Hello, hello! como se encuentran en estos bellos, relajantes y congelados días de invierno? yo he de decir que no me habían dado vacaciones tan largas desde hace años (ni tantos trabajos finales) pero al final todo salio bien.

Aunque eso eso de andar escribiendo dos historias de forma simultanea mientras pienso en 4 capítulos más y trato de enfocarme en la escuela, no es de Dios ni del Diablo =A= pero bueno vayamos al grano con este nuevo capítulo de Mala Noche.

A todos aquellos que han dejado un review les diré ¡muchas gracias! y a los que no... pues ¡También! que se le va a hacer. de la misma forma quiero darle las gracias a Jaakuna Sakkako por el apoyo y la buena critica que me a dado.

Sin más por el momento disfruten del capítulo y nos leemos al final ;3


La noche había llegado a su fin junto con todo lo que alguna vez intentó proteger.

No sólo había pisoteado el orgullo de su mejor y más amado amigo sino que también sin piedad alguna tomó su dignidad violándola con gran salvajismo hasta reducirla a nada.

Ahora, con el sol entrando radiante por la ventana podía ver con claridad las consecuencias de sus actos. Sobre la cama cubierta de una mezcla de sangre y semen el cuerpo desnudo y magullado de Yuto Kido permanecía oculto bajo una delgada manta con cada centímetro de piel marcada por mordeduras y moretones, con las mejillas hinchadas a causa del llanto y las muñecas lastimadas por el aprisionamiento.

Esas imágenes quedarían grabadas en la mente de Akio Fudou por el resto de su existencia y más en ese momento en el que permanecía sentado en el suelo con sus verdes ojos carentes de brillo fijos en la nada.

Habían pasado horas y el seguía quieto sin moverse y casi sin respirar pensando una y otra vez en qué debería hacer.

Tan concentrado estaba que un suave y débil quejido bastó para obligarlo a soltar un grito.

Sobre la cama, con lentos y pesados movimientos Kido comenzaba a querer despertar, cerraba con fuerza los ojos para después parpadear lentamente tratando de acostumbrarse a la brillante luz que lo rodeaba. Apenas reconoció el lugar donde se encontraba recordó todo lo sucedido la noche anterior sintiendo como su pulso se aceleraba dolorosamente, intentó levantarse del mullido lecho más cada movimiento era una infernal tortura que recorría cada una de sus extremidades, como si se tratasen de mil agujas clavándose sobra cada fragmento de su piel. Apretó con fuerza sus dientes evitando por todos los medios que cualquier sonido abandonase su boca.

-Veo que ya despertaste –dijo Fudou poniéndose de pie, como si estar parcialmente vestido frente a la persona que acabas de violar fuese lo más normal del mundo.

Apenas escuchó aquella voz, Kido se incorporó en la cama ignorando el dolor que atormentaba a su maltrecho cuerpo para tomar entre sus manos la delgada manta cubriéndose lo mejor posible.

-Relájate, no pienso volver a tocarte –dijo el castaño rascándose la nuca con cierto fastidio desviando la mirada, ver al de rastas en ese estado era un severo golpe para su corazón.

-Y-yo… –

-Eres libre –lo interrumpió el oji-verde dándose media vuelta y caminando hacia la salida del cuarto.

-… –

-¿Acaso eres sordo? –habló Fudou deteniéndose bajo el marco de la puerta reuniendo todo su coraje para mirar fijamente a los confundidos ojos de Kido –Ya no eres mi esclavo. Ya no tendrás que lavar mi ropa, prepararme comida o limpiar la casa. Tampoco tendrás que preocuparte por tu secreto que pienso llevármelo a la tumba –

-Y-ya veo –respondió Kido tras procesar a detalle la información. Una sonrisa de alivio se formó inconscientemente en su rostro. A pesar del dolor que lo cubría suspiró tranquilo, la pesadilla había terminado y todo volvería a la normalidad… o eso creía.

