Como siempre, ¡disculpen la tardanza!


Capítulo trece

El recuerdo prohibido~

Se movía apresurado de un lado al otro. Los sartenes que ya no utilizaba los dejaba en el fregadero para que no estorbaran, recibiendo los vegetales cortados, los montones de especias, preparando cuanta orden llegaba a él.

Trabajar en el restaurante de aquél balneario era lo que le había otorgado el dinero suficiente para sobrevivir durante su estadía en esa ciudad. No le importaba demasiado, después de todo podía hacer algo que se le daba bien y le gustaba a cambio de una extrema concentración y un generoso sueldo.

Decoró con sencillez el platillo y lo entregó al mesero que le esperaba con una sonrisa al otro lado de la barra. Suspiró, se sentía acalorado y con unas monstruosas ganas de correr a la piscina para sumergirse, nadar libremente.

— Nanase-san, es hora de su descanso y creo que le están esperando afuera— anunció la muchacha que le supliría mientras tanto.

Asintió sin decir nada, desató el delantal y se encaminó a las mesas externas. En una de ellas estaba Rin, acompañado por Sousuke, quien al verle aparecer, se levantó, acariciando los cabellos rojos, para de inmediato alejarse unos cuantos metros. Estaban solos.

— ¿Qué es lo que hacen aquí, Rin?— preguntó.

— Estaba preocupado por ti, lo admito. No has hablado con él desde entonces, ¿cierto? ¿Por qué?— Matsuoka estaba serio, analizando las casi nulas expresiones del moreno.

— ¿Por qué quieres tú hablar de Makoto?— renegó tajante.

— Porque tú no lo haces— refutó Rin de la misma forma— Ya basta de hacerte el mártir. Si te rechazó sólo tienes que recordarle porqué te amaba y demostrarle que tú lo haces. Das lástima.

— ¡Cállate! De no haber sido por ti esto no hubiera pasado— le recordó— De haber tenido el suficiente valor para pedírselo a Yamazaki yo no habría tenido que involucrarme. Te recuerdo que tienes la mitad de la responsabilidad.

Rin se quedó estático. Frunció el ceño, debatiéndose. Él lo sabía, era algo que siempre recordaba y no hubo día que no se sintiera culpable, tal vez estaba siendo injusto con Haruka nuevamente, pero siempre había sido tan difícil tratar con él.

— Yo no…

— Haya sido como haya sido, el que aceptó involucrarse fuiste tú. El cómo procediste después de ello fue tu responsabilidad por completo, eso ya no es culpa de Rin. Tu estupidez, tu indecisión y tu cobardía son sólo tuyas.

Sentenció Sousuke con esa frialdad que sólo expresaba a Nanase.

— Si Tachibana no vuelve contigo, bien sabes a causa de qué será. Vamos. — tomó a Rin del brazo, con cuidado y le hizo levantarse.

El pelirrojo miró por última vez a Haru, que permanecía de pie, con los ojos ocultos bajo el cabello, los puños apretados y los labios temblorosos. Odiaba verlo así, después de todo era su amigo. Detuvo al pelinegro y retornó a las cercanías de Haruka, para abrazarle con fuerza y susurrarle:

— Perdóname, Haru— tomó aire y volvió a hablar— Pero recuerda que para Makoto siempre serás el primero, sin importar con quién esté. Explota eso. Él está por allá, toma la oportunidad— dijo, señalando a las mesas del fondo, donde el castaño conversaba animado junto a otro castaño.

El pelinegro miró en la dirección y en efecto, él se encontraba allí. En compañía del chico de cabello celeste y otros más. Rin se marchó después de hacérselo notar, caminando junto a Yamazaki aún cabizbajo.

— Vamos a nadar, eso te alegrará— dijo Sousuke, con el humor mejorado.

— ¡Pero tú brazo!

— Estaré bien, te observaré desde la orilla.

— No, yo te ayudaré Sou.

