*Asoma la cabeza con cuidado* ¡Sumimasen!
Capítulo dieciocho
~Observa, otro amor imperfecto~
Era un día agradable y habían compartido un desayuno intenso y movidito, razón por la que no entendía por qué Ryouta caminaba a su lado, tan callado y distraído. No, en realidad sí lo sabía y se sentía mal al verlo así. El rubio siempre había sido tan sentimental, especialmente cuando se trataba de aquellas personas a las que amaba sinceramente. Estaba preocupado por Kuroko y Tachibana, pero se resistía a entrometerse porque sabía que nada tenía que ver. Allí residía parte de su madurez.
Chasqueó la lengua, rendido. Justo pasaban por una heladería, y esto le dio una idea. Alargó la mano hasta alcanzar el brazo de su acompañante, para detener su marcha.
— ¿Senpai?
— Ya te dije que dejes de llamarme así— replicó— Como sea, espérame aquí, no tardo.
El moreno entró al local y Kise parpadeó confundido, pero haciendo caso. Se acercó al ventanal para observarle mientras aguardaba.
— Vaya, vaya, pero si es Ryo-chan. Tanto tiempo sin verte.
El rubio al escucharle se sintió irritado de pronto. Ese tonito no podía ser de nadie más que del molesto Oikawa, su archienemigo. Giró lentamente, encontrándose de lleno con esos ojos siempre burlones de color chocolate y esa sonrisa ladeada con fines de resaltar una superioridad que Ryouta no pensaba admitir ni mucho menos.
Se irguió completamente ante el mayor, sin mostrarse muy alterado por su presencia, cruzó los brazos sobre el pecho y sonrió con lindura y aprovechándose de los cinco centímetros que le sacaba en altura, le miró hacia abajo.
— ¡Oikawa-san, qué inesperada e ingrata sorpresa! ¿Qué te trae por Tokio?— respondió con la voz de siempre.
— Trabajo, ¿qué más? Veo que tú andas holgazaneando como siempre. — Tooru se acomodó mejor en su sitio, ampliando su sonrisa.
— Es lo que se hace cuando uno está de vacaciones— acotó levemente más irritado— ¿Qué clase de trabajo podrías estar haciendo tú? ¿De Host? Es lo único que te sale natural.
— Al menos sirvo para algo, Ryouta. No como otro— contraatacó, sonriendo aún más al ver la cara del rubio muy transfigurada por la ofensa.
— Prefiero no ser nadie a andar de puta.
— ¡Repítelo!
La gente que pasaba en las cercanías se alejaba cuidadosamente al escuchar la sarta de insultos cada vez más fuertes que se dedicaban. Y es que Oikawa y Kise sólo estaban de acuerdo en una cosa: odiar al otro estaba bien. El origen de ese desprecio… sólo ellos lo sabían.
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Yukio casi hacía malabares con el cambio y los barquillos, chocando ligeramente con el hombro del alguien.
— Oh, lo lamento.
— No hay problema.
Cuando miró a la persona con la que se estaba disculpando se llevó una muy agradable sorpresa.
— Hajime, ¿en serio eres tú?— dijo asombrado de ver al otro pelinegro justo a su lado.
— Tan real como ese helado que se está derritiendo, Yukio— respondió el otro con una sonrisa burlesco.
— Maldición, pero no soy el único— refutó con el mismo tono.
Iwaizumi bufó y rió en conjunto con el policía. Estaban a nada de la puerta cuando escucharon la algarabía que había montado la gente en la acera, desde la pared de cristal pudieron apreciar una cabellera rubia y una castaña, envueltas en una extraña contienda.
— No puede ser— resoplaron al unísono.
Al salir, efectivamente sus sospechas eran ciertas. Kise tiraba de las mejillas de Oikawa desde el interior de la boca de este, con los pulgares y Tooru halaba el cabello rubio con una mano y le pellizcaba la nariz con la otra.
— Kise…
— Oikawa…
Sisearon con una vena punzante cada uno, y los aludidos se detuvieron de inmediato, sin soltarse, enfocando al par de pelinegros, que les observaban con rostros circunspectos. Mala señal, muy, muy mala señal.
