Capítulo dieciséis

Resaca polimórfica~

Jamás, despertar había sido una tarea tan atroz. El cuerpo pesaba como la carga de un tren, la garganta seca como las desoladas y arenosas tierras de Arabia, dolía; aunado a ello, el incesante dolor de cabeza con la intensidad del martilleo de Thor. Arcadas, tercas. Disparando la urgencia de la huida al baño.

Todo inevitable. Todo consecuencia de una noche activa. Demasiado activa.

— ¿Qué tanto más vas a devolver, Takao?— preguntó, recargado en la puerta, escuchando la adorable sonata que el pelinegro le entonaba.

— Es todo. Y aunque quisiera más, no me queda nada en el estómago, Midorima— respondió. Su expresión al salir evidenciaba su malestar, así como lo hacía su tono áspero.

El peli verde le miró sin inmutarse, se limitó a sólo arquear una ceja, como quien no quiere la cosa. Takao suspiró al percatarse de su actitud.

— Lo siento, Shin-chan. Sé que tú no tienes culpa de nada, pero realmente me siento mal. — explicó para después arrojarse nuevamente sobre el colchón.

— Necesitas dormir más— se acercó para acariciarle las mejillas arreboladas por el esfuerzo puesto al devolver el estómago.

— Tengo que ir a ver a mis niños, hoy les prometí que haríamos manualidades con las hojas de otoño— susurró con una débil sonrisa— No puedo incumplirles. Ellos no mandaron a su desastroso profe a embriagarse con Ryo-nii y Tetsu-nii-sensei— agregó con mofa.

— Podrás ser un irresponsable para muchas cosas pero no para tu trabajo. Me gusta mucho eso de ti— soltó Midorima con sinceridad y sin tapujos.

— ¿Estás seguro que no te abdujeron los extraterrestres?— quiso saber. Aunque se sentía feliz, no podía evitar sentirse sorprendido cada que lo escuchaba hablar así.

— Completamente seguro— reafirmó con una discreta sonrisa.

El pelinegro enrojeció más, ahora debido al cosquilleo que los detalles de Shintarou le provocaban. Como era algo que sólo se suscitaba ocasionalmente, que se volviera algo frecuente era demasiado para su pobre y enamorado corazón. Enterró el rostro en la almohada y resopló.

Shin-chan date cuenta, si sigues así me matarás pronto.

— Entras a las nueve, ¿dormimos media hora más?— preguntó. Y le vio sólo mover la cabeza despacito, aceptando. Se acomodó nuevamente a su lado y le acogió contra su pecho.

De cualquier forma, esta noche no te escapas, Kazunari. Se dijo internamente, con autosuficiencia.

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Ryouta gimoteó bajo las sábanas, buscó a tientas el bendito móvil. Estaba de vacaciones, por lo que no debía preocuparse demasiado por la hora, sin embargo, debía dar y recibir reporte del resto de la flota. Apostaba que Takaocchi maldecía a la humanidad y a Midorima incluido mientras se abrazaba al retrete. De Nagicchi no tenía ni idea y por Kurokocchi estaba preocupado. No lo había visto ponerse tan mal en ninguna de sus anteriores expediciones, y vaya que no eran pocas.

Se acomodó sobre su espalda y sin abrir los ojos respiró profundo, buscando con ello aliviar la jaqueca. Su memoria rebobinó la noche anterior y se rió al recordar sus tonterías. Pero luego se preguntó cómo es que había llegado a su apartamento. Recordó a Daiki y a alguien más… alguien que no debía enterarse de nada.

— ¡OH JODER!— farfulló nervioso sentándose de un solo empujón— ¡Que no haya sido senpai, que no haya sido senpai!— se sujetó el cabello desaliñado, deseando que su suerte no fuera tan mala.

— Pues lamento aguarte la fiesta pero sí fui yo. — Yukio le había estado observando todo el rato, en completo silencio, desde el umbral.

— ¡Senpai! Pero cómo…

— Tienes a Aomine demasiado bien acostumbrado— dijo— Me resolvió todas las dudas que pude haber tenido.