Se detuvieron detrás de una columna, mirándose a profundidad. Sousuke deseó juntar sus labios con los de Rin, sin embargo un vago sentimiento le frenó. El pelirrojo por supuesto que se percató de la duda. Él también deseaba ese contacto, por lo que tomándolo por la playera le atrajo hasta él para besarle, salvaje. No se resistió, porque no quería, al contrario.

— Te amo, Sousuke. — susurró ruborizado— Ya deja de dudarlo, idiota. — el aludido sonrió más tranquilo, besándole brevemente antes de arrojarlo descarado a la piscina.

También te amo, Rin.

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La enorme piscina era prácticamente para ellos. Las muchachas estaban echadas en sus sillas tomando los rayos del poco sol que había. Los bomberos y ambos policías comían mientras se contaban historias bobas o raras del trabajo, algunos otros, como Kise, Nagisa, Takao, Sakurai y Murasakibara jugaban con la pelota. Akashi conversaba tranquilamente con el resto, disfrutando simplemente del agua.

— El agua está deliciosa— murmuró Makoto, sonriendo a Tetsuya que le miraba apacible sentado en la orilla— ¿Entrarás?

— No soy muy bueno nadando, Makoto-san. — admitió apenado.

— Entonces déjame enseñarte— le ayudó a introducirse y comenzó a corregir su técnica, con paciencia y amabilidad.

— Me recuerda a cuando recién entré al club— dijo Rei, que llegaba al lado del rubio más bajito.

— Tetsu-chan se ve adorable, en cambio Rei-chan era un desastre. — afirmó con una sonrisa burlona— ¡Tengo una idea!

Salió del agua y corrió hasta donde estaba el castaño instruyendo a Kuroko.

— ¡Mako-chan hagamos un relevo!— propuso entusiasmado.

— Sólo somos tres, Nagisa-kun.

— Pero no estamos compitiendo así que eso no importa, ¿verdad Mako-chan?

Tachibana lo pensó unos segundos, hacía mucho tiempo que no nadaba con aquellos dos y con Haru. Aunque este no estuviera. Le restó importancia, porque Nagisa tenía razón.

— Muy bien, hagámoslo.

Pidió que salieran del agua y solicitó ayuda al encargado, quien le hizo favor de instalar un poyete y trazar un carril. Los invitados se acercaron a la orilla, intrigados, Nagisa dejó a Ryota a cargo de la voz de salida. Makoto se aferró a los postes y tomó su posición, cuando Kise intuyó que estaba preparado, dio la señal y el castaño se impulsó con todas sus fuerzas, dibujando un arco perfecto con la espalda, tras la patada de delfín, dio rienda suelta a sus brazadas, poderosas, como en antaño. El choque del agua contra sus costados y su abertura al introducir los brazos… todo, absolutamente todo lo había extrañado.

Cuando tocó la pared, Nagisa saltó perfectamente sincronizado, emergiendo y sumergiéndose, llenándose de la adrenalina que hacía dos años no probaba, sabiendo que al llegar al otro lado, Rei estaría esperando por él para saltar al agua. Y así fue. Cuando Ryuugazaki terminó su carrera, sus dos compañeros le ayudaron a salir, con una sonrisa.

— Feliz cumpleaños, Mako-chan— soltó de pronto Nagisa, dándole a entender, que ese era el humilde regalo que habían llevado para él.

El castaño al darse cuenta, quedó conmovido casi hasta las lágrimas. Quizá faltara entre ellos una persona, pero eso no borraba el hecho de que se había sentido revivido y feliz.

— Gracias… a todos— articuló apenas, enjugando la única lágrima que se había atrevido a resbalar.

— Oh Tachi-chan.

Los revoltosos del grupo le rodearon en un abrazo grupal, arrastrando a Kuroko en el proceso, quien se sentía bien al ver la dicha en esos siempre cariñosos ojos verdes.

— Es increíble que lo haya dejado— comentó Kasamatsu, observando unos pasos más atrás.

— Todos tuvimos nuestras propias razones, él debió tener la suya. Sin embargo, la pasión por el deporte al que alguna vez nos dedicamos allí sigue, y Tachibana lo acaba de demostrar— añadió Daiki, dejando anonado a más de uno.

