-cries a lot-


Capítulo diecinueve

~Me ves cuando cierras los ojos~

Hacía diez minutos había llegado del trabajo y ya tocaban a su puerta. Un poco fastidiado caminó hasta la entrada, donde un enorme Ni Gou esperaba sentado moviendo la cola, le miró con esos ojos inteligentes como suplicando se diera prisa. No se molestó en volver a abotonar la camisa, tenía una leve sospecha de quién era su invitado.

Sospecha que fue acertada al ver parado allí a Tetsu, con una maleta a cuestas. Enarcó una ceja sin decir nada y se movió indicándole pasar. El perro por fin desató su algarabía, tenía meses sin ver a su amo y Kuroko le recibió tan gustoso entre sus brazos.

— ¡Has crecido otro tanto!— exclamó rascando tras las orejas al can. La mirada intensa que le dedicaba su mejor amigo exigía una explicación. — Yo…

— Eres un idiota, Tetsu. Un grandísimo idiota.

Mandó al diablo la camisa y se sentó con el torso desnudo sobre su sofá. El más bajo se sentó a su lado, en silencio, Ni Gou que había tenido un largo viaje desde Londres, se echó a los pies del peli celeste.

— ¿Y bien?

— Terminamos.— suspiró

— ¿Lo aceptó?

— Prácticamente. Es extraño, lo sé. Tal vez sólo no quería sentir que se lo robé a Nanase-san.

— No te robaste a nadie, Tetsu. — rezongó mirándolo finalmente— Pero debo admitir que se metieron en un enredo bastante molesto.

— ¿No crees que era hubiera sido suficiente decir no y ya?— preguntó reacio.

— ¿Y ustedes dos quedarse con esos sentimientos a medias? Lo dudo. Quizá te hayas complicado un poco más la vida Tetsu, pero esto es una prueba para los cuatro. — estiró los brazos y bostezó— Pero si me preguntas, apuesto que terminarás en brazos de Tachibana otra vez. No puedo verlo de otra manera.

Ante las palabras del moreno, Kuroko pudo sonreír un poco.

— Como sea, ponte el pijama. Mañana desempacas, estoy muerto.

— Gracias, Aomine-kun.

— Aquí siempre encontrarás un hogar, enano.

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Una semana más tarde, y después de soportar los lloriqueos de sus otros dos amigos, Kuroko se encontró con Taiga en el supermercado. Una mera casualidad.

— Kuroko…

— Kagami-kun, buenas tardes.

El silencio cayó sobre ellos, hasta que fue el peli celeste quien tomó la iniciativa. Él le debía una respuesta.

— Kagami-kun, ¿podemos hablar?— el pelirrojo asintió en silencio.

Después de seguirle con las compras a cuestas, llegaron a aquél parque en el que muchas veces, después de los entrenamientos, jugaban. Estaba tranquilo a pesar de la hora y el día. Bajo la sombra de un árbol frondoso y con la vista anclada en la cancha, Tetsuya meditaba por dónde iniciar.

— Sólo dilo, Kuroko. No pasa nada— musitó, enfrentándole.

— Lamento haber reaccionado de esa manera en aquella ocasión, Kagami-kun. Todo en mí, efectivamente, aún te recuerda. Pero al mismo tiempo me sentí confundido, aún lo estoy un poco, lo admito.

— Tetsuya, sabes que yo aún te amo y si tú me lo permites, quisiera intentar enamorarte de nuevo. — dijo firme— Estoy al tanto de lo que pasó entre Tachibana-senpai y tú… lo lamento, al menos un poco— agregó con una sonrisa que demostraba decía la verdad. El más bajo no pudo evitar sonreír también.

— No puedo asegurarte nada, Kagami-kun. ¿Aún así…?

— Preferirías convertirte en gnomo antes que darme falsas esperanzas, Kuroko. Por ello no temo o dudo de mi decisión.

— Y es que te mereces honestidad… Taiga. — aseveró, sonriendo de nuevo.

— Gracias.

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Teppei desayunaba en la cafetería de la facultad mientras esperaba por su amigo, la llamada había sido considerablemente urgente, por lo que le invitó a hacerle una visita directamente a la universidad. Cuando se encaminaba por el segundo sorbo a su té, la voz de Makoto le saludó.

