Hello! Ya sabían? las saladitas son horneadas! jajaja ya hablando en serio, les tengo buenas y malas noticias, pero como estoy segura de que no pueden esperar por leer este nuevo capitulo ya les platicare luego... entiéndase que nos leemos al final del capitulo.
Pero antes... y como siempre les doy las gracias a todos los que leen, siguen y comentan este fic (también los otros, pero por el momento centrémonos en este ;3) Inayaon.2, Lexington Rabdos, dama-kge, Nonrinu Ayu, fan hinata y obviamente a Jaakuna Sakkako-chan por el apoyo ^3^
Ositos de gomita para todos y que disfruten el capítulo!
Todo era perfecto para todos, excepto para cierto castaño que con el cansancio reflejado en el rostro, despertaba de una larga y comatosa siesta de más de 18 horas con los ojos hinchados, lágrimas secas cubriendo sus mejillas, una migraña de los mil diablos taladrando su cerebro y una expresión que desbordaba odio puro, permanecía acostado boca arriba en unos de los sillones de su sala maldiciendo el simple hecho de aun estar respirando.
No quiso pensar en lo diferente que hubiera sido el poder apuñalarse el corazón y morir en lugar de contestar el estúpido teléfono y permanecer vivo. Soltó un sonoro suspiro incorporándose sobre el sillón sintiéndose inmediatamente débil y mareado por ese maldito dolor que le carcomía las ideas.
Tratando de ignorar aquella molestia y gruñendo por lo bajo se puso de pie caminando descalzo hacia su habitación pisando en el transcurso el, ya no tan filoso, cuchillo abandonado a medio camino. Dando un casi instantáneo salto hacia atrás, y maldiciendo al mundo entero, observó el superficial corte en su planta del pie derecho ahora adornada con una delgada línea carmesí.
Murmuró entre dientes varias groserías y blasfemias y sin importarle nada continuó avanzando asegurándose de no volver a pisar el ahora inútil utensilio de cocina y dejando tras de sí vistosas huellas rojas.
Al entrar en su habitación sintió náuseas; estaba completamente desordenada, las cobijas sucias en el piso, la sangre y el semen sobre la cama, el aroma a sexo aún en el aire. No lo pudo resistir, corrió hacia el baño vomitando las inexistentes miserias que había en él.
Cada segundo de aquel prohibido acto se repetía dentro de su mente sin darle tregua. Su gran error y las terribles consecuencias.
Todo destruido en un instante.
Con el cuerpo aún inclinado sobre el escusado y un delgado hilo de saliva colgando de su labio inferior, el castaño cerró fuertemente sus ojos intentando borrar aquellos recuerdos, pero era inútil.
Agobiado, asqueado, molesto y desesperado, se puso de pie quitándose la poca ropa que llevaba encima metiéndose a la regadera y abriendo las perillas de ésta, dejó que el agua fría le cayera de lleno limpiando los restos del día anterior que un permanecían en su persona. Tras casi una hora de permanecer bajo el helado chorro de agua, salió del baño con una única toalla sobre su cabeza secando sus cabellos, desviando la mirada del desorden de su habitación abrió su armario y tomando algo de ropa, unos viejos tenis deportivos, unos pantalones de mezclilla azul marino no muy ajustados, una playera gris y una sudadera negra se vistió en un segundo y salió del cuarto.
Su estómago rugía con cada paso que daba, quería comer, necesitaba comer, su cuerpo le exigía comida, pero apenas abrió el refrigerador una nueva arcada lo sacudió obligándolo a encorvarse cubriendo con una mano su boca y con la otra presionando su estómago. Cuando por fin logró recuperar la calma cerró la puerta del refrigerador de una patada, tomó un vaso de la alacena y lo llenó de agua bebiéndosela en cuestión de segundos… 1, 2, 3 ,4 vasos más, siguió bebiendo hasta que sintió que el agua comenzaría a salírsele por las orejas, sólo hasta ese momento dejó el vaso sobre la mesa. Caminando con pesados pasos salió de la cocina sentándose en uno de los sillones de la sala, miró de reojo la maltrecha pared y suspiró.
-Con algo de yeso y un poco de pintura debería quedar bien –se dijo a sí mismo con un tono lento y sin ánimo –pero aún no tengo dinero, primero debo ir a cobrar la Death Week –con cada palabra que decía también mecía su cabeza de un lado al otro –Ah~ y también tengo que ir a recoger al cliente ese –volvió a suspirar.
Después de varios minutos de completo silencio, en los que permaneció completamente inmóvil, chasqueó la lengua con cierto fastidio y se puso de pie, después de todo era inútil seguir lamentándose. Así que después de levantarse del sillón tomó sus llaves, teléfono y cartera dejándolos bien guardados en los bolsillos de su chaqueta para luego salir de la casa.
Ese sin duda no iba a ser un buen día para Akio Fudou.
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Muy lejos de ahí, una taza que antes estuvo llena de un humeante y delicioso café fue dejada a un lado sobre el fregadero de la sencilla cocina. Los planes previstos para ese día se repasaban una y otra vez en la cabeza de aquel joven, no porque temiese olvidar algo sino que de esa manera podía mantenerse ocupado evitando pensar en todos los acontecimientos reciente.
Saco de su bolsillo su teléfono celular y reviso el último mensaje recibido el día anterior.
From: Haruna.
Subject: Hola!
¡Hola hermanito! ¿Cómo estás? Yo me encuentro muy bien.
Solo quería comentarte que mañana nuestro vuelo sale a las 7am y estaremos aterrizando cerca de las 10 am.