— Par de idiotas. — farfulló el policía. Se acercó a Ryouta y le entregó el helado.
— Dúo de chimpancés— coincidió Iwaizumi, imitando su actuar con el setter.
— Andando Hajime, deja a los trogloditas comunicarse. Empezó a caminar, en la misma dirección en la que ya venía con el piloto. El otro moreno, le siguió, caminando a la par— ¿Y cómo está la tía?
— Bien, deben ir esta navidad…
Ryouta y Tooru quedaron desconcertados. Ahora resultaba que secretamente eran parte de la misma familia. Se miraron de nuevo con odio, y decidieron darles alcance, aún con uno que otro insulto de por medio.
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Kuroko abrió la puerta del apartamento con Haruka y Makoto siguiéndole de cerca. Pidió con una mirada llana, esperaran en la sala mientras él preparaba té para los tres. No sabía exactamente cómo sentirse, por una parte ansiaba recibir una respuesta de parte del castaño, ya fuera para rechazarlo o aceptar sus sentimientos, por otra… estaba indeciso.
Mientras el agua fue dejada al fuego, asomó discretamente hacia la otra habitación. Nanase permanecía sentado e inmóvil en uno de los sofás, mirando de soslayo al bombero, quien miraba distraído a través de la ventana. Y entonces se encontró deseando estar sólo con él, como antes; al instante siguiente el rostro de Kagami-kun apareció en su cabeza y se sintió aquejado, dividido.
La tetera chilló, sirvió el agua y condujo todo a donde le aguardaban. Extendió una taza al pelinegro que se la recibió con educación, entonces Tetsuya pudo conectar con los ojos contrarios.
Bonitos, de un azul tan profundo como el mar. Repletos de cristalería frágil que era resguardada en el interior de una bóveda, aparentemente vacíos pero rebosantes de desespero, intranquilidad y tristeza. Entonces se vio reflejado, era él mismo cuando se había pensado abandonado por el pelirrojo.
Le sonrió y observó detalle a detalle cómo las pupilas del ex nadador se contrajeron apenas un instante ante su gesto. Kuroko observó, pues era esa su especialidad, en la que tanto había trabajado en secundaria.
— Makoto-san, se enfriará— enunció, volteándose para mirarle. El castaño sonreía débilmente.
— Gracias.
Bebieron aún en silencio y el peli celeste continuó observando. Verlos allí, sentados uno al lado de otro, le hizo darse cuenta o al menos pudo inferir que el vínculo que los unía era mucho más profundo de lo que Tachibana le había contado. Y era de esperarse, ¿cómo describir la magnitud de un lazo cuando ha sido forjado prácticamente desde la cuna?
Cuando Nanase se atrevía a mirar al castaño, sus ojos titilaban con un brillo especial que de inmediato se ensombrecía. Él no era para nada un chico de palabras, sino uno de acciones, y eso Makoto lo sabía mejor que nadie, por ello le había herido tanto. Porque no era el hecho de que no le dijera lo de Matsuoka-san, sino que Nanase no había actuado para hacerle saber firmemente que nada verdadero se estaña dando entre ellos. Incluso el acto más sutil que efectuara Haruka, Kuroko sabía, Makoto lo percibiría.
Pero si lo admiraba con un perspectiva completamente imparcial, Makoto había tenido parte de culpa por no enfrentarle en el momento oportuno.
Pero Makoto-san se tropezó con su inseguridad y su instinto de sacrificio.
Y por ello él aún guardaba sentimientos por el moreno, podía decirlo sólo con ver cómo la piel del más alto se erizaba ante la cercanía del otro ojos azules.
Estás a punto de hacer algo que no debe hacerse, Tetsu.
Estaba cien por ciento seguro, esas serían las palabras de su mejor amigo.
Que Takao-kun y Kise-kun me perdonen.
— Makoto-san, ¿puedes dejarme hablar con Nanase-san un instante? Por favor. — los mencionados le miraron con extrañeza.
— Pero Tetsu-chan-
— Por favor.
El castaño dudó, ¿realmente estaba bien ceder a ello? Y más importante, él mismo aún tenía algo que decirle al menor.
