma calmada y desinteresada.

-… p-pero… –la otra voz se escuchaba quebrada, como si acabase de llorar.

-Relájate, ya conoces a Fudou, no es lo suficientemente humano para morirse por algo así –dijo la primera voz con sorna.

- Por favor no bromees con eso, no es divertido –se quejó la segunda voz.

-Ok tranquilo, lo siento, ya no diré nada más –

Tras un rato el oji-verde finalmente reconoció aquellas voces, la primera se trataba de la perra mal parida de Jirou Sakuma, el viejo amigo de la infancia de Genda, que desde el primer momento en que se habían conocido se llevaban tan bien como el agua y el aceite. A pesar de que acostumbraban salir los tres juntos a secar los bares de la ciudad, a Fudou nunca le gusto la actitud del peli-plata. Por otro lado la segunda voz se trataba sorprendentemente de la última persona que creyó que podría estar ahí, nada más y nada menos que su mejor amigo y amor platónico, Yuto Kido.

Recordando su situación, Fudou intento nuevamente moverse pero era inútil, su cuerpo parecía negarse a cooperar.

Puedo reconocer el olor de su propia habitación, las paredes color paja cubiertas con poster de grupos musicales y equipos de futbol que realzaban su tan peculiar soltería, la clara luz del día pasaba a través de un amplio ventanal que le daba una agradable vista de la calle exterior, frente a esta, tres puertas una guiaba al pasillo, la otra llevaba al sencillo pero espacioso baño principal y finalmente un gran armario de puertas blancas. Una pequeña cómoda se ubicaba cerca de la ventana y frente a esta una amplia y mullida cama en la cual se encontraba un inconsciente Fudou recostado sobre varias almohadas. Se veía pálido, más blanco que la leche, tenía unas vendas envolviendo su cabeza, un par de venditas en sus brazos y una colcha gris cubriendo su cuerpo semi-desnudo.

-Deberías calmarte –dijo repentinamente Sakuma acercándose al oji-rojo quien permanecía al borde de la cama observando a Fudou –si sigues así te va a dar algo –

-Pero Sakuma, es mi culpa que este así –las lágrimas amenazaban con salir nuevamente.

-No es verdad estoy seguro que el bastardo… quiero decir Fudou hizo algunas de sus habituales estupideces, tú no tienes la culpa de nada –

-aun así… –

-aun así nada, mira, si tanto te preocupa lo vuelvo a checar, mientras tanto; intenta relajarte un poco ¿quieres? –a pesar de haberse graduado de la facultad de medicina y haber jurado ejercer su deber de salvar vidas sin importar el lugar, la situación o lo mucho que odie al paciente, a Sakuma no le hacía mucha gracia tener que ayudar a quien consideraba el peor ser humano (si es que realmente lo era) en la tierra – ¿Por qué no cocinas algo? Te ayudara a despejarte y ayudaras a que este bueno para nada se recupere pronto –concluyo apuntando a Fudou con el pulgar.

-… de acuerdo –accedió finalmente Kido saliendo del cuarto sin dejar de mirar el suelo.

Sakuma espero a que el de rastas se alejara lo suficiente antes de hablar.

-Vaya que eres una bestia ¿tan fuerte te has cogido a la muerte que te ha perdonado la vida? –dijo con desdén emparejando parcialmente la puerta del cuarto.

Lentamente el peli-plata camino hacia el castaño y tomo asiento a la orilla de la cama.

-aunque supongo que solo fue mala suerte –dijo muy serio posando su mano derecha sobre el rostro del oji-verde –de haber sabido que eras tú –bajo lentamente su mano hasta llegar al cuello de Fudou –hubiese dicho que estaba ocupado –concluyo comenzando a hacer presión ahorcando al inconsciente chico.

La expresión apacible de Fudou cambio a una de sufrimiento, con los ojos aun cerrados y el ceño fruncido, su boca se abrió instintivamente suplicando por algo de oxigeno mientras sus propias manos se abrían y cerraban sobre el colchón en un inútil intento de salvarse.

A los pocos segundos Sakuma soltó el cuello del oji-verde quien se relajó ligeramente respirando con algo de dificultad. El peli-plata sin siquiera inmutarse introdujo su mano por debajo de la colcha delineando el torso desnudo de Fudou descendiendo hasta su entrepierna y aferrándola con fuerza e inclinándose ligeramente se acercó a su oído.