-Una cosa más –la voz de Fudou sorprendió al de rastas haciéndolo dar un respingo –Considéralo como la última orden que te daré –Ante tales palabras Kido se tensó preparándose para cualquier cosa que pudiese pedirle su ahora "antiguo" amo –Toma tus cosas y vete, no quiero que vuelvas a poner un pie en mi casa y mucho menos quiero volver a ver tu cara en lo que me queda de vida –dijo con tanta dureza que por un momento el oji-rojo se olvido de respirar.

-¿A que t-te refieres? –su respiración comenzaba agitarse, no lograba comprender el ¿Por qué? De lo que estaba pasando.

-Exactamente lo que he dicho. No quiero tener nada que ver contigo ¡Nunca más! –Exclamó dándole la espalda y saliendo del cuarto.

-E-eh… espera –fue lo único que alcanzo a decir Kido antes de quedarse solo y adolorido en la habitación.

¿Por qué?

Kido no lograba comprender nada, ni la actitud de Fudou ni porque esas palabras se clavaban en su pecho causándole más dolor del que sentía su cuerpo.

Sintió como si un par de lágrimas fugitivas escapasen por su mejilla, pero al tratar de limpiarlas con el dorso de su mano, no había nada.

¿Por qué? Volvió a preguntarse.

Ignorando el dolor y la vergüenza salió de la cama tomando sus ropas y vistiéndose lo más rápido que pudiese, al tomar su corbata se sintió débil y expuesto al recordar cómo fue atado y completamente sometido por aquella inocente prenda. Pasó saliva respirando profundamente buscando calmar su alterada mente, se colocó la corbata como parte de su rutina diaria, asegurándose de que no olvidaba nada salió de la habitación deteniéndose a medio pasillo observando como Fudou se encontraba apoyado en la barra de la cocina dándole la espalda y con un aire pensativo a su alrededor.

-¿F-Fudou? –lo llamo con duda impregnando su voz.

-¿Qué esperas para irte? Ya sabes donde esta la salida ¡Lárgate! –dijo sin siquiera moverse manteniendo la cabeza gacha.

-… No quiero –

Esa simple frase agitó el corazón de Fudou obligándolo a mirar a Kido ¿Acaso era posible? ¿Existía la diminuta posibilidad que de alguna extraña forma los sentimientos y deseos del oji-verde hubiesen alcanzado al de rastas?

-¿Por qué? –se aventuro a preguntar tras un incomodo silencio.

Ante tal pregunta Kido no supo que decir, el mismo no sabía la respuesta.

Eran amigos desde hace tantos años, cada vez que se sentía perdido o confundido encontraba en Fudou paz y apoyo para encontrar la respuesta y muy a pesar de los cambios de personalidad de su "amigo" el siempre, siempre buscaba estar a su lado sin importar qué. ¿Qué clase de sentimiento era ese? ¿Amor, tal vez? Eso era imposible, aunque a Fudou el género no pareciera importarle mucho a Kido no le terminaba de convencer la idea, después de todo se suponía que él estaba enamorado de su hermana menor pese a que el incesto no estuviese mejor visto que la homosexualidad, la mente del de rastas se negaba a aceptar que el dolor en su pecho fuese por un sentimiento como el amor.

Cuando el corazón entra en conflicto con el cerebro, el ganador no siempre tiene la respuesta correcta en especial si se es tan meticuloso como Kido.

-E-eso es… porque –las palabras parecían estar en huelga negándose a salir de su boca y entre más pensaba en qué decir menor era el parecido de lo que sentía a lo que expresaba –p-pues porque somos amigos ¿no? –

Esa no era la respuesta que Fudou esperaba.