— No tardaré— repitió y al bombero no le quedó más remedio que aceptar.
— Estaré en mi habitación.
Lo vieron marcharse y la atmósfera se tensó un poco más.
— Nanase-san, sé que no tengo derecho a pedírselo, pero por favor, déjeme escuchar su versión.
— Si lo hago, ¿lo dejarás en paz?
— Puede que sí, puede que no. pero lo sabrá una vez usted haya terminado de hablar.
Haruka observó al otro, topándose con ningún juicio. Qué más daba, ¿tenía algo más que perder?
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Taiga se removía inquieto en su sitio, algún extraño instinto en su interior le decía que debía prepararse para algo.
Presiento que pronto llegará el momento en que alguno de nosotros haga estallar la bomba, Kagami-kun.
Le había dicho Tachibana. Una bomba de la cual él sólo formaba una cuarta parte, lo sabía, pero de los detalles era completamente ignorante. Chasqueó la lengua con frustración.
Aún no es momento, Taiga. Kuroko-kun no tomará ninguna decisión sin darte primero la cara.
Quería confiar en Tatsuya, por eso se había mantenido al margen los últimos días. Si ejerces presión en el sitio equivocado, todo habrá acabado. Vigila y estate alerta. Recuérdale que estás allí.
La paciencia, sin duda, seguía sin ser su fuerte.
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— Lo que hiciste allá fue demasiado inmaduro, Nagisa— replicó el peli azul, ahora sí, bastante serio.
— Ya lo sé, Rei-chan. Me disculparé con Haruka cuando le vea.
El rubio hablaba en serio, había saltado sobre el moreno como un salvaje. Y ahora pasara lo que pasara con aquellos que dejó atrás, tendría que aceptarlo. Suspiró y vio las esponjosas nubes que quedaban en el cielo.
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No le mentía, el cómo se había sentido, lo que había pasado durante y después del suceso, todo, todo era verdad. Podía verlo en sus ojos, sus escasas muecas y el timbre casi parco de su voz. Tetsuya deseaba restregarse la cara, patalear o algo.
Como fuera, lo primero ya estaba decidido.
— Gracias, Nanase-san. — empezó— Antes de decirle cualquier otra cosa, quiero ser sincero con usted. He convivido con Makoto-san a lo largo de estos tres años y le he tomado un gran aprecio, su amistad, como usted sabrá, es invaluable y es un apoyo increíble. Todo esto me hacía verle como un grandioso amigo, no obstante, de un tiempo para acá, le veo como lo que es, un hombre maravilloso. Un hombre de quien he empezado a enamorarme y él lo sabe.
Haruka tembló.
— No se preocupe, él no me ha respondido. No quiero sonar ególatra o algo parecido, pero sé que siente algo por mí. Sin embargo, no es nada comparado con el amor que aún guarda hacia usted. Por eso… por eso me haré a un lado. Entienda esto como una segunda oportunidad para usted, no la desaproveche, no lo descuide. Yo también tengo aún un ciclo que cerrar, por eso no interferiré. Pero sepa que si Makoto-san decide no aceptarlo, no es responsabilidad mía, será su voluntad. Es todo lo que quería decirle.
El moreno se sintió extraño, vulnerable, como si el menos hubiera podido ver a través de él en varias ocasiones. Y no lo entendía del todo. Kuroko Tetsuya, era un joven considerablemente raro.
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— Makoto-san, Nanase-san ya se retira. — anunció dando unos leves golpecitos a la puerta de este. El castaño salió de inmediato y le acompañó hasta la entrada principal del edificio.
— ¿No me preguntarás acerca de lo que hablamos?— interrogó el ojiazul.
— Él mismo me lo dirá en cuanto suba— respondió con seguridad, con una diminuta sonrisa— Ve con cuidado, Haru.
Una vez se cercioró desaparecía de su vista, subió nuevamente a su apartamento, sintiendo una extraña pesadez en el pecho. Tetsuya le esperaba sentado en el sofá donde había estado antes. Lucía acongojado y sus facciones reflejaban un sentimiento de pérdida.