-aunque hubiese sido una gran pérdida ¿no crees? –susurro con lujuria acariciando el bien dotado miembro del oji-verde.

Un suave gemido involuntario resonó en la habitación. Al escuchar esto Sakuma sonrió triunfante. abalanzándose tranquilamente sobre el castaño comenzó a lamer las visibles marcas rojas que habían quedado grabadas en el pálido cuello de Fudou. Ante tal acto los gemidos se intensificaron considerablemente a la par que una corriente eléctrica recorría el cuerpo del desprotegido chico.

El perverso acto duro pocos tiempo, puesto que de un momento a otro los gemidos cesaron sorprendiendo mucho al oji-ámbar, que al incorporarse se topó con un par de brillantes jades que mirándolo fijamente le brindaban una cínica sonrisa.

Fudou no solo había recuperado el conocimiento sino que de sus labios salía una suave y sádica sonrisa que le helaría la sangre a cualquiera incluyendo al peli-plata, quien intento inútilmente de alejarse siendo retenido por el oji-verde.

-¿atacar a un paciente inconsciente es una nueva técnica médica o simplemente estás necesitado de sexo? –pregunto sarcástico mientras se incorporaba sobre el lecho sin soltar la muñeca del peli-plata.

Una vez pasado el shock inicial Sakuma se calmó un poco y volvió a tomar asiento al borde de la cama.

-Y si así fuera… ¿estarías dispuesto a complacerme? –dijo en un susurro acortando la distancia entre él y el chicos de ojos verde.

Sin dejar de mirarlo, el castaño posó su mano libre sobre la mejilla de Sakuma cubriéndole los labios con su pulgar y deteniendo su avance.

-¿Aun haciendo esto, niegas que eres una perra necesitada? Vaya, que cínico eres –

-Veo que sigues siendo el mismo bastardo de siempre –dijo Sakuma con una expresión llena de odio que lentamente cambio por una superficial sonrisa –acéptalo, echas de menos aquellos días –dijo librándose del agarre mientras pasaba ambas manos alrededor del cuello de Fudou – ¿te gustaría revivirlos? –

¿Cómo olvidar aquellos días de insana locura? Lo que comenzó como un simple arranque de ira se convirtió en una obscena rutina donde ni el amor ni el cariño tenían lugar. Porque, si bien era sabido, que por más que se odiasen, Fudou y Sakuma tenían un gusto en común, y este era el sexo.

Tan simple y sencillo como eso.

-de cierta forma tienes razón… sería divertido –al escuchar esto el peli-plata amplio su sonrisa acercándose nuevamente al castaño con la única intención de continuar con el perverso acto de minutos atrás –pero ¿sabes? También sería muy divertido si terminara igual que la última vez –concluyo soltando una carcajada ante la mirada del oji-ámbar que reflejaba una gran ira.

Con un solo impulso Sakuma empujo a Fudou mientras que se ponía de pie y se apartaba algunos pasos de la cama donde el oji-verde continuaba riéndose como desquiciado.

-Sabía que era una mala idea salvarte ¡Debí haberte dejado morir! –exclamo Sakuma molesto.

Dejando de reír Fudou se incorporó parcialmente en la cama y con un semblante serio clavo su mirada en el peli-plata quien retrocedió un paso más.

-Entonces ¿Por qué lo hiciste? ¡No recuerdo haber pedido tu ayuda! –

-¡Ese es el problema! ¡Fue Kido quien me pidió salvarte! –

-¡OH! Y tú siempre haces lo que lo que te pide ¿no? ¡Pues felicidades! Salvaste a tu peor enemigo –dijo haciendo una teatral reverencia –ahora, si ya terminaste de andar pavoneando tu necesitado culo, toma tus cosas y lárgate de mi casa –dijo señalando la puerta con su dedo índice.

-¡Eres un...! –

-Oye Sakuma –la voz de Kido resonó por el pasillo aumentando con cada paso que daba, callando a los dos muchachos al instante – ¿Qué es mejor? Jugo recién exprimido o… ¿eh? ¿Fudou? ¿ya despertaste? –el oji-rojo quien recién había entrado en la habitación se paralizo al ver al castaño sentado en la cama. Sintiendo como una tormenta de emociones se desataba en su estómago.