— Lamento la tardanza.

— Descuida, aún me queda una hora por delante. ¿Y bien, qué es eso que querías pedirme?— preguntó con su sonrisa amistosa.

Tachibana suspiró y decidió ser directo.

— Quisiera que me dieras el contacto de aquél profesor tuyo que da consultas. — dijo finalmente.

— ¿Haruka ha aceptado?— estaba sorprendido. Makoto había logrado convencerlo en una semana.

— Algo así.

— Pues sin duda luce más tranquilo y estable desde que estás con él— vio a su amigo asentir cabizbajo, Teppei sabe por qué y no es de su agrado abrirle esa herida, pero— ¿Has sabido algo de Kuroko?

— Está viviendo con Aomine-kun, está bien. Él está bien.

— No me lo tomes a mal, Makoto, pero no lo has visto en una semana y por ti semblante alicaído pareciera que han sido años. — alegó el castaño de cejas pobladas, preocupado por él— ¿Lo estás pasando bien con Haruka?

— No es malo, en realidad es como antes, pero falta algo. Ya sabes a qué me refiero. — el bombero volvió a suspirar.

Kiyoshi sacó una pluma y un trozo de papel, apuntando el número del profesor y la dirección de su consultorio.

— Dile que vas de mi parte.

— ¡Gracias, Teppei! Debo irme, sigo en turno.

Se despidió con una sonrisa y subió apresurado al camión que había dejado estacionado delante de la universidad. Teppei sonrió. Si había algo que le unía fuertemente a Tachibana, era ese sentido de sacrificio que ambos poseían. Se entendían perfectamente, aunque nadie más lo hiciera. Era por ello que deseaba de corazón que Makoto encontrara su felicidad, lo más pronto posible.

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Dos semanas desde entonces. Takao sostenía el móvil con una mano mientras recogía los juguetes que los pequeños habían abandonado antes de salir al jardín para el descanso.

¿Cómo está, Takaocchi?

— Entero, Ki-chan. Está esforzándose. Hace poco salió en una especie de cita con Kagami y se divirtió, pero definitivamente él le hace falta.

¿Y Makocchi?

— En las mismas. Ha estado llevando a Nanase al psicólogo. Les espera un largo camino por recorrer.

Y entre más tiempo tarde él en desprenderse…

— Más tiempo pasará antes de que puedan volver a estar juntos.

¿Nagicchi y Rei-kun ya lo saben?

— Me llamaron hace poco, están al tanto. Nagi-chan ha suspirado con tristeza y aceptado lo que ambos han elegido, y Rei lo ha tomado como era de esperarse.

Maldición, debo colgar. Vuelvo a marcarte pronto. Saludos a todos y besos para ti y Kurokocchi.

— Igual, Ki-chan. Pilota con cuidado.

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Dos mes. La situación había llegado a una especie de estabilidad, como jóvenes emprendedores que eran, cada uno se esforzaba por salir adelante, trabajando, estudiando, viviendo. Kuroko había decidido dar de baja su carrera en Literatura para poder transferirse a la Facultad de Educación, como debió hacer desde el principio, según Takao-kun. Su idea había sido llevar la carrera de manera simultánea, pero las cosas no le habían resultado, por eso haría nuevamente el examen de admisión, no le pesaba. Y además, seguiría asistiendo en el mismo lugar donde ya trabajaba, sólo deseaba ampliar sus conocimientos y obtener su título.

Se dirigía al jardín de niños, disfrutando un poco del día soleado. Las nubes regordetas y los espacios azules, más el brillante verde de los alrededores era algo que adoraba contemplar, no obstante, al mismo tiempo una sensación de desazón lo embargaba. Porque era un pasatiempo que había compartido con alguien más y porque el verde, símbolo de vida, armonía, paz, era también estandarte de aquellos ojos que llevaba semanas sin ver. Makoto-san.

— ¿Por qué no vas a verlo, Kuro-chan?— la voz de su amigo lo tomó por sorpresa, como muchas otras veces.

— Aún no es tiempo, Takao-kun, tan sólo han pasado dos meses.

— ¿El inicio de una odisea?— cuestionó suspirando.

— Exactamente— dijo— ¿Has sabido algo de él?

