¡Laliho~! Hey, hey, ¿cómo han estado? Yo espero que maravillosamente.
Éste capítulo, como creo mencioné en el anterior, está dedicado por completo a el Cuarteto Dinamita, o como una amiga me dijo, una fiesta de ukes, LOL. Espero lo disfruten.
Let's go!
Capítulo quince
~Como si fuéramos niños~
La noche era fresca y el cielo estaba despejado. Era el día perfecto para salir con los amigos a beber algo después de un agotador día de escuela y trabajo. Kuroko terminaba de peinar su cabello, que siempre se volvía rebelde después de cortarlo.
A pesar de no haber visto a Makoto desde la noche anterior, se sentía tranquilo. Quizá porque había cumplido su objetivo: simplemente hacerle saber, le había escogido a él y no a su pasado.
Se había encontrado con Kagami a las afueras de la universidad, un encuentro completamente al azar y sorpresivo. El pelirrojo se había acercado a él al reconocerlo y le había saludado amable, ligeramente cauto. Le había pedido salir algún día de esos para terminar de aclarar las cosas. Como debía ser, él por supuesto, no se negó ni puso excusas.
Se lo debían por el amor que habían compartido por dos años, por todos los buenos momentos que vivieron juntos, en fin, por todo lo que había pasado entre ellos.
Se puso los vaqueros ajustados que su rubio amigo le había regalado en su cumpleaños ese año, las botas de gamuza marrón y la camisa azul naval y la chamarra negra con gorro afelpado.
— Bien— dijo sonriente.
Siempre era el mismo ritual cuando salía con Kise. Salió del apartamento que estaba completamente desolado, pues a Tachibana le había tocado de nuevo hacer horas extras. Cuando estaba cerrando con llave, tuvo que contestar una insistente llamada.
— No se les vaya a ocurrir hacer ninguna estupidez, Kuroko Tetsuya. No quiero tener que ir a recogerlos de nuevo para evitar que los arresten. — siseó Daiki, amenazador.
— Pero si esa vez no empezamos nosotros, Aomine-kun.
— Y una mierda. No habrán empezado, pero bien que siguieron el juego. ¡Inundaron el bar con la espuma de la cerveza, carajo!
— Si sigues haciendo corajes así, te saldrán canas antes de tiempo. Y eso fue sólo un accidente, oficial. — dijo el peli celeste con una inocencia que no existía.
— Sí, claro. Estás advertido.
— Está bien, está bien.
— ¡Kurokocchi, vamos!— Ryouta agitaba la mano. Aguardando junto a la puerta del conductor de su deportivo rojo.
— Kuroko, ¿puedes pasarle el móvil a Kise?— solicitó una voz diferente.
— No te ha respondido en su propio teléfono, ¿cierto Kasamatsu-san?— preguntó divertido al oír el resoplido del moreno.
— ¡Kuro-chan, muévelas!— gritó Takao impaciente.
Se acomodó en el asiento del copiloto y puso su móvil en alta voz para que Kise escuchara mientras manejaba.
— Listo, Kasamatsu-san.
— ¿Senpai?
— Si haces algo estúpido y me entero, te prometo que no habrá nada de intimidad entre nosotros por un mes— sentenció y colgó.
El rubio se quedó paralizado unos segundos, para después gimotear.
— Eso debió doler— susurró un Tetsuya burlón.
— Lo siento tanto, Ki-chan.
— ¡Pobre Ryo-chan! Pero no te preocupes, dijo que haría eso sólo si se enteraba, ¿cierto?— aclaró Nagisa, con aire malicioso.
— Cierto— coincidió el piloto con una gran sonrisa.
No se dijo más, arrancó el coche hacia la zona más movidita de la ciudad. Kazunari se había encargado de escoger el antro más explosivo, para una noche inolvidable.
— Por cierto, ¿dónde se quedó Rei-kun, Nagisa-kun?
— Con Midorima-san, fue Kazu-chan el de la idea— respondió feliz.
— Esos dos se llevan bobamente bien— dijo el ojo de halcón con una sonrisa ladina.