Susurrando un casi inaudible "Kido" el oji-verde desvió ligueramente la mirada apresado por el remordimiento.

Un corto e incómodo silencio se apodero del lugar siendo destruido únicamente por el sonoro y molesto suspiro de Sakuma que cual niño pequeño corrió a ocultarse a espaldas del de rastas.

-¡Kido! Te dije que sería una pérdida de tiempo ayudar a este mal agradecido –dijo el peli-plata haciendo un puchero.

Sin decir una sola palabra, el oji-rojo dio media vuelta y salió del cuarto con la cabeza baja no sin antes detenerse cerca del marco de la puerta para dirigirle una delicada sonrisa llena de tristeza y alivio.

Ante tal acto Sakuma frunció el ceño, puesto que era consciente del amor unilateral que sentía Fudou por Kido y de la misma forma el castaño sabía del obsesivo deseo del peli-plata por el de rastas, además de conocer todos los extraños fetiches de su eterno enemigo. Mientras guardaba sus cosas en un parcialmente abandonado maletín sobre la mesita de noche Sakuma le lanzo una molesta mirada de reojo al castaño susurrando con malicia:

-Sabes que nunca va a corresponderte ¿cierto? –

-Y tú sabes que a nadie le gustan las putas quejumbrosas ¿cierto? –respondió tajante el oji-verde sentándose al borde de la cama y apoyando sus codos sobre sus rodillas.

¿Qué se suponía que haría ahora? Sabía que había metido la pata con Kido y quería disculparse por ello. El simple hecho de recordar aquellos ojos rojos llenos de odio y rencor le pesaba profundamente en el alma.

Maldiciendo por lo bajo, Sakuma tomo sus cosas y salió de la habitación pateando todo lo que tuviese al alcance: un par de calcetines sucios, una camiseta manchada de sangre y un bote de basura, que tras el impacto se volcó vaciando su contenido sobre el piso: gasas y vendas cubiertas de sangre.

Recorrió el amplio pasillo con la única intención de tomar a Kido del brazo y salir de esa casa tan rápido como pudiese.

Apenas había llegado a la sala cuando vio al oji-rojo sentado cerca de la barra de la cocina, perdido en sus pensamientos y mirando fijamente un plato de sopa, unas cuantas galletas recién horneadas y un vaso de jugo de naranja, todo sobre una pequeña mesa plegable.

-Hey Kido –dijo Sakuma sorprendiendo al de rastas –ya hay que irnos, ese imbécil está demasiado "vivo" para mi gusto –

Asintiendo ligeramente Kido se puso de pie, más no se movió del lugar, no lograba comprender el sin fin de emociones que se agolpaban en su pecho.

Sentía odio por la desagradable broma que le había hecho Fudou esa mañana. Sentía culpa por el accidente ocurrido poco después aun sabiendo que él no había hecho nada malo. Sentía desesperación al pensar que su mejor amigo podría morir y sintió alivio al saber que la vida de su "amo" no peligraba.

Intento decir algo, pero las palabras se perdían en su garganta ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Irse arriesgándose a que su secreto fuese revelado? o ¿quedarse olvidando lo sucedido esa mañana mandando al diablo su dignidad? La respuesta era obvia.

-Sakuma… y-yo… –su voz casi imperceptible se escuchaba apagada –yo creo q-que lo mejor… –

-¡Kido! –La voz de Fudou rasgo la calma de aquel lugar sorprendiendo a ambos muchachos – ¿¡Qué esperas para mostrarle la salida a la perra mal parida y traerme mi comida!? –

Tras aquella declaración el ambiente se tensó drásticamente.

-¿¡Quién diablos se ha creído que es ese tipo!? –exclamo Sakuma –Ya tuve suficiente, vámonos de aquí Kido –dijo tomando al de rastas por el brazo tirando suavemente de el sin conseguir nada.

-lo mejor será que te vayas Sakuma –dijo suavemente Kido soltándose del agarre del otro.

-¿eh? ¿Por qué? –el peli-plata no lograba comprender la actitud de su amigo –Ni que fueras su sirviente para estar soportando que te trate como se le dé la gana –

En eso se equivocaba. Kido si era el esclavo de Fudou, hasta que el mundo llegue a su fin.