-¿Amigos? –Repitió el oji-verde sin poder creérselo – ¿Acaso estas diciendo que un amigo te chantajearía? ¿O te haría todo lo que te hice anoche?–Con cada palabra que decía daba un paso hacia Kido quien a su vez retrocedía por instinto apegándose cada vez más contra uno de los muros del pasillo cerrándose inconscientemente a cualquier ruta de escape – Por que si sabes como se le llama a eso ¿cierto? Violación ¡Yo te violé, Kido! –

La respiración del de rastas se cortó, aun sentía a flor de piel la humillación, el placer y el dolor de la noche anterior y se encontraba tan perdido en sus pensamientos que no notó la cercanía de Fudou hasta que éste lo aprisionó contra la pared con las dos manos a ambos lados de su cabeza sorprendiéndolo y asustándolo al mismo tiempo.

-¿O puede ser que tú –ignorando el miedo en la expresión de Kido el oji-verde continuó destruyendo la distancia que los separaba –en realidad lo hayas disfrutado? –

Un intenso color carmín cubrió el rostro de Kido quien intentó inútilmente negar lo obvio moviendo la cabeza de un lado a otro apartando la mirada sintiendo como el cuerpo de Fudou se acercaba más al suyo hasta tocarlo con eróticos y provocativos roces.

Estaba entre la espada y la pared, literalmente, por más que intentase apartarse no lograba ni alejar a Fudou ni a ese adictivo calor que comenzaba a apoderarse de todo su ser. Un suave gemido se aventuró a salir de su garganta muriendo en sus labios sellados por los del oji-verde.

Todo pasó muy rápido, en un sólo segundo había vuelto a los brazos de Fudou tratando de seguirle el ritmo a los besos y caricias que aquel rebelde joven le ofrecía.

Ahí, pegados a la pared ambos chicos se dejaban arrastrar por sus instintos acercándose más y más el uno al otro, en medio de los roces el oji-verde deslizo sus manos por debajo de las ropas de Kido delineando su figura y grabándola permanente en su memoria. Con lentos y toscos movimientos indagó más allá, adentrándose en el punto más sensible y adolorido del cuerpo del de rastas obligándolo a ahogar un grito apartando de golpe a Fudou que solamente lo miro con una mezcla de tristeza y decepción antes de desviar la mirada hacia algún punto en el suelo.

Con el ritmo cardiaco fuera de control y el dolor dentro de su pecho aumentando por cada segundo que esos dolidos ojos se negaban a mirarlo, Kido permanecía de pie, pegado a la pared como si fuese parte de ella con la vista clavada en su antiguo amo.

El de rastas abrió la boca cerrándola casi de inmediato. Quería decir algo, pero sería inútil, cualquier cosa que pudiese decir perdería todo sentido en aquella densa atmósfera dominada por el desconcierto.

-Largo –la grave y apagada voz de Fudou destruyó el silencio que rodeaba a ambos jóvenes. Kido frunció el ceño no se estaba sintiendo bien ni física y mentalmente hablando, pero se negaba a irse sin arreglar las cosas. Hizo un nuevo intento de razonar con Fudou, pero apenas abrió la boca la mano del oji-verde sujetándolo con fuerza del brazo junto con su áspera voz le negaron cualquier objeción – ¡He dicho que te largues! –gritó con rabia tirando de su asustado y antiguo esclavo llevándolo a rastras hacia la entrada.

-¡E-espera! –trató de defenderse el oji-rojo, pero estaba demasiado adolorido para poner resistencia alguna.

Apenas Fudou abrió la puerta principal lanzó a Kido fuera de la casa quien en su estado lo único que pudo hacer fue caer estrepitosamente al suelo, como un muñeco de trapo abandonado a su suerte, tras el impacto la poca luz que lo iluminaba en ese día se oscureció, pues su gabardina junto con su billetera, llaves y celular le habían sido arrojados encima, cada músculo de su cuerpo suplicaba a gritos por piedad sin ser escuchados, apoyándose sobre sus extremidades lastimadas por el duro concreto Kido logro incorporarse lo suficiente solo para ver como Fudou cerraba la puerta de golpe sin dirigirle una última mirada.

En ese momento, algo dentro de Kido perdió sentido, no comprendía exactamente el qué, pero de algo estaba seguro. Ver "esa" puerta cerrándose de "esa" forma era algo que jamás hubiese querido ver.

