¡De verdad lo siento por la tardanza! De verdad, no tengo nada más qué decir además de eso. No hay excusa. Han pasado demasiadas cosas y el tiempo se me ha ido de las manos.
Sin más, el capítulo.
Los chicos pertenecen a Trey y Matt...
*Capítulo 8: "Por más que lo intento."
Kyle
Viendo las cosas en un caso hipotético, sólo' hipotético... Las cosas con Stan no funcionarían. Nosotros dos juntos de esa manera seríamos un desastre. Él es tan jodidamente cursi que si cambiáramos el rumbo de nuestra relación haría cosas como mandarme mensajes cada cinco segundos, por las mañanas y las noches. Terminaría irritándome, porque es bien sabido por mis amigos, incluyéndolo, que necesito mi espacio. Todo se iría a la mierda, incluyendo la amistad que tanto años nos costó formar, para que ahora termine de desmoronarse por estúpidos sentimientos que, a pesar de estar al tanto de eso, no puedo cambiar por más que quisiera.
Por eso está todo en orden, sin nada de ataduras.
Todo está en orden...
Exceptuando el pequeño detalle de no poder sacármelo de la cabeza ahora que comprendo un poco más las cosas que, en secreto, durante años estuve escondiendo en el fondo de mi mente. Ya que sería jodida y horriblemente cursi decir que de la nada sentí un "flechazo".
¡Tonterías de telenovelas para chicas pubertas de doce o trece años! En realidad, creo que incluso hubiera deseado que fuera de esa manera y no esta. Porque sabría que lo más probable es que se tratara de algo temporal. Sólo calentura de una noche, y se acabó. Pero no.
Es incluso perturbador saber que desde hace años, por no decir desde que tengo memoria, me siento de la misma manera. Y quizás ese es el problema, se había vuelto algo "normal" para mí. Terminé creyendo que no había ningún problema porque éramos amigos y según mi increíble lógica, todas esas cosas, momentos extraños, sensaciones extrañas y demás que sentía, se debía a eso, y no por algo más.
Por esto mismo, se me vuelve imposible cambiarlo de un día a otro, ya que fue la consecuencia de algo que se estuvo formando por años enteros; nuestra estrecha amistad.
Hasta que la avalancha se vino abajo. La respuesta cayó sobre mí en el momento que menos esperaba. Estamos a tan sólo un mes y probablemente algunos días de graduarnos. Después el verano y, a partir de ahí, la universidad nos consumirá por algunos cuántos años. Ni siquiera sé si para ese entonces sigamos siendo amigos.
Sólo pensarlo me pone los pelos de punta.
Me encuentro en un dilema porque ni siquiera sé cómo debería sentirme. Ahora muchas de las cosas que antes no comprendía tienen sentido y hasta me parecen demasiado obvias. Otras asustan. Y luego, al final, están las que dolían y seguirán doliendo por siempre. Las que odio recordar, y si llego a hacerlo, sé que terminaré reaccionando de manera patética. Ni siquiera quiero imaginarlo.
Ahora que entiendo, creo comprender la razón por la cual a las personas les gusta escuchar una tercera opinión. Es imposible callar algo que te has dado cuenta, ha estado consumiéndote por tanto tiempo.
Los últimos días han sido tan agitados, que no puedo ni encontrar las palabras adecuadas para describirlos correctamente. Stan y yo hemos estado... Parcialmente bien. Durante las clases las miradas furtivas nunca están de sobra. A solas, ya sea en su habitación o en la mía, después de cerrar el pestillo, la cosa se volvía distinta.
Mientras nos desvestíamos con torpeza y sus labios se colocaban en mi cuello u hombros, me era demasiado difícil no dejar de recordarme que Stan nunca me vería como algo más que su mejor amigo con el que se ha estado acostando recientemente. A eso, sumándole la adrenalina que generaba el hacerlo a escondidas, con el temor de ser descubiertos.
Cuando todo termina y descansamos en la cama por algunos minutos, cada uno volteando hacia el lado opuesto, mientras escucho su respiración acompasarse. Es ahí cuando caigo en cuenta de todo el jodido daño que me hago a mí mismo con esto.