— Por supuesto, voy a molestarlo de vez en cuando a la estación, ¿sabes? No es el único que te extraña, Ootsubo-san no deja de preguntarme por ti, los demás chicos también.

— Creí que me detestarían por lo que le hice a Makoto-san.

— Jamás podrían— aclaró Takao— No sabrán de qué va todo esto, y están preocupados por Tachi-chan, pero de alguna manera saben que tampoco ha sido fácil para ti.

Tetsuya no respondió, porque realmente no estaba seguro de eso.

— Y… ¿cómo está Kagami?

— Bien, ya se acopló. Aunque hace una semana que no lo veo, su unidad ha estado bastante ocupada. Es un poco preocupante.

Algo en la voz del peli celeste le dio indicios de que su preocupación, evidentemente, no sólo era dirigida a su pretendiente, sino también a cierto castaño. Cuando Kuroko recordaba a Tachibana, sus ojos miraban algún punto en el espacio con tristeza, pero se recuperaba sacudiendo la cabeza ligeramente, diciéndose en voz baja que era por un posible bien común. Cuando eso sucedía en su presencia, lo único que podía hacer era pasar su mano en la espalda del más bajo, con cariño.

— Déjalo fluir, Kuro-chan, estás conmigo.

— Me siento incompleto, Takao-kun— susurró— Vuelvo a sentirme invisible.

Ante tales palabras, el corazón del moreno se encogió otro poco.

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Tres meses. Aomine salía hacia el estacionamiento, listo para un nuevo patrullaje. Ni Gou, que era su otro compañero, lo seguía de cerca. El can llevaba trabajando a su lado el mismo tiempo que él llevaba en la comisaría, pero había sido enviado a Londres por una temporada, para un entrenamiento especializado en rastreo de explosivos y narcóticos, y para el moreno era grato tener su compañía de vuelta.

Kasamatsu lo esperaba dentro del auto revisado un expediente, al mismo tiempo que terminaba una llamada por el móvil, le saludó parcamente y abrió la puerta trasera para que el perro entrara.

— ¿Kise?— preguntó, encendiendo el motor.

— Pues tu abuelita no era, dalo por hecho. — respondió con una sonrisa ladina.

— Muy gracioso. Dile que están bien. Que se preocupe más por hacer aterrizar el avión en la pista y no en el fondo de un lago— Daiki hablaba con la casi indiferencia de siempre, pero se sentía mal por el rubio. Entendía que la angustia de Kise era aún mayor porque se pasaba la mayor parte del tiempo lejos, muy lejos. Le daba ternura.

— Lo sabe, es sólo que está frustrado porque tal parece no podrá volver la próxima semana.

— Se repondrá, es mejor estar preparados para cuando lo tengamos de vuelta, será todo un dolor de cabeza, ¿a que sí Ni Gou?

El peludo aludido ladró dos veces afirmando. Ambos oficiales rieron ante el hecho y se dispusieron a hacer su trabajo. Sería un día largo, muy largo.

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Se le había hecho tarde por culpa de la última evaluación, seguramente Takao le armaría un escándalo y lo recibiría lleno de pucheros por pasar a recogerlo tarde, otra vez. Pero no fue así. El moreno se hallaba recargado contra el muro, mirando el firmamento, con sólo encontrarlo así, sabía que era uno de esos días en los que el ojo de halcón estaba más pensativo, quizá por una preocupación o sólo una ansiedad de filosofar.

Cuando estuvo frente a él, miró directamente en esos pozos azules preciosos, con el objetivo de descubrir la razón de su distracción.

— Shin-chan, me tapas las estrellas. — se quejó apenas sonriendo.

— ¿Sucedió algo con esos dos?— siempre tan directo.

— Nah. Es sólo que, no pude evitar ponernos en su lugar y…— simplemente se abrazó al torso del más alto— Yo no podría, sin ti me muero, estúpido Shin-chan.

— No te dejaría, Takao, lo sabes.

— ¿Ni por Akashi?

— En especial por él. Por nadie, punto. — llevó sus dedos al cabello oscuro y acarició lentamente, despreocupado, se inclinó para borrar la distancia entre sus labios y los del menor— Te amo.

— Más te vale— Midorima volvió a acallarle antes de que soltara esa característica risita de travesura.