Haciendo a un lado las súplicas de su cuerpo el oji-rojo se abalanzó contra la gruesa puerta de madera golpeándola con toda la fuerza que tenia.

-Fudou, por favor ábreme –suplicaba con escasa voz pero no importaba cuánto se esforzara, esa puerta no volvería a abrirse, no para él.

Después de un rato decidió que lo mejor sería desistir, con dificultad podía mantenerse en pie además de que sus constantes súplicas atraían las curiosas miradas de los vecinos. Como pudo tomó sus cosas emprendiendo una triste retirada sin terminar de procesar todo lo vivido la noche anterior. Y no era el único, al otro lado de la puerta bloqueando la entrada con su cuerpo Fudou hacía hasta lo imposible para no derrumbarse en ese mismo lugar, las súplicas de Kido eran como gruesas estacas clavándose muy profundo dentro de su pecho.

De un eterno minuto a otro el ruido y los golpes habían cesado, finalmente el oji-rojo se había rendido, golpeó con impotencia el sólido muro dañando sus nudillos en el proceso, su mente comenzaba a traicionarlo perdiéndose en los recuerdos, todas las peleas absurdas, las bromas sin sentido, las risas que les hacían doler el estomago, todo destruido por los gemidos que salían de aquellos labios, lágrimas derramadas por aquellos rojizos ojos y sobre todas las cosas, el pesar impregnado en el rostro de quien desde el primer encuentro se había convertido en alguien indispensable para seguir viviendo y ahora, ahora ya no estaba. Ya no quedaba nada.

A paso lento avanzó hacia la cocina buscando y tomando entre sus manos el cuchillo más largo y filoso que encontró. Volvió a la sala cerrando con seguro puertas y ventanas, asegurándose que esa vez nadie interferiría con lo inevitable, con movimientos casi mecánicos se arrodilló de frente a la puerta apoyando el mango del cuchillo contra la robusta madera y la punta metálica contra su pecho desnudo apuntando directo al corazón, respiró profundo sintiendo como el filo del cuchillo atravesaba un poco de su piel dejando que un par de diminutas gotas de sangre escaparan de su cuerpo.

Cerró los ojos por última vez listo para correr a los brazos de la muerte. La presión del arma sobre su pecho aumentó engrosando la herida permitiendo que aquel carmesí y vital líquido precipitase su escape.

Tomó aire tensando sus manos preparándose para dejar de respirar en…

3…

2…

1…

¡Ring!

El endemoniado timbrar del teléfono sorprendió a su intranquilo corazón, con gesto molesto trató de concentrarse ignorando todo lo que había a su alrededor, pero no servía de nada, aquel aparato no dejaría de sonar hasta ser atendido.

Con fastidio se puso de pie caminando hasta el inoportuno teléfono contestándolo con un veloz movimiento y dejando pasar unos cuantos segundos antes de hablar.

-¿Quién es y qué quiere? –pregunto bañando sus palabras en odio.

-[… ¿Fudou? Hola] –la voz de Fubuki sonaba preocupada al otro lado del auricular – [Lamento interrumpir tu día de resurrección, pero…] –era tradición en la empresa que tras acabar exitosamente con una Death Week aquellos que participaron en el proyecto se tomaban un buen y merecido día de descanso – [El jefe acaba de recibir una respuesta del cliente. Al parecer quedó muy satisfecho con los resultados y quiere felicitar personalmente a los responsables] –

-Y eso me interesa ¿Por qué? –

-[Quiere que seas tu quien vaya a recogerlo al aeropuerto mañana…] –

-¿¡Por qué!? –

-[Por que eres el único al que los de seguridad no vigilan de cerca apenas entras al estacionamiento] –

Fudou gruñó, a veces ser el único que se comporta como una persona "normal" fuera de la empresa en horas de oficina no era nada bueno.