Y aun así, sabiendo que debíamos parar, al quedarnos a solas, olvido que me había propuesto hablar pronto con Stan acerca de eso.
Si existía algo que me molestara, era faltar a clases un lunes. No fue la excepción cuando, hace algún tiempo, llegó a mi bandeja de entrada un correo electrónico donde decía que mi examen de entrada a la universidad se aproximaba. Y como la suerte siempre me ha odiado, tenía que ser un jodido lunes.
Fui con mi familia, quienes en medio del camino entraron en un misterioso silencio. Querían hablar de algo, conocía el ambiente. Me encontraba comiendo una barrita de proteínas como desayuno (increíble, lo sé.) cuando mamá carraspeó y sabía que la charla familiar sobre algún tema en especial qué discutir se aproximaba. Las palabras de mi madre hoy en día siguen resonando con fuerza en mi cabeza. "Bubba... ¿No crees que ya es tiempo para que encuentres... Una pareja o algo así?"
Y no era mi culpa. Esa jodida, esa puta pregunta desencadenó muchas otras cosas.
La barrita de proteínas a medio comer que en ese momento traía entre mis manos, se cayó sobre mis piernas. De todas las conversaciones, ¿De verdad tenía que ser esa y justo en ese momento, en la carretera, rumbo a la que probablemente sería mi universidad? Es definitivo, los padres no saben hablar de estos temas. Tampoco saben elegir el momento adecuado.
Entonces a mi endemoniado hermano pequeño se le ocurrió recordarle a mi madre que soy gay. Algo que, yo esperaba, pudiera decírselo en otro momento.
No de esa forma.
Sin embargo, mis padres soltaron una risilla que sonó perturbadora y que no sabía si debía espantarme o no. Entonces contestaron un "Oh Ike, querido, eso ya lo sabíamos."
Mis labios formaron una perfecta "o", como si me hubiera preparado para replicar, y aunque no salió palabra alguna de mi boca, reucuerdo que no sabía si sentirme ofendido o aliviado.
"¿Cómo que lo han sabido siempre?" Me arriesgué a preguntar. Quizás era sólo una broma de su parte en la que había caído, nunca se sabe.
Pero no.
Volvieron a reír, esta vez con Ike uniéndoseles, y lo único además de eso que agregaron, fue lo mismo que dijeron con anterioridad. "Simplemente ya lo sabíamos, cariño."
Eso había sido... Una total vergüenza.
Y cuando se lo conté a Kenny, al día siguiente del examen, sus carcajadas no hicieron más que irritarme más.
'Sus jodidas carcajadas, que siguen resonando en mis oídos. Porque no se ha callado ni un segundo en todo el rato, por la mierda.'
—¿Podrías dejar de hacer eso? —Me llevé una mano a la frente con exasperación.
Kenny se levantó del piso donde pasó aproximadamente cinco minutos sin parar de reír. Tratando de controlar la risa y normalizar su respiración, jadeante, me miró.
—Lo siento, lo siento, pero hay que admitirlo, es bastante divertido. —Dijo, y se talló los ojos que se le humedecieron por la risa.
—Yo no le veo nada de divertido. —Murmuré, molesto.
—Vamos, al menos no reaccionaron como todos creían que Sheila Broflovski lo haría.
—Lo sé, lo sé. Me refiero, es bueno que se lo hayan tomado bien... ¿Pero qué es eso de "siempre lo supimos"?
—Eso, que ya lo sabían. Es que, no te ofendas, amigo, pero eso es algo que todos los veníamos venir, cuando nos contaste, aquel día, a ninguno de nosotros nos sorprendió. Ya lo sabíamos. Creo que el único que no tenía ni idea es Stan.
—No me lo recuerdes. En este momento no quiero recordar las estúpidas decisiones que recientemenete estoy tomando. —Al parecer, eso captó la atención de Kenny, porque dejó de lado su aire divertido y descuidado, para escuchar lo que decía.
—¿Qué ha pasado?
—No sé si deba decirte, amigo. Se supone que no debería, pero... Esto... Está comenzando a ser una puta tortura para mí. N-no puedo más, ¿entiendes?
