Muero de sueño, jaja. Ay.
Que lo disfruten.
Capítulo catorce
Yo quiero estar contigo~
La mañana del 18 de noviembre se desplegó gris y lluviosa, Tetsuya aún permanecía envuelto en las cobijas, disperso. Había intentado dormir, sin ningún éxito. Después de escuchar lo que Kagami quería decirle, después de dejarse besar, se alejó turbado; aún no estaba del todo seguro de que lo que sentía por Makoto era amor, pero sabía con certeza que a pesar de ello, ya no amaba al pelirrojo de la misma manera.
Se había disculpado, había tomado sus cosas y se había marchado. No sin pasar por alto el hecho de que unos metros más allá, el castaño con el que vivía, cobijaba a Nanase como si deseara protegerle de todo mal. Y el órgano que bombeaba se contrajo, hasta hacerse tan chiquito.
Aquello que había temido que pasara desde que se uniera a Tachibana, empezaba a tomar forma. ¿De qué sirve un amor que tira en una sola dirección?
Escuchó la puerta abrirse y se encogió sobre sí mismo, deseando encarecidamente que su conviviente no fuera quien llegaba.
— Tetsu, voy a pasar.
Daiki se introdujo de lleno, encontrándolo hecho un ovillo, cubierto hasta la cabeza. Estuvo a su lado inmediatamente y se sentó en el espacio que quedaba, acariciando sobre la tela.
— ¿Qué sucedió?
— Kagami-kun quiere que vuelva con él…— explicó— pero…
— Pero… tú ya no quieres, ¿no?
— Si yo aún lo quisiera justo ahora no dolería— dijo con un tono muy bajo, como un susurro.
— ¿Tachibana?
— Él volvió con el imbécil de Nanase-san— el moreno vio las sábanas arrugarse— ¡Mejor que quedo soltero como Aomine-kun!
Le daba gracia lo berrinchudo que podía llegar a ser Tetsuya en realidad, a veces no parecía un joven de veinte años. Pero sabía que lo hacía con la intención de no ponerse a llorar y preocuparlo, detalle inútil.
— Te tardaste mucho en darte cuenta, Tetsu— suspiró, dejándose caer de espalda sobre el peli celeste.
— Tú lo sabías y nunca me lo dijiste, eso es una injusticia.
— No soy tu madre para decirte que calcetines usar, Kuroko.
— Ya, lo sé. No te enojes, Aomine-kun.
— ¿Qué harás ahora?— cuestionó, haciéndose un lugar para recostarse también. Se sumergió bajo las cobijas, hallando el rostro desfigurado por la tristeza de su mejor amigo.
— Sollozar como crío sobre el pecho de Aomine-kun. Después, hablar con él y por último irme de juerga con Kise-kun y Takao-kun, de todos modos querían irse sin mí a un antro. — dijo, casi con seriedad al mismo tiempo que se aferraba a la remera del moreno, enterrándose hasta donde pudo.
— Tetsu…
— Las cosas pasan por algo, ¿no?
— Puede que así sea, pero podrías cambiarlas si te esfuerzas. Es lo que me enseñaste, ¿recuerdas?
— No uses mi propia sabiduría para sermonearme, tonto.
— Pues entonces acuérdate de lo que aconsejas a otro, torpe.
Rieron bajito. Era por momentos como ese que esa amistad de años continuaba alargando su vigencia. Kuroko no dijo nada más y como había mencionado, sollozó, incluso hasta las lágrimas, siendo mimado por Daiki. Éste se sentía triste por tener que ver al peli celeste sufrir nuevamente, sin embargo, no estaba molesto con Makoto, pues éste en ningún momento había jugado con los sentimientos del menor.
¿Qué podía hacer? Nada más allá de ser soporte, pañuelo de lágrimas e incluso el costal que recibiera una frustración que quizá no llegaría. Pero sería cualquier cosa con tal de no verlo desmoronarse hasta lo irreconocible.
