A las musas y a ustedes, por inspirarme~
Capítulo seis
~ ¿Efecto mariposa en el corazón?~
Demasiado bullicioso, demasiada gente. Siguió caminando sin consultar con nadie, los edificios altos y los enormes anuncios publicitarios le causan una especie de malestar visual. Afortunadamente no llevaba consigo demasiadas cosas, por lo que no tenía que sufrir con eso del equipaje.
Hacía algo de calor, aunque a eso ya estaba acostumbrado. Intuía que estaba en el centro por el número de locales. El estómago le gruñó, no había probado bocado desde que royera el desayuno del vagón comedor, pero no deseaba entretenerse demasiado en un restaurante, así que se compró un pan cualquiera y un té.
Siguió su camino incierto cuando sintió un cuerpo chocar poderosamente contra el suyo, derribándolo.
— ¡Lo siento tanto! ¿Estás bien?— exclamó el culpable que se detuvo a levantarle.
— No te preocupes, no pasó nada— contestó parcamente, aceptando la ayuda. El muchacho de cabello negro frente a él, le miraba realmente arrepentido.
— En verdad lo siento, tenía prisa. No me fijé— explicó— ¿Puedo compensarte de alguna manera?
Haruka lo pensó un momento, podía aprovechar para pedir indicaciones.
— ¿Dónde está la estación de bomberos?— preguntó al fin.
— Está a unos quince minutos, puedes venir conmigo, justo voy para allá. — dijo amablemente. El otro asintió sin decir nada y caminó a su lado— ¿Cuál es tu nombre? Yo soy Takao Kazunari, un gusto
— Nanase Haruka.
Takao intentó hacerle la plática, pero el muchacho al que había tirado sólo le respondía con ocasionales monosílabos, más el moreno no se inmutó, estaba tan acostumbrado a tratar con personas de una naturaleza muy similar.
Justo como había dicho, llegaron a los quince minutos. Como todos los días, las puertas del estacionamiento estaban bien abiertas, para no pasar dificultades al toque de una emergencia. Kazunari pasó como si de su casa de tratara, después de todo tenía varios amigos laborando allí y se llevaba bien con el jefe, el hermano mayor de su antiguo capitán. Saludó a todo el mundo y se fue directo a la sala de estar que tenían en el edificio, donde los bomberos podían descansar un poco antes o después de asistir un incendio. Entró, siendo seguido de cerca por Nanase.
Se quedó plantado allí en el marco con un nudo bien hecho en la garganta, después de tanto tiempo volvía a verlo, a él, a nadie más que a Makoto, no obstante el aire se le escapó y las manos le temblaron.
— ¿Ya están listos?— preguntó Kazunari sin percatarse de lo que pasaba con su acompañante.
— Ya, Takao-kun— respondió el muchacho de cabello celeste que se encontraba reposando sobre el amplio pecho de Makoto, quien a su vez le abrazaba sutilmente por la cintura, apoyando la barbilla en la cabeza del menor, sonriendo.
— Por cierto, esta persona necesitaba llegar aquí, parece que busca a alguien, Tachi-chan. — anunció el moreno, señalándolo.
Quitó la vista de su amigo y siguió la dirección que este indicaba, parpadeó varias veces cuando sus orbes se encontraron con la figura siempre seria de Haruka, quien también le veía fijamente con una mirada indescifrable, arrugó un poco la nariz, incrédulo.
La imagen del moreno de ojos azules se hizo más cercana, más y más, hasta hallarse de frente, a escasos cinco pasos. Kuroko observó cada movimiento, regresando a aquella expresión impávida de antaño, estaba seguro de saber quién era esa persona a pesar de jamás haberle visto.
— ¿Haru?— preguntó volviendo en sí de pronto, sin moverse (aunque quisiera) — ¿Qué te trae por aquí?
— Tú— se limitó a contestar.
Cada músculo se tensó ante la respuesta. Debía ser una broma y una de muy mal gusto, su instinto fue retroceder, sin embargo era imposible por varios factores: estaban recargados contra la encimera, Tetsu-chan estaba en sus brazos, Kagami los observaba penetrante desde un rincón y último, él no tenía porqué huir.
Se dijo así mismo que tenía que respirar profundo y afrontar la situación de la manera correcta. Por su parte, Haruka aguardaba alguna reacción que le diera algún indicio, de lo que fuera. Por un instante se fijó en el chiquillo que estaba en los brazos del otro, topándose con una especie de reflejo, pues la nula gesticulación y los ojos serios, casi indiferentes, le recordaban así mismo.