¿Enserio no te molesta ir por nosotros?
Dirigió su rojiza mirada hacia el reloj de la cocina que marcaba exactamente las 9:05. En cinco minutos más saldría de su casa con dirección al aeropuerto, se hacían aproximadamente cuarenta y cinco minutos de viaje, encontrar un lugar no le tomaría más de diez minutos mientras esperaba a que aterrizara el avión podría caminar tranquilamente hacia el hangar y en ese momento podría volver a ver a su amada hermana.
El reloj marcó la hora esperada, con ansias tomó las llaves de su auto dirigiéndose a su destino, las calles estaban prácticamente desiertas por lo que avanzando sin prisa el oji-rojo se tomó su tiempo siendo acompañado únicamente por la rítmica y tranquilizadora música de aquella pasada de moda estación de radio.
Tras aparcar el auto se adentró al enorme recinto que a diferencia de las abandonadas calles estaba lleno de personas que iban de un lado a otro, corriendo para alcanzar sus respectivos vuelos o desesperados por conseguir un taxi. Era precisamente ese caos el que Kido quería evitarle a su pequeña hermana, por eso se ofreció a ir por ella en cuanto le avisó de su regreso.
Sacó su teléfono para mirar la hora (tres minutos para las diez) y guardándolo nuevamente en su bolsillo caminó con calma pasando entre el mar de gente enfocado únicamente en su plan previamente estipulado, por lo que no vio a aquel joven cuyos verdes ojos permanecían enmarcados en un eterno gesto de fastidio observando las muchas fotografías colgadas en la pequeña caseta policiaca del aeropuerto. El simple hecho de conocer a casi todas aquellas personas expuestas en lo que se consideraría "el muro de la vergüenza" de aquel lugar le hacía doler la cabeza.
-¿Se le ofrece algo, joven? –preguntó serio uno de los oficiales de seguridad después de ver como el oji-verde no se había movido de ese lugar por más de diez minutos.
Con lentitud cerró sus ojos relajando su expresión lo más posible mostrando una casi invisible sonrisa.
-No realmente, sólo quería burlarme de los idiotas en ese muro. Qué tenga un buen día oficial –dijo tranquilamente mientras se daba media vuelta alejándose del confundido policía. Ahora sólo tenía que preocuparse porque el avión del cliente, que llevaba más de media hora de retraso, dejase de hacerlo perder el tiempo.
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El avión ya había aterrizado y los pasajeros comenzaban a salir sin prisa alguna dirigiéndose hacia la salida más próxima o hacia alguno de los muchos locales dentro del recinto deseosos de comprar algún alimento, cigarrillo o suvenir. Pasando rápidamente sus ojos rojizos por sobre los rostros de las personas, Kido buscaba anhelante aquel rostro familiar y encantador deseando que con su radiante sonrisa se esfumasen los exasperantes recuerdos que lo asediaban día y noche sin descanso, en especial ese dolor en el pecho que parecía crecer cada vez que recordaba aquel vergonzoso e indecente momento en la ducha.
Los minutos pasaban y Haruna no aparecía por ningún lado, con cierto desespero el de rastas volvió a mirar la hora en su celular: Diez con veinte; suspiró con pesadez ¿Debería llamarla? No sería buena idea, conociéndola posiblemente aun tenía su teléfono en modo avión o apagado, por lo que le sería inútil intentar comunicarse con ella ¿Y si iba con los de seguridad para anunciarla por los altavoces? Negativo, Haruna ya no era una niña y hacer eso sólo conseguiría que su pequeña hermana se enojase con él.
Más planes pasaban por la cabeza del joven siendo descartados casi de inmediato. Chasqueando la lengua molesto miró nuevamente a su alrededor sin poder encontrar a quién buscaba hasta que una familiar voz se alzó por encima del barullo a su alrededor atrayendo su atención.
-¡Hermanito, por aquí! –gritó la suave y encantadora voz de Haruna que con gracia avanzaba dando pequeños saltos entre la multitud hasta donde se encontraba su querido hermano mayor.
Con su nívea piel ligeramente bronceada por el sol, un par de artesanales trenzas hechas en el lado derecho de su azulado cabello, sus delgados y apetitosos labios cubiertos por una fina y transparente capa de brillo labial junto con un ligero y nada artificial rubor rosado en las mejillas, vestía un liviano y suelto vestido blanco de tirantes, delicadamente ajustado bajo su busto y que le llegaba por encima de las rodillas, además de unas frescas, e igualmente blancas, zapatillas de tirantes.
Para cualquiera que la viese en ese momento podría sentir su propio corazón latiendo descontrolado, cualquiera excepto aquel joven de rastas.
-¿Eh? –susurró confundido al momento en que su pequeña hermana lo apresaba en un dulce y gentil abrazo llevando hasta su nariz la suave esencia del mar. El sutil aroma, la bella imagen y el cálido contacto deberían ser suficientes para que el corazón de Kido Yuto latiese a mil por hora, pero eso no estaba sucediendo.
Era verdad que dentro de su pecho había una felicidad desbordante por aquel ansiado rencuentro con su hermana menor, pero esa alegre sensación no era la misma que solía sentir al verla.
-¿Me extrañaste mucho? –pregunto con ternura alzando su verdosa mirada encontrándose con la cariñosa sonrisa del oji-rojo.
-Claro que sí, te extrañe muchísimo Haruna –respondió amablemente con una sonrisa en el rostro mientras besaba tiernamente la frente de la peli-azul envolviéndola con un igual de tierno abrazo mientras hacía un enorme esfuerzo por explicarse a sí mismo, sin que en su rostro se notase, los motivos por los que ni su cuerpo ni su mente reaccionaban igual ante aquella situación.