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¿Cómo era posible que le sorprendiera y al mismo tiempo no? No tenía idea. Y es que en realidad no había tenido oportunidad de nada. ¡De absolutamente nada! ¿O es que acaso había sido demasiado respetar esa supuesta relación? No, de haberse entrometido con desfachatez las cosas hubieran resultado por completo caóticas.
Pero dolía, mucho. Recordaba que poco antes de que él se marchara, Kuroko le había jurado un amor incluso más allá de la eternidad. ¿Dónde estaba eso ahora? Diluido en las lágrimas que le hizo derramar a lo largo de tres tormentosos años, y lo último que quedaba de eso se había desbordado a su regreso.
¿Es que acaso su papel terminaba allí? ¿Con la disculpa de Tetsuya por ya no poder corresponderle? No.
— ¿Volver a enamorarte?
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Se había despertado antes de que el alba llegara. Haruka aún dormía en su cama, ajeno a su ausencia. Observó el pequeño pero acogedor piso que el moreno se había conseguido desde el balcón. El frío característico de noviembre se enterraba sigilosamente en su piel y él sólo podía pensar en otra persona.
¿Se habría dado cuenta de que no llegó a casa? Por supuesto que se dio cuenta, si ni siquiera volvió por él. Se habían marchado del parque en cuanto Haru paró de llorar. Para él era evidente que no podía volver solo a casa en tal estado, había perdido de vista la realidad ante el shock de ver esos oceánicos ojos destrozados, tan anegados en lágrimas de desazón. Una naturaleza enclenque que quizá jamás podría cambiar.
Tomó el móvil en su mano y lo estrujó con fuerza. Ansiaba llamarle, disculparse y explicarse, pero no podía, no de esa manera que hacía parecer que era cosa de nada, cuando no era más que cosa de absolutamente todo. A simple vista ese pequeñito mundo que se había creado con Tetsuya lucía inexistente, no obstante, y contra cualquier pronóstico, se hizo tan tangible como el sentir que habían padecido antes de conocerse.
Por primera vez en su vida sentía el corazón dividido. Por otra parte, Tetsuya tenía de vuelta a Kagami, por lo que le dejaría atrás sin miramientos. ¿Y qué haría él? Volver con Haruka era lo más lógico, pero no se sentía cómodo ante tal opción. No se sentía feliz con Nanase en sus alrededores, no se sentía tranquilo sabiendo que Tetsu-chan se apartaría de él después de tanto tiempo juntos.
Dejó de darle vueltas al asunto y le marcó, sintiéndose nervioso. ¿Qué decir? Por supuesto el peli celeste sólo merecía la verdad.
Al cuarto tono esa voz tranquila, que en ese momento sonaba adormilada, respondió, queda.
— Buenos días, Makoto-san.
— Tetsu-chan, discúlpame por no haber llegado. ¿Llegaste bien anoche?— quiso saber, sabiéndose culpable de su abandono.
— No pasa nada. Y sí. ¿Ya desayunaste?— preguntó con una aparente naturalidad, que el castaño no le creía. Podía percibir cierto grado de decepción en la voz de su conviviente.
— Aún no. Puedo llegar a casa y prepararnos algo— propuso, interesado en cumplirle esa vez.
— Aomine-kun ya preparó algo, no te preocupes.
Una breve pausa se instaló en medio de esa insípida conversación.
— Estás en su casa, ¿no es verdad? No te preocupes, no estoy molesto ni nada. Estaré aquí todo el día, puedes llegar en el momento que quieras, Makoto-san. Salúdale de mi parte, debo colgar.
— Tetsu-cha-
— Makoto.
La línea había sido cortada de tajo y el moreno recién aparecía frente a él, tallándose los ojos aún adormilado. Makoto le dedicó una muy débil sonrisa.