—Kyle. —en ese momento, me miraba fijamente a los ojos de manera que me era casi imposible mentirle— sé que algo ha pasado, no es como si estuviera ciego. Pero si no me cuentas, no puedo ayudarte.
—Ni siquiera sé por donde debería empezar.
—No necesitas contármelo todo. Digamos que estoy al corriente de ciertas cosas que Stan me ha contado.
Mis ojos se abrieron más de lo normal y miré a Kenny con severidad.
—¿A qué te refieres...? ¿Hasta dónde sabes? ¿Qué te ha dicho?
—Me ha contado lo que sucedió durante el viaje. Cuando te molestaste con nosotros también estuvimos hablando un poco, y después sólo me dijo que habían hablado y arreglado... O algo así, las cosas.
—Sabía que tú sabías lo del viaje. Pero sobre lo otro, ¿a qué te refieres? —Arqueé una ceja.
—Nada realmente importante, cuando recibí tu mensaje supe que las cosas se habían arreglado. Cuando le pregunté a Stan cómo, no quiso darme detalles. Sólo dijo "hablando", y cambiamos de tema... Un segundo. —por la mirada que me dirigió supe que ya se daba una idea de lo ocurrido— Ahí está el problema, ¿verdad? ¿Cómo arreglaron las cosas?
—Ese es el punto. No las arreglamos, las empeoramos. Me confesó que quería... —Le hice una seña a Kenny con las manos, y él lo entendió perfectamente.
—¡No me jodas! ¿¡De verdad!? ¡Cabrón! ¿Y qué pasó? ¿Le pateaste el culo? —Me quedé callado y la sonrisa que tenía Kenny se borró- ¿no? ¿entonces qué...? Oh.
Asentí, en silencio.
—No pude evitarlo. Yo estaba... Sin ser consciente en ese momento. Mi mente no procesó lo que en verdad significaba.
—¿Y cómo quedó todo ese asunto?
—Ese es el otro problema. Como nada. Acordamos que podríamos volver a repetirlo si nos daba la gana. Lo mantendríamos en secreto y pararíamos si alguno de los dos comenzaba a enamorarse o salir con alguien más. No quedó como nada.
—Déjame ver si he entendido lo que quieres decir, amigo. "Me acosté con Stan, pero no quedó en nada más y me hubiera gustado que sí. Estoy putamente enamorado, no tengo remedio."
—Suena patético. —Bufé. Mas no me negué.
—Pero es verdad, ¿no?
Volví a asentir hacer contacto visual con Kenny.
—De acuerdo, esto es... Interesante.
—No lo sería si estuvieras en mi lugar. —Reí sarcásticamente.
—Es más sencillo de lo que crees. Confiésale a Stan lo que sientes y si te rechaza, juro que yo mismo le pateo las bolas.
—¿Por qué lo dices?
—Sé más cosas de las que crees. —Sonrió.
—¿Cómo qué cosas? —Pregunté.
—No puedo decirte. —levanté la vista del suelo, y le dirigí una mirada exasperada—¿Qué? Tampoco puedo hablarte sobre las conclusiones que llego con los demás, ¡está en mi código de "cosas que no se deben decir"! —No pude evitar reír al escuchar eso, y Kenny rió conmigo por unos instantes.
—¿Entonces hablarás con Stan? —Me observó, dejando de reír.
—Supongo. Pero cambiemos de tema, me siento patético hablando de esto.
—Hey, no te preocupes. —Sonrió, y también yo sonreí con más tranquilidad por primera vez en un buen rato.
Hablar con Kenny me tranquiliza.
Estuve muy equivocado si antes creía que podría hablar con Stan durante la semana con tranquilidad. Debo de recordarme a mí mismo más constantemente que Stan, cuando está con los demás no es sólo Stan.
Es Stanley soy genial Marsh. No sé si reír o molestarme al ver cómo actúa con las otras personas. Siempre supe que mi mejor amigo era una persona a la que le gustaba la atención de la gente, sentirse querido, el centro de atención, y la persona más genial de la escuela.
Esa es una de las cosas que no han cambiado con los años, aunque me gustaría poder decir que sí.
'¿Y a dónde lleva todo esto?' preguntarán. Bueno, como no es sorpresa, una de las mejores clases en las que Stan se destaca es educación física. En esta ocasión no es diferente, pero sí el hecho de que había chicas de grados menores observándolo durante la clase y saludándolo.