— ¡No es por lo que piensas!— chilló— Él es un buen amigo, y siempre va por nosotros… ¡Más por Kurokocchi que por nadie!

Balbuceó unos segundos más intentado explicarse. La seria y molesta mirada que el moreno siempre le dirigía le hacía vomitar explicaciones de inmediato, reflejo que desarrolló nada más entrar al club de básquet en Kaijou. En algún punto de su letanía se había remontado a explicar detalles que ya nada tenían que ver.

Kasamatsu no aguantó más su diversión y se rió, así sin más. Kise, quien no había tenido la oportunidad de escucharle se quedó sin habla, maravillado. Y es que escuchar por primera vez las carcajadas de su senpai le había revuelto las entrañas, en el buen sentido.

Yukio se fue tranquilizando poco a poco y ahora tenía a su rubia tormenta justo enfrente, con los ojos brillosos y una mueca extraña en los labios.

— ¿Qué sucede?

— Hazlo de nuevo, Yukio— suplicó.

— ¿Hacer qué?

— Ríete.

— Ni de joda. Vuelve a la cama, aún te tambaleas—sujetó las caderas del más alto y le empujó despacito de vuelta a la misma. Su intensa mirada azul atrapó a Ryouta.

Lo derribó con cuidado y se acomodó encima de ese cuerpo de modelo que era la última cosa que le gustaba del chico. Primero estaba su cabello siempre sedoso, después esos labios delgados que constantemente dejaban escapar berrinches pero que cuando se trataba de trabajo permitía el paso de palabras complejas e interesantes, en seguida, el pequeño lunar que se escondía tras la oreja izquierda que sólo él había notado, una vez en las duchas. Pero por sobre todo, le gustaba esa molesta personalidad suya que no podía aborrecer aunque fuera esa su voluntad. Porque en el fondo se le hacía adorable y le alegraba hasta los días más lúgubres y porque sabía que podía ser maduro cuando la situación más lo ameritara.

— ¿Yukio?

— Shh…

Se apresuró a callarle con un nuevo beso. Era relativamente poco lo que llevaban de relación, pero para ambos estaba claro que ese encuentro era algo que ansiaban consumar desde el primer día.

— Aún huelo a… antro, Yukio— suspiró al sentir una húmeda lengua tras la oreja.

— Qué importa, pronto mi aroma será el tuyo.

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Rei despertó al escuchar los leves quejidos a su lado, pero lo ignoró. Después de sentir una patada en la entrepierna fue cuando realmente le tomó importancia. Alcanzó sus lentes y descubrió a Nagisa removiéndose bajo las cobijas con incomodidad. Y allí estaba de nuevo el enano, sufriendo de pesadillas por culpa del alcohol.

Honestamente no entendía por qué lo había dejado ir si bien sabía que el rubio era débil ante ese tipo de bebidas. Con una sola vez le había bastado para darse cuenta. Y es que en realidad esa había sido la segunda borrachera de Hazuki, pero no negaba que se le antojaba gracioso verlo sufrir un poquito.

Y le hubiera gustado dejarlo así al menos una hora más, pero no, era fácilmente conmovido por esos pucheros inconscientes. Así empezó a despertarlo con calma, con pellizcos delicados que al poco tiempo fueron reemplazados por besos inocentes.

— ¡B-basta Rei-chan, me haces cosquillas!

— ¿Buenos días?— susurró entre su cabello y el arco del oído.

— Buenos días~— respondió contento, aunque algo mareado, enrollándose en el cuello del peliazul con el objetivo de regresarle los mimos.

— ¿Estás listo? Hoy partimos— cuestionó con sutileza.

— Sí, es hora de que volvamos a nuestra casa.

Ryugazaki se sintió satisfecho con sus palabras y aprovechándose de los minutos que aún tenían libres prosiguió con ese jugueteo mañanero, ritual que no podía permitirse no realizar, pues con él agradecía que Nagisa estuviera a su lado cada nuevo día.