Podía escuchar la animada voz de su hermana menor ansiosa por contarle las miles de anécdotas de todo lo que había visto y hecho durante su luna de miel, no obstante una conocida voz ajena a la conversación hizo un lastimero acto de presencia.
-H-Haruna… Ayuda –suplicó la voz llevando la atención de ambos hermanos a lo que parecía ser una montaña de bolsas y maletas caminante.
-¡Ah! ¡Yuuya! –exclamó Haruna corriendo a socorrer a su esposo Kogure Yuuya que parecía volverse cada vez más pequeño bajo el peso de todo aquel equipaje.
Kido se sintió nuevamente confundido, pues el odio y los celos que normalmente le carcomían las entrañas cada vez que veía a su cuñado tampoco se habían hecho presentes. En cambio, se sentía tranquilo y completamente en paz.
-Hola, Kogure ¿Necesitas ayuda con eso? –preguntó en tono amable el oji-rojo viendo con cierta diversión como su hermana intentaba, sin éxito alguno, ayudar a su esposo. Lo que no esperó fue que aquella joven pareja se le quedase viendo algo sorprendidos ante, según ellos, su extraño comentario -¿sucede algo? –
Marido y mujer se miraron entre sí por un segundo cambiando sus sorprendidas expresiones por una caras serias con un deje de melancolía. Haruna fue la primera en hablar rompiendo el silencio que se había formado a su alrededor.
-P-pues… creía que Yuuya no te caía bien, hermanito –confesó con algo de tristeza y Kido se sorprendió pues los desagradables sentimientos que tenía hacia su cuñado no habían pasado desapercibidos.
Un inaudible suspiro abandono sus labios mientras su corazón se agitaba sintiéndose un poco culpable, pero aun así se sentía extrañamente tranquilo.
-¿Y qué esperabas? –preguntó inexpresivo caminando hacia la pareja tomando de la cansada espalda del pequeño Kogure un par de pesadas maletas para echárselas al hombro –: Primero me quita a mi pequeña hermanita y se la lleva lejos de mí por casi tres semanas, y segundo la hace más feliz de lo que yo podría hacerla, es más que obvio que no me va a agradar –dijo sin poder contener por más tiempo una sincera sonrisa que se apoderaba de su rostro –. Pero bueno, supongo que ahora que han regresado con bien, ya no tengo nada de qué quejarme –
Las caras de felicidad y alivio en los rostros de aquellos jóvenes recién casados daban la sensación de que nunca desaparecerían.
Con un fuerte abrazo y tras repartir "equitativamente" el resto de las maletas, el pequeño grupo emprendió el camino de regreso hacia el estacionamiento charlando de diferentes y divertidas cosas que vivieron durante su viaje, entonces repentinamente y sin aviso Haruna hizo a un lado la única maleta que llevaba y echó a correr hacia la multitud de personas dentro del aeropuerto dejando a su hermano y marido perplejos.
-¡Fudou-san! –gritó emocionada y por un segundo el corazón de Kido se detuvo.
No muy lejos de ahí entre el gentío el joven castaño de ojos verdes miraba con cierto fastidio como el enorme tablero de anuncios finalmente anunciaba que el tan esperado vuelo estaba a punto de aterrizar. Cuando escuchó su nombre alzarse por sobre las voces de las personas parpadeó desconcertado buscando rápidamente con la mirada a quien quiera que lo hubiese llamado e inmediatamente la figura de la peli-azul con sus brazos extendidos saltó a la vista.
Aun sorprendido por aquel inesperado encuentro Fudou correspondió el cálido contacto que le ofrecían, separándose un poco después de algunos minutos contempló a la pequeña entre sus brazos pensando en lo incómoda que podría volverse esa situación.
-¡Hola, hermosa! ¡Cuánto tiempo! –Exclamó tomándola de la mano con dulzura para hacerla dar un par de vueltas en su lugar, haciéndole volar ligeramente el blanco vestido –Qué coincidencia vernos aquí –
-¡Qué bueno verle! –dijo sonriente aunque algo confundida -¿acaso no acompañó a mi hermano a recogernos? –
-Dulzura, yo ni siquiera sabía que volvían hoy –contestó sin apartar la mirada dándole la menor importancia al asunto.
-Ohhh–susurró un tanto confundida.
Notando como el ambiente a su alrededor comenzaba a tensarse, Fudou posó una de sus manos sobre la cabeza de Haruna sacudiéndola hasta despeinarla.
-¿Qué tal la luna de miel? –pregunto con una sonrisa en el rostro.
-¿Eh? Fue maravillosa –dijo completamente entusiasmada olvidando de inmediato la tensión de antes – Ahora mismo vamos de regreso a casa ¿Quiere acompañarnos? –
-Lo siento linda, pero estoy aquí por negocios –
-Ya veo –dijo, era imposible no notar el leve tono de decepción en la voz de la joven.
-Iré a molestarlos después del trabajo–
Con ese simple comentario una sonrisa apareció en el rostro de la peli-azul.
-¿Qué negocios viene a atender? –preguntó curiosa arreglando un poco su desordenado cabello.
-Solo vengo a recoger a un cliente –dijo tranquilo –se supone que su vuelo no tarda en a… -
"El vuelo 564 de América ha aterrizado, los pasajeros comenzarán a salir por el hangar 6" habló una voz casi mecánica resonando por los interlocutores del aeropuerto.
En un exagerado y dramático gesto, Fudou se arrodillo alzando sus brazos extendidos hacia el cielo.