Lo peor de todo, es que eso no me era indiferente, por más que quisiera. Más cuando el mismo Stan les devolvía las sonrisas y saludos con gusto.
Cuando la clase terminó, las chicas no perdieron ni un segundo y lo acorralaron, encerrándolo en un círculo de feromonas. Estaba dispuesto a observar con toda la paciencia posible la escena y esperarlo.
—Ah, Kyle, ¿hablamos luego? —Dijo, sacando apenas la cabeza de entre el círculo de chicas que se voltearon a mirarme.
Y harto de todo eso, me largué de ahí.
Que se quedara buscando la patética atención de las chicas cuanto tiempo quisiera.
Imbécil.
No entiendo por qué tiene que molestarme tanto que haga eso. Él ha sido así desde que éramos niños y debería entenderlo, pero... ¡Cualquiera termina hartándose de toda esta mierda, maldita sea!
Más cuando llegas a un punto en el que hasta el más pequeño detalle te irrita debido a que- sólo-
Estoy cansado de esto. No puedo más.
Después de algunas clases llegó el receso. Quizás fue el peor momento del día, ya que Stan don popular se había ido a sentar con las chicas menores que estaban observándolo durante el entrenamiento en la clase de educación física.
En la mesa que estaba frente a mí, Kenny, Cartman... Y Wendy.
Está demás decir que nos envolvimos en un momento muy incómodo. Nadie habla, ni siquiera el culón hace comentarios fuera de lugar.
Cuando por fin sonó el timbre que anunciaba el regreso a las clases, Kenny esperó a que Cartman y Wendy se retirarán y me miró.
—¿Por qué esa cara larga? —Preguntó.
—No es nada, a decir verdad.
—Si tú lo dices... Recuerda que si necesitas hablar, mamá Kenny está aquí. —Dijo, palpándose en el pecho de manera dramática.
Reí, y le di un golpe amistoso en el brazo.
—Kenny. —volteó su vista hacia mí—¿puedes decirle a la profesora que me he sentido mal y tardaré un poco? Voy a lavarme la cara o algo.
—Vale. No tardes mucho, nos entregarán las notas de física. —Gemí en modo de protesta, y Kenny me dio unos golpecitos en el hombro antes de retirarse.
Me dirigí a paso lento hacia el baño de hombres. Al estar todos en clase, se encontraba vacío. Realmente eso es una suerte. Una vez ahí, me miré al espejo con disgusto. Mi expresión delataba mi desagrado.
Abrí la llave de agua fría y me tallé la cara con ella. Antes de volver a abrir los ojos, escuché la puerta abriéndose. Me apresuré a secarme la cara para poder salir de ahí. No apetece tener compañía.
—¿Ky? ¿Qué haces aquí?
Yo conozco esa voz.
Stan.
—Más bien, tú qué haces aquí. —Fruncí el ceño.
—Si te digo la verdad me reprenderías. —Rió un poco— no quería tener que ver mi nota de física. Sé que de todas formas después tendré que, pero...—Mi expresión permaneció seria y él guardó silencio- como sea, ¿y qué tal tú?
—Me sentía un poco mal. —Me encogí de hombros.
—¿Cómo? ¿Estás enfermo? —Noté un poco de preocupación en su voz. Y, aunque debería de ser algo bueno, eso sólo logró enfadarme más.
Sé que parece no tener sentido. Pero si alguien pasara por lo mismo, entendería a qué me refiero.
—No. ¿Y qué tal tú? ¿La pasaste bien con las chicas? —Pregunté, intentando sonar indiferente.
—Ah, eso... Me invitaron a sentarme con ellas. No pude rechazarlas, eran demasiadas y me miraban como si esperaran algo de mí.
'Jodido mentiroso.
Vanidoso.'
—Ya veo. —Me metí las manos en los bolsillos de la chaqueta. Stan sonrió.
—¿Por qué? No me digas que te has puesto celoso. —Se comenzaba a acercar y a juzgar por su media sonrisa y expresión, el rumbo al que se dirige la situación no es bueno.
'Claro que no.