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Cinco meses. La tensión en la estación había desaparecido casi por completo, Taiga había sido juzgado por sus compañeros cuando se enteraron que llevaba saliendo con Kuroko desde poco después de que este rompiera su relación con Tachibana. Pero había sido la bendita intervención del jefe lo que había puesto el orden.

El pelirrojo no los culpaba, era molesto e hiriente, pero prefería soportar eso que andar divulgando su triste y trágica historia a todos. Lo último que necesitaba era recibir más lastima. Además, se sentía tranquilo. Salía con el peli celeste con frecuencia, y a decir verdad, no podía decir que eran amantes o algo, pues intentaba recuperar su lugarcito en el corazón del muchacho a pulso. No obstante, a pesar de saber que había avances, no eran los qué él esperaba y eso llegaba a desanimarlo o hasta enojarlo de vez en cuando.

A veces simplemente maldecía su suerte, otras lo atribuía al karma y otras más, sencillamente al curso de la vida, siempre tan vasto de cambios radicales, sorpresivos y desequilibrados.

Kagami sabía que tenía su amistad nuevamente, esa conexión extraña y única continuaba allí. Y es que él recordaba que no se movían como uno solo porque se amaran, se movían como uno sólo porque estaban hechos de esa manera, el amor surgió de ese detalle, no al revés. Todo estaba allí, menos el amor.

Kuroko disfrutaba en su compañía, lo sabía. Pero no lograba hacerle anhelar menos sus recuerdos con Tachibana y evocar más los suyos. Taiga sabía dónde estaba y cuáles eran sus probabilidades, pero si había algo que odiara más que cualquier otra cosa en el mundo, era darse por vencido. Hasta que no hubiera algo que lo hiciera abandonar, no lo haría.

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Teppei escuchaba atentamente al profesor Kokuni, el encargado de llevar la terapia de Haruka Nanase. El castaño tenía prohibido intervenir directamente por su conexión con el paciente, sin embargo podía estar al tanto del desarrollo y avances del caso. Y a decir verdad estaba sorprendido, considerablemente sorprendido. Al parecer iba muy bien, el moreno había incluso externado fobias y eventos traumáticos de la infancia. Conforme Kiyoshi escuchaba, con los conocimientos que tenía adquiridos hasta la fecha, comprendía las raíces y orígenes de muchas actitudes y fijaciones de Nanase y el papel que Makoto jugaba en muchas de ellas.

Haruka siempre tuvo padres amorosos, pero ausentes que afectaron enormemente en el desarrollo de su personalidad, afortunadamente no se había torcido gravemente gracias a la constante presencia de Makoto, quien era su opuesto, casi por completo. El polo positivo será atraído por el negativo y viceversa. Están predispuestos a la unión a pesar de sus naturalezas contrarias, porque para una complementación, no se necesita lo que uno ya tiene, sino aquello que falta.

Kokuni-sensei le explicaba, también había tenido que abrir algunas sesiones con su castaño amigo. Para provocar un efecto en una ecuación de dos, debía aplicarse un procedimiento en ambos extremos.

— Nanase-kun se ha redescubierto en muchos sentidos, puede que falte poco para que esté completamente revitalizado, pero eso sólo el tiempo y su voluntad lo dirán, ten paciencia Kiyoshi.

— Gracias, sensei.

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— ¡Haru, ya me voy, no se te olvide desayunar antes de irte al trabajo!

— Sí.

Makoto tomó su mochila y antes de verdaderamente salir del lugar, echó un vistazo a la bañera, suspiró resignado y se marchó. Haruka descansaba dentro, como en sus tiempos de preparatoria. Pensaba en lo mucho que extrañaba nadar libremente, hacía tanto que no hacía que temía se le hubiera olvidado.

— Tal vez deba decirle a Makoto que vayamos el fin de semana.

Y así fue, afortunadamente para ellos ese sábado el castaño pudo obtener un día libre y estaba entusiasmado porque el hecho de que Haru quisiera nadar de nuevo era santo y seña de que poco a poco volvía a ser el mismo e incluso alguien mejor. Makoto amaba, sinceramente, ver cómo Haru, su amigo de toda la vida, y en algún momento el amor de la misma, crecía y se convertía en un hombre fuerte y seguro.