El detalle lo disgustó al momento, desviando la mirada a la cara afable del castaño.
— Makoto-san, ¿es uno de tus amigos del Club de Natación?— preguntó Kuroko, estirando el cuello para verlo.
— Sí, Tetsu-chan. Es Haru, ¿lo recuerdas?— le contestó al bajito, como si la presencia del mencionado no fuera la gran cosa. Pero ah, le estaba costando todo su ser poder mantenerse sereno.
— Más o menos. Mucho gusto. — pronunció dedicándole una breve reverencia.
Nanase le ignoró y avanzó dos pasos más con el ceño fruncido, mirando con un inexplicable reproche al castaño, un reproche que no tenía derecho a expresar.
— Makoto, necesito hablar contigo— musitó.
— No hay problema, Haru. Pero otro día, ¿nee? Hoy ya tengo planes. — sentenció, removiéndose para poder irse.
Tomó sus cosas de la silla en las que las había dejado y caminó hacia la puerta con el peli celeste a su lado y con Kazu unos pasos más adelante. Se despidió de Kagami con una mano y del jefe que justo iba saliendo de su oficina.
— Nos vemos pronto, Haruka. — le dedicó una suave y diminuta sonrisa.
Les siguió hasta la entrada dedicaba a los camiones, alcanzándole a grandes zancadas; con ambas manos se aferró al brazo de Tachibana y le detuvo.
— Makoto, por favor. ¡Tengo que explicarte!— exclamó mostrando la desesperación que le oprimía el pecho.
Éste le miró con tristeza, una sonrisa laxa y susurró un después. Más Haruka no le soltó, ¿realmente le vería en otra ocasión? Unas terceras manos sujetaron las suyas, ejerciendo una exigua presión, las irises celestes del chico le miraban ahora con recriminación, el hielo en esos ojos increíblemente pudieron más con él. Soltó el agarre, lenta, lentamente.
— No se atreva a hacer eso de nuevo. Al menos no delante de mí— le advirtió Kuroko. Retiró sus manos de las de Haruka, como si el tacto quemara y tomó la de Makoto, llevándoselo consigo.
Nanase los vio desaparecer. Dolía, sofocaba. Era consciente de que algo parecido podía pasar, pero aún así laceraba hasta las lágrimas. Se apenó de sí mismo y se largó de allí sin decir nada, sin mirar a nadie.
Taiga se había movido por la curiosidad hasta la puerta, desde donde había presenciado todo, absolutamente todo. Un sabor amargo, casi ácido se le acumulaba en la boca, escurriendo por su garganta, invadiéndolo por completo.
Kuroko estaba saliendo con Tachibana, ¿cierto? Tetsuya se había puesto celoso de ese amigo que había ido a ver al castaño, ¿no? Entonces… entonces, ¿por qué sentía que había algo raro en esa relación?
Se paró en la acera, mirando en la dirección por la que sabía se habían marchado. Había regresado por una gran razón y no desistiría. Aún amaba tanto a su sombra.
— Eres bastante valiente o bastante idiota si te has atrevido a volver, Kagami.
— ¿Debo tomarlo como un cumplido viniendo de ti, Aomine?— dijo, encarándole.
El moreno frente a él le miraba con un evidente odio, tan corrosivo. Quería golpear al pelirrojo, pero sabía controlarse, se encogió de hombros y se limitó a cumplir la tarea a la que había ido.
— Tómalo como quieras, me da igual. Pero— dijo tirando de la playera— más vale que tengas una buena excusa, porque de ser lo contrario y si vuelves a lastimar a Tetsu, desearás no haber pisado Japón otra vez.
Le soltó con desprecio, entró a su patrulla y condujo a prisa (sin trasgredir los límites permitidos).
— Justo lo que esperaba de ese idiota— musitó para sí— Aunque no lo culpo. — aseguró rascándose la nuca.
Ahora sólo necesitaba encontrar el momento adecuado para hablar.
Alguna horda enfurecida que desee perseguir a Haru? D: Espero que no, jajaja. No sé si quedó lo suficientemente intenso, jum. Sé que dije que diría qué estudia Junpei, pero más adelante, no te quedas sin saberlo SakuYuri-chan.
Muchas gracias a todos por sus comentarios, sonrío, me inspiro y escribo gracias a ello. Mil besos.