— ¿Quién eres y dónde dejaste al holgazán y altanero Aomine?— preguntó Imayoshi con sorna, siendo secundado por la carcajada de Wakamatsu.

— ¡¿Me robaron a Dai-chan mientras yo no estaba?!— chilló Momoi uniéndose a las burlas.

Al moreno se le saltó una venita en la sien.

— ¿Es que acaso un hombre no pude madurar?— cuestionó fastidiado.

— Claro que puede, pero entiéndelos, para ellos y cualquiera de nosotros tú serías el último en hacerlo— le explicó Yukio muy quitado de la pena.

— Váyanse al carajo— gruñó y fue por otra hamburguesa.

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El balón entró limpiamente al aro.

— ¡Shin-chan dijimos que tiros de cancha completa no se valían!— le recordó Kazunari.

— Es tu culpa por irte al equipo contario— contestó el de gafas, con mofa.

— ¡El Formeless shot es trampa, Aominecchi!

— En ningún momento lo dijiste, idiota.

— Tienes talento, Makoto— le felicitó Teppei con unas grandes palmadas en la espalda.

— ¿Crees? Yo me siento muy torpe. — suspiró.

— Tu altura te da ventaja, Makoto-san.

— ¡Makocchi, bloquéalo!— gritó Ryota, que no podía darle alcance a Yukio— ¡Jugar basket en el agua es demasiado difícil— se quejó.

El castaño se preparó para el bloqueo, como le había enseñado Kiyoshi, se impulsó un poco para lograr tocar el balón, cuando de improvisto otro le cayó en la cabeza, desorientándolo brevemente.

— ¡Lo siento!— aulló alguien verdaderamente arrepentido.

— ¡Makoto-san! ¡Mako-chan! ¡Makocchi! ¡Tachi-chan!

Un joven se acercó apresurado hasta él.

— ¡En verdad lo siento! ¿Está bien?

— Sí, no fue grave. Descuida.

Cuando abrió los ojos una vez despejado el dolor se encontró con una grata sorpresa.

— ¿Sugawara-kun?— preguntó asombrado.

— ¡Tachibana!— exclamó alegre el de cabellos grises— Ah, ¿en serio estás bien?

— Por supuesto. Qué sorpresa encontrarte por aquí.— dijo alegre.

— Lo mismo digo.

— ¿Makoto-san?

— ¡Suga!

— Lo siento Daichi, me encontré a un amigo. — explicó alcanzándole el esférico de volley al pelinegro que lo mandó de vuelta a donde estaban los chicos jugando.

— Déjame presentarte a alguien— Makoto tomó la mano de Tetsu y lo puso frente a su amigo— Kuroko Tetsuya, mi pareja. Él es Sugawara Koushi, lo conocí durante el campamento de verano del tercer año.

— Mucho gusto, Kuroko-kun.

El peli celeste respondió tranquilo, a leguas se notaba que Sugawara era una persona amable. Consecutivamente el de ojos marrones presentó a su prometido, Sawamura Daichi. Interrumpieron sus respectivos partidos para que ellos platicaran al menos unos minutos. Poco después un muchachito de melena naranja muy rebelde, que era abrazado por un moreno más alto le llamaba impaciente. Suga se disculpó y prometió seguir en contacto.

— Makoto-san sólo sabe relacionarse con deportistas— espetó Tetsuya, divertido.

— Es pura coincidencia, de verdad— le aseguro y en seguida rió.

— Tú lo has dicho Kurokocchi y encima siempre guapos— añadió Kise con picardía.

— Ese lunar incitaba a darle un beso— coincidió Nagisa.

— ¡Cómo el de Tatsu-chan!— aplaudió Takao.

— Si los asesinan ahora, después se arrepentirán— dijo Aomine a Rei, Yukio y Shintarou pasando casualmente detrás de ellos.

Kagami se había quedado intrigado por la familiaridad con la que Takao había nombrado a su hermano, aunque debía ceder ante la idea que le causaba gracia ver al cuarteto dinamita avergonzar a su superior.