Haruka se desvistió al instante y se arrojó a la piscina que aún estaba vacía por lo temprano que era. Contrario a lo que temía, su cuerpo flotó con la misma gracilidad de siempre, sus manos, sus dedos, sus piernas, todo su ser se fundió con aquél líquido fresco y cristalino. Cerró los ojos y dejó que las sensaciones y pensamientos de armonía fluyeran. El castaño lo observaba desde la orilla, feliz. Hacía mucho que no se sentía de una manera parecida. Verlo allí, le decía que estaba valiendo más que la pena el rumbo que había tomado meses atrás y que quizá muy pronto tendría que tomar un nuevo rumbo.

Se acercó y al sacar la cabeza una mano que muy bien conocía se extendía hacia él.

— Lo sigues haciendo de maravilla, Haru-chan— el de ojos azules sonrió abiertamente y aceptó la ayuda.

— Olvida el "chan".

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Seis meses. Sousuke se sentía agradecido al saber que su terapia había concluido satisfactoriamente y que pronto podría volver a lado de Rin, a quien había extrañado demasiado, y con sus pupilos.

— Sólo no vaya a abusar del ejercicio, Yamazaki-san— advirtió Junpei retirando las agujas con cuidado.

— Si me desgracio el hombro otra vez seré reprendido por más de una persona, así que no gracias. Despreocúpate, Hyuuga. — dijo el moreno de ojos azules.

Sousuke se sentó en la cama y movió sus hombros sintiendo la fluidez en el movimiento articular. Nada rechinaba ya. Tampoco es que estuviera como nuevo, eso era prácticamente imposible, pero había una enorme mejoría. Rin estaría feliz y él podría entrenar a sus muchachos como era debido.

— Cualquier cosa que suceda, no dude en volver. Podríamos ver qué método de tortura estrenar con usted. — bromeó al fisioterapeuta en entrenamiento.

— Tomaré el primer vuelo si es el caso. — se vistió y puso en pie. Hyuuga le observaba con una sonrisa de autosuficiencia.

— Éxito, Sousuke.

— Para ti también, Junpei. Muchas gracias por todo.

El moreno de ojos azulinos te dio un apretón al más bajo. Sabían que volverían a verse en algún momento, la camaradería que entre ellos se había creado no sería en vano. Yamazaki tomó su maleta y partió rumbo al aeropuerto, era una bobería irse recién salido de terapia pero realmente le urgía llegar a Australia.

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Nagisa andaba como loco preparando la cena, se le había pasado el tiempo volando por quedarse hablando por horas con Mako-chan. Escucharlo nuevamente tranquilo y más alegre le tranquilizaba el alma. Sabía que pronto sería feliz nuevamente, estaba cien por ciento seguro. Esa misma tarde había recibido un mensaje de parte de Kuro-chan, otro de Ryo-chan y uno más de Kazu-chan. Todos decían que le extrañaban y que esperaban verlo pronto. Kazunari y Ryota en especial estaban ansiosos por salir de antro los cuatro juntos, para divertirse.

En cuanto las vacaciones tocaran a sus puertas, sin duda, les caería de sorpresa.

— ¡Estoy en casa!

— ¡Bienvenido, Rei-chan! ¿Te fue bien?— preguntó con entusiasmo, saltando al cuello de su novio y plantándole un dulce beso de bienvenida en los labios.

— Sí, ¿pasó algo bueno? Estás muy feliz— quiso saber, sonriendo inminentemente al ver la ilusión en los ojos del rubio.

— Mako-chan ha llamado, ¡debiste escucharlo! Hay esperanza y alegría en su voz. Ya mero Rei-chan, puedo sentirlo. — explicó— Y los chicos quieren que salga con ellos en cuento estemos de vacaciones.

— ¿Irán a un bar otra vez?— cuestionó suspicaz.

— Prometo no portarme malo esta vez.

— Sí, claro. — dijo sarcástico, pero volvió a enderezar su sonrisa— Pero son buenas noticias, habrá que ir ahorrando para los boletos.

— ¡¿Lo dices en serio?!

— Claro, además, debo entregarle algo a Midorima-san.

— No cabe duda que entre meganes se entienden y llevan bien. — Hazuki rió mientras servía los platos, Rei hizo un pequeño puchero que se desvaneció tan pronto como había aparecido.

