Promesas rotas por Angie Friki Black

Disclaimer: El universo de Harry Potter no me pertenece sino a J.K Rowling.

Este fic ha sido creado para el "Intercambio de Regalos de la Familia Friki" del foro "First Generation: The story before books"

Para: Mary Alice Friki-Bielinski

Petición: Algo sobre el enamoramiento de Snape y su relación con Lily antes de que ella se fuera con James. Algo tierno, que derroche dulzura y todo, pero que acabe con corazones rotos.

Dedicatoria: Espero que éste fic, cumpla con lo pedido, Tía Alice. Es un there-shot, así que tienes tres capítulos para leer, sólo espero que te guste. Fue un enorme placer haber escrito para ti, querida tía vampiresa.


Tomé mi maleta con fuerza.

Visualice el tren delante de mí, aún no podía creer que iba a ir a Hogwarts; casi me caigo de la silla cuando recibí la carta que anunciaba mi entrada al colegio de magia y hechicería. Pero aquí estábamos, en la plataforma 9¾ hacía un nuevo comienzo.

No me molesté mucho en despedirme de mis padres, solo asentí con mi cabeza y me encaminé al tren. El sonido de las chimeneas del tren era abrumador, el olor a carbón quemado era simplemente maravilloso. Tan absorto estaba en mis pensamientos que no sentí lo que se aproximaba a mí, hasta que pasó.

Un golpe seco y enseguida el frío un poco cortante del pavimento. Además de un ligero peso sobre mí y un cosquilleo en el pecho. Segundos después, me di cuenta de qué era una niña.

—L-lo siento —murmuro ella.

Se levantó y trato de ayudarme a hacer lo mismo. Pero cómo era obvio, solo volvimos a caer. Tenía una gorra qué le cubría toda la cara. La escuché reír con ganas, sentí qué se estaba burlando de mí. Así qué la hice a un lado con sutileza, tampoco era un animal para tratarla mal, pero algo dentro de mí, no quería estar cerca de ella.

Me levanté tomando mi maleta de nuevo, pero un brazo delicado y femenino me detuvo.

—Espera, ¿estás bien? —me preguntó.

Me gire hacía ella. Observándola detenidamente; seguramente era de mi edad, unos once años, tenía un largo cabello pelirrojo que le caía por los hombros, y unos grandes ojos verdes ¡Esperen! Era Lily Evans, la niña que vivía a unas cuantas casas de mí.

Me voltee rápidamente sintiendo qué mi corazón daba un vuelco. Esperaba qué Lily no me hubiera reconocido. Me dirigí rápidamente hacía el tren con la cabeza gacha, tratando de pasar desapercibido.

Caminé entre los compartimientos escuchando susurros y risitas por lo bajo. Apreté mis puños, tratando de ignorar. Al final encontré un compartimiento vacío, me senté en él y saqué una pequeña libreta.

«No tengo amigos y tampoco los necesito»

Es lo que escribí en ella. De repente escuché un ruido a mi lado, dos sombras pasaron cerca de mí.

—Mira lo que tenemos aquí, Sirius —comentó una de las sombras.

Girándome me encontré con dos chicos de mi edad. Ambos de cabello negro.

— ¿Qué es esto? —preguntó el llamado Sirius, tomó mi libreta entre sus manos sacudiéndola.

Apreté aún más mis puños.

—Simple basura —exclamó Sirius tirando mi libreta al suelo y pisándola.

— ¡Déjenlo en paz! —exigió alguien detrás de ellos.

Al voltearse, se encontraron con una pequeña niña de cabellos pelirrojos. Ambos se miraron confundidos.

— ¿No oyeron? ¡Qué lo dejen en paz! —gritó Lily.

—James, mejor nos vamos —sugirió Sirius.

Él llamado James se volteo hacía mí.

—Vas a pagármelas… —se detuvo, al parecer iba a decir mi nombre, pero no lo sabía. Sonrió de forma socarrona—…Quejicus.

Y dicho esto, se fue, no sin antes lanzarle una mirada rara a Lily.

Lily.

Me había olvidado completamente de ella. Voltee mi vista a la ventana. La oí soltar un suspiro.

—Sé muy bien qué eres tú, Severus.

En éste momento, quería que me tragara la tierra. Sentí que ella se sentó a mi lado.

—Tú silencio me hace daño, Sev. Dime algo por favor —suplicó ella.