-tengo asuntos que terminar aquí –dijo desviando la mirada en dirección al pasillo. Percatándose de la intranquila expresión en el rostro del oji-ámbar, agrego –no te preocupes, no tardare mucho –

Sakuma intento alegar, pero nuevamente, la voz de Fudou resonó sin miramientos dejando al peli-plata con las palabras en la boca.

-¡Es para hoy! ¡Y no, no es ninguna pregunta! –

Soltó un suave suspiro y sonrió internamente. Aunque intentase negarlo, Kido no podía evitar sentirse feliz de saber que la personalidad de su mejor amigo y "amo" no había cambiado en nada. Ni siquiera después de estar a punto de morir.

-Muchas gracias por haber venido y lamento todos los problemas que te cause –dijo el oji-rojo caminando hacia la entrada y abriendo la puerta.

Resignado, Sakuma se dirigió hacia la puerta, tomo su chaqueta del perchero y deseándole mucha suerte al de rastas se fue sintiéndose completamente humillado.

Cerró lentamente la puerta, tomando la pequeña bandeja entre sus manos y respiro profundo antes de adentrarse en el oscuro corredor hasta aquella habitación.

-Lamento la tardanza amo –dijo Kido inexpresivo entrando al lugar con desgana.

-… –Fudou permanecía inmóvil sentado al borde de la cama, con la vista fija en el suelo.

Mirándolo de reojo Kido siguió avanzando dejando la bandeja sobre la mesa de noche.

-Le dejare aquí la comida, por favor evite movimientos muy bruscos y si se llega a sentir mal, avíseme de inmediato –dijo preparándose para salir del cuarto, acto que fue detenido por una temblorosa mano que se aferraba débilmente a su camisa -¿se le ofrece algo más? –cuestiono al no recibir respuesta alguna del castaño.

-…s-siento… –susurro finalmente.

-¿eh? –

-lo…siento –repitió aumentando la fuerza de su agarre –yo… lo siento mucho Kido –elevo su mirada hasta encontrarse con aquellos ojos rojos que ahora lo miraban confundido –n-no fue mi intención decirte nada de lo que dije en la mañana –su rostro se veía realmente acongojado.

Y ahí estaba nuevamente, esa expresión de desconsuelo que dejaba vulnerable a Kido. Suspiro por quinta vez en el día relajando su semblante hasta que una tenue sonrisa apareció en sus labios.

-de acuerdo –dijo mirando de frente a un sorprendido Fudou –te perdonare esta vez, pero será la última ¿ok? Debe cuidar más sus palabras "amo" –concluyo guiñándole el ojo de forma cómplice.

Todo rencor que pudiese sentir Kido hacia su amigo desaparecía por completo tras mirar esos verdes y brillantes jades resplandecer llenos de arrepentimiento.

-como era de esperarse de mi sirviente número uno –dijo Fudou bromeando inocentemente. A pesar de sentirse feliz de que Kido permaneciese a su lado no podía ignorar ese punzante dolor en su pecho, esa ansiedad que le robaba el aliento, esa culpa que carcomía su ser. Estaba llegando a su límite y lo sabía, ya no podría contenerse más tiempo.

-por cierto –dijo Kido después de un rato –llamo tu jefe –

La poca alegría del oji-verde desapareció como si le hubiesen echado encima un balde grande y frio de realidad.

-¿¡Mi jefe!? –exclamo poniéndose de pie de un salto, sujetando a Kido por los hombros obligándolo a mirarlo de frente -le dijiste que morí ¿cierto? ¡Por favor dime que le dijiste que estaba muerto! –pregunto aunque sonaba más como una súplica.

-… –Kido no comprendía ese cambio de actitud, lo único que sabía era que Fudou había perdido el poco color que había regresado a sus mejillas, quedando igual o inclusive más pálido de lo que estaba cuando lo encontró medio muerto en el pasillo. Preocupado, lo tomo por los brazos y sentándolo sobre la cama intento calmarlo – ¿estás bien? P-por favor relájate –

-Ah~ –suspiro el oji-verde dejándose caer sobre el lecho –es inútil, estoy acabado –dijo de forma dramática ocultándose entre las cobijas.

-¿hice algo… malo? –pregunto el de rastas preocupado.