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Siete meses. Taiga volvía de una misión bastante ajetreada, pero estaba contento, había podido pasar esa mañana en compañía de Kuroko y su pequeño grupo de niños, muy simpáticos y bien portaditos. El tigre sabía que ese enano estaba hecho para eso de inmediato. Sonrió al recordar cómo cantaba para que los pequeños le siguieran.

Tan adorable.

El teléfono sonó y la voz de su hermano se escuchó en la contestadora, parecía preocupado e incluso afligido, eso lo alertó y tomó el auricular antes de que Tatsuya colgara. La noticia le cayó pesada al estómago, no era ninguna broma, mucho menos un juego. La vida de su padre podría apagarse pronto.

Agradeció a su hermano nuevamente y le tranquilizó diciéndole que estaba bien, que él tenía que encargarse de varias cosas antes de poder hacer algo, pero que haría lo posible por no demorarlo. Volvió a sentarse y se talló la sien, recordándose que eso ya no se trataba de una jugada de azar, pues su padre estaba predispuesto, como muchos otros a padecer algo como el Alzheimer. Su bisabuelo también lo había sufrido.

No tenía mucho que pensar realmente, y estaba listo para tomar sus maletas y marcharse, solamente quería asegurarse de esta vez no dejar nada pendiente. Irse sin arrepentimientos. Tomó una ducha y se fue a dormir, sabiendo que al día siguiente tendría que hablar con un par de personas.

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Estaba ansioso, carajo que se moría de la emoción como si lo viviera de nuevo. Llegó a su casa y de inmediato marcó el número de aquél departamentito situado en Tokio.

¿Hola?

— ¡Haru, más te vale escucharme atentamente, idiota!— gritó— Un reclutador ha venido a verme hoy, preguntándome por ti. Le expliqué que llevas poco de vuelta en la natación, pero insistió en que quiere hacerte parte de su equipo. Escucha Haruka, te conviene. Sé que no es el sueño que tú tenías, pero creo que puedes tomarlo y probarlo. No dejes escapar la oportunidad.

Un prolongado silencio se colgó entre ambos Matsuoka sólo atinaba a escuchar la leve respiración al otro lado, comenzaba a hartarse de la incertidumbre. Zapateó un poco y frunció el ceño. ¿Acaso cree que éstas llamadas con gratis?

— Har-

— Lo pensaré. Te llamo pronto.

Y colgó. Rin se quedó estático un instante, apenas procesando las palabras del otro, ¡había dicho que lo pensaría! Se había imaginado que lo enviaría muy lejos a freír espárragos, pero no era el caso. Eso dio paz a su alma o al menos a la parte de ella que había quedado inquieta. La puerta se escuchó y un largo suspiro de cansancio llegó hasta él.

— Y esa enorme sonrisa es por…

— Una buena vibra, entrenador. Siento que pronto tendré a quién patearle el trasero.

Sousuke enarcó una ceja, descifrando lo que aquella frase quería decir, y se daba una idea, que se le olvidó en cuanto sintió los labios del pelirrojo sobre los suyos y esos afilados dientes presionar sobre su labio inferior.

— ¿Qué rutina haremos hoy, entrenador Yamazaki?— susurró con una vaporosa exhalación en su oído. La piel de Sou se erizó, cuando le decía así era porque la noche sería muy entretenida.

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— Kuroko-kun, sé que prácticamente el curso a empezado pero me gustaría hablarle sobre un programa de intercambio que se acaba de abrir en esta facultad. Buscan que sean alumnos de nuevo ingreso y considerando su desempeño en el examen de admisión y el de estos pocos meses, lo he recomendado. Los detalles se encuentran dentro de este sobre, en cuanto tome una decisión, hágamela saber.

Tetsuya aceptó dudoso el paquete. Al leerlo en casa descubrió que tendría que pasar dos años en Nápoles, Italia. El objetivo del intercambio era difundir y aprender la estructura de la formación educativa de otros países para implementar novedades. Continuó leyendo, tenían todo bien calculado y organizado. Se sintió halagado al ser considerado para ello.

Sabía que era la oportunidad de una vida. Un repentino deseo de explorar otros lugares, de salir de su zona de confort y aventurarse a otros horizontes, nació en su pecho. Esa era la oportunidad, su oportunidad y no quería tirarla. Tendría que platicarlo con mucha gente, pero estaba decidido. Realmente quería hacerlo.

