Lo que todos estaban esperando saber y yo contar~


Capítulo ocho

~La historia en esos labios~

Su consulta había terminado hacía media hora, pero con tal de poder volver a casa con él no le interesaba distraerse en la recepción o la cafetería de la clínica. Varias enfermeras ya le conocían y le saludan cordialmente. Pero como le había apetecido disfrutar de la brisa, se encontraba sentado a su anchas en la banca junto a las puertas de cristal del edificio.

Después del piar de algún pajarillo esa voz se abrió paso hasta sus oídos junto a otra que conocía muy bien. Se puso de pie y aguardó paciente unos pasos más allá de la entrada.

Junpei venía con Riko, platicando tranquilamente. La castaña le vio y sonrió alegre de verlo allí nuevamente.

— ¡Teppei!— exclamó llegando hasta él para después abrazarlo. Y él correspondió, fascinado.

— ¿Cómo te fue en Australia?

— Fue agotador pero una experiencia sin duda maravillosa. Sus instalaciones son magníficas— relató entusiasmada.

— Me alegra saberlo.

Riko iba a agregar algo más pero su alarma timbró, aún tenía algunas pendientes que tratar.

— Espero podamos salir todos este fin de semana. ¡Y sin negativas!— advirtió, siguiendo su camino.

— Dice que si sigo manteniendo mi promedio y adelanto parte del servicio podré hacer el intercambio el próximo año— comentó el moreno, relajando los músculos de su hombro derecho— ¿Qué te dijeron en consulta?

— Que ya puedo aumentar el número de repeticiones y la intensidad de los ejercicios. Aunque la primera semana debe ser bajo supervisión.

— Lo que quiere decir que has mejorado bastante desde la última vez— Hyuga se le quedó viendo, estaba contento por la noticia, aunque no sabía cómo hacérselo saber.

— Sería raro si no, teniendo en cuanta que mi fisioterapeuta en formación se ocupa tan bien de mí— el castaño le guiñó un ojo para acompañar sus palabras. El más bajo enrojeció brutalmente ante la insinuación.

— Idiota. Sólo eres mi conejillo de indias.

— Hai, hai.

Iniciaron su marcha hacia casa y él le dedicaba miradas fugaces al moreno, pues siempre le había encantado ver a Junpei con el uniforme de la Clínica de Rehabilitación Física.

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Era mitad de semana y Kuroko no se había aparecido por allí. Tachibana se había percatado de su inquietud y se había limitado a decirle que el peli celeste estaba ocupado con la universidad.

Se extrañó cuando recibió esa información y sinceramente no comprendía al castaño del todo, era amable con él como con todos, pero al mismo tiempo no desaprovechaba para reiterarle que el bajito estaba dentro de su territorio.

Se talló la cara, aún faltaban unos minutos para que su turno terminara. Salió de la sala de estar para dirigirse hacia el perchero que le correspondía para dejar su chaqueta y su casco. Hacía tan sólo diez minutos que había vuelto de una misión de rescate forestal.

— Kagami, échame una mano con la manguera de la primera unidad.

— Sí.

Se dedicó a la petición que le solicitara su superior. De reojo alcanzó a ver a Makoto junto a Tetsuya, quien vestía cómodamente un delantal de jirafas. La vista se le antojó irremediablemente tierna y su cerebro reaccionó recordándole que había estado esperando verlo allí para concretar lo que quería. Su compañero le dijo que ya podía retirarse justo en el instante en el que Tachibana despedía a su ex sombra con un beso en la coronilla. El castaño había desaparecido en el interior de la cocina que tenía de manera provisional para aquellos que se quedaban a hacer el turno nocturno.

Tomó presuroso sus cosas y arrojó un vago Hasta mañana. Miró a ambos lados de la acera y lo divisó metro y medio más allá. A grandes zancadas fue en su dirección.

— ¡Kuroko!— gritó para que se detuviese.

El más bajo paró su andar y se viró cautamente hacia quien le llamaba.