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Milagrosamente había logrado llegar al jardín de niños con la conciencia lucida. A eso del mediodía Aomine-kun le había llamado, primero para darle una nueva reprimenda y después para preguntar por cómo se sentía. A veces desconocía mínimamente a su mejor amigo, todo eso de volverse una figura de autoridad lo había hecho madurar todo lo que durante la preparatoria no había podido. Por supuesto, estaba orgulloso del hombre en el que Aomine Daiki se había convertido, pero a veces lo hacía sentir como un crío adolescente a pesar de ser mayor que el moreno.

Le había preguntado sobre sus memorias de la noche anterior. ¡Claro que lo recordaba! Habían sido pocas las veces que se había puesto hasta el flequillo de alcohol, pero curiosamente a pesar de perder el juicio las lagunas mentales no eran secuelas que a él le atacaran. Y estaba avergonzado y doblemente avergonzado.

Había hecho el ridículo frente a toda la estación de bomberos y en lugar de abalanzarse contra Makoto había terminado en la espalda de Kagami. Pero era comprensible, ¿no? Después de Aomine, era Taiga la única persona que conocía esa faceta de él.

— Oh joder…— suspiró.

— ¿Se siente malito, sensei?— preguntó una vocecita a su izquierda y de pronto todos esos brillantes y redondos ojos se posaron en él.

Kuroko negó de inmediato con una sonrisa y explicó que sólo se había acordado de una anécdota de su infancia, los niños insistieron en escucharla y él tuvo que inventarse algo gracioso para compartirles. Justo a la hora de la siesta, Takao fue a visitarlo con una radiante sonrisa pero con unos ojos terriblemente cansados.

— ¿Has sabido algo de Ki-chan?— preguntó, dejándose caer en la sillita a su lado.

— Hace como media hora me contestó con un mensaje torpe y casi inentendible.

— ¡Entonces ese pequeño bastardo se salió con la suya! Creí que Yukio-san en verdad lo castigaría— refunfuñó el moreno.

— Ambos sabemos que Kasamatsu-san ya estaba en su límite— espetó. Se miraron y rieron con complicidad, ya molestarían al rubio en otra ocasión, mientras tanto lo dejarían disfrutar.

— ¿Está todo bien con Tachi-chan?— preguntó de pronto, ahora con seriedad y evidente preocupación.

— ¿Qué te hace pensar que puede ser lo contrario, Takao-kun?

— A mí no me haces idiota, Kuro-chan. Ayer tú estabas deseando despejarte, ¿no es así? Además, Ao-chan jamás había permitido que Tachi-chan te viera así y no lo hizo por Kagami sino por él.

— Creo que hay mucho que debo contarte.

Platicarle incluso con detalles no le había tomado más que la mitad de la hora de la siesta. Kazunari había hecho una gama completa de gestos, unos de sorpresa, otros de molestia y algunos más de tristeza y decepción.

— ¿Así que fue por eso que Kagami jamás dio señales?— preguntó sintiéndose culpable por todo lo malo que había pensado de él.

— Sí. Sé que está diciendo la verdad y aunque ahora lo comprendo hay algo en mí que se niega a dejarme volver con él.

— Makoto…

— Así es. Pero Makoto-san siempre ha estado esperando a alguien más y esa persona vino aquí por su perdón— explicó Tetsu, entristeciéndose de inmediato.

— Pero Kuro-chan, yo no creo que él siga queriendo a Nanase.

— Los vi, Takao-kun. Yo ya le dije que es con él con quien quiero estar, pero no lo dejé responderme.

— Tenías miedo, es normal. Pero tú no eres un cobarde, tienen que aclarar las cosas ahora más que nunca. Me siento mal por Kagami porque sé que él te ama sinceramente, sin embargo, diferente a lo que muchos creen, el corazón es susceptible a los cambios. Desafortunadamente algo se encargó de separarlos y fue por ello que conociste a Tachi-chan, ¿no crees que eso significa algo?

— ¿Pero siguiendo esa lógica, el regreso de Kagami-kun también significaría algo, no es así?

— Sí, que tienes que tomar una decisión y cerrar uno de los dos ciclos. Pero ten en cuenta que no te puedes engañar a ti ni a ninguno de los dos. Y no tienes sólo dos opciones. Sabrás cómo afrontarlo y de cualquier forma, Ki-chan, Ao-chan y yo siempre estaremos para apoyarte o patearte si es necesario— aseguró con esa sonrisa cálida y socarrona que tanto lo distinguía.