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— Yo te sugiero que tengas cuidado de a quién sonríes, Mamá Cuervo— dijo Nishinoya, sobre los hombros de Asahi.

— Recuerda que a veces Papá Cuervo es muy celoso— secundó Tanaka.

— Los músculos del amigo de Suga-san son geniales— comentó distraído Shouyo, aún observando a Tachibana, ganándose un zape de parte de Kageyama.

— Es nadador, no puedes esperar otra cosa, Hinata.

— ¿De verdad? Entonces es como ¡Wah!, ¡Splash! y ¡Bam!.

— ¿Podemos seguir jugando?— solicitó el antiguo capitán de Karasuno, con un aura oscura sobre sí.

Nadie dijo más y se recolocaron en sus posiciones.

— Podrá ser guapo, pero me gustan los morenos amables y ocasionalmente intimidantes como Daichi. — aseguró Koushi, besándole una mejilla.

— Lo sé.

Así, el antiguo Karasuno volvió a su partido.

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La hora del pastel llegó, pensando que sólo sería uno, pero Atsushi presentó otro más, en honor a Takao, quien fue sorprendido con la guardia baja, pues no se lo esperaba.

— Pero aún faltan 4 días…

— ¡Qué importa eso, Takaocchi!

Ambos festejados pidieron su respectivo deseo y extinguieron la llama de las velas, comieron, jugaron y nadaron más y por fin, cuando el cielo ya estaba oscuro, se fueron retirando poco a poco, hasta quedar sólo Makoto y Tetsuya.

— Iré a vestirme, Makoto-san. No tardo.

El menor desapareció y a los pocos minutos después un mesero llegó hasta el castaño, dejando frente a él un pastel más, pequeño y bastante único. Quedó solo nuevamente y lo observó con detenimiento. No tenía que darle muchas vueltas al asunto, sabía perfectamente de parte de quién era.

No lo probó, se puso de pie y caminó hasta el restaurante, intuyendo que era de allí de donde provenía. Necesitaba comprobar, porque la inquietud en su corazón era grande. En la puerta lateral, por la que había salido para encontrarse con Rin, estaba Haru, aguardándole. Y le vio llegar, manteniéndose varios pasos lejos de él.

— Feliz cumpleaños, Makoto— musitó, sin moverse.

— ¿Por qué?— un extraño y molesto nudo se le formó en la garganta.

— Simplemente no puedo olvidarte. No quiero que me olvides— confesó, acercándose lentamente. A cada paso que Haruka daba, Makoto retrocedía dos, porque le asustaba que su tacto le confundiera de nuevo y le alejara de Tetsuya.

Una mesa obstaculizó su avance. Sintió la cabeza del moreno caer con suavidad contra su pecho, y las lágrimas mojarlo al no ser cubierto por la chaqueta. Unos hombros que se convulsionaban ligeramente por el llanto silencioso que poco a poco se transformó en una sinfonía de sollozos dolidos, casi agonizantes. Quedó aturdido ante lo que estaba viviendo, jamás, jamás había escuchado a Haru llorar con tanto… sentir. Sus brazos le rodearon para protegerlo, por instinto. Todo su ser siempre se movía por sí mismo cuando del delfín se trataba. Y le atrajo todo lo que pudo.

— Pe-perdóname… perdóname… por favor. No puedo Makoto… sin ti estoy perdido, no tengo nada… perdóname, te lo suplico. Te amo…— levantó el rostro, mostrándole las lágrimas más amargas que había derramado hasta el momento— te amo, te amo, te amo. ¿No puedes creerme?

Palabras sinceras, lo sabía, podía sentirlo, desbordándose desde lo más profundo del alma, deslizándose por aquellas blancas mejillas que creía aún adoraba. Sollozos ahora vueltos lamentos. Haruka estaba allí, entre sus brazos, llorando como un niño que ha sido abandonado, como un niño al que le ha sido negado el cariño y él tampoco podía. No podía dejarle, maldita sea, no podía. Era tan débil.