Me quedé estático. No sabía que decirle después de estos dos años sin haber tenido ningún contacto, más allá de la última vez que nos vimos. Quería decirle la verdad, qué no había podido ir el día prometido ya qué mi padre me había castigado. Quería decirle qué me perdonará, pero no podía, es más no quería, porqué muy en mi interior, sentía qué ella ya me había olvidado.

Nos quedamos en completo silencio mientras el tren avanzaba. Yo viajaba entre mis recuerdos con ella, tratando de sacar el coraje para formular aquella palabra de sólo seis letras.

«Perdón»

Pero simplemente no querían salir de mi boca. Cuando al fin reuní el valor de pronunciarlas, un pequeño peso se alojó en mi espalda. Al darme vuelta descubrí que se trataba de Lily, se había quedado dormida recostada de mí. La acomodé mejor y pasé un brazo alrededor de ella.

Se veía tan tranquila y hermosa estando así, su pecho subiendo y bajando suavemente, sus pestañas largas y abundantes cómo puertas que escondían el tesoro que eran sus ojos, y sus labios entreabiertos tan rosados y hermosos; sólo había una palabra para describirla. Y sé la susurré en el oído.

—Descansa, mi pequeño ángel.

O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

Después de un largo viaje, llegamos al que sería nuestro hogar por estos próximos meses. Lily no se había alejado de mí en todo éste tiempo, e insistió en qué nos tomáramos de las manos, yo acepté de mala gana, claro qué fingiendo, ya que en verdad estaba feliz con nuestro acercamiento. Nos montamos en los botes para dirigirnos hacía Hogwarts.

Luego de algunos minutos en el lago tocamos tierra firme. Salimos de allí y nos juntamos todos los del primer año en un grupo. Fuimos guiados al castillo por una profesora, nos dijo que esperáramos allí.

—Miren a quien tenemos aquí.

Oh no.

Esa era la misma voz que había oído en el tren, el tal, James, sino mal recuerdo.

—Ya te dije que lo dejaras en paz —dijo Lily.

Él tal James, se acercó. Le acaricio el rostro.

—Eres demasiado linda para estar con éste —dijo refiriéndose a mí.

Lily le apartó la mano de un manotazo.

—Pues eso no es de tu incumbencia.

Antes de que alguien dijera algo más, la profesora llegó para guiarnos al comedor donde seriamos seleccionados a alguna de las casas. Lily me apretó la mano, al parecer este era el momento que la había puesto nerviosa.

Entramos en el comedor. Todo era fascinante, las luces, las mesas, el techo; simplemente mágico.

La profesora dijo que íbamos a esperar a ser seleccionados, pero casi ni escuché, mi atención era captada por los tirones de mano que Lily me daba.

Lily fue una de las primeras en pasar. Cuando el sombrero gritó Gryffindor no pudo sino soltar un suspiro de alivio antes de unírsele a los qué ahora eran sus compañeros de casas. Los chicos, James y Sirius también fueron seleccionados en Gryffindor, el primero me mandó una mirada de arrogancia.

— ¡Severus Snape! —oí que decían.

Cómo pude llegué hasta el sombrerero, me acomodé en el taburete esperando el veredicto. Ni siquiera escuché lo que el sombrero decía, sólo podía oír el sonido de mi corazón queriéndose salir de mi pecho.

— ¡Slytherin! —escuché que decía.

Tambaleándome me dirigí hacía mi mesa. Los aplausos qué daban los oía distantes. La cena transcurrió igual, no hablé con nadie y nadie habló conmigo. El prefecto de nuestra casa nos avisó que nos reuniéramos para ir a las habitaciones. Estaba en el grupo que se dirigía allá, cuando alguien tiró de mí.

Era Lily, el aroma a rosas de su cabello era inconfundible. En la oscuridad, sus ojos esmeraldas me miraron fijamente.

—Sev, aún somos amigos ¿verdad?

Yo no sabía que responderle.

—No importa lo que haya pasado. Yo aún quiero que seamos amigos.

Eso me tomó por sorpresa. Yo también quería que siguiéramos siendo amigos, pero no sabía que ella también.

—Empecemos de nuevo ¿de acuerdo? —dijo ella.

—De acuerdo, Lily.

Ella me mostró su dedo meñique, igual qué cuando lo hizo, hacía dos años.

—Amigos, ¿prometido?

—Prometido.