— ¿Si hubieras estado en mi lugar, crees que habrías dejado de amar a Midorima-kun?

— De sopetón, no. Pero creo que si hubiera conocido a Tachi-chan me habría enamorado de él poco a poco. Que Shin-chan no me escuche. — dijo con una sonrisa— No hay amores eternos. La eternidad es perpetua e inmutable, mientras nosotros somos efímeros en realidad. El amor prometido se acaba con nuestras vidas. Pero creo que es eso lo que lo hace más valioso— agregó— ¡Ya me hiciste decir cursilerías, Kuro-chan!

El peli celeste se sintió más reconfortado con las palabras del moreno. A decir verdad no había visto al castaño desde la noche anterior, en la estación. Sabía que había estado cuidando de él, pero no había podido despegar ojo durante toda la mañana, hasta que su amigo policía le había llamado.

Dentro de sí deseaba fervientemente que estuviera pensando en él, en su declaración y que se mantuviera lejos de Nanase. Esa ansiedad por monopolizarlo era una clara señal de algo que él ya conocía.

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Quería comprender por qué el trabajo que tanto amaba se estaba empeñando en mantenerlo lejos de Tetsu-chan. ¡Necesitaba hablar con él! O al menos verlo despertar y desearle los buenos días con un beso en la coronilla.

De pronto se encontraba así mismo pataleando internamente porque las cosas volvieran a la normalidad. Quería su vida antes de que aquellos dos aparecieran, de vuelta. Pero, oh no, esas rabietas no eran dignas de un hombre ya hecho y derecho. Suspiró por milésima vez, suplicando al tiempo se diera prisa y al reloj que marcara la hora.

Se moría por verlo.

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— No tenían que venir a despedirme— aclaró Rin con una sonrisa ladina.

— Quería hacerlo. No te veré en un largo tiempo— contestó Haruka, con un semblante sereno y decaído.

— Yo ni siquiera tengo que explicarte— acotó Sousuke, manteniendo su distancia del otro pelinegro.

— Como sea, no vayan a matarse mientras no estoy.

— No te prometemos nada.

— ¡Hasta que se ponen de acuerdo en algo!— exclamó y dejó escapar sus burlas.

— ¡Mako-chan, llegaste!— escucharon en las cercanías.

Haru reconoció la voz de inmediato y le ubicó al instante. Nagisa y Rei esperaban junto a sus maletas a que el castaño llegara hasta ellos. Un rubio más alto y bastante bien parecido estaba con ellos y poco después llegaron al muchachito de cabello azabache que había conocido y el inolvidable peli celeste.

Arrugó la nariz al ver a Makoto sonriendo al susodicho con añoranza. Éste le sonrió ampliamente y aceptó un beso en la mejilla mientras Hazuki y los otros dos desconocidos daban saltitos de alegría y el de lentes suspiraba amable. Rin se dio cuenta de su molestia, al igual que Sousuke, y ambos miraron en la misma dirección. Matsuoka se sintió mal por su amigo.

— Tachibana ahora tiene muy buen gusto— dijo el moreno con simpleza.

— ¡Sousuke!— reprendió Rin, dándole un codazo.

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Nagisa miraba encantado la interacción entre Makoto y Tetsuya, pero sus alarmas se encendieron de pronto y una fuerza extraordinaria le obligó a voltear el rostro. Cuando lo hizo, Haruka caminaba hacia ellos como en una especie de trance y entonces no pudo evitarlo. La furia le invadió de pronto.

¡¿Quién se cree que es?!

Movido por su impulsividad se interpuso en su camino y le miró fríamente.

— No te atrevas— siseó.

Pero Nanase osó ignorarle.


¡Mil disculpas por la enorme tardanza! Hubo ciertas circunstancias y bueno, pero aquí el nuevo capítulo. Espero les guste. Si hay faltas de ortografía, por favor, me dicen xD

Muchísimas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz. Y por supuesto que los contestaré, pero no justo en este momento, no me ando sintiendo del todo bien D;

Nos leemos pronto. BESOS.