-tú no has hecho nada malo Kido –dijo Fudou acomodándose correctamente en la cama, frotándose suavemente la cien con dos dedos de su mano derecha –mi jefe seguramente me echara la bronca por faltar al trabajo, no creo que le importe mucho si estuve a punto de morir, lo único que le importa es que sigo respirando y no he terminado mi trabajo pendiente –

-¿no es eso un poco cruel? –

-tal vez, pero con lo que me paga y mientras me siga pagando no tengo problema con ahogarme en montañas de trabajo –dijo colocando sus manos tras su cabeza apoyándose sobre la cabecera de la cama y mirando al techo.

-ya veo… –Kido desconocía por completo a que se dedicaba su "amo", solo sabía que trabajaba en una pequeña empresa no muy lejos del centro de la ciudad –pues… entonces yo paso a retirarme, con su permiso –

Su salida fue nuevamente detenida por Fudou, quien lo miraba intensamente, como si tratase de decirle algo importante sin encontrar las palabras adecuadas para ello.

Pocos fueron los segundos que pasaron antes de que Kido creyese entender lo que su amo quería decir.

-tranquilo –dijo sonriendo dulcemente mientras sostenía dulcemente la mano del oji-verde entre las suyas –no pienso irme, así que relájese y coma –

Suspiro pesadamente, había perdido la oportunidad de decirle la verdad.

-¿eso quiere decir que nos vas a alimentarme, mi fiel esclavo? –dijo forzando la mejor sonrisa que pudo tratando de ocultar el pesar que sentía.

-será mejor que no tiente a su suerte, mi estimado amo –rio levemente –si necesita algo, cualquier cosa, estaré en la cocina –diciendo esto salió de la habitación.

-¡uno de estos días tendrás que alimentarme! –exclamo con fingida alegría, recibiendo como respuesta un simple "algún día amo, algún día" por parte de su esclavo y mejor amigo.

Asegurándose que el de rastas no pudiese escucharlo, tomo su teléfono celular de la mesa de noche junto con una de las galletas que le acababan de llevar, comiéndola lentamente, marco con urgencia un número conocido. Luego llevo el aparato hasta su oreja izquierda esperando a que su llamada fuera contestada.

-[Secret Wishes, donde sus más profundos deseos se vuelven realidad ¿en que puedo ayudarle?] –

-Buenas tardes, habla Akio Fudou, llamo para sacar una cita –

-[¡Joven Akio es un gusto escucharle! Dígame con quien y que día debería hacer la reservación] –

-Sí, sobre eso, por el momento no me encuentro en condiciones de salir, así que me gustaría que la cita fuese en mi casa –

-[Ya veo, es triste saber que no se encuentra bien. Entonces ¿a quién debería llamar?] –

-Si mal no recuerdo, akuma-chan ya debería estar de regreso ¿me equivoco? –dijo cogiendo y devorando otra galleta.

-déjeme revisar… ¡aja! Está en lo correcto Joven Fudou, akuma-san volvió la semana pasada, muy bien ¿Qué día y a qué hora le hago la cita?] –

-Mañana de preferencia, a las 7 de la tarde de ser posible –

-[Ok, entonces mañana a las 7 aproximadamente akuma-san estará en su residencia ¿desea algo más?] –

-Eso es todo, gracias –

-[De acuerdo, por favor siga usando los servicios de Secret Wishes y no olvide recomendarnos con sus amigos de confianza, espero que se mejore pronto, que tenga un lindo día] –

-gracias, adiós –colgó el teléfono dejándolo sobre la mesa de noche.

Recargándose nuevamente sobre la cabecera de la cama. Fudou miro a través de la ventana contemplando como el viento mecía las hojas de los árboles.

-espero estar haciendo lo correcto –se dijo a si mismo cerrando lentamente los ojos dejándose caer en los brazos de Morfeo.


Chan chaka chan! Que les pareció?
sienten curiosidad por saber del pasado de Fudou y Sakuma?
ya descubrieron quien es akuma-chan?
o lo que pasara en el próximo capitulo?

Pues solo porque solo mala, mala como la fregada no les diré NADA! muajajaja

Ya enserio, para el próximo capitulo llegara lo que todos han estado pidiendo! Qué es? Qué será? les gustara?

Muchas gracias a quienes siguen esta historia (y más si dejan review :3 jejeje)

No lo olviden! un comentario, una crítica (constructiva y/o negativa) o simplemente un: "hola, apestas" basta para que me ponga las pilas y escriba más rápido XD

Pues entonces, hasta el próximo capitulo.