— ¿Qué fue lo que le dijiste, Tetsu-chan?— preguntó en un hilo de voz, sentándose frente a él, sobre la mesita.
Esos ojos azules como el cielo le miraron con una profunda tristeza.
— Que me apartaría— dijo— Tú y yo debemos terminar, Makoto-san.
— ¿Qué? ¿Y lo has decidido tú solo? ¡Eso es injusto!— replicó alzando gravemente la voz.
— Podría decirse.
— Tetsuya, yo no quiero dejarte, he estado esperando estos días para poder decirte que yo también quiero estar contigo, ¿y me dices esto?
Makoto se sentía en parte traicionado, pero… pero no podía enojarse con el menor, porque veía en ese rostro que no había sido una decisión a la ligera, no era para su conveniencia y había decidido ser él el que estallara la bomba. Tetsuya había escogido ser el temerario. Se tranquilizó antes de siquiera alterarse más.
— Makoto-san, pude verlo en sus ojos, él aún te ama, él sufrió tu pérdida también. Nanase-san está muy mal, yo no soy psicólogo o algo así, pero reconozco esa neblina que cae sobre ellos. Sonará drástico y de no haber estado en los mismos zapatos, no lo aseguraría. Está al borde de la locura, la depresión en él es… profunda e insana. Por su carácter dudo que deje que alguien más que no seas tú le permita guiarle. Sé que aún lo quieres…
— Exacto, lo quiero, pero Tetsu-chan, ya no es amor. No puedo engañarlo.
— No te pido que lo hagas— susurró— Me empecé a enamorar de ti…
— Y yo de ti— aseguró Tachibana, el peli celeste sonrió.
— Pero todo esto se nos ha salido de las manos. Hay dos personas allá afuera que merecen una segunda oportunidad o una negativa clara y por su bien y el nuestro hay que hacer algo al respecto, como estamos justo ahora no llegaremos a nada. No te pido que te obligues a amarlo de nuevo, pero ayúdale a salir de esa oscuridad y al final, después de volver a convivir con él, toma tu decisión. Haré lo mismo. No podemos ir arrastrando el pasado por siempre. Estoy siendo egoísta, pero espero entiendas a qué me refiero.
Makoto guardó silencio y pensó en ello. Consideraba demasiado radical su método pero era hasta cierto punto válido. Aunque sentía que él ya sabía su respuesta justo en ese momento.
— Está bien— concedió— Pero algo me dice que extrañándote sólo lograré amarte por completo.
Sin esperar una respuesta, besó a Tetsuya profundamente, como despedida. Kuroko se aferró a él sintiendo finalmente el peso de su decisión.
— También lo creo, Makoto-san.
Ahora sí, a explicarme. ¡Lamento montones la demora! El semestre se fue poniendo cada vez más rudo y la inspiración disminuyó hasta convertirse en ideas vagas que no lograba conectar u.u Me frustro mucho cuando esto sucede y he tenido algunos problemas personales y... ya saben, la vida. Pero como que hoy me llegó esa chispa adecuada y pude escribir con mayor fluidez. Estoy prácticamente de vacaciones, así que, estoy de vuelta.
Con respecto al capítulo... ¡Pido paciencia! No me vayan a querer linchar aún, please. xD Esto no acaba hasta que se acaba (?) Tengo esta maldita tendencia a complicar mucho la situación en los cuadrados amorosos, yo digo que debo irme a un retiro o algo. Y quedó corto, escribí hasta donde deseaba pero creí que sería más, lo cual no fue, LOL.
Un regalito, otro cameo de Haikyuu! Oikawa Tooru e Iwaizumi Hajime (lo adoro), resultó que me se había ocurrido meterlos por su similitud con Kise y Kasamatsu y una chica también me comentó lo mismo y dije, ¿por qué no? ¿Qué les pareció?
Awww, espero les haya gustado aunque sea poquito el capítulo. Sólo puedo decir, aún no canten ni derrota, ni victoria. La verdadera sentencia será dada en el próximo capítulo. El final T^T
Les mando muchos besotes.
P.D: Dudas y aclaraciones, saben dónde ando.