Sabes que quieres que se acerque.
Sabes que quieres que te bese y acaricie por todas partes.'
Una voz en mi cabeza no paraba de contradecirme. A quién le miento, toda mi vida en este momento es una contradicción.
—Egocéntrico. —Solté.
—Pero así te gusto, ¿no? —Me tuve que morder la lengua para no soltar demasiadas revelaciones que ahora mismo quedarían fatales. Para entonces Stan ya estaba a menos de dos centímetros de mi rostro.
La respiración se me irregularizó, y no puedo decir si se trata de enojo o simple nerviosismo. Tal vez ambas cosas juntas.
Sentí la yema de sus dedos sobre mi nuca, acariciando con suavidad. Un molesto escalofrío me recorrió la espalda.
Él seguía acercándose, y yo sin poder detenerlo, inmovilizado por completo.
Sus labios estaban apunto de rozar los míos cuando la puerta del baño se abrió. Stan se apartó a toda velocidad y-
Y me empujó al suelo.
Salió huyendo del baño, dejándome tirado en una esquina. Me quedaría un moretón por eso.
—¿Y a Marsh qué mierda le pasa? —Escuché que decía uno del grupo de chicos que entró. Eran de otro grupo. Unos completos pesados.
—Nada, tuvimos una pelea estúpida. —Contesté, con la mirada sombría. Me levanté y salí de ahí sin terminar de procesar lo que ocurrió.
Más que molesto, ahora mismo estoy dolido. Suena horrible decirlo. Yo no debería de sentirme de esta manera. Tendría que importarme una mierda lo demás. O por lo menos molestarme.
Pero no es molestia.
Es más como-
¿Tristeza?
Quisiera que todo volviera a la normalidad. Ahora mismo. Estar en paz y recuperar a mi mejor amigo. Aunque me gustaría poderme olvidar de lo mucho que me importa. Sé que eso es imposible, y que tampoco es su culpa.
Más bien, es mía.
Es difícil cuando los problemas personales, como lo son todos los relacionados con este jodido tema, comienzan a mezclarse con otros. Más los familiares.
Mi familia nunca ha tenido reales problemas, no como en el caso de Kenny, ni en el de Stan o incluso Butters. De hecho, creo que a pesar del humor del demonio de mi madre, siempre fuimos una familia tranquila sin demasiados conflictos o alteraciones en nuestra tranquilidad común. Claro que, como seres humanos que somos sí discutíamos algunas veces. Pero nunca fue por nada grave.
Sin embargo, esa tranquilidad ha terminado, y logra ponerme de los nervios.
Digamos que a Ike últimamente se le está dando por juntarse con chicos mayores, y desde que le pareció divertido tirarle huevos y papel higiénico a la casa de uno de sus profesores, mamá no ha parado de decir que son mala influenza para él. Dirán que tirarle huevos y papel higiénico es algo que todo aquel que tuvo infancia ha hecho, porque incluso Stan, Kenny, Cartman y yo lo hicimos una vez.
Cuando eso ocurrió, pensé que no era nada demasiado grave. Pensé que se le pasaría.
Y ahora me arrepiento de pensar de esa forma, porque no se trata sólo de eso. Se supone que es mi hermano menor y que debería de haberlo notado desde hace mucho tiempo, pero no. Porque soy demasiado egoísta y sólo pienso en mis propios problemas, olvidándome de mi propio hermano menor.
Ike es inteligente y sabe cuando algo que ha hecho está mal. Eso me hace no comprender del todo por qué se comporta de esa manera. Creo que he olvidado un poco lo que se siente tener trece años e ir entrando en la adolescencia, la etapa que te hace mierda prácticamente todo.
En aquellas épocas Stan y yo siempre nos burlábamos de Cartman y de Kenny, quienes a diferencia de nosotros sí sufrieron con el acné. Recuerdo que a Kenny le molestaba tanto, que después de tratar con métodos que le fueron inútiles, como último recurso, lo encontramos leyendo una de esas revistas de moda para chicas en las que dan tips para ese tipo de cosas.
'Basta. Volverás a pensar en Stan si recuerdas eso. Y vamos con los mismo.'