— ¿Qué es eso, Tetsu?— preguntó Daiki, quien llegaba junto a Ni Gou, al encontrarlo en el comedor con los papeles sobre la mesa.

— Una buena noticia, Aomine-kun.

El moreno vio por primera vez en mucho tiempo una sonrisa auténtica y muy decidida. La determinación y el hambre de crecer estaban impregnadas en los ojos de su mejor amigo. Daiki sonrió complacido. Ese era el Tetsu al que más quería.

— ¿Y de qué va?

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Ootsubo-san le había llamado a su oficina, poco antes de volver a casa.

— Tachibana, ¿te interesaría participar en los cursos de entrenamiento?— preguntó el pelinegro.

— Por supuesto, señor. Pero, ¿no empiezan dentro de tres meses?

— Los de aquí sí. Tachibana seré claro, el cuerpo de bomberos de Ulm, Alemania me ha pedido envíe a mi mejor hombre como instructor. Dado tu gran desempeño, tu paciencia y facilidad para explicar eres mi mejor y único candidato.

— ¿P-pero, qué hay de Taisuke-san? Él es mejor que yo y tiene más tiempo de servicio. — se apresuró a decir.

— Taisuke será enviado a Palermo con el mismo objetivo. No tienes que ponerte tan nervioso, Tachibana. Tampoco estás obligado, pero deberías intentarlo, enséñales de qué estamos hechos. — dijo con orgullo el jefe.

— Pero no sé inglés, mucho menos alemán. — volvió de replicar, era tan repentino.

— Ese no será problema. Piénsalo, mañana me dices.

Ootsubo lo despidió cortésmente. Makoto se fue pensativo todo el camino hasta la casa que compartía con Haru. ¿Debía o no aceptarlo?

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Ocho meses. Kagami-kun finalmente había podido terminar los trámites de transferencia y el papeleo del apartamento. Un mes atrás el pelirrojo muy alicaído le había contado todo sobre la situación de su padre. Era lo único que le quedaba además de Alex y Tatsuya, por eso necesitaba estar allí hasta que la claridad de su memoria se fuera para no volver. Kuroko se sentía mal, le había estado apoyando todas esas semanas y a pesar de que Taiga le decía que lo que hacía era mucho y lo apreciaba, no podía dejar de sentirse inútil.

— Volveré algún día, pero no sé cuánto tiempo tarde. Espero verte entonces— dijo Kagami con su mochila a un costado y los enorme audífonos al cuello, el semblante entristecido del peli celeste no era lo que deseaba ver por última vez.

— ¿No quieres que vaya contigo?— susurró.

— No. No te preocupes, estaremos bien. Además tú tienes una aventura que vivir en quién sabe dónde, ¿no es así?

El más bajo asintió, viéndole a los ojos. Una nueva despedida era algo difícil de afrontar.

— Es un hasta pronto, ¿de acuerdo? Cuando vuelva debes ir One on One contra mí, no se te olvide. — su mano se extendió sobre la cabellera desordenada de Tetsuya y peinó con cariño— Cuando puedas llámame o mándame un mensaje.

— Está bien, tú igual, Kagami-kun.

— Ya qué— respondió socarrón— Cuídate en Italia. — se agachó a la altura del peli celeste y lo besó profundamente siendo correspondido. Era un beso especial para ambos, podía sentirlo y eso le permitía irse más tranquilo más feliz— Para el camino— agregó con una sonrisa felina— Te quiero, Kuroko.

El más bajo le regaló la más brillante de sus sonrisas. — Yo a ti, Kagami-kun.

Lo vio partir, por segunda vez. Buena suerte. Debía volver pronto a casa, aún había cosas que empacar.

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Le había costado horrores poder sacar a Haru de la bañera. Pero lo había logrado, ahora ambos esperaban el llamado de abordaje con destino a Australia. Haru comí un emparedado de los que el castaño había preparado para el camino, pues no habían tenido oportunidad de desayunar. Leía un pequeño texto en inglés para poder al menos desarrollar lo básico del idioma.

— Makoto…

— ¿Qué sucede, Haru?— despegó la vista de la hoja y miró a su amigo, quien también le veía, intensamente.

— Otra vez, perdóname por todo, en especial por separarte de Kuroko— dijo afligido.