Perdóname Tetsu-chan…

Un beso, para calmarle a él. Un beso para traicionarse a sí mismo.

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Cerró la puerta esperando no haberse tardado demasiado.

— Si no usas bufanda enfermarás— le dijeron colocando la prenda alrededor de su cuello.

— ¿Kagami-kun? Creí que ya te habías marchado.

— Q-quería habar contigo.

— ¿Ahora mismo?— preguntó dudoso.

— Por favor.

El silencio se hizo presente, Taiga le miraba nervioso, rascándose la mejilla, indeciso. Y Kuroko no sabía qué hacer, algo en su raciocinio le decía que había peligro en esa atmósfera.

— ¿Amas a Tachibana?— prefirió ser directo.

— ¿P-perdón?

— ¿Lo amas o aún me amas a mí?— volvió a preguntar, ahora con seriedad.

— ¿Cómo puedes preguntarme algo así?— apeló con la molestia frunciendo su ceño.

— Porque por más que los veo algo no me cuadra en su relación. Perdóname Kuroko, pero ustedes no están enamorados. Sin embargo, ¿por qué?

— No es de tu incumbencia— aclaró dispuesto a irse.

— Lo es si eso quiere decir que puedo recuperar al amor de mi vida— argumentó, aferrando su muñeca con sutileza.

Se congeló allí mismo. No, no quería escucharlo, porque lloraría, justo como ya lo hacía.

— Si aún sientes lo mismo, vuelve conmigo. Si esto ya no te hace sentir nada, no te molestaré más— Tetsuya sintió aquella boca que le abandonara hace tres años devorarle, arrebatarle el aire, la cordura y el frío. Todo. Con uno ósculo, con sólo unos segundos— Lo sabía, ¡lo sabía! Todo en ti aún me recuerda, ¿volverás?— preguntó satisfecho.

Makoto-san…

Aceptó el abrazo y un nuevo beso. El corazón galopaba en su interior, pero no con la misma fuerza, porque algo era distinto. Y aún así no podía rechazarlo del todo, maldición.

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El hilo rojo que recién había unido dos almas era profanado con el filo de dos nombres que por poco habían sido enterrados en un paraje lejano, necios, persistentes en su retorno, tensando el antiguo lazo, para impedir un renacimiento internamente deseado. Orillando a una traición personal. Apartando una nueva llama de las cenizas antes esparcidas. Condenando a Makoto y a Tetsuya a un enamoramiento incompleto.

¿Por qué vuelves recuerdo prohibido cuando de ti ya nada necesito?


Primero, mil gracias por todos sus comentarios, más de 70, no puedo creerlo. *rueda feliz*

Segundo, para quienes no sepan, el cumple de Makoto es el 17 de Noviembre y el de Kazunari el 21, ¿no es hermoso? xDD

Tercero, ¡yo les había dicho que aparecerían Rin y Sousuke, ta-dá! Fue breve pero seguirán participando, más después de ver su hermosa escena antes del relevo *llora*

Cuarto, ¿alguien ve Haikyuu? ¿No? También es hermosa, jajajajaja. Digamos que su aparición fue más que nada un cameo. Se me ocurrió la idea y no pude dejarla pasar. Si no la han visto, la recomiendo, sus personajes son muy entrañables :3

Quinto, ¡estoy enojadísima con Haru y me costó mucho trabajo escribir la escena de éste capítulo! ): Tanto que estuve a punto de mandarlo al demonio directo, pero no, esto estaba ya planeado.

Es gracioso, porque mientras iba escribiendo iba sintiendo una y mil emociones y al final terminé molesta. Jajajaja, caray. Qué rara soy, así que no me extrañaría si reaccionan de manera similar.

Y sexto... creo que no hay un sexto punto. Si me acuerdo, cosa que dudo, les digo.

¡Muchas gracias por seguir leyendo! Espero ansiosa sus comentarios. Mil besos.

(Se reciben cartas explosivas)

(Se va enojada consigo misma por escribir lo que escribió)