¡Sumimasen! ¡Sumimasen! *grita al estilo Sakurai* Sé que me tardé demasiado, otra vez u.u Pero, fueron dos cosillas esta vez, uno, la escuela me deja poquitas oportunidades para escribir (encima se acerca el final de semestre) y dos, no lograba concretar bien la idea de este capítulo, pero al fin lo lorgré, wii.

Muchas gracias por su paciencia, y espero que la temática de este capítulo no les moleste.

Let's go! :)


Capítulo diecisiete

~Espejo acuoso~

Hace 3 años=

Sinceramente no quería creerle a Rin. Había llamado muy temprano y yo no tenía ganas de levantarme. Como era de esperarse Makoto había empezado a alejarse inconscientemente por culpa de mis estúpidas acciones, pero jamás creí que llegaría a esto.

Makoto se va, Momo lo ha visto en la estación de trenes.

Quisiera o no hacer caso de sus palabras, mi cuerpo se impulsó por sí mismo e importándome poco seguir en pijama salí corriendo hacia el lugar. Pero era obvio que llegaría demasiado tarde, lo único que pude ver fue el último vagón, alejarse hacia un destino que no supe. Marqué a su móvil, pero sólo el buzón me respondió. Me quedé allí horas, esperando estúpidamente que apareciera. Me dolía el pecho y las lágrimas me empapaban por completo.

Mentiría si dijera que no sabía lo que había perdido, pero me negaba a aceptarlo. No quise dar por hecho, que aquél que me prometiera permanecer siempre a mi lado se había marchado quizá para siempre. Porque Makoto era incapaz. ¿Verdad?

Volví a casa por la noche, en la entrada Rin me esperaba frotándose las manos debido al frío, me miró y seguramente vio algo en mí algo muy malo porque la expresión que puso jamás la había visto. Puso su bufanda alrededor de mi cuello y me llevó dentro.

¡¿Estás demente?!— me gritó, molesto—

Quizá…

Me tumbé sobre el piso mirando el techo, la cabeza me daba vueltas y mi mente se sentía pesada, ajena a mí. Rin me observaba a un lado, preocupado, mordiéndose los labios con su afilada dentadura.

Es un sueño, ¿verdad? Sólo estoy soñando— susurré. El corazón me oprimía, respirar me sofocaba y pensar me dolía. ¿Cuándo había sido la última vez que había hablado con él? ¿Cuándo fue la última vez que compartí el almuerzo a su lado? ¿Cuándo fue la última vez que lo sentí abrazarme, besarme y amarme? ¿Cuándo fue la última vez que le demostré que era todo para mí?

No Haru. Esto no es más que tu nueva realiadad. Makoto se ha largado y ha sido por culpa de ambos… Yo… no debí pedírtelo. Perdóname. En serio, perdóname…

Rin lloró junto a mí esa noche, él sintiéndose culpable y yo, sintiéndome un idiota.

O. . . O

Apenas el día anterior habíamos despedido a Makoto-senpai. Su ausencia se sentía lacerante y pesada. Nagisa-kun había llegado a la escuela decaído, siendo él de una típica alegría, ahora no hacía más que prestar atención a la clase, callado, distante. Me lastimaba verlo así, pero era entendible y lo único que podía hacer era estar a su lado. Makoto-senpai había sido para él como un hermano mayor y de ahora en más no estaría allí.

Por alguna razón, a la hora del almuerzo subí a la piscina. Frente a ella, en el borde, estaba Haruka-senpai, mirando el agua. Lo que pude apreciar en sus orbes al acercarme un poco más logró desencajarme como nunca, el azul de sus pupilas que asemejaban al mar, parecían piedra inertes, opacas, llenas de aversión y desprecio.

Algo murmuró y al instante siguiente la tensión superficial del espejo acuoso se rompió produciendo ondas, otra vez y muchas más. Por sus lágrimas comprendí que estaba enterado de la noticia, pero era diferente a la reacción que esperaba. Él aún amaba a Makoto-senpai y adolecía por su partida, eso me pareció. Lo que quería decir que había algo truculento en toda esa novela, algo que meses más tarde supe.

No obstante, esa fue la última vez que Haruka-senpai estuvo cerca del agua. No volvió a nadar, no volvió a hablar, no volvió a ser el mismo.

O . . . O

Cuántos meses llevaba ya viniendo a comprobar que seguía vivo, realmente, no lo sé. Pero era una necesidad, comenzaba a vivir con el temor de perder a mi mejor amigo. A Sousuke por supuesto le molestó, pero fue comprensivo.