— No pidas disculpas por algo como eso. Al fin y al cabo valió la pena, ¿no lo crees?— respondió con una sonrisa dulce— No me arrepiento de absolutamente nada.

Haru se detuvo a pensar lo que estaba por decir.

— Makoto, te amo— la sonrisa del castaño se ensanchó otro poco, con ternura.

— Gracias. No dudes que también lo hago, aunque ahora de una manera diferente, discúlpame.

— Eso me basta— el moreno sonrió, pues estaba siendo sincero. Escuchó el número de puerta de acceso para su avión, se puso en pie y vio una última vez a su mejor amigo.

— Sé el mejor, Haru. Estaré siempre apoyándote.

— Haré llorar a Rin, dalo por hecho. — una sonrisa más y tomó su maleta— Me voy.

— Que te vaya muy bien— Tachibana dejó un beso lleno de buenos deseos en la frente de su amigo. Y le despidió agitando la mano.

Tú puedes, Haruka.

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Te espero a las 19:00.

T.M/K.T

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Cuando entró, las luces estaban apagadas y sólo la iluminación de la ciudad daba algo de brillo al interior. Las cortinas del ventanal se agitaban con una suave brisa e imitaban el delicado aleteo de las mariposas, tras ellas, una menuda figura se distinguía en el balcón. Caminó silencioso y cuando estuvo a su lado el aroma de la vainilla subió por su piel hasta pegar duro contra su cerebro. Tantos meses sin verle, sin escucharle, sin olerle, sin sentir la tibieza de su cercanía.

— Lo siento, he llegado antes de tiempo— susurró Tetsuya.

— ¿No era el único impaciente?— dijo sonriente.

— No— una risa liviana— ¿Hoy se fue?

— Sí, Rin lo estará esperando allá. ¿Y Kagami-kun?

— También, Himuro-san pasará a recogerlo.

Un breve silencio, para nada incómodo. Ambos sabían la situación del otro.

— ¿Crees que valió la pena, Makoto-san?

— Completamente.

— Menos mal— la voz el menor tembló un poco con la última palabra.

Quitaron la vista de las luces urbanas y se miraron a los ojos, intensidad, anhelo, ansiedad, ambos en el jade y el zafiro. Reacción, impulso, electricidad y necesidad.

Makoto apresuró su boca a la contraria, casi salvaje. Tetsuya anudó sus brazos alrededor del cuello, importándole poco tener que levantarse de puntillas. Quería besarle a la par o incluso con mayor hambruna, las manos del castaño bajaron hasta las caderas y sin pedir permiso le alzó, era tan ligero, tan sedoso. Interrumpieron la unión de sus labios y se miraron de nuevo con una sonrisa, grande, grata, plena. El peli celeste reposó su frente en la de Makoto y suspiró, sin dejar de sonreír. Tachibana le llevó al interior, cargándolo con facilidad. La habitación que había sido del menor aún conservaba todos sus muebles y sobre sus mantas aperladas se entregaron completamente por primera vez, toda la noche y hasta el amanecer, pues todo ese amor y esa calidez debía durarles toda una promesa. Una promesa hecha entre susurros y sellada con cuerpo y alma.

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Un solo amanecer.

Dos destinos distintos.

Dos corazones.

Un mismo sentimiento.

Y la promesa de un reencuentro.

Aquí te esperaré dentro de dos años.

Yo aquí aguardaré.

Porque apuesto que me quieres de vuelta.

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~FIN~


Bueno hermosas personitas, éste es el final, por supuesto aún me falta el epílogo y quiero que quede no menos que bello, debo esforzárme (porque para las que querían, se viene el lemon, omg), mientras tanto, agradezco a quienes lo leyeron hasta el final, a quienes me dejaron sus comentarios, continuos y ocasionales, fueron un enorme apoyo con este proyecto de experimentació debo decir que me siento satisfecha con el resultado. Espero les haya gustado, es un descenlace que no estoy acostumbrada a hacer, pero no sé, lo creí necesario, llámenme loca xD

Espero leerlos aquí y el epílogo. Nuevamente mil gracias por todo el apoyo. Mil besos. Ahora me retiro a llorar como nenita.

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!

Rizel Holmes~

P.D: Me disculpo si hay horrores ortográficos. D: