Me pregunto si me van a seguir queriendo después de esto~

Jaja, ay, espero que sí.


Capítulo siete

La realidad que sacude los árboles~

Que Tetsuya llevara halando el castaño por toda la acera, con una cara de pocos amigos, que éste no hablara para dar explicaciones y que el peli celeste susurrara de vez en cuando alguna maldición, dejó intrigado a Kazunari.

Era obvio que ese amigo había sido más que eso, por lo que comprendía que Kuro-chan se hubiera puesto celoso. Sin embargo, al repasar los hechos sentía que algo no le cuadraba allí. Sí, Kuroko estaba molesto, pero a él le parecía que era otro tipo de molestia. Sí, Makoto se había visto angustiado cuando les dijo del regreso del pelirrojo, pero no lucia como alguien que temiera la arrebataran a su pareja. Bueno, a primera vista sí.

Arrugó la nariz y dejó caer sus cejas hacia el puente de esta. Ahora se daba cuenta que algo le estaban ocultando. Les dejó pasar a su departamento, bastante ordenado para creer que sólo él vivía allí. Aunque realmente ese era el caso.

Kuroko permitió que Tachibana se sentara en uno de los sofás. El dueño de casa se había dejado caer en el brazo del mismo mueble, mientras el más bajo caminaba de un lado a otro como gato enjaulado. Lo cual resultó ser una nueva sorpresa para Takao.

— Tetsu-chan, no te preocupes— susurró, intentando componer una sonrisa.

— No estoy preocupado, Makoto-san. ¡Estoy enfadado! ¿Cómo se atreve Nanase-san a volver así como así? ¡Y no sólo él! El idiota de Kagami-kun…— apretó los puños y frunció los labios, importándole poco que Kazunari los viera.

— Sé que no es lo que hubiéramos querido, al menos ya no. Pero están aquí y ambos quieren decir algo— dijo, de pie frente al menor, sujetándole por los hombros.

— Comprendo eso— afirmó, miró al suelo unos segundos y después a él otra vez— Pero no quiero que vuelva a lastimarte.

Makoto quiso llorar ante tales palabras, pero decidió que era mejor opción abrazarlo y agradecerle.

— Yo tampoco quiero que Kagami-kun te hiera nuevamente, pero eso sólo pasará si ambos lo permitimos, ¿cierto? Firmeza con humildad.

— Fortaleza sin frialdad— concluyó Kuroko, aceptando la verdad en lo dicho por el mayor y anteponiendo esa promesa en su mente.

El sonido de una garganta siendo aclarada le recordó dónde estaban. Y ahora le debían una explicación a su moreno amigo.

— Siempre me lo había preguntado, pero no lo externé porque estaba conforme con el hecho de que Kuro-chan estuviera de nuevo contento y porque Tachi-chan me cae de perlas, pero— respiró profundo para tranquilizarse— considerando los recientes hechos creo que puedo pedir una explicación. ¿Cómo fue que empezaron su relación y por qué? Porque sé que algo pasa aquí.

La pareja se miró dubitativa, pero acordaron que podían contarlo.

— ¿Te parece si nos sentamos, Takao-kun?

Éste no dijo nada, hizo lo que el de cabello claro pidiera y puso toda su atención en lo que comenzaba a escuchar.

.

.

.

.

.

.

Se estacionó frente a la comisaría, apagó el motor y se reclinó en el asiento unos minutos. Masajeó sus sienes y suspiró. En ese momento se sentía orgulloso de sí mismo, por no estar enamorado ni nada de eso, le quedaba claro que era bastante problemático. Aunque realmente no es algo que no supiera de primera mano.

Y no es que no creyera en el amor, sin embargo por el momento se sentía tranquilo con su soltería, pues su trabajo implicaba la mayor parte de su tiempo y dedicación, lo segundo eran el Tetsu y el basket y ahora que Satsuki se encontraba en el extranjero estudiando pues pasaba a tercero en su lista de prioridades. Más por no tenerla cerca que por no apreciarla.

Ser policía no era en absoluto sencillo. Estaba en peligro constantemente y suficiente tenía con poseer amigos a los cuales angustiar si algo le pasaba. ¿Una pareja? Quizá después, mucho más adelante. Lo importante era procurar a Tetsuya ahora que su mal de amores volvía a dar la cara.

— Ay Tetsu, te fue peor con él que conmigo en secundaria, ¿no?— volvió a suspirar.

Su móvil vibró.

— ¿Diga?

¡Aominecchi!— le gritaron desde el otro lado.

— ¡Kise, carajo, modula tu voz! Me reventarás los oídos. — recriminó alejando un poco el aparato.

Lo siento.

— Como sea, ¿qué quieres?— preguntó suavizando tan sólo un poco su tono.

¿Ya fuiste a ver a Kagami? Porque conociéndote no le dejarías tranquilo hasta amenazarlo. — quiso saber, ahora con un tono entre serio y bromista.

— Sí, justo acabo de volver de la estación— respondió y soltó un tercer suspiro— Odio admitirlo, pero ese idiota aún ama a Tetsu, Kise.

¿Lo viste en sus ojos o te lo dijo?

— En sus ojos… ¡Idiota, eso sonó vergonzoso y estúpido!— exclamó irritado, oyendo al rubio reír.

Entonces sólo queda esperar y estar alertas, ¿no?— comprendió— Aominecchi mañana salgo para Rusia, y vuelvo en una semana, ¿puedes reportarme lo que pase?

— Bien. Pilotea con cuidado, Ryota.

Claro-ssu. ¡Antes de irme, Aominecchi! ¡Dile a senpai que lo quiero mucho, que lo voy a extrañar y que le voy a traer muchos recuerdos!— exclamó nuevamente vivaz (demasiado para el gusto de Daiki).

— ¡Díselo tú mismo, yo no soy tu Cupido, imbécil!

Moriré de vergüenza si lo hago. ¡Hazlo por lo que alguna vez tuvimos!— chilló insistente.

— Sólo salimos por tres meses— le recordó, tranquilo. Justo en ese momento Kasamatsu entró al coche y le miró curioso— Bien, ¿qué querías que le dijera?— una sonrisa traviesa se asomó en sus labios.

¿Le dirás? ¡Yay! Que lo quiero mucho, lo voy a extrañar, que le voy a traer muchos recuerdos y que espero me dé un beso de bienvenida cuando vuelva — repitió feliz, muy feliz, aunque lo último lo dijera en broma.

— Te lo daré si te portas bien. Y para la otra dímelo por ti mismo, tonto. Vamos, Aomine.

— Buen viaje, Kise— deseó el moreno, colgando al instante. Se imaginaba el rostro de su rubio amigo. Se carcajeó un buen rato, en compañía de su colega.

.

.

En el aeropuerto se escuchó un aterrador grito. Uno que con furia y vergüenza maldecía el nombre de un tal Aomine Daiki.

.

.

.

.

.

.

Rin estaba desconcertado a la orilla de la gigantesca piscina. En su mente todavía podía escuchar la quebrantada voz de Haru: Ya tiene a alguien. Es tarde, Rin. Rascó su nuca, sintiendo la pena recorrerle la garganta. ¿Eso era posible tratándose de Makoto? Para él sinceramente resultaba algo difícil creer.

Si no le hubiera pedido a Haru… Joder, esto no hubiera pasado.

— ¿Otra vez lamentando tus acciones?

— Sousuke…—susurró al darse cuenta de la presencia del moreno. Desvió la mirada, inquieto por ser descubierto.

— Lo hecho, hecho está.

— No tienes que decirme lo que ya sé— rezongó— Pero no dejo de recordarme que fue injusto para ellos, ¿de acuerdo?

— Rin—le sujetó por el brazo, con firmeza— Sí, tu pediste el favor. Pero fue Nanase quien aceptó a pesar de saber lo que ponía en riesgo, bien pudo negarse. No lo hizo. Si quieres ayudar, sólo que sea con tu versión de la historia. No te involucres más de la cuenta— sentenció Sousuke, dedicándole una mirada severa que poco después se suavizó.

— Carajo— gruñó el pelirrojo, apoyando la frente en el pecho del otro. Los brazos de Yamazaki le envolvieron con cariño. Igual que cada día.

— Todo estará bien.

.

.

.

.

.

.

.

.

Recibir una llamada de Tatsuya, regañándolo por no decirle que se largaba le alegró hasta cierto punto. Era su hermano de anillos el que viajaba de un lado a otro sin decir nada y a él le reñía por sólo pasar de Estados Unidos a Japón.

Le contó lo todo lo que había vivido en esos pocos días y Himuro no se sorprendió por lo que le había contado sobre Kuroko.

Si me hubieran dejado decirle quizá él hubiera entendido y te hubiera esperado. Pero no. De cualquier forma dicen que el hubiera no existe, así que deja de lamentarte Taiga, en vez de eso, haz algo de una maldita vez. Le dijo.

Como si no supiera que tenía que actuar ya.

Sin embargo, no sabía cómo acercarse a su antigua sombra sin verse tan desesperado como el sujeto que había ido a buscar a Tachibana-senpai. Él jamás había sido de sutilezas, por lo que un encuentro casual quedaba descartado. Realmente, la única forma en la que la comunicación entre ellos funcionaba, era siendo directos. Gruñó. Si Tetsuya se aparecía de nuevo en la estación simple y sencillamente le pediría hablar. Sin armar escándalo, por supuesto. Si no iba, le preguntaría directamente por él a su compañero. Su última opción era Aomine, que bien podría mandarlo al demonio, otra vez. De Kise no sabía nada, mucho menos de Midorima y los otros dos raros milagros no eran alternativa, en especial Akashi. ¡Takao! Quizá le diría.

Fuera como fuera y si al día siguiente se podía, hablaría. Sí o sí.

Si algo le había enseñado Kuroko Tetsuya era a no darse por vencido. Pues bien, que el enano se preparara para experimentar su lección en carne propia.

Espabiló cuando la alarme se disparó y corrió, con su equipo puesto, al camión que le correspondía, encaramándose en el lateral derecho, cerca del manómetro.

Let's go!

.

.

.

.

.

.

.

¿Impresionado? Era poco. Parpadeó siete veces seguidas, miró intermitentemente al castaño y al peli celeste.

— Es decir que… ¿son novios, pero no son novios?—Makoto asintió apenado— Iniciaron su noviazgo para mantener a raya al acosador de Tachi-chan, que también trabaja en la estación. Quien iba al departamento a dejarle obsequios peculiares. Kuro-chan harto, llamó a Aomine quien comenzaba a sumergirse en eso de la policía, pero no pudieron hacer mucho y fue eso lo que se les ocurrió a los tres. — el peli celeste afirmó— Lo que quiere decir que he sido engañado por dos años. ¡Esperen a que le diga a Ki-chan! ¡Va a llorar, por los cielos, yo también quiero llorar! ¡Tan poca confianza me tienen!

— No es eso, Kazu. Simplemente no creímos que fuera algo necesario sacar a colación. Tetsu-chan y yo estamos cómodos así.

— Y ahora que han regresado esos dos, ¿seguirán con su teatro o "romperán"?— preguntó un poco molesto.

— Por ahora, nada cambiará Takao-kun. Y no es una relación del todo falsa. — explicó el de ojos claros— Me gusta, Makoto-san.

— ¿Y a ti, Tachi-chan?

— Sí, me gusta Tetsu-chan.

— Pero no se aman. — reiteró el moreno.

Los aludidos se volvieron a mirar y negaron suavemente.

— ¡Ah, joder! Ustedes sí que son raros— exhaló resignado— Y tan bonita pareja que hacen.

Sí, sabían que eso no era ni por mínimas algo normal, porque en primer lugar no había empezado normalmente. Había sido un acuerdo mutuo, se sentían tranquilos, en familia. Mientras tuvieran eso, ¿no importaba o sí?

Muchas veces, cada uno en lo más profundo de su corazón había pedido enamorarse en el proceso, pero temían un amor unilateral, que sería más de lo que pudieran soportar, aunque no era lo único que frenaba ese deseo. Y es que en realidad, ese otro amor que aún atesoraban, era más intenso.

Bastardamente más intenso. Aún así, tanto Makoto como Tetsuya conservaban una pequeñita esperanza, no se amaban, pero se gustaban. Ya era algo.

No obstante, todo dependería que cómo marcharan las cosas después de escuchar lo que Kagami y Haruka tenían para decir.

Raros, idiotas y testarudos. Eso eran Kuroko y Tachibana. Una paradoja andando.

— ¿Te paso los pañuelos, Takao-kun?

— ¡Déjame Kuro-chan idiota!


Esta verdad estaba planeada desde el principio, PERO, no se quedará así, hay detalles por desarrollar. Así que no maten... aún. Jaja.

Si alguien esperaba mucho amor entre Daiki y Ryota, me disculpo, pero en verdad que es algo que ya había advertido, no pasaría (Desde el capítulo 3).¡Lo siento mucho! Será KasaKise. Estoy usando el fic para experimentar en muchos sentidos.

Y el SouRin, ah~ Es algo que no podía pasar por alto. No, no.

Espero el capítulo haya sido de su agrado y sigan leyendo de ahora en adelante, que esto apenas va a la mitad, quizá. ¡Miles de gracias por sus comentarios!

Besos.