Se nos viene el drama. ¡Gracias por leer y comentar!~
Capítulo cuatro
La desventura de un hombre, es la fortuna de otro~
Mediodía y aún no lograba que su moreno amigo abriera ojo. Suspiró nuevamente antes de aceptar la idea de que ya era tiempo de recurrir a métodos más drásticos, sólo hacerle cosquillas o caerle encima no resultaba eficiente. Como siempre.
El atomizador seguía oculto detrás del espejo, donde siempre lo dejaba; lo sacó con cuidado y lo llenó con el agua fresca de la tubería, sólo hasta la mitad. Echó un breve vistazo hacia Daiki, quien cómodamente seguía tirado sobre el futón revuelto, en la sala.
Comprobó que el aspersor siguiera funcionando y sin más reparo, disparó a voluntad contra el rostro del sujeto durmiente y roncador. Aomine reaccionó en seguida, poniéndose de pie con una complicada maniobra de combate. Farfulló algún insulto, quizá, y por fin su mirada recayó en la única otra persona presente.
— ¡¿De nuevo con eso, Tetsu bastardo?!— gruñó ya espabilado.
— Creo que has dormido más que suficiente. Es hora de que vayamos a correr y después a desayunar, Ahomine-kun. — espetó, arrojándole tranquilamente el conjunto deportivo. El moreno se dio cuenta, que su amigo estaba más que listo.
— Menos mal siempre dejas esos trapos aquí. ¿Un One on One? El que pierda, paga. — propuso, ahora relajado, cambiándose allí mismo.
— Dinero extra, siempre es bueno ser precavido.— dijo a la nada.
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A pesar de que le costaba un poco más levantarse temprano, adoraba trabajar medio tiempo los fines de semana.
Resultaba curioso que en algunos días del mes, como ese, incluso los incendios se tomaran un descanso. Aunque no por eso, ellos debían bajar la guardia. Estaban siempre listos y dispuestos para saltar hacia las emergencias.
Miró el reloj: 13:30 hrs, era posible que Tetsu-chan ya fuera en camino, devuelta al departamento y afortunadamente él ya había terminado su turno.
— Quizá pase a la floristería— susurró para sí mismo.
— Y comprarás un gran ramo de Franchipán blanco— dijo la voz tras él.
No se sorprendió puesto que conocía muy bien a quien pertenecía, tomó su mochila y le encaró con naturalidad y una sonrisa.
— ¿Te has vuelto a saltar las clases sabatinas, Teppei?— preguntó al mismo tiempo que se despedía de sus compañeros, con una mano.
— Nop. Cancelaron las últimas dos horas. Pero me sigo preguntando: un psicólogo japonés, que trabajará en Japón, ¿para qué necesita el inglés?— dijo, frunciendo las pobladas cejas, mostrando una incomprensión genuina— Te acompaño por ese hermoso gesto de amor para Kuroko y de paso te explico qué se traen Kise y Takao entre manos.
— Es como tratar con dos Nagisas— pensó, un poco nervioso— Gracias, Teppei.
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— ¡No Rei-chan! ¡Ni aunque tú me lo pidas!— rezongó, ahora sí verdaderamente enfadado.
Zapateó sobre su lugar y cruzó los brazos sobre el pecho, enfurruñado.
— Na-nagisa, entiende. Haruka-senpai está efectivamente arrepentido.— repitió Rei, empezando a desesperarse.
— No es que no vea su arrepentimiento. Sé que es real, pero… ¿por qué esperar tanto? Pudo haber ido tras él en cuanto aquello terminó, ¿no es así? Yo lo hubiera hecho.— dijo, volviendo a mirar al más alto, con total seriedad, con dolor. Su voz perdió un poco de su dulzura.
— Sus razones ha de tener. A nosotros no-
— No nos incumbe, estoy de acuerdo. Y por eso mismo no voy a ser yo quien le diga dónde está. Ayudamos a Haru-chan, sí, pero ¿qué hay de Mako-chan? Él ya tiene una vida estable, está tranquilo y no quiero contribuir a pertúrbalo. — sentenció con seguridad.
Nagisa los quería a los dos, por igual. Y aunque deseara tanto saberlos juntos de nuevo, por primera vez en su vida sabía que de seguir ese impulso, el resultado y por sobre todo, las consecuencias serían devastadoras. Había demasiada incertidumbre de por medio.
Ryuugazaki lo observó, pasmado. Conmovido por el efímero brillo de temor en los ojitos rosas del pequeño, le atrajo hasta él y lo abrazó con mucha, mucha fuerza.
— Haz cambiado mucho— susurró, no a modo de queja, sino todo lo contrario, porque eso era madurar.
— Si quieres darle alguna pista, queda bajo tu responsabilidad, Rei-chan.
No se dijo más.
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Cambió nuevamente el agua del florero sobre su buró. Cada vez quedaban menos flores, no obstante, siempre hacía todo lo posible por alargar sus vidas, hasta que la última dejara caer el único pétalo que le quedara.
— Tetsu-chan, ¿estás listo?— preguntaron desde afuera.
En lugar de responder, se presentó ante él vestido casualmente: jeans, botas y camisa de cuadros. Makoto, quien ya estaba en la puerta, le esperaba y sonrió al verle.
— ¡Qué guapo!— felicitó.
— Si no me esmeraba Kise-kun me hubiera sermoneado por una hora.— explicó algo divertido.
— Menos mal sabemos aprender de nuestros errores. — agregó él, riendo suavemente.
El menor pasó su vista por todo el cuerpo contrario y sonrió ante lo que veía: un castaño ataviado de jeans, botas negras militares, playera blanca y chamarra verde musgo. Makoto-san luce salvaje vestido así. Su pensamiento lo tomó por sorpresa y se ruborizó un poquitín.