Qué cómico, ahora mismo no quiero estar aquí, donde deseaba estar hace tanto.
— ¿Te sientes mejor?— preguntó viendo atentamente cómo Haru llegaba hasta él para abrazarle. El ojiazul aspiró el perfume del más alto, sintiéndose al fin en casa.
— Sí.
— Vamos, necesitas comer algo, Haru. — lo alejó despacio. Dentro de la cocina sacó lo poco que había y se las ingenió para preparar algo decente.
— ¿Quién te enseñó?— cuestionó, probando el primer bocado, admitiendo que ha quedado rico.
— Aprendí junto a Tetsuya. — respondió con simpleza, sonriendo ante el recuerdo de aquella travesía.
— ¿Era con él con quien hablabas?— el tono que ha usado a Makoto se le antojó ofuscado— Sonaba a que te urgía ir con él, no es así, ¿verdad?
— Estaba preocupado, eso es todo. Tus celos son innecesarios, Haruka.
Su expresión molesta no inmutó ni un poco al castaño, que comía en silencio frente a él. Le estaba prestando absoluta atención, y él estaba siendo casi ignorado. Había creído que lo sucedido la noche anterior podría por fin asentar todo ese huracán de infortunios, qué equivocado estaba. Y ahora que tenía tiempo suficiente para analizarle, se dio cuenta de que Makoto había cambiado muchos aspectos suyos. El de ojos verdes había madurado aún más mientras él había perdido casi todo su tiempo lamentándose por su pérdida sin hacer verdaderamente algo.
Ahora comprendía por qué Nagisa se había molestado tanto con él dos años atrás y por qué seguía enojado hasta la fecha.
Pero ahora estaba allí, ¿no? Con el chico que amaba sentado a la misma mesa, aunque ahora se sentía diferente, como si realmente ese no fuera Makoto, su Makoto. No, era él porque le había aceptado de nuevo.
Un momento… él le había dicho cuánto lo amaba, pero no había recibido respuesta a ello, sólo un beso y un abrazo, sí, pero ninguna verdadera respuesta. Entonces se preguntó si le había acompañado porque aún sentía algo fuerte por él o si había sido por lástima. Eso último le afligió.
— ¿Qué pasa Haru?— escuchó y vio la sonrisa apacible que el más alto le regalaba.
— Na-nada.
— Está bien.
Nanase se replanteó las cosas, ¿usarlo o no a su favor?
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— ¡Pero eres un maldito necio, te dije que no te precipitaras!— el pelirrojo caminaba a su lado, preocupado.
— Estaba en el agua, es inevitable. Es algo que amo hacer a pesar de mi imposibilidad. Venga que no es tan grave, Rin— trató de razonar Sousuke, siendo casi arrastrado a la Clínica de Rehabilitación Física.
— ¡Y una mierda, Yamazaki!
— ¡Hey! No te pongas así, que si estuvieras en mi lugar serías aún más desobediente— refutó frunciendo finalmente el ceño.
— Aunque eso fuera verdad… ¡Estoy preocupado, es todo!
— Lo sé y lamento hacerte preocupar. Pero que no es nada.
— Eso decidámoslo una vez que hagamos la revisión, ¿le parece Yamazaki-san?— dijo una voz masculina con algo de cordialidad, frente a ellos.
Un pelinegro de gafas y en uniforme les recibía con calma.
— Buenos días, seré su terapeuta a cargo, Hyuga Junpei. Si son tan amables de seguirme.
Sousuke le siguió de inmediato, Rin a su lado, caminaba a la par mirando con algo de extrañeza y curiosidad al moreno especialista.
— ¿Está guapo o qué?— preguntó Sou con una picardía molesta.
— No exactamente… Más bien, su voz es tan varonil como la tuya. — concluyó regalándole una sonrisa ladina.
— Ah claro— soltó burlón.
— Lo digo en serio.
El pelinegro de ojos azules no respondió, puesto que llegaron al consultorio donde una cómoda cama le esperaba. Le explicó al especialista su malestar y Hyuga terminó llegando a la causa sin tener que escucharla. Reconocía la complexión de un nadador con sólo verlo. Revisó la movilidad de la articulación, se encargó de los músculos contracturados con masajes firmes, le afianzó con vendas elásticas y le encargó hiciera ciertos ejercicios para fortalecer un poco.
Todo bajo la atenta y un poquito recelosa mirada rojiza de Rin.
— Listo, vuelva dentro de dos días— pidió Junpei con una sonrisa.
— Gracias.
— Nos vemos, Doc— despidió el pelirrojo.
— Hyuga-kun, Kiyoshi-san está afuera esperando para su sesión de hidroterapia— informó una compañera.
Ellos dos salieron y en seguida un enorme castaño de sonrisa bonachona entró al consultorio, saludando al fisioterapeuta con demasiada confianza.
— Creo que me agrada— dijo Sousuke divertido.
— Sí, creo que a mí también.
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Tachibana había arribado a su departamento por la tarde-noche, alegando a Haru que al día siguiente debía volver al trabajo. Cuando llegó las luces estaban apagadas, a excepción por la delgada y tenue línea que salía por debajo de la puerta del cuarto de Kuroko.
Susurró un distraído 'Estoy en casa', cuando el menor salió de su habitación volviendo a cerrar con mucho cuidado.
— Ah, bienvenido Makoto-san. ¿Podemos hablar? Pero en el comedor, Aomine-kun sigue durmiendo— pidió entre susurros.
— ¿Está en tu habitación?— preguntó repentinamente receloso.
— ¿Dónde más si no?
El castaño no renegó más. Ese comedor había sido testigo de una infinidad de charlas y peroratas. Kuroko se había sentado a su lado, como hacía a la hora de a cena.
— Quiero ser directo— comenzó—Los vi ayer, después de rechazar a Kagami-kun— informó provocando que Makoto le viera sorprendido, casi incrédulo— Tal vez tarde, pero me di cuenta de algunas cosas. Yo… quiero estar contigo, Makoto-san. De manera auténtica. Discúlpame si esto te causa inconvenientes.
Esperó unos segundos para ver la reacción por parte del más alto, que sólo lo veía como si estuviera metido en alguna especie de ensoñación. Supuso que tendría que digerirlo y él necesitaba botar su vergüenza en la seguridad de su alcoba. Se levantó sigiloso y volvió a la cama, junto a su amigo y se escondió bajo las mantas.
La sensación del corazón latiéndole en la garganta no se marchaba, Daiki le abrazó sintiendo entre sueños la inquietud del más bajo.
En cambio, un feliz Tachibana continuaba repitiendo las llanas palabras de Kuroko, una y otra vez, hasta convencerse de que de una mentira no se trataba. Estaba aliviado, porque tal parecía esos nacientes sentimientos eran correspondidos. Sin embargo había un único problema: un Haruka emocionalmente inestable.
Debo arreglar esto inmediatamente.
¿Qué les pareció? ¿Cómo hará Mako para controlar y hacer entender a Haru? D:
Mil gracias por sus comentarios, son lindísimos. Gracias por el apoyo.
Por otra parte... Se me ocurrió juntar a Sousuke y a Hyuga en una misma escena y luego caí en cuenta de que comparten la misma sensual voz, haha, (Hosoya Yoshimasa), aw, sólo faltó Asahi de Haikyuu, ¿verdad? Por cierto, que alegría que les gustara esa breve inclusión ;A;
¿Qué más? Oh sí, ¿quién extraña a Takao? Yo sí, debo traerlo de vuelta junto al Ki-chan y Nagisa, dedicar al trío dinamita un buen tramo del capítulo a ellos, jajaja. En fin.
Los leo pronto, mil besos. (Está que se muere del sueño, LOL)