-¡Manifiéstate, oh voz toda poderosa! –exclamó llamando la atención de todos a su alrededor.
-¿F-Fudou-san? –
-Al parecer ya llegó el avión del cliente –dijo como si nada poniéndose de pie mientras sacudía sus rodillas.
-Siendo ese el caso, no lo entretendremos más Fudou-san –
-Ok, pero antes de que te vayas ¿No tendrás de casualidad papel y lápiz en el agujero negro de tu bolsa? Porque sinceramente no conozco al tipo, no lo he visto ni en pintura y no pienso ponerme a gritar su nombre como un desquiciado –
-Creo que no, lo siento Fudou-san –respondió Haruna con algo de tristeza.
-Ya veo, siendo ese el caso… –el oji-verde meditó por un momento frotando su barbilla con aire pensativo – ¿qué me dices de esos lápices de maquillaje que ustedes las chicas suelen usar tanto? –
-¿un delineador de ojos? –
-Ni idea, yo soy niño, así que no sé de esas cosas –
Soltando una risilla divertida Haruna sacó de su bolso de mano un sencillo delineador de ojos color negro que Fudou aceptó agradecido, con un simple movimiento se alzó la manga izquierda de su chaqueta por encima del codo y apoyando su muñeca contra su cuello procedió a escribir sobre su antebrazo el nombre de aquel hombre deletreando letra por letra conforme lo iba tatuando temporalmente en su piel.
-K-A-G-E-Y-A-M-A R-E-I-J-I… ¡Listo! Gracias, Haruna –exclamó satisfecho al escribir la última letra devolviéndole el útil lápiz a su dueña –Es en momentos como éste donde los hombres se diferencian de los niños – dijo con exagerado aire orgulloso.
Una nueva risilla abandonó los labios de la peli-azul.
-Bueno, ya me voy. Los veo después –dijo el oji-verde comenzando a alejarse aunque después de un par de pasos agregó con picardía –Y espero pronto ver pequeñines que me llamen "Tío Fudou" ¿ok? –
Ante el comentario los rostros de los recién casados se tiñeron de un intenso rojo carmesí viendo como Fudou se movía, con una gran sonrisa en los labios, entre la multitud hasta llegar al sexto hangar, no muy lejos de donde se encontraban.
Ni una mirada, ni un gesto, ni siquiera una sola palabra, nada. La presencia de Kido había sido completamente ignorada por el oji-verde que deteniéndose junto a un hombre alto cerca del hangar se mostraron una sonrisa cómplice por el improvisado letrero del castaño mientras observaban a las personas que bajaban del avión.
Con silenciosos pasos, Haruna volvió hasta donde se encontraban su esposo y hermano esperando.
-Hermano ¿acaso te peleaste con Fudou-san? –preguntó la joven confundida mirando a su hermano mayor con cierto reproche.
La pregunta tomó desprevenido al oji-rojo que por un único segundo dejó que su mente viajase a máxima velocidad por las últimas tres semanas: su ebria confesión, el chantaje, la esclavitud, su decisión, el entregarse a su "mejor amigo" y los placeres prohibidos que lo invadieron en ese momento y que aun en ese instante seguían atormentando su cuerpo y mente.
-N-no… no es como si nos hubiésemos... peleado –contestó bajando un poco la mirada.
Y esa era la realidad. En sus usuales peleas, las discusiones comenzaban por parte de ambos, pero en esa situación… simplemente todo se había salido de control llevando a ambos jóvenes a los extremos.
Con el corazón en un puño comenzó a alejarse de ahí, deseaba irse y mantenerse lo más apartado que pudiese de ese hombre y de esos agitados pensamientos que lo invadían al estar cerca de él.
-Hermano, espera un momento –habló Haruna con cierto tono autoritario. Sorprendido por el acento en la voz de su pequeña hermana, se detuvo en seco girando sobre sus talones para mirarla de frente, pero lo primero que vio fue la pequeña maleta que llevaba la peli-azul volar hasta sus brazos impactándolo con un pequeño golpe – ¡Enseguida regreso! –exclamó al tiempo de que salía corriendo en dirección al baño más cercano.
Kido y Kogure la observaron alejarse y por un momento de silencio absoluto intercambiaron una sencilla mirada soltando finalmente una sonora carcajada.
-Esto tardará ¿Quieres ir por un café? –preguntó el oji-rojo con una divertida sonrisa en los labios.
-C-claro –respondió el menor sintiéndose aún algo cohibido por la repentina amabilidad del mayor hacia su persona.
Se acercaron a una pequeña cafetería y tomaron asiento en una mesa alta dejando las pesadas maletas en el suelo junto a ellos. Con una sola seña, Kido llamó la atención de una chica que con una alegre sonrisa fue hasta ellos para tomarles la orden.
-¿Negro? –Le preguntó a Kogure quien sólo asintió nervioso con la cabeza –Dos cafés negros y un té frio de jazmín, por favor –pidió a la chica quien anotando todo en una pequeña libreta hizo un sutil gesto con la cabeza y regresó sobre sus pasos para traer el pedido.
Durante un segundo el silencio reinó alrededor de ambos jóvenes, pero con una profunda respiración fue el mayor quien comenzó a hablar.
-Ella suele ser siempre así de imprudente, te la encargo mucho –dijo quedamente, como si aquellas palabras luchasen por mostrar su sinceridad.
El pecho del pequeño Kogure se agitó con desbordante emoción, su admirado superior de aquel pequeño equipo de soccer lo estaba finalmente aceptando como un miembro de su familia después de haber pasado los últimos años, desde que comenzó a salir con su hermana, sintiendo su palpable odio.
-¡Por favor, no se preocupe! –Exclamó lleno de convicción –Por ella soy capaz de dar hasta mi vida –
-No quiero que des tu vida por ella, Kogure. Quiero que vivas junto a ella –
Con esas palabras y un renovado espíritu positivo continuaron hablando de trivialidades y de los planes que tenían a futuro y mientras conversaban, con sus vasos térmicos llenos de un humeante café en mano, la mirada del oji-rojo se perdía por momentos en la lejanía enfocándose, sin así desearlo, en la espalda del castaño de ojos verdes.
Aun sin verlo de frente podía notar sus acciones a la perfección, su expresión cansada de esperar mirando a todos los pasajeros poniéndose de puntillas mientras que elevaba lo más posible su antebrazo esperando a que "el cliente" se dignase a aparecer.
-¿Así que piensan mudarse? –pregunto Kido manteniendo una pequeña parte de su mente concentrada en la conversación que tenía con su cuñado.
-Así es –confirmo Kogure.
Un hombre alto, de complexión delgada y cabello ceniciento se acercó hasta donde Fudou esperaba, intercambio una mirada entre su antebrazo y las oscuras gafas de sol de aquel hombre y tras un saludo, una sencilla presentación y un intercambio de palabras, que el oji-rojo no pudo escuchar por la distancia y el ruido del lugar, la vio: Una sonrisa en los labios del castaño, tan pura, tan inocente, tan obviamente falsa que engañaba a cualquiera que la observase.
-¿Y ya tienen algo planeado? –volvió a preguntar.
-Aun no, por el momento buscaremos un buen lugar que se adapte a nosotros y nuestros bolsillos, pero esperamos que en un mes y algo ya podamos instalarnos en el hogar dulce hogar –respondió.
Kido recordaba esa sonrisa ¿Y cómo olvidarla? Si fue usada como carta de triunfo en la mayor parte su vida escolar con Fudou. Sin importar que tan bien conociesen los profesores el pésimo carácter del joven oji-verde, bastaba colocar esa tierna sonrisa para que ellos pasaran por alto casi todas las peleas, obviamente iniciadas por Fudou, las faltas de respeto y la gran cantidad de problemas causados "accidentalmente" al alumnado y propiedad escolar.
-Saben que si necesitan dinero o cualquier otra cosa pueden preguntarme sin problema ¿no? –
-¿Eh? ¿Lo dice enserio? –dudó el más joven.
-Claro que sí, aún si sólo se trata solo de ayudar con la mudanza o algo por el estilo –
-V-vaya, Kido-san. Se lo agradecería mucho –contestó con cierto alivio.
Aquella sonrisa a la que tenía años de no ver, ahora se mostraba nuevamente en el rostro de aquel joven que fingiendo ser la persona más amable del planeta se ofreció a cargar con el par de maletas que aquel hombre llevaba consigo.
-No tienes por qué agradecer, somos familia ¿no? –dijo mostrando una sencilla sonrisa regresando por un momento su mirada a la persona sentada frente a él que le correspondía el gesto con el más sincero agradecimiento.
Mientras continuaban con una conversación ya más trivial el foco de atención del mayor volvió a alejarse.
-¿No preferiría comprar en alguno de los locales? –Preguntó un poco confundido el oji-verde al recién llegado cliente – ¿O si quiere puedo detenerme en algún establecimiento de camino a la empresa? –
-No realmente –contesto el cliente con cierto aire de soberbia bañando sus palabras –Sólo quiero unos cigarrillos de la máquina expendedora –
-Ok… Usted es el jefe, señor Kageyama –respondió Fudou encogiéndose ligeramente de hombros acercándose a la dichosa máquina.
Sin darle importancia, y negando el dinero que le tendía el cliente, colocó un par de monedas en la pequeña rendija y presionó la combinación correcta de botones para obtener los cigarrillos que Kageyama quería.
Con lentos y chirriantes movimientos la metálica espiral comenzó a girar llevando hacia el vacío, milímetro a milímetro, la dichosa cajetilla que por fin, después de exasperantes segundos de espera, cayó con un sonido sordo que se vio opacado por el ruido digno de aquel lugar.
Con un tranquilo movimiento inclinó la mitad de su cuerpo hacia adelante lo suficiente para deslizar su mano por la rejilla, a tientas fue buscando la pequeña caja de cartón. Al encontrarla no pudo evitar curvar sus labios en una sencilla sonrisa, pero antes de que siquiera pudiese tomarla una mano ajena se posó detrás de él acariciando, con fuerza y sin vergüenza alguna, su trasero delineando cada centímetro de piel oculta por la tela que lo cubría.
La sorpresa que sobrecogió al oji-verde fue tal que por mero instinto se impulsó hacia el frente dándose de lleno contra la máquina expendedora que en un indignado gesto dejo caer una botella de jugo de durazno. Si bien la acción en si había sido de lo más discreta, la reacción del joven había logrado atraer varias miradas hacia su persona mientras se incorporaba con la sorpresa impregnada en el rostro y con la espalda fuertemente adherida al frio cristal de la máquina en un peculiar gesto de defensa, observaba a su alrededor con un odio oculto tras una faceta de confusión.
Que aquellas personas no le quitasen los ojos de encima le fastidiaban y si no fuese porque le prometió a su Jefe "comportarse" frente al cliente, al que tenía ganas de quebrarle el cráneo a golpes, ya les habría gritado hasta de lo que se iban a morir, en lo que respectaba a aquel hombre cuya expresión divertida no desaparecía de su rostro.
El desprecio lo llenaba, pero debía mantenerse tranquilo pues en ese momento él era la imagen de la empresa y si daba una mala impresión su Jefe no se lo perdonaría. Intentó apartar la mirada para calmarse un poco, lo que no esperó fue encontrarse con un par de ojos rojos fijos en su persona con una expresión indescifrable.
Aquel contacto visual duro solo unos cuantos segundos y de inmediato apartó la mirada, en su cabeza había un tornado de pensamientos y emociones torturándolo. Sin despegar la espalda de la máquina, y mirando fijamente al cliente, se deslizó hasta quedar de cuclillas en el suelo y con un movimiento sutil tomo la cajetilla y la inesperada botella de jugo volviendo a incorporarse y a abrir lentamente el pequeño paquete.
-Señor Kageyama, por favor no haga esas cosas en este lugar –
Con una tranquila sonrisa que en silencio gritaba "¡Venganza!", Fudou ofreció a Kageyama uno de los cigarrillos de la cajetilla recién abierta junto con la encendida flama de su fiel encendedor, el cual aun después de haber dejado de fumar siempre llevaba consigo, con el primordial objetivo de encender el delgado contenedor de nicotina, si tropezaba y prendía fuego "accidentalmente" a la ropa de aquel sujeto… sería un triste e inevitable accidente.
-¿K-Kido-san? –no muy lejos de ahí, fuera del rango de audición del joven de ojos verdes, Kogure se había puesto instintivamente de pie mirando con preocupación a su amable cuñado -¡Kido-san! –exclamó elevando más su voz la cual desde hace medio minuto que no lograba atraer la atención del joven de rastas.
Con una indescriptible y vacía emoción en el rostro Kido parpadeó un par de veces antes de posar su rojiza mirada en el joven de azulados cabellos quien al parecer no era el único que lo observaba preocupado, algunos de los empleados de aquel pequeño establecimiento junto con uno que otro viajero curioso mantenían sus ojos fijos en él.
Por instinto bajó la mirada topándose para su sorpresa con su vaso de café, del que hasta hace unos minutos había estado bebiendo tranquilamente, destruido en su mano derecha echa puño y con el aún candente líquido derramándose sobre su piel, ahora rojiza por la temperatura, la mesa y un poco en el suelo a su alrededor.
Se quedó quieto sin siquiera reaccionar pues no lograba entender lo que había pasado. En un momento estaba hablando con Kogure sobre su luna de miel y al siguiente miró de reojo el lugar donde se encontraba Fudou, mirando el segundo exacto donde él, por el acoso de aquel cliente, se golpeaba contra la máquina expendedora, después de eso y por un efímero momento su mirada se perdió dentro de esos brillantes ojos verdes.
Su cuerpo había reaccionado antes que su mente pudiese comprender el por qué y ahora sólo podía ponerse de pie lentamente aceptando las atenciones de la chica que les había llevado el, ahora desperdiciado, café.
-¿S-se encuentra b-bien? –preguntó preocupada la muchacha.
-¿Eh? –Se cuestionó el oji-rojo intentando ordenar sus ideas –S-sí, lamento mucho preocuparlos –
Sintiéndose un poco avergonzado tomó un par de servilletas para comenzar a limpiar el desastre que había hecho siendo detenido y apartado por las personas que trabajaban ahí.
-¿E-enserio se encuentra bien, Kido-san? –Cuestionó Kogure acercándose a su cuñado que miraba extrañado su mano derecha –Estábamos hablando y de repente apretó el vaso hasta que lo aplastó por completo –explicó el menor.
-Ya veo –susurro para sí mismo sin comprender el por qué su cuerpo había reaccionado de aquella forma.
El menor frunció los labios intentando dar con la mejor forma de preguntar exactamente qué acababa de pasar.
-¡Hermano! –la voz de Haruna resonó por sobre el alboroto.
Pasando a través de la multitud la sonrisa de la peli-azul se desvaneció al ver los rostros consternados de su esposo y hermano.
-¿Está todo bien? –preguntó angustiada.
-Todo bien –mintió el oji-rojo con una sonrisa –sólo se me cayó un poco de café encima –
Con eso y una dulce mirada el mayor dio por terminada la conversación y ayudado por Kogure volvieron a echarse las maletas al hombro para retomar el camino a casa en paz.
Ya muy lejos de ahí, viajando al límite de velocidad permitida en un sencillo auto blanco con el logotipo de Épsilon Empires escrito con llamativas y digitales letras, los ojos verdes de Fudou se esforzaban por mantenerse fijos en el camino, aunque la atrevida mano que deseaba acariciar su pierna, lo volvía algo complicado.
Los minutos pasaban en completo silencio y dentro de la mente del joven castaño pasaban miles de preguntas que se negaban a ser respondidas y otras de las que se negaban a saber la respuesta, estaba más que claro que el hecho de encontrarse con el oji-rojo fue una mala broma del destino, pero tener que encontrarse con su fija mirada después de que el jodido cliente se hubiera pasado de listo era algo que simplemente su corazón no podía soportar.
Y no sólo eso, era cuestión de tiempo que tuviese que preguntarle a aquel hombre, que a pesar de ser la primera vez que se veían o sabían de la existencia del otro ya se había ganado todo su resentimiento y odio, ¿A dónde quería dirigirse primero? Si a las oficinas para hablar de negocios con su jefe, o al hotel que le habían reservado para descansar del viaje. Era obvio que esa pregunta podría, y sería, mal interpretada por Kageyama, así que…
-Al diablo con todo… –pensó en un alto susurro.
-¿Cómo dices? –
-¿Qué si quiere ir directamente con el jefe o preferiría descansar un rato después de tan arduo viaje? –recitó tranquilamente con su falsa sonrisa cubriendo su rostro.
Entonces, la sonrisa en los labios de aquel hombre le heló la sangre.
-Me gustaría ir al hotel –dijo dándole un diferente sentido a sus palabras –pero ya habrá tiempo para divertirse después así que llévame con tu jefe –
-Como usted diga, señor Kageyama –contestó cortés sintiendo como el vómito verbal subía por su garganta, se detenía en su boca llenándola de un desagradable sabor, para luego regresar por su tráquea junto con las advertencias de su jefe.
Sin muchas ganas de continuar con la conversación oji-verde aumentó levemente la velocidad con el fin de llegar lo antes posible a su destino.
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Tras cuarenta y dos minutos de viaje en el tráfico por fin lograron llegar a su hogar, dulce hogar.
Con cuidado bajaron las maletas de la parte trasera del viejo accord rojo del joven de rastas y, mientras se tomaban su tiempo para descansar y relajarse, la pequeña peli-azul aprovechaba para llamar a todas sus amigas y avisarles de su regreso, después de unas horas de plática sin sentido les anunció a su hermano y esposo que para esa tarde les habían planeado una improvisada fiesta de bienvenida en la modesta mansión de la siempre amable señorita Natsumi.
Y aunque el cansancio se reflejaba en los rostros de ambos jóvenes, la brillante sonrisa de Haruna no les dejo otra opción más que aceptar ir a la fiesta.
Por otro lado ya muy lejos de ahí y después de un tedioso viaje, Fudou guiaba al desagradable cliente al interior de la pequeña empresa donde trabajaba. Un sencillo edificio, a primera vista poco llamativo, el emblema Épsilon Empires sobresalía como por gracia divina. Lo que más resaltaba de aquel lugar era su estructura, no sólo estaba ubicado justo en la esquina de una gran avenida sino que también la puerta principal se encontraba en la mera esquina del complejo, protegiendo la entrada una pesada y artísticamente decorada puerta de metal, una sencilla recepción del lado derecho seguida de una nueva puerta, esta vez, de un resistente cristal que con un suave y mecánico chirrido les cedía el paso a los recién llegados.
Cubículos y más cubículos, a donde quiera que mirasen solo había cubículos completamente personalizados con viejos, pero poderosos, equipos de cómputo instalados y desde la planta baja se podían ver las varias oficinas alrededor del primer piso.
Y finalmente, un grupo de jóvenes charlaban animados de entre ellos uno que lucía mayor que los demás, solo por un par de años, se percató de la presencia de Fudou y el cliente, con un gesto amable se apartó del grupo dirigiéndose hacia los recién llegados. Era un hombre alto de tez tan blanca que parecía no haber sido tocada por la luz del sol, ojos anaranjados, de figura delgada y espalda ancha y con un largo cabello negro atado en una alta coleta.
Presumiendo sus inexistentes modales el oji-verde dio un paso hacia el frente y hacia un lado haciendo espacio para no estorbar el encuentro de ambos hombres.
-Señor Kageyama, he de suponer que ya conoce a mi jefe: Saginuma Osamu –dijo con un sutil gesto de manos –Jefe, he traído al Señor Kageyama Reiji –
-Hablamos por teléfono Señor Kageyama, es un gusto conocerlo en persona –dijo un sonriente Saginuma estrechando con fuerza la mano del cliente.
-Al contrario, el placer de estar aquí es todo mío –contestó dirigiendo sutilmente sus intenciones hacia Fudou que con un escalofrío recorriendo su espalda sonrió forzadamente.
-¿Le apetece que hablemos en la oficina? –preguntó Saginuma señalando hacia las escaleras que llevaban al piso superior.
-Después de usted –
Mientras los dos hombres procedían a marcharse, Fudou hizo un amago de alejarse, pero la voz de su jefe pidiéndole que los acompañe un momento lo obligó a reprimir una maldición soltando en su lugar un sencillo y casi infantil "ok" con su falsa sonrisa.
-¡Eh, Fudou! –gritó un joven de corto cabello grisáceo y resplandeciente sonrisa llamando la atención de las muchas personas a su alrededor -¿Qué tal todo? –preguntó el joven que respondía al nombre de Fubuki Shirou mientras veía a su jefe y a un hombre desconocido subir por las escaleras hacia la oficina principal.
Sin decir ni una palabra, con una sonrisa en los labios y asegurándose que ni su jefe ni el fastidioso cliente lo viesen, levantó el dedo medio de su mano izquierda mientras que con el pulgar de la derecha trazaba una imaginaria línea recta sobre su cuello para terminar señalando el suelo con el pulgar dejándole en claro a aquel muchacho, al que tenía ya varios años de conocer, que en cuanto se librase de la atenta mirada de su jefe él tendría que preparar su testamento y última voluntad.
Tras casi una hora de halagos, comentarios y críticas constructivas hacia el oji-verde y todo el departamento de programación al que representaba, el joven finalmente salió de la oficina sintiéndose tan cansado que parecía haber envejecido un par de años en ese lugar.
Caminando con lentos y pesados pasos Fudou se dirigió hacia su sencillo y cómodo cubículo buscando en ese pequeño lugar un poco de la paz que desde hace tanto tiempo lo había abandonado ya sin ánimos de llevar a cabo la venganza hacia cierto peli-gris responsable de haberlo metido en tal embrollo.
Ni un mísero minuto había pasado desde que se dejó caer en su obscenamente cómoda silla de trabajo cuando el timbrar de su teléfono lo hizo escupir una maldición.
From: Haruna
Subject: Fiesta
Buenas tardes Fudou-san, sólo quería contarle que el día de hoy Natsumi nos invitó a su casa para hacer una pequeña fiesta ^w^
¿Le gustaría acompañarnos? Todos irán como a eso de las 8:30 o 9 aunque a la hora que usted quiera ir estará bien, me sentiría muy feliz de verlo ahí ;3
Hasta entonces que tenga un bonito día en su trabajo :3
Sus verdosos ojos permanecieron perdidos dentro del mensaje, divagando, ¿Qué tan cínico se vería él yendo a esa fiesta después de prácticamente haber violado al hermano de la chica festejada? Preguntas sin respuestas y ficticias simulaciones de lo que podría suceder pasaban por su mente, de modo que le tomó varios segundos darse cuenta de en qué momento su teléfono había sido arrebatado de sus manos.
-¡Vaya! ¡Una fiesta! –exclamó Fubuki leyendo el mensaje en la pantalla – ¿Te puedo acompañar? –
-No pienso ir –contestó Fudou con amargura tratando sin muchas ganas de recuperar su celular.
-¿¡Cómo!? ¿¡El "Señor vendo mi alma por un poco de diversión", se niega a ir a una fiesta!? ¿Por qué? –una expresión de asombro cubrió el rostro del peli-gris.
-Porque no quiero –
-Pero Haruna se pondrá triste ¿eso quieres? –
Fudou no respondió pues sí le tenía mucho aprecio a la pequeña Haruna, no sólo por ser la hermana de Kido, realmente quería ir y olvidarse de todos sus problemas aunque sólo fuese una noche.
-Querida Haruna: ¿Acaso dudas de mí? Es más que obvio que iré sin falta. Y descuida, daré el 200% en el trabajo para estar ahí lo antes posible. Nos vemos esta noche. Atentamente el siempre carismático Fudou –citó Fubuki con cuidado mientras escribía aquella respuesta en el teléfono ajeno –"enviar" Considéralo mi última voluntad y si no te molesta, me gustaría que en mí lapida pusieran: Vivió al máximo y jamás se arrepintió de ello –dijo con una decidida sonrisa devolviéndole el pequeño aparato a su dueño.
Con el traidor teléfono entre sus manos, y con una indescifrable expresión en el rostro, Fudou suspiró guardando el aparto en el bolsillo trasero de su pantalón, ahora no tendría más opción que ir a aquella fiesta aunque, antes de eso, un poco de diversión para quitar el estrés.
-Descuida Fubuki –dijo con voz suave poniendo ambas manos sobre los hombros del peli-gris que sin perder su sonrisa había comenzado a sudar frio –personalmente me aseguraré de que siempre hayan crisantemos sobre tu tumba –
Hello Again! que tal? les gusto? con esto me perdonan el retraso de (...haciendo cuentas con los dedos...) Casi 7 meses!? |0A0| Diantres, vaya que me tome mi tiempo jejeje
Ok, Focus! Solo para aclarar, los crisantemos son las flores más usadas (usualmente) para los arreglos fúnebres y cositas por el estilo ¿Por donde viven, qué tipo de flores usan para esas ocasiones?
Y volviendo a lo que les comentaba al comienzo del fic, las buenas y malas noticias. aunque seré sincera las buenas no compensan las malas.
Estoy a menos de un año de finalmente graduarme de mi magnifica y amada carrera Yeiii! para quienes no lo saben (que creo que son casi todos) estudio el bellísimo, sagrado y antiguo arte de la animación (como me digan que apoyo a los equipos deportivos o soy payasito para fiestas se ganaran mi bota en sus caritas felices ¬_¬) y como al final de cada carrera universitaria es mi deber presentar una asdgdfagfaf Tesis, de la cual dos personas a las que en entrevistado para el trabajo me han dicho que me he metido de lleno en la boca del lobo TTwTT cuanto animo, no creen?
Fuera de eso, de todos los trabajos finales, lo pesado de este cuatrimestre y el hecho de que hace poco me robaron mi cartera (y con ello mis deseos homicidas aumentaron òAó "Venganza") tal vez me cueste un poco más actualizar "MÁS?" se han de preguntar, si desde aquí puedo escuchar los gritos de sus mentes =w= intentare que no sea mucho... quien encuentre la palabra clave se lleva un muffin.
... cierto se supone que también hay buenas noticias! cuales eran? òwóU
Oh si! ya están planeadas (y parcialmente escritas) algunas nuevas historias con las parejas que he prometido (ya deberían saber cuales son òwó) y una que otra que no tiene nada que ver... eso seria una buena noticia, no?
y si mal no recuerdo en el capitulo pasado no deje ninguna pregunta random y sin sentido así que...
Chocolate u ositos de gomita?
Arriba o abajo? (fuera de cualquier contexto)
Creen que de alguna forma los estados de ánimo de un artista se reflejen a través su arte? (con artista no me refiero solo a personas famosas del año del caldo *entiéndase hace muchos años*)
Y para terminar...
Donde esta Wally? ó3ò
Creo que eso es todo por ahora, quien se haya tomado las molestias de leer toda la sarta de cosas que salen de mi cabeza GRACIAS! ^3^
No se olviden de dejar un review, PM, critica constructiva, critica negativa, comentario random, patada en la espinilla o un buen par de cachetadas, además de buscarme en el cara-libro y darle un like a la pagina Black Cat Soul ;3
Ya para terminar que tengan un bonito día, noche, madrugada, atardecer o paseo por el limbo. Nos leemos pronto.