— ¿Nos vamos?— preguntó a su joven acompañante, quien asintió complacido.
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— ¡Kurokocchi!— aulló de inmediato al verle, arrojándosele al cuello— ¡Te extrañé tanto, cariño!
— Bienvenido, Kise-kun.— logró musitar aún en medio del ahogamiento, correspondiendo el abrazo.
Le soltó y abrazó también al bombero. — ¡Es bueno verte, Makocchi!
— ¿Cómo has estado, Ryota?— quiso saber.
— ¡Bien, muy bien. Ha sido divertido volar a Escocia, pero siempre termino extrañándolos tanto! ¡Aunque mi copiloto siempre me molesta!— exclamó dibujando sus característicos mohínes.
— Kise sin bullying no es Kise— se escuchó más atrás.
— ¡Qué cruel eres Midorimacchi!
— ¡Apresúrate, Ki-chan!
— Andando, por cierto, Aominecchi llega en una hora, podemos ir empezando. — avisó, indicando el karaoke, mientras se veía arrastrado al interior por Kazunari.
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Ya en su cabina asignada, y terminando de saludarse, entraron en ambiente. Ordenando frituras, gaseosas y cervezas, comenzando a cantar. Hyuuga y Midorima conversaban tranquilamente, con alguna que otra broma de por medio, Kise hacía bailar a Kuroko mientras cantaban, él y Kiyoshi hablaban de trivialidades.
— ¡Tachi-chan, canta conmigo!— exclamó, halándolo del brazo para que se levantase.
— ¡Sé más respetuoso, Kazunari!— le regañó el peliverde.
— No te preocupes, Midorima-kun— le contestó — ¿Cuál quieres cantar, Kazu?
— ¿Tú cuál quieres cantar?— cuestionó, tomando los micrófonos.
— ¡Sólo respóndanse, Takaocchi!
— Rage on/ WALK— soltaron al unisono, el Moreno y el castaño (en ese orden)
Al final fue Tetsuya quien lanzó una moneda, cayendo a favor de Kazunari. Él empezó con el primer verso, siendo acompañado enseguida por Makoto en el coro.
— Casi parece que hacen un dueto consigo mismos— observó Teppei, riéndose por la similitud en el timbre de voz.
Treinta minutos después llegaron Aomine y Kasamatsu, quienes trabajaban en la misma comisaría, el rubio presente le saludó con más efusividad que a nadie, a pesar de sentirse terriblemente nervioso con el senpai. Otros quince minutos más tarde, llegaron Akashi y Murasakibara.
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La noche era fresca, pero agradable. Makoto se sentía relajado, contento.
— Fue una velada encantadora, ¿no es así Haru-ch…? — calló tan pronto como había empezado a hablar, horrorizándose— Perdóname Tetsu, yo no…
— No hay nada por lo que debas disculparte, Makoto-san— dijo él, obsequiándole una cálida sonrisa.
El castaño se fijó en él y en esos irises azules, claros e inteligentes, en ellos halló sólo comprensión y apoyo, ninguna reprimenda. A su vez, una pequeña y acogedora mano se sujetó a la suya, sin soltarle el resto del camino.
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Después de una extensa charla con su nuevo jefe, era guiado hacia donde los camiones permanecían estacionados. Prestó atención a lo que su senpai le explicaba, prestó atención al lugar e incluso a las voces que comenzaban a sonar cercanas. Una de ellas, le pareció extrañamente familiar.
— Perdona por hacer que vinieras hasta acá, gracias.
— No es problema, Makoto-san.
¡Esa voz! ¿En verdad podría ser? Se apresuró a rodear el enorme coche y fue entonces que vislumbró una cabellera celeste inconfundible. No obstante, la alegría, que no se había percatado, le había nacido en el pecho por la ilusión de un inmediato reencuentro, se desvaneció enseguida al procesar el cuadro presentado frente a sus ojos.
— Hey Tachibana, aquí está el nuevo… Ah, lamento interrumpirlos, hola Kuroko-kun— escuchó decía la apenada voz a su lado.
El llamado del senpai que le acompañaba había logrado romper el beso que aquél castaño regalaba dulce y sutilmente al peli celeste.
— Kuroko— exhaló su reseca garganta.
El aludido, que no había reparado en él, finalmente le miró ante el susurro de su nombre, quedándose patidifuso, aturdido.
— ¿Kagami… kun?
Laliho~ ¿Qué les pareció el nuevo capítulo? DD: Para quienes esperaban el reencuentro, ya tienen el primero, el segundo, tranquilas, no tarda. Bien, hay algunos puntitos que quiero mencionar.
1. Kiyoshi efectivamente estudia psicología, ¿qué dicen, le queda?
2. Les recomiendo busquen en el interné las flores que le dio Makoto a Tetsu, están lindísimas, jajaja.
3. ¿Alguien había pedido ReiGisa? Fuck, los amo.
4. Kasamatsu será policía aquí también, como en mi One Shot First Kiss: Childhood Innocence, es que el azul le va de muerte a ese hombre. Grr!
5. ¿Alguien en especial que quieran que sea el copiloto de Ki-chan?
6. ¡Yo tenía que juntar a Makoto y Takao! ¡Tenía que hacerlo y hacerlos cantar a dueto también! Si no lo hacía, no podría morir en paz, LOL. Amo a Tatsuhisa Suzuki-san, son la prueba.
Y creo que eso era todo, espero lo hayan disfrutado y me dejen sus hermosas opiniones.
MIL BESOS.