La situación me desesperaba, siempre al entrar la oscuridad me recibía, los muebles se llenaban cada vez más de polvo, de olvido y él permanecía hecho un ovillo bajo las sábanas, llorando durante largos ratos, perdido en recuerdos unas horas y soñando el resto del día. Jamás fue muy hablador, pero no escucharlo decir hablar absolutamente nada era desolador.

Me había dado a la tarea de investigar para él la ubicación de Makoto, pero Nagisa se negaba rotundamente a decirme algo y Rei, por consideración a él, tampoco me respondía. Sou me decía que debía dejarlo ser, que si él había decidido marcharse era porque había tenido suficiente y que debíamos respetar su deseo de libertad y renovación. Y yo lo entendía, pero Haru…

Cada nuevo día me encargaba de que comiera, aunque apenas si roía lo que había en los platos. Hacer que se bañara era lo más difícil, había desarrollado una especie de odio hacia el agua y sus ojos ya no brillaban al entrar en contacto con ella. Le platicaba de mí día a día y él sólo miraba por la ventana. Intentaba no suspirar cansado, pero empezaba a ser difícil.

Vendré mañana, Haru.

Pronto se cumpliría un año desde su partida.

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=Hace 2 años=

Estaba más contento, acababa de hablar con Mako-chan por teléfono, se le escuchaba más relajado, más alegre, como antes. Me había contado sobre la persona con la que compartía piso, el dichoso Tetsu-chan me lo describía como una persona increíble, y eso me emocionaba.

Mako-chan había decidido entrar el cuerpo de bomberos de Tokio y parecía muy entusiasmado al respecto, aunque no me contó los detalles que lo llevaron a tomar semejante decisión. Mientras tanto Rei-chan y yo estábamos por graduarnos de la preparatoria, preparando todo para poder ceder el club a la nueva generación, estudiando para los exámenes de admisión y puliendo los menús de entrenamiento para el torneo regional.

De Haru-chan yo no sabía nada, prefería no saberlo. Aún estaba molesto con él, debo admitir, pero también empezaba a preocuparme. Soy berrinchudo por naturaleza a pesar de mi edad, pero incluso yo sabía que ya lo había llevado demasiado lejos. Una tarde fui a su casa, sabía que ese día no estaría Rin-chan, se lo había hecho saber a Rei-chan esa mañana, pues era él quien se encargaba de cuidar a Haru cuando el otro no podía.

Había salido antes de clase y ese día no había entrenamiento. Llamé a la puerta, pero nadie me respondió. Entré por mi cuenta, como en los viejos tiempos. La casa que antes visitábamos tan seguido, aquella que era nuestra guarida estaba hecha un desastre, por poco no la reconozco. Continué avanzando, el baño parecía solitario, incluso sombrío, detalle que me sorprendió. Supuse que estaría en su habitación, aunque grande fue mi sorpresa al no hallarlo en ninguna parte. En su lugar, decenas de fotos, algunas que yo bien conocía y otras que en mi vida había visto, decoraban desordenadamente la estancia, el piso, el escritorio y la cama.

En cada una de ellas aparecían siempre dos personas. Mako-chan siempre lucía su bonita sonrisa y Haru-chan sonreía discretamente en unas cuantas, pero a pesar de mostrar su semblante impasible y habitual en la mayoría, se podía apreciar la felicidad en sus ojos. Me dieron ganas de llorar, porque extrañaba verlos vivir su mundo, juntos. Yo era feliz sabiéndolos felices. ¿Por qué todo aquello había tenido que pasar? Entonces sentía que quizá las cosas podrían mejorar si le decía a Haru dónde encontrarlo.

Dejé la foto que había levantado y continué caminando un poco. De verdad, ya no reconocía esa casa. Decidí marcharme y volver al día siguiente, pero cuando estaba por poner el primer pie fuera, el rechinido del armario llamó mi atención. Ese tipo de sonidos me lastiman un poco los oídos así que por acto reflejo quise cerrarla, no obstante, al acercarme vi más fotos, todas de Mako-chan. El horror me estremeció, su rostro amable cortado, borrado, manchado y quemado. Fotografías destruidas, con saña, con desprecio, se notaba a simple vista.

No soporté más, salí de allí corriendo. ¿Haru-chan lo había hecho? ¿Por qué si Mako-chan no había hecho nada malo?

Llegué a casa de Rei-chan, su mamá me dejó pasar sin anunciarme. Lo primero que hice al entrar a su habitación fue echarme llorar a sus brazos.

¿Qué sucede, Nagisa-kun?

¡Él lo odia! ¡¿Cómo puede odiarlo cuando fue él quien lo hirió?!

¿De qué hablas?

¡De Haruka, fui a su casa y… y me encontré esto!

En realidad me di cuenta a mitad de camino, conmigo traía una de las atrocidades que encontré dentro del armario. Rei-chan la observó y la congoja se instaló en sus facciones. Yo seguía llorando.

Nagisa-kun no creo que eso sea verdad. Haruka-senpai, lo creas o no Haruka-senpai es quien peor lo ha pasado desde que Makoto-senpai se mudó a Tokio. Él también está sufriendo, más que nadie, así que no creo que-

¿Entonces qué es esto? ¿Una prueba de amor? ¿Un hechizo para traerlo de regreso? ¡Cuando amas a alguien a quien quieres recuperar no rompes sus fotos ni las quemas, duermes con ellas, les lloras o las besas!

Intentó hacerme entrar en razón, volví a mi hogar y me encerré en mi habitación. No, después de todo no podía decirle dónde estaba Mako-chan.

Haruka ya no lo merece.

O . . .O

Un día Rin llegó dándome buenas noticias. Al parecer Nanase había recuperado algo de cordura y había entrado en razón, al menos un poco. Tener que soportar que Rin se hiciera cargo de él día y noche resultaba desgastante también para mí. Sin embargo, si ahora se iba a entretener en las clases de gastronomía Rin no tendría que estar todo el tiempo detrás de él, como una mamá.

Eso sinceramente me aliviaba. Por otro lado, yo no podía decirle que estaba del lado de Tachibana. Jamás hablamos demasiado pero era una persona agradable y demasiado considerada. Siempre me pregunté, cómo es que alguien como él había podido amar tanto a Nanase. Que tiene un talento increíble en natación, sí, pero de allí en más, no tiene gracia alguna. Lo compadecí. Lo comprendía. Yo había hecho algo parecido tiempo atrás.

No me gustaba pensar mucho en eso, después de todo no era mi problema. Yo sólo había sufrido daños colaterales mínimos. Tachibana se había llevado la peor parte y la manera en la que yo podía ayudarlo era ocultando su paradero. Porque yo sabía dónde estaba… desde el principio. Me causaba ligero malestar tener que omitirle eso a Rin, pero una parte de mí se sentía obligada a callar, a ser solidario con el castaño de Iwatobi.

Él necesitaba su espacio.

O . . .O

Después de pasar un año entero lamentándome por su ausencia, hice que Rin alcanzara su límite. No lo culpo. Harto de mi indiferencia y mi nula cooperación todo lo que pudo hacer fue explotar, gritarme y estrellar su puño en mi mejilla. Sus palabras iracundas lograron llegar hasta mí, provocando que reaccionara. Alcé la voz y me defendí. Nos enredamos en una pelea sin tregua hasta quedar agotados.

Si realmente quisieras traer de vuelta, estarías haciendo algo para lograrlo. No has hecho más que llorar como una princesa y quejarte, aislarte, odiarte y odiarle. Estoy harto de verte desmoronarte cada vez más y no hacer nada. ¡Ya basta de auto compadecerte! Entiende que si no lo dije antes es porque mi culpabilidad me impedía reprocharte algo, pero has ido demasiado lejos.

Me dijo, tirado a mi lado en el piso de la habitación. Poco después, con las mejillas adoloridas se marchó, dedicándome una cariñosa sonrisa. Por mi parte, vi el estrellado cielo a través de la ventana, recostado sobre sus recuerdos.

Era verdad, tenía que hacer algo con mi vida. Pero no podía volver a nadar, no sabiendo que él no estaría allí para sostener mi mano y dedicarme su sonrisa, al salir del agua. Alguna vez Nagisa me había dicho que podría hacer lo que quisiera. No estaba seguro de ello, pero algo encontraría.

Al día siguiente salí a dar un paseo, hacía mucho que no miraba el exterior. El sol era demasiado brillante y el cielo demasiado claro, pero no podía volver a recluirme. Cerca de la estación un letrero llamó mi atención. Un pequeño curso de gastronomía sería abierto y al ser nuevo, no costaría demasiado. La idea me resultó llamativa y creí que podrí hacerlo, por lo que, sin pensarlo demasiado, me inscribí.

Al principio ayudó bastante a concentrarme en algo más que no fuera Makoto y a pesar de que lo hacía bastante bien, no fue suficiente. Nunca nada lo sería. Y a pesar de saberlo, no sentí el impulso de salir en su búsqueda, tenía miedo, sentía odio. En algún punto de esta existencia, empecé a sentir desprecio hacia él. Porque me había abandonado, porque lo extrañaba, porque lo amaba, y porque sin él no sería nadie. Jamás. Me sentía dividido en dos, cuando lo extrañaba, una voz en mi cabeza me repetía incesante que debía detestarlo, y por segundos cedía ante el consejo. Empecé a amarle y maldecirle al mismo tiempo.

¿De esa manera, cómo podría ir a buscarlo?

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=Hace 1 año=

Haruka-senpai había vuelto a romperse, con mayor severidad que la primera vez. Parecía normal, salía, trabajaba, estudiaba, hablaba tan poco como cuando recién lo conocí, pero lo hacía al fin y al cabo. No obstante, había un brillo extraño en sus ojos, oscuro, desequilibrado.

A Nagisa-kun poco le importaba, prefería ignorarlo cuando se lo encontraba y omitir información sobre él a Makoto-senpai, quien nos llamaba cada semana. Tenía que reconocer que me alegraba saber que nuestro senpai había podido rehacer su vida, la cual compartía con una persona, según nos decía, muy adorable y dedicada. Pero al mismo tiempo no podía evitar sentir pena por Haruka-senpai, quien aún pensaba tanto en él.

Muchas veces, Rin-san y yo fuimos a visitarle, después de las prácticas, y en cada ocasión le escuchábamos llorar desde el pasillo, llamando a Makoto-senpai en medio de la oscuridad, abrazado a cualquier objeto que le permitiera sentirlo cerca. Era preocupante.

Sugerí llevarlo a un psicólogo, pero Rin-san me hizo desistir, haciéndome ver que sería un esfuerzo inútil. Él no hablaría, diría que estaba bien, que no necesitaba nada y se aferraría a esa idea con terquedad. El único que podía saber qué hacer con él, se encontraba en otra ciudad, feliz, con una nueva pareja.

Tampoco quería ser egoísta y arruinar lo que Makoto-senpai se había construido con tanto esmero. No era mi derecho, en absoluto.

Rei, si sabes dónde está debes decirle. Es la única manera de hacerlo recapacitar.

Pero tú también pudiste, ¿no es así? ¿Por qué no hablas con él una vez más?

No puedo llegar a él, ya no. Se ha perdido por completo en su dolor y el único con la paciencia, la fuerza y el talento para hacerlo es Makoto. Tiene que verlo otra vez. Además, sé que él sigue amando a Haru desde lo más profundo de su ser. No podré estar a su lado por un tiempo, debo marchar a Australia dentro de dos días.

Por Haruka-senpai no me importaría hacerlo, pero también debo pensar en Makoto-senpai. Él ya tiene una vida, Rin-san. Nagisa-kun no me lo perdonará si por mi culpa se arruina eso.

¿Y si por no hacerlo las cosas empeoran?

No supe qué decir. También existía esa posibilidad. Le dejamos solos y al llegar a casa, Nagisa-kun me dio la bienvenida con un beso en los labios, tan dulce como sólo él sabe darlos. Ahora que vivíamos juntos era mi pan de cada día. Ese día en especial estaba entusiasmado y medité mucho la opción de postergarlo. Pero no, algo me decía que debía apresurarme.

Nagisa-kun… ¿crees que pueda decirle a Haruka-senpai dónde encontrarlo?

Me arrepentí al ver la incredulidad y el enfado en su rostro, como si hubiera hecho la mención de la peor calamidad terrenal.

No.

¡Por favor, déjame decirle! ¡Haruka-senpai está muy mal, han pasado casi tres años y no ha podido reponerse!

¿Y qué hay de Mako-chan, eh?

¡Deja de comportarte tan infantil, entiende que tú no tienes nada que ver! ¡No te metas más!

Para cuando caí en cuenta de la rudeza de mis palabras él estaba en la entrada principal, calzándose.

¡Haz lo que quieras, idiota!

Está demás decir que pudimos reponernos a esa discusión. Pero no quise dar el tema por zanjado. Faltaban tan sólo tres días para que el tercer aniversario de su mudanza se cumpliera. Tanteé terreno antes de empezar. Había decidido volver a preguntarle después de enterarme que Haruka-senpai había terminado en el hospital por… una irracionalidad.

Nagisa-kun, por última vez y por favor, ¿puedo decirle?

¡No Rei-chan! ¡Ni aunque tú me lo pidas!

Na-nagisa, entiende. Haruka-senpai está efectivamente arrepentido.

No es que no vea su arrepentimiento. Sé que es real, pero… ¿por qué esperar tanto? Pudo haber ido tras él en cuanto aquello terminó, ¿no es así? Yo lo hubiera hecho.

Sus razones ha de tener. A nosotros no-

No nos incumbe, estoy de acuerdo. Y por eso mismo no voy a ser yo quien le diga dónde está. Ayudamos a Haru-chan, sí, pero ¿qué hay de Mako-chan? Él ya tiene una vida estable, está tranquilo y no quiero contribuir a pertúrbalo.

Lo observé, pasmado. Me conmovió el efímero brillo de temor en los ojitos rosas, lo abracé con desespero.

Haz cambiado mucho—

Si quieres darle alguna pista, queda bajo tu responsabilidad, Rei-chan.

Pude apreciar en su mirada que esperaba fervientemente que no lo hiciera, a pesar de darme su consentimiento. Pero no pude, había decidido que le diría. Lo que pasara después, otra historia sería.

Pero ninguno de nosotros sabía, que el espejo acuoso en los ojos, ese que llevaba al reflejo del alma Haruka-senpai se había roto por completo, hasta quedar irreparable.

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— ¡NAGISA!

— ¿Por qué?— sollozó sobre el cuerpo que había derribado con furia— ¿Por qué tienes que hacer esto? Haru-chan… déjalo ser feliz…

El rostro conturbado de Nanase recibía las lágrimas del rubio, sus palabras, que no fueron ignoradas, resonaron en su interior. Pero no podía, sabía que estaba enfermo, pero lo único que podía salvarle era el amor del castaño que permanecía de pie más allá, observando preocupado. Ustedes nacieron para estar juntos, había comentado Kisumi a broma en alguna ocasión muchísimos años atrás, Makoto se había sonrojado y él había dado razón a esas palabras en silencio. Porque así siempre lo sintió. No era bueno lidiando con los cambios tan radicales a su alrededor. Se sentía incompleto sin Makoto.

¿Estás seguro que es amor y no dependencia obsesiva, Nanase?

Yamazaki le había preguntado mientras esperaban a Rin, antes de dirigirse al aeropuerto.

No, no lo era. ¿O sí? ¿Cómo podría?

— Vamos Nagisa-kun, es hora de partir— Rei le ayudó a levantarse y le resguardó en sus brazos un instante.

— Mnh.

Una nívea mano se ofreció para ponerle en pie. El muchacho de cabello celeste le miraba sereno, Haruka aceptó su ayuda, ligeramente reacio. Sus pupilas conectaron por unos segundos, acordando una breve, muy breve tregua.

Nagisa y Rei se despidieron de los nuevos amigos que habían hecho y de Makoto, prometiéndoles regresar pronto. Por su parte, Rin se despidió de Haruka y de Sousuke.

— Más te vale alcanzarme pronto. Tus muchachos estarán esperando por ti ansiosos, así que has caso en la terapia. — sentenció el pelirrojo, con una media sonrisa.

— Lo haré si ganas el primer lugar.

— No voy por menos, no se preocupe, entrenador Yamazaki.

El moreno le besó tranquilamente, dándole igual que Nanase los observara. Al llamado, cada quien tomó su vuelvo, en direcciones completamente opuestas. Tetsuya se giró hacia Haru y le dijo:

— Creo que los tres tenemos algo de qué hablar.


Cualquier falta ortográfica les agradecería me la dieran a conocer, a veces soy muy despistada y si no es eso es porque muero de sueño xD

Ojalá les haya gustado el capítulo, creo que Haruka necesitaba uno para él solito, jajaja. ¿Dudas? Llame al 01 800 Rizel Te Pasas, o envíen un correo a: pinsheRizelexplicabie , LOL, es la gripa, perdón xD

Pero es en serio, cualquier cosa, sin pena, díganme C: ¡Mil gracias por todos sus comentarios! Nos leemos en el siguiente. Chuu~