Tetsuya rió ante eso y todo lo que sus amigos (incluido Nagisa) decían. Al cabo de poco menos de una hora llegaron al dichoso lugar del que tan extasiado les hablaba el moreno.
— ¿Un antro… gay, Takaocchi?— preguntó escéptico después de dejar el auto en el estacionamiento.
— ¡Sí! ¡Nos faltaba uno de estos, Ki-chan! Además, como mañana se va Nagi-chan, tenía que ser uno especial— aseguró con seriedad el moreno.
— ¡Waaah, qué lindo de tu parte, Kazu-chan!
— Entremos— dijo el peli celeste, inesperadamente emocionado. Tomando la delantera.
Los otros tres se rezagaron, Ryouta y Kazunari intrigados por la repentina actitud atrevida de su amigo fantasma.
— Algo sucedió— dijo el moreno.
— ¿Con Kagami?— se preguntó el rubio más alto.
— ¿O con Mako-chan?— susurró algo asustado, Hazuki.
Se miraron entre ellos un poco preocupados, y se apuraron a seguirlo. Kuroko estaba frente al cadenero, hablando y sonriendo con bastante soltura. Uno de ellos se preguntó si no era mejor llamar antes a Aomine y preguntar, pero desechó la idea cuando volvió hacia ellos, tomándolos de la mano y arrastrándolos al interior, después de sonreír con coquetería al enorme sujeto que custodiaba la entrada.
— ¿Qué ha sido todo eso, Kuro-chan?
— Algo que aprendí de las películas que veo ocasionalmente con Aomine-kun— respondió, dirigiéndose a la barra, sin soltarlos, mirando impresionado los alrededores— Vamos a divertirnos.
— Acaba de sonar como Kiyoshi-san— susurró Kise.
— Dudo que Kiyo-san venga a lugares como estos— respondió el moreno, alegre.
Dejaron la intranquilidad para otra ocasión, después de todo ya estaban allí y parecía entusiasmado. Dejarlo hacer y deshacer al menos por esa ocasión, les parecía bien. Siempre y cuando no se les saliera la situación de las manos…
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— Yahoo~, ¡mueve más esas caderas, Tetsu-chan!— gritaba Nagisa mientras veía al peli celeste bailar con Takao.
— ¡Nagicchi, ¿quieres otra piña colada?— preguntó Kise teniéndole una, con una sonrisa estúpida.
— Eres el mejor, Ryo-chan.
Continuaron viendo a sus amigos danzar. Un hombre alto y moreno se acercó a Kuroko, invitándolo a bailar, sin embargo, este le sonrió y denegó la oferta, alegando que venía acompañado y señaló a Ryouta. El sujeto miró al rubio, que había puesto una expresión dominante y dura, logrando que el otro ni insistiera.
— Eso fue increíble, Ryo-chan. ¡Hazlo de nuevo!
— Haber sido modelo tiene sus ventajas. Si te molestan o algo, Nagicchi, diles que vienes conmigo. — le ofreció con un guiño.
— Y pensar que te ves tan tierno y violable cuando estas junto al policía sensual de esa vez.
— ¡Nagicchi!— exclamó avergonzado.
— Podrá ser más bajo que tú, pero tiene un aire tan varonil. A veces desearía que Rei-chan tuviera un poquito de eso— susurró con una sonrisa.
— Rei-kun es bastante guapo.
— Lo sé, también muy inteligente, paciente, dedicado y amoroso. — aseveró con las mejillas rosas a causa del alcohol y el recuerdo de su novio— Lo amo por todo lo que es, aún si le falta un aura intimidante— agregó después echándose a reír— Vamos Ryo-chan, Tetsu-chan quiere bailar con nosotros.
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Kise se la pasaba dejando en claro que esos tres chicos eran su harem personal. Siempre que salían a divertirse a lugares similares, hacían sus desmanes hasta hartarse, pero siempre declinando desde ofertas inocentes hasta las más indecorosas.
Él llegó a aceptar alguna que otra, cuando aún no salía con Yukio, y por muy ebrio que estuviera, jamás terminaba encamado con algún desconocido, ni siquiera aceptado besos sutiles.
Porque ellos no salían a beber para ahogar las penas, no bailaban para atraer a alguien, no cantaban expulsar las tristezas. Antes de salir, las dejaban en casa, en algún viejo baúl y se iban a pasar tiempo juntos, a disfrutar de su juventud, haciendo travesuras como niños pequeños. Pero fueran a donde fueran, terminaban siempre metidos en problemas.
Y esa noche no sería la excepción, menos con un nuevo paquetito de C4 entre ellos: Nagisa.
La ambientación había cambiado, eran alrededor de las 2:30 de la madrugada y ellos seguían despiertos, como todo el lugar. Las luces de neón, la música estridente, ideal para hacer sudar el cuerpo con movimientos candorosos, incitando ya a encuentros más carnales, que ellos simplemente ignoraban.
Nagisa había pedido permiso para subirse a la barra y bailar, mientras reía como idiota, llevándose consigo a Takao y a Kuroko que no rechistaron. Kise grababa cada detalle con su móvil último modelo. Porque Ryota siempre debía tener prueba del delito.
Moviéndose con cierta torpeza, mirándose y riendo, Kuroko se sentía más liviano. Porque comprobaba que aunque tuviera el corazón roto, aún podía divertirse, reír, bromear y disfrutar, sin caer en los actos de despecho.
— Vengan— dijo Nagisa.
Del techo comenzaba a caer espuma, en pequeñas cantidades. Los cuatro se escabulleron a donde estaban las llaves que controlaban el ritmo y cantidad de espuma que descendía. Cuatro llaves, cuatro mentes pícaras, una sola idea, un solo acuerdo. Abrieron las llaves hasta el tope, provocando una avalancha espumosa, jabonosa. Las exclamaciones de sorpresa y algunos gritos se escucharon, haciéndoles reír más. Destornillarse.
Las parejas que estaban en lo suyo se detuvieron ante la sorpresa y a ellos no les pudo causar más gracia.
— Eso le va a doler— resopló Kise entre carcajadas.
— ¡Pero si con la espuma iba a entrar más fácil!— secundó Kazunari.
— Y más rápido— agregó Nagisa.
— ¡Y hasta el fondo!— concluyó Kuroko, tirándose al piso, casi ahogándose en carcajadas.
Tan concentrados en su hilarante hazaña estaban, que no se percataron del guardia que les había pillado. Los tomó por las ropas y se los llevó a su cabina, donde llamó a la policía.
Cuando Aomine y Kasamatsu llegaron, Kazunari repartía piquitos por toda la cara a Ryota, mientras este se dejaba hacer, con una sonrisa. Tetsuya picaba las mejillas de Nagisa y reía como crío, mientras el otro hacía pucheros.
— Allí los tienen oficiales. — dijo el guardia, ni enfadado, ni impaciente. En realidad disfrutaba del cómico comportamiento de sus detenidos.
— Gracias, Abe-san— dijo el de peli negro— Anda Ryouta, vámonos.
— Shukio-shan~— siseó levándose de inmediato, colgándose a su cuello— Da-me beshu~
— Oh no señor, apestas a alcohol— apartó su cara y tomó a Takao del brazo, que aún estaba desorientado por la caída que sufrió a causa del rubio.
— No quie-ro, Shuki-shan.
— No repliques, Kazunari. Le dejaré tu castigo a Midorima— sentenció el moreno, y salió de allí arrastrando a los dos, casi en calidad de bulto.
Daiki se paró frente a Kuroko y Hazuki con los brazos cruzados y una mirada reprobatoria. El de ojos celestes, apenas y pudo enfocarle, pero sonrió ampliamente al reconocerlo.
— Dai-kun~, ¿qué hacesh aquí?— se puso de pie, logrando llegar a él.
— Venir a recogerte, ¿qué más?— dijo con tono de reprimenda.
— Shey, ¿a dón-she vamosh?
— A casa. Andando.
Cargó a Kuroko con un brazo y a Nagisa con el hombro contrario. Se despidió del guardia y llegó hasta la patrulla, donde ya lo esperaba su compañero, que custodiaba a los otros dos.
— Ryugazaki, está con Midorima— anunció.
— Llévate sólo a Kise, entonces. Las llaves de su coche están en el bolsillo izquierdo. Es el deportivo rojo, con el adorno de balones de básquet en el espejo retrovisor. — dijo con naturalidad.
Kasamatsu enarcó una ceja.
— ¿Qué? No pienses cosas que no son. Sólo no es la primera vez que esto pasa— aclaró viendo la mirada recelosa del pelinegro.
— Como sea. Nos vemos mañana. Suerte.
— Sí.
Sentó a Takao y a Nagisa en la parte trasera del auto y a Kuroko en la del copiloto, los tres dormidos, prácticamente inconscientes.
Cuando llegó al apartamento de Midorima, este ya le esperaba en la entrada del edificio, con los brazos cruzados, a su lado, Rei con mirada enfurruñada e impaciente.
Abrió una de las puertas, el peli verde sacó a su pareja con cuidado, agradeció al oficial y se despidió de ambos, llevándose a Kazunari en brazos. Dentro, le quitó las ropas, con cuidado, revisando cada centímetro de piel, comprobando que nadie se había atrevido a tocarle. Confiaba en el revoltoso, pero no en el resto del mundo. Sabía que jamás le engañaba, Takao no era de esos y encima era pésimo mintiéndole.
Le puso su pijama, lo despertó para que se lavase los dientes, cosa que el menor hacía por inercia, lo encaminó a la cama y lo arropó, besando su frente. Él aún tenía que levantar la mesa.
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Aomine se ofreció a llevarle hasta el hotel donde se estaban quedando. Cuando llegaron, Rei dio las gracias y se disculpó por las molestias. Igual que hiciera Shintarou, tomó a Nagisa en sus brazos y lo llevó hasta la habitación que compartían. Le despertó con delicadeza.
— Nagisa-kun, a bañarte— susurró.
— ¿Rei-chan?— musitó, abriendo los ojos con dificultad— ¿Me ayudas?
— Por supuesto.
En el cuarto de baño, preparó la bañara mientras le ayudaba a desvestirse, el rubio soltó suspiros y risillas por el roce, se metió con cuidado en la bañara y miró a Ryugazaki con ojos suplicantes, el mayor no tuvo más elección y entró con él. Le bañó con calma y miraba divertido cómo el pequeño empezaba a adormilarse de nuevo.
Les vistió a ambos y ya dentro de la cama, le abrazó.
— Te divertiste, ¿no es así?— dijo con una sonrisa, que Nagisa respondió entre sueños.
A los pocos minutos, también cayó rendido.
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A lo largo del trayecto dedicaba miradas de soslayo a su amigo, que estaba más que perdido. Se estacionó frente a la estación de bomberos que aún estaba muy activa. Descendió, siendo visto por Taisuke, que dio aviso inmediato a Tachibana.
Rodeó el coche y se echó a Kuroko a la espalda. Mientras entraba, el mayor iba abriendo poco a poco los ojos, tratando de ubicarse. El castaño se acercó, siendo acompañado de cerca por Kagami.
— ¿Qué fue lo que pasó?— preguntó Makoto.
El peli celeste miró al hombre que acababa de hablar y después posó su mirada en el pelirrojo.
— ¡Taigaaa~!— exclamó alegre.
Todos los presentes, absolutamente todos quedaron impactados. Sólo había dos personas que sabían cómo era Tetsuya cuando estaba verdaderamente ebrio, una de ellas, quien lo cargaba, la otra, el que había sido nombrado.
— ¡Estás borracho!— reprendió el bombero más joven.
— Creo que eso es evidente, Bakagami.
— ¡Cállate! ¿Por qué demonios pasó?— preguntó irritado.
— Pregúntale a él— resopló el policía.
Makoto observaba la escena, estando allí mismo. Pero de alguna manera se sintió excluido y eso no le gustó.
— ¡Tai, Tai, Taiga~!— dijo con un timbre cantarín— ¿Dai-kun, puedo shubirme a la eshpalda de Taiga?— preguntó inocente.
— ¿Y para qué carajos quieres eso?
— Porque Dai-kun eshtá enoja-do conmigo, me da miedo.
— Me niego.
Sentenció rotundamente. Los ojos de Kuroko se volvieron acuosos. Cuando el joven profesor se embriaga lo que se dice embriagarse, sufría una extraña regresión, terminando por comportarse como un niño malcriado.
— Ya, Tetsu, ya. Ven aquí— dijo Kagami, extendiendo sus brazos hacia él, los cuales fueron muy bien recibidos. Aomine le dejó ir a regañadientes— Déjanoslo a nosotros, acompañaré a Tachibana-senpai y lo dejaré a su cuidado.
— Bien. Pongan a cargar su celular, mañana le llamo— dijo a punto de retirarse— Ah, antes de que coma nada que beba el té de manzanilla con-
— Con dos cucharadas de azúcar para que asiente el estómago antes de desayunar, ya sé. Largo— dijo, evidenciando que sabía lo que tenía que hacer.
— Adiós. Y mañana no te escapas, Tetsuya— le advirtió al peli celeste que le despidió alegremente agitando la mano.
El castaño se había quedado en blanco y no había podido decir nada. Observaba cómo su aún supuesto novio tonteaba con el cabello del otro bombero. Sí, definitivamente no le gustaba.
— Iré por mis cosas, no tardo senpai— le dijo Kagami— ¿Me acompañas, Tetsu?
— ¡Shí~!
Desaparecieron. Makoto arrugó la nariz y sus compañeros pudieron ver en él, por primera vez, celos y enfado, de los auténticos, de los intensos.
Ootsubo-san los despidió y les encargó se fueran con cuidado. Kuroko se había vuelto a quedar dormido y entre ellos estaba ese silencio denso que nunca evitaba formarse.
— No tenías que molestarte, Kagami-kun— dijo, insípido.
— No es molestia. Además, debo decirte lo que hay que hacer para aliviarlo cuando se pone así— aseguró indiferente.
Otro silencio. Y así hasta el apartamento. Taiga pasó cortésmente y dejó a Kuroko sobre la cama. Despejó al frente de éste y finalmente se dirigió hacia el mayor.
— De preferencia, ponle su pijama. Tiene que dormir de lado, hacia la orilla de la cama. Pon una cubeta si no quieres que manche la alfombra. No es algo bonito presenciar, pero siempre termina por devolver el exceso de alcohol, pañuelos y enjuague. Detesta quedarse con el sabor en la boca. Volverá a dormir y cuando despierte, será con un terrible dolor de cabeza, por lo que es bueno tener los analgésicos a la mano, acompañados del té de manzanilla que ya mencionó Aomine, con dos cucharadas de azúcar y tibio. Eso le servirá hasta que le de hambre. Después puede comer algo ligero. Que duerma, al menos hasta medio día. Así no sentirá la pesadez en el cuerpo. Y… creo que es todo. Me retiro, Tachibana-san.
Pasó por su lado, satisfecho por la cara molesta que el castaño le mostraba. Salió sin mirar atrás y sintiéndose tranquilo, incluso ventajoso.
En cambio, Makoto, a regañadientes, hizo la primera parte de lo que le indicara el menor. Ahora se sentía aún más excluido, celoso. Celoso de verdad. Dejó a Tetsuya en la posición adecuada, besó su mejilla y se retiró a su alcoba.
Ahora más que nunca, estaba seguro de lo que sentía y de a quién debía decir adiós.
¡Chán!~ ¡Makoto también ya ha tomado su decisión! No obstante, quizá la solución no sea tan sencilla, ¿qué pasará?
Mis queridisimas personitas, nos estamos acercando al final de esto. Entr capítulos, aunque puede que sean otros pocos, jaja. No se sabe. Llegados a este punto, en verdad me gustaría saber sus opiniones. Por otra parte... espero que este capítulo al menos les haya dibujado una sonrisa, no me siento muy hábil en la materia de comedia, jaja.
Y como cada semana, muchísimas gracias por sus comentarios, significan demasiado.
Mil besos, y nos leemos pronto.