Miró de reojo el cuchillo que permanecía en su mano derecha y suspiró pesadamente.

-¿No hay nadie más? –

-[mmm… Pues la última vez ficharon a la "princesa de hielo" así que… no. No queda nadie más] –respondió Fubuki tratando de ocultar una notoria risilla ante el recuerdo de aquel día.

-… De acuerdo, lo hare –

-[¿¡Enserio!? ¡Mil gracias amigo! Le avisare al jefe, por cierto… te escucho raro ¿Todo bien?] –

Había chantajeado a su amado mejor amigo, lo había violado y todavía tuvo el descaro de pensar que tendría una oportunidad con él ¡Obviamente NADA estaba bien!

-Tranquilo, todo bien –Mintió, lo que Fudou menos necesitaba en ese momento era la lástima de alguien que se pasaba la mayor parte del día pensando apodos para todas las personas que habían cruzado más de 5 palabras con él.

-[¿Seguro?] –

-Completamente, sólo me duele un poco la cabeza, descansaré un poco y estaré como nuevo. Nos vemos mañana en el trabajo –dijo antes de ser bombardeado con más preguntas.

-[… Ok, hasta mañana] –se despidió Fubuki no muy convencido, ya lo interrogaría como es debido al día siguiente.

-Adiós –se despidió Fudou colgando el teléfono lo más tranquilo posible y permaneciendo quieto por un largo rato.

La mente del oji-verde era un desastre.

Al borde de la desesperación comenzó a cortar y apuñalar a la pared más cercana con toda su fuerza, volcando en ese simple acto toda su rabia, frustración y odio hacia sí mismo.

-¿¡Por qué!? –Se cuestionaba entre gritos sin poder contener por más tiempo las lágrimas -¿¡Por qué siempre tiene que suceder algo que me interrumpe!? ¡Maldito seas Dios! ¿Por qué te esfuerzas en mantenerme con vida? –

Después de casi una hora con los ojos hinchados por el llanto, la garganta seca y sin voz y sin fuerza alguna para continuar masacrando el dañado muro, Fudou soltó el cuchillo que cayó estrepitosamente sobre el suelo, retrocediendo un poco contempló con tristeza el resultado final de sus actos, severos y profundos cortes cubrían la inocente pared con ya escaza pintura cubriéndola.

Exhausto sujetó su cabeza con ambas manos y tirando de algunos mechones de cabello dio un grito mudo dejándose caer en uno de los sillones de la sala cayendo dormido casi al instante con unas cuantas lágrimas más recorriendo su rostro junto con unas gotas de sangre secándose sobre su pecho.

Casi al mismo tiempo lejos de ahí Kido había logrado llegar a su casa sin saber exactamente cómo, pues en su cabeza la imagen de aquella puerta cerrándose se repetía una y otra vez.

Se había mantenido sentado al borde de su cama sin la más mínima idea de qué podía hacer. En su mano derecha su teléfono celular timbraba con una alegre melodía anunciando un mensaje recién recibido de Haruna diciéndole el día y la hora en que esperaban estar de regreso en la ciudad.

Al mirar la pantalla el oji-rojo sonrío sin ánimos.

¿Por qué se sentía de esa forma? Muchas veces él y Fudou habían peleado dejando de hablarse por meses para luego hacer las paces y aunque muy en el fondo sabía que esa ocasión no sería diferente, no podía calmar esa ansiedad que lo sofocaba.

Dejó el celular sobre la cama poniéndose de pie con cuidado, caminó hasta su armario sacó algo de ropa limpia y se metió al baño para ver si con una buena ducha lograba tranquilizarse un poco.

Tras quitarse la ropa contempló con miedo y asombro su cuerpo reflejado en el espejo, era difícil encontrar un lugar sobre su piel que no hubiese sido marcado por Fudou. Respiró con dificultad esforzándose al máximo para apartar la mirada de su magullado ser introduciéndose de una vez por todas en la regadera.

Bajo el tibio chorro de agua limpió su cuerpo a conciencia que, contrario a lo que esperaba, no se encontraba sucio en lo más mínimo. Vertió un poco de shampoo sobre sus manos soltando una disimulada risa ante el recuerdo de la inusual "tortura" de su antiguo amo para saber su secreto capilar, alegría que enseguida fue opacada por el eco de sus propios gemidos resonando en su cabeza por el vívido recuerdo de ver como el oji-verde engullía su miembro estremeciéndose y reaccionando sin poder evitarlo igual que la noche anterior.

Miró con pavor su pene erecto ¿En qué clase de desquiciado pervertido se había convertido para ponerse duro recordando el cómo fue violado por su mejor amigo?

En un instante abrió por completo el agua fría esperando a que esta fuese suficiente para apaciguar a la mitad inferior de su cuerpo que, aun después de veinte minutos, se negaba a calmarse. La única opción que le quedaba para aplacar su erección sin arriesgarse a coger una neumonía sería a la antigua, su mano y la imagen más excitante que pudiese imaginar.

Al principio fue fácil, la delicada figura de su amada Haruna bailaba atrevida dentro de su mente, con su bella sonrisa, su melodiosa voz y más importante sus vivos y brillantes ojos verdes, podía escucharla claramente llamándolo "hermanito, hermanito" una y otra vez, lo que nunca esperó fue que el último de esos dulces "hermanito" sonase en un tono más grave de lo normal, su mente le estaba jugando sucio llevándolo de regreso a la mañana en que todo ese problema comenzó, Fudou imitando a su hermana mientras lamia su oreja poco antes de chantajearlo.

Una severa descarga eléctrica recorrió su columna vertebral obligando al oji-rojo a apoyarse sobre el muro de la regadera para no caer.

Y eso no fue todo, como estando ebrio había besado a Fudou creyendo que era Haruna, como el oji-verde le había regresado la jugada en cuanto despertó y el cómo había hecho hasta lo imposible para callar el placer prohibido que sintió al ser penetrado por su mejor amigo.

Tanto los recuerdos como su propia mano sobre su miembro estaban fuera de control y no parecían querer detenerse. Pronto sintiéndose débil y al límite recargo su cabeza sobre el frio muro respirando de forma agitada.

-F-Fudou… –gimió inconscientemente llegando al clímax de una forma que jamás se hubiese imaginado.

Observo como su semen se había adherido a la pared de celestes azulejos descendiendo lentamente presas de la gravedad. Sus ojos rojos abiertos como platos se mantenían fijos en aquella pequeña muestra de su indecoroso acto sin entender qué había pasado exactamente.

¿Cómo pudo llegar al orgasmo pensando en la persona que en las últimas semanas era su principal dolor de cabeza?

Cubriéndose la boca con su mano "limpia" se dejo caer de rodillas dentro de la ducha donde permaneció con el agua fría aun vertiéndose sobre su cuerpo pensando una y otra vez.

¿Por qué?

¿Por qué tenía que pasarle eso a él?

¿Por qué… había caído en ese abismo sin salida?

¿Por qué?


Taran!

Que les ha parecido? les he vuelto a dejar con ganas de más?

Por el momento no tengo preguntas random y sin sentido que hacer (mi cerebro esta seco), pero eso si mis estimados lectores, les pediré de favor que vayan pensando en algo que podría cambiar el rumbo de la historia y es... pom pom pom

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(pausa dramática)

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Banana o Goggles?

Puede que esto no tenga sentido ahora, pero lo tendrá!

Hasta entonces creo que sería todo, no olviden buscarme en el cara-libro (Black Cat Soul), por cada like doy un paso más a la conquista mundial cofcofcof quiero decir... hacen feliz a un gatito... si eso! por los gatitos del mundo! :3

Nos leemos pronto (sino) que tengan Feliz Navidad y Prospero Año nuevo!

Y para inayaon.2 y Guest-san: podrían darse una vueltesita por las historias de rango T o mi perfil?