¡Ya vine!~ Jaja. Ya tenía este capítulo casi listo desde hace dos días, pero otros asuntos se me atravesaron, lo siento.

A gozar, let's go!


Capítulo once

~Boronas de sincera esperanza~

Había logrado dar con ellos. Shiro permanecía semi consciente en los brazos de Kuroko, con un paño húmedo sobre la nariz y la boca, había gritado con todas sus fuerzas cuando escuchó la voz del bombero. El mayor lo había tomado en sus brazos, cargando con él desde el segundo piso, esguisándose un tobillo al descender por las maltrechas escaleras, había tomado un trozo de su playera y lo había mojado con la botella de agua que aún cargaba en la mochila. La salida le fue obstaculizada por los restos del piso de arriba. Lo único que aún quedaba más o menos sólido era la encimera, debajo de la cual se escondieron y aún permanecían.

— Ven aquí, pequeño.

Extendió su mano para que el niño le alcanzara, Shiro obedeció, abrazándose al cuello del más grande en cuanto estuvo fuera. Makoto maniobró como pudo con el cuerpecito que le sujetaba, apenas alcanzó al inconsciente peli celeste, lo atrajo hacia sí. Maldijo, pues no podía llevarlos a ambos.

— ¡Kagami-kun, en la cocina!— gritó sin más alternativa.

El otro llegó a su lado y tomó al muchacho inconsciente entre sus brazos. Buscaron una salida segura sin encontrarla. Taiga a fuerza de patadas y hachazos derribó una pared que ya lucía frágil, creando así su propia puerta.

Se apresuraron al exterior, con sus máscaras de oxígeno en los rescatados. Sus compañeros ya estaban a nada de extinguir el incendio y los paramédicos que acaban de llegar se abalanzaron contra los bomberos, exigiendo que el niño y el maestro fueran entregados para su inmediato traslado.

Wakamatsu se acercó a él, saludando vagamente a Kagami.

— ¿Deseas ir en la ambulancia con él?— le preguntó.

No respondió, Yahiro, que estaba acompañado de Taisuke, le dio permiso sin vacilación.

— Por favor.

Se acomodó en el sitio indicado, observó el minucioso y veloz procedimiento de estabilización. Sakurai anotaba todo lo que el rubio indicaba, ayudándole a medir algunos parámetros. El mayor revisó nuevamente la frecuencia respiratoria y optó por ponerle la mascarilla de oxígeno nuevamente.

— No parece correr peligro. Por el momento está estable— Wakamatsu le dio una palmadita en el hombro.

— Esguince en la articulación tarso-metatarsiana de primer grado en miembro inferior izquierdo— susurró el castaño más pequeño mientras vendaba el lugar mencionado con sumo cuidado.

Makoto permaneció callado, intentando contenerse en una calma que no podía lograr.

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— ¿Vieron a Takao?— preguntó Taisuke.

— Por ningún lado, Capitán.

— ¿Dónde demonios se metió?

— Sr. Bombero, si busca al oni-chan de cabello negro y ojos bonitos, se fue corriendo hacia allá— le dijo una niña, señalando la calle contraria por la que ellos habían llegado.

— ¿Corriendo? Él no dejaría solo a Kuroko...— musitó el menor de los Ootsubo, intrigado.

— A menos que algo lo obligara a ello— le aseguró su hermano.

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Estaba orgulloso de no haber abandonado su entrenamiento, conservaba su resistencia. Pero ya se estaba hartando de jugar al gato y al ratón entre tanta callejuela. Hizo buen uso de su prodigiosa vista y encontró un atajo viable. Cortó camino una calle más adelante y salió detrás del sujeto, pisándole los talones.

Lo tacleó, como viera una vez al equipo de americano hacer. El hombre debajo suyo rotó sobre sí mismo para regalarle un puñetazo, que Takao no advirtió, le alcanzaría. Se sintió algo desorientado, aún con ello le tomó con molestia y necedad por las solapas y regresó el golpe, con más saña.

— Lo que suponía— afirmó. Reconociendo al hombre de mediana edad como el padre de Shiro.

— ¡Suéltame ahora mismo, basura!

Comenzó un nuevo forcejeo. La calle estaba sola y Kazunari se sintió libre de poder darle al desgraciado que se había atrevido a atentar contra la vida de su hijo, una merecida paliza. Y aunque el hombre era más fuerte, él era más mañoso.

Evadió los posteriores golpes y aprovechando que las fuerzas de su oponente iban menguando le dio dos puñetazos consecutivos en la mejilla, haciéndolo caer inconsciente.

Estaba agitado.

— ¿Aomine? Necesito tu ayuda— dijo en cuanto le contestaron, se puso de pie y le dio la espalda al bulto en la acera— Estoy cerca del Jardín de niños. En el callejón antes del parque. No, bueno quizá me pasé un poco... Si te digo, ¿no te alteras?... Incendió la casa de su ex esposa... Porque la conozco... ¡No estoy engañando a Shin-chan! Es la madre de uno de nuestros alumnos... Es a lo que voy, ¡qué impaciente! ¡Tetsuya entró a la casa para salvar al niño! No sé, pero Tachi-chan acababa de llegar. ¿Ya puedes venir a arrestar a este hijo de puta?

Por instinto miró hacia atrás, apenas eludiendo que el filo de la navaja diera en su ojo.

— ¡Ven ya!

Y colgó. Un navajazo más, otro y otro, tropezó con un cubo de basura y en seguida sintió un dolor lacerante en el cuerpo.

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Llegó a trompicones a la recepción.

— ¿El paciente Takao Kazunari?

La enfermera buscó el nombre de inmediato en los recién ingresados, la pobre muchacha palideció al leer el informe. Tener que darle semejante noticia al hijo del jefe de cirugías...

Shintarou ya no necesitaba escucharla, porque conocía demasiado bien esa expresión llena de lástima, y aunque estaba habituado a ella, relacionarlo con el pelinegro le parecía aborrecible, inconcebible, una equivocación.

Se le ahuecó el pecho y se le nubló la razón; sus dedos apretaron con fuerza el escritorio y las lágrimas que no quería dejar fluir se acumularon como rocío en las largas pestañas.

— Él no puede haber muerto… ¡No está muerto!— gritó importándole una mierda si montaba una escena.

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— ¿Quién no está muerto, Shin-chan?

La recepcionista se cubrió los labios avergonzada, pues acaba de darse cuenta del error que acababa de cometer. En el ordenador estaba el expediente de un tal Takagi Kazuo... Necesitaba cambiar sus anteojos cuanto antes.

Por su parte, Kazunari observaba confundido a su novio, quien a su vez le observaba como estupefacto, feliz y encabronado.

— ¿Shin-chan?

El aludido se giró y miró amenazante a la pobre enfermera. Que ésta diera gracias que él no era un Akashi, porque de haberlo sido esa misma noche la hacía desaparecer. Respiró profundamente y volvió la mirada al más bajo. Le bastaba con saber que no había sido más que una torpeza, pero al observarlo bien volvió a preocuparse.

Se puso a su lado y lo empujó delicadamente por la espalda, indicándole que le siguiera. Takao, seguía sin comprender.

— ¿La oficina de tu-

— Mira lo que te ha hecho.

La voz del peli verde le llegó con apenas un susurro, el cuerpo que ahora le acogía protector y necesitado le hizo la persona más feliz del mundo, porque nunca antes lo había abrazado con tanta desesperación, una prueba más de que lo que Midorima Shintarou sentía por él era tan verdadero como que la luna giraba alrededor de la Tierra. Se enroscó en su tórax con el brazo sano.

— Si yo luzco terrible, te juro Shin-chan que ese bastardo quedó peor— le hizo saber con orgullo.

El mayor se rio ante la ocurrencia de su temerario novio. Al carajo su tsunderismo por un largo rato. Estaba lo suficientemente aliviado como para no dejar de sonreír, aunque ver a Takao con un enorme hematoma alrededor de su ojo izquierdo, el brazo vendado y en cabestrillo y los múltiples rasguños en la cara no le gustaba en absoluto.

Le acarició el rostro con devoción y le besó demandante.

— Shin-chan, si nos descubre tu padre nos va a regañar... de nuevo— le reprendió juguetón.

— Está en junta— retrucó besándole otra vez.

— Hey, que no se me antoja que mi suegro deje de quererme— el pucherito le convenció— Además... necesito saber cómo está Kuro-chan.

Cierto, no era momento aunque se muriera de ganas de comérselo.

Le dio un nuevo beso, ahora en el párpado amoratado y se encaminaron a la habitación que le habían asignado al peli celeste. Midorima frunció el entrecejo al ver a quien esperaba fuera de la habitación.

— ¿Qué haces aquí, Kagami?

— Esperando mi turno para verlo, creo que es obvio— respondió seco.

Taiga no pudo pasar por alto la mirada de renuencia y cierto desprecio que Takao le dirigía, mucho menos el disgusto en la voz del de lentes. Pero los dejó hacer, después de todo a ellos no les debía ninguna explicación.

— Orden Midorima, estamos en un hospital. Tú mejor que nadie debería recordarlo— le reprendió Aomine, quien recién llegaba. El mencionado se limitó a voltear el rostro indignado. Nada era más bochornoso que ser sermoneado por el moreno.

Daiki se quedó mirando al tigre en la banca. Tampoco le gustaba que estuviera allí, pero en parte tenía derecho, había ayudado a salvarlo. Se apretó el puente de la nariz, estaba que se lo llevaba al carajo la preocupación. Juraba que cuando Tetsu estuviera repuesto, le darían el jalón de orejas más doloroso en la historia.

Takao, que estaba situado entre él y Midorima hacía pucheros para disimular su humor del infierno. Estaba seguro que también deseaba darle una paliza a Bakagami y que el ex esposo de aquella señora no había sido suficiente para quitar las cosquillas de sus nudillos. Llevó su mano a la cabecilla negra y le palmeó quedito.

Este le miró y sonrió. Todo bajo la atenta y recelosa mirada jade.

— Me salvaste el pellejo. Llegaste en el momento justo, Ao-chan— inquirió, en serio, muy agradecido.

— ¿Ao-chan? No por favor. Pero a ti que se te ocurre meterte en problemas. Sé por qué coño Tetsu, Kise y tú se llevan tan bien.

— Te llamo como se me pegue la gana. Todos para uno y uno para todos, A-o-c-h-a-n. — aseguró cantarín.

— Déjame pellizcarte el ojo.

— ¡Hasta crees! Dejando eso de lado, ¿qué pasará con el bastardo ese?— preguntó, ahora serio y expectante.

— Con las pruebas suficientes, estará ante el tribunal y le darán una muy buena sentencia. Estaré el pendiente del caso, no te preocupes.

— Que se pudra, maldito hijo de la-

— ¡Kazunari!

— ¡¿Y la libre expresión dónde quedó, Shin-chan?!

La paciencia de Taiga estaba llegando a su límite. ¿Qué tanto más se tardaría Tachibana allá dentro? ¿Lo dejaría pasar? ¿Qué le diría Kuroko?

— Joder… — escondió el rostro entre las manos. Odiaba los hospitales, había estado demasiado tiempo en uno y no le gustaba imaginar a Tetsuya postrado en una cama…

— Cuando Ki-chan se entere… Le va a dar.

De pronto escucharon una voz alterada proveniente de la habitación.

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El constante bip de la frecuencia cardíaca del menor lo empezaba a sacar de quicio. Y aunque significara que estaba bien porque era un ruido rítmico prefería escucharlo directamente del pecho de Tetsuya, con el oído pegado al tórax de éste.

No sabía si llevaba minutos, horas o días sentado allí a su lado, pero le parecía una eternidad. Inconscientemente llevó la mano blanca a sus labios y depositó en la piel un beso diminuto y cariñoso. Ciertas memorias que había reprimido habían vuelto a él. Siempre que Haruka enfermaba y se quedaba en casa por la fiebre, le besaba la mano después de cambiar las compresas de agua fría.

— Ya déjalo Tachibana— se dijo— Tetsuya es tu presente… Si no te lo arrebatan también…

Un quejido y una leve tos le previnieron. Poco a poco pudo ver los irises azules aparecer bajo el manto de las pestañas. Kuroko se incorporó como pudo y le miró confundido.

— ¿Makoto-san?

— ¡Tetsu-chan!— exclamó contento, no obstante se sintió molesto de pronto— ¡¿PERO EN QUÉ DEMONIOS ESTABAS PENSANDO?! RECUERDO HABERTE DICHO QUE NO VOLVIERAS A HACERLO, ¿QUÉ HUBIERA PASADO SI NO LLEGO A TIEMPO?

— Pero…— en ese momento, todos observaban congelados desde la puerta.

— ¡No hay pero que valga! ¡Me lo prometiste, Tetsuya!— cuando terminó de gritar, estaba rojo como semáforo y agitado como maratonista. Se sentó frente a él y le contempló fijamente con esos ojos enfadados y preocupados.

Kuroko sólo recordaba otra ocasión en la que lo había visto así y no le gustaba. Odiaba preocupar al mayor, pero se había movido por instinto…

— Lo siento— susurró, tan quedo— Lo siento, Makoto-san. Pero yo no podía dejar solo a Shiro…— argumentó, con un nudo en la garganta.

— Lo sé… ya no importa. Estás bien y él también. — dijo con suavidad.

Se abrazó cuidadosamente a Tetsuya, con paciencia, con anhelo. Su cuerpo se movía solo y se negaba a comprender las razones. Por su parte, el peli celeste también le abrazó, sintiendo al completo el calor del más grande, le dolía respirar, pero le urgía el perfume de Makoto que nunca le fallaba al momento de tranquilizarle.

El castaño se mantenía con los ojos cerrados, ajeno a los espectadores, meciéndose entre las sensaciones que la cercanía del menor le reproducía. Sin necesidad de ver, apoyó su frente en la contraria.

— No sabes cuánto miedo tengo de perderte, Tetsu. — susurró sin reparar en sus propias palabras.

Aún en su burbuja, los labios níveos buscaron el contacto de la boca acaramelada, colisionando en una unión fantástica y etérea.

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Kagami se retiró en silencio. Ahora lo que se incendiaba era su alma, hasta convertirse en cenizas.


Ni se nota que estoy enamorada de Takao, ¿verdad? Jajajaja. Quiero darle muchos hijos a Makoto, échenle la culpa al capítulo más reciente. Casi me muero al verlo interactuar con Hayato-kun y los otros peques -nosebleed- Y Kisumi me encantó, joder. LOL. En fin.

Como dije, en el siguiene capítulo reaparecen Nagisa, Rei, Rin y Sou -llora magdalenamente por Sou- No sé qué más decirles, que tengo hambre (?) Y que muchas gracias por todos sus comentarios -cara de gato-

Nos leemos pronto. BESOTES.

PD. ¿Qué creen que sea eso que intenta negarse Mako?