— Buenas noches, Kagami-kun— pronunció con una voz monocorde.

— Kuroko, yo… ¿Podemos hablar? Sé que es algo tarde y que tal vez tienes cosas que hacer o que deseas descansar, pero por favor, necesito que sepas. — dijo con palabras atropelladas y afligidas.

No respondió de inmediato, lo pensó detenidamente, pero sabía que esa charla tarde o temprano llegaría, ¿para qué alargar más las cosas? Suspiró.

— Está bien.

Kagami agradeció que aceptara y aunque sabía que podía ser algo impropio, le invitó a su nuevo apartamento. Lo vio dudar de nueva cuenta y se sintió nervioso. Estaba por sugerir otro lugar, cuando su sombra lo interrumpió con una nueva afirmación.

Su silencio jamás se había sentido tan incómodo como en ese momento, lo miró de soslayo varias veces, estaba tan guapo como lo recordaba, quizá el cabello le había crecido un poco, pero le sentaba bien. Se dio cuenta que había extrañado demasiado ver esos ojos brillar.

Llegaron y le dejó pasar. Se acomodaron en la cocina, y se atrevió a servirle una malteada de vainilla, mientras él preparaba su taza de café; se sentó en la silla frente al chico.

Pensó un momento sus palabras, ¿por dónde debía empezar?

— Sólo tienes que decirlo, no importa por dónde empieces, Kagami-kun— no le sorprendió, le conocía demasiado bien.

Exhaló pesado, el mayor tenía razón.

— Cuando llegué y fui presentado como el novato con gran potencial, todo el equipo me recibió con los brazos abiertos, supongo que lo recuerdas, fue lo primero que te conté estando lejos— Tetsuya asintió, era algo que no podría olvidar— Los primeros seis meses, que fue lo que duramos en debido contacto, el entrenamiento estaba al nivel del menú de la entrenadora, por ello aún podía gozar de cierto tiempo libre. Los meses siguientes, el entrenamiento comenzó a tornarse realmente pesado y de tiempo casi completo. No podía esperar menos de los Lakers, evidentemente. Kuroko, llegaba prácticamente muerto a casa, pero cuando creía que no podía crecer más, los frutos de ese endemoniado esfuerzo empezaron a aparecer y aunque no podía saber de ti con la misma constancia que al inicio, estaba contento porque creía que podría cumplir ese sueño por los dos. Suena idiota, lo sé. Recuerdo que en el último mensaje que te envié, te dije que asistiría a mi primer partido de práctica. En él me enfrenté al novato que los Miami Heats habían adquirido.

Fue un partido tremendo. Le había ganado aplastantemente en un uno a uno, pero extrañé tanto tus pases, tu presencia en la cancha. El partido había comenzado tarde y había terminado tarde también. El entrenador estaba satisfecho con mi desempeño y me había dado la buena noticia de que tenía dos días libres a partir del día siguiente. Estaba fascinado por la idea de poder escuchar tu voz aunque fuera por una llamada. Caminé a casa aunque pasaba de medianoche— pausó un momento, lo que continuaba en su historia, odiaba tener que recordarlo— Llevaba los audífonos puestos, ojalá te hubiera escuchado cuando me dabas tanta pelea por al menos usarlos con el volumen más bajo, el caso es que no escuché que alguien me seguía de cerca, cuando pasé por el último callejón antes de mi edificio, algún bastardo se me arrojó al costado y sólo pude sentir el paso de un líquido inyectado entre las costillas; que joder, hizo efecto de inmediato, aturdiéndome todos los sentidos. Me habían derribado, por supuesto, e hice el esfuerzo por levantarme, pero fuera lo que fuera lo que ahora corriera por mi sistema, me hizo las piernas de gelatina y aún así pude— una risa amarga salió de su garganta— Me dieron una paliza Tetsu, una joda muy buena. Aunque me sentía del carajo y con ganas de vomitar, me defendí, no salieron del todo ilesos, pero pudieron conmigo esos bastardos.

Cuando desperté habían pasado once meses. En coma por once meses— Taiga cerró los ojos con fuerza, presa de la rabia, los puños que había hecho, estaban compuestos por nudillos blancos por la presión— La droga y la paliza que había recibido me generaron traumatismos. Las múltiples contusiones en la cabeza pusieron en riesgo mis funciones neuronales, por lo que mi cuerpo automáticamente entró en ese estado. Como un apagado de emergencia. Los doctores pudieron mantenerme en este mundo gracias a que fui hallado pronto.

— ¿Quién…?— alcanzó a susurrar, a pesar del nudo en la garganta, Kuroko.

— El novato de los Miami Heats. Jamás creí que habría alguien más loco que Hanamiya o Haizaki, me equivoqué. Me mandó al hospital sólo por haberle ganado en un partido de práctica— la amargura se hizo más espesa— Afortunadamente la policía descubrió que había sido él y lo metieron a la cárcel junto con sus cómplices. La noticia fue ocultada del mundo, a petición de ambos equipos. Estaba despierto, pero mi consciencia era borrosa e incluso no podía hablar, mi celular había desaparecido, junto a tus mensajes. Tenía fracturado el fémur derecho, tuve que decirle adiós al básquetbol. Perdí mucho, a ti incluido. Estuve en terapia por meses y ni siquiera Alex o Tatsuya pudieron ayudarme a dar contigo. Ella apenas había dado a luz a una bebita, por lo que no podía viajar y mi hermano se había ofrecido a hablar contigo, pero yo no se lo permití y de cualquier forma, Murasakibara te ocultaba de él. Recuperé toda mi lucidez, cuando pasaron dos años desde que te dejara aquí. Me dieron el alta y al presentar una mejoría extraordinaria en todas mis lesiones, dejaron que escogiera libremente lo que quería hacer de mi futuro, con la condición de no viajar a ninguna parte en al menos un año.

Continué buscando un medio por el cual avisarte que tardaría en volver, sin éxito. Nadie me facilitaba información y no tenía los medios suficientes para hacer una búsqueda por mi cuenta. Un mes después, entré al entrenamiento para el cuerpo de bomberos y gracias a que tuve un desempeño destacado, pude pedir mi transferencia inmediata y poder regresar a Tokio en cuanto me graduara.

Y heme aquí. No sé si fue la gracia de algún dios o la lástima de los estúpidos astros en los que cree Midorima, pero apareciste de inmediato.

Kuroko, puede que parezca imposible lo que te acabo de decir, pero todo es cierto. Yo jamás quise descuidarte, y fue cuando maldije no haberme aprendido la dirección de tu casa. Tienes razón para no querer volver a verme, pero créeme, en ningún momento dejé de amarte o pensar en ti.

El más bajo no podía decir nada, una bruma se formó en su mente y no lo dejaba pensar con claridad. Claro que le creía, Kagami no era un hombre mentiroso, pero, pero había pasado todo aquello y él ni enterado. No había sido culpa del pelirrojo y no había sido culpa suya.

Se dio cuenta que las lágrimas que su alma aguantaba habían comenzado a derramarse como nunca.

— Ka-gami-kun— musitó entre sollozos.

— Te amo aunque estés con Tachibana— dijo sin aguantarse más y acogiendo el cuerpo del chico contra su pecho, cerca de su corazón— Y no sabes lo feliz que soy con poder verte después de tanto tiempo.

Aunque su mente estuviera confusa, su cuerpo aún le recordaba, se aferró al moreno y dejó que sus impulsos se encargaran de todo, concediéndose el descomponerse en esos brazos, llorando, gritando, al unísono con Kagami-kun.

¿Y ahora, qué haría?


Y... ay, ¿qué les pareció? D: Si quedaron un poco OoC, una disculpa, pero necesitaba hacerlo.

Espero sus comentarios :'D