El punto es que Ike se ha estado pasando de la raya, bastante más de lo considerado una simple rebeldía por la edad. No sé con exactitud cuál fue el problema esta vez, pero, o nuestros padres están exagerando un poco, o en realidad ha hecho algo malo. Prefiero pensar que sólo exageran.
Han estado discutiendo a gritos toda la tarde, y siguen sin saber decidir qué hacer con Ike.
—Estoy harto. —Mi hermano se coló a mi habitación en plena disputa, y cerró la puerta destrás de sí con hastío.
—¿Qué has hecho esta vez? —Pregunté. Él rodó los ojos.
—¡Nada! Demonios, si tú también vas a sermonearme mejor voy a mi habitación.
—Espera. No soy tu hermano para darte sermones como los de mamá y papá, pero creo que al menos deberías de contarme qué ha pasado.
—Sólo me he peleado en la escuela. Nada del otro mundo, de verdad -se encogió de hombros- están histéricos por eso. No me digas que tú nunca te molestaste con alguien hasta el punto de terminar en golpes.
—Pues... Sí. —Asentí, recordando las eternas peleas verbales con Cartman que me sacaban de quicio al punto de llegar a darnos uno que otro golpe- pero, ¿por qué te has peleado? No creo que fuera de un segundo a otro, sólo porque sí.
—Eso es lo que he estado intentado decirle a mamá y papá todo el puto rato. Pero no me escuchan, sólo siguen proponiendo ideas estúpidas como un maldito psicólogo que no me servirá de nada.
Eso es verdad. A veces los adultos olvidan que también deben escuchar lo que tenemos que decir, antes de sacar conclusiones apresuradas. Comprendo a Ike, al menos en cierta parte.
—Así que, ¿por qué la pelea? —Miré a mi hermano fijamente.
—Sobre eso... Verás... No fue por nada importante. —Se encogió de hombros y supe que mentía.
—Ike.
—¡Está bien, está bien! Un chico comenzó a burlarse e insultarte por ser homo y me molesté, ya que vamos, quién no lo haría, cuando él es más marica que el señor Garrison y el señor esclavo juntos.
—¿Qué? ¿Te peleaste por mí? —Le dirigí una mirada incrédula.
—¡Si hubieses escuchado al jodido maricón reprimido ese, sabrías a qué me refiero! ¡Dan ganas de partirle su perfecto rostro!
—Ya, ya. ¿Y qué le hiciste? —Decidí dejar el tema del chico reprimido de lado, ya que sentía que si seguía hablando de eso Ike no se calmaría nunca.
—Le rompí la nariz y no sé, creo que también el brazo... —Murmuró.
—¡Y con razón se han molestado! ¿Te han suspendido, no?
—Dos semanas... —Bufó.
—Tuviste suerte. Pudiste haberte metido en muchos más problemas por eso.
—Lo sé, lo sé. ¡Pero quieren mandarme con un jodido psicólogo o una de esas terapias para el control de la ira! Además de no dejarme salir de la casa a menos que sea estrictamente necesario, quizás de por vida, o algo así, ¿cómo esperas que me sienta? -Se cruzó de brazos, molesto.
—No te diré lo que seguro ya te han dicho otras personas. —Suspiró, aliviado, y me miró agradecido—Pero sí te puedo recomendar que no protestes a lo que sentencien mamá y papá, si lo haces, será peor.
—Ya. Pero odio que me traten como a un maldito desquiciado.
—Entonces demuéstrales que no lo eres y que no necesitas de las jodidas terapias.
Ike sonrió y me sentí un poco mejor.
—Gracias por entenderme.
—Hey, para eso estoy, ¿no? Una cosa más. Deja de pelearte por mí, ese idiota no vale la pena, hermanito. —Le revolví el cabello, sonriendo.
Por lo menos creo que he hecho algo bien.
Los gritos cesaron. Ahora la casa estaba envuelta en un silencio incómodo que parecía, no duraría mucho.
Por la mañana, la parada del autobús estaba vacía cuando llegué. Stan llegó a los pocos minutos, como de costumbre, mas no dijo nada. Se mantuvo así por un buen rato hasta que mi paciencia se terminó, y, recordando lo sucedido el día anterior, decidí romper el silencio.
—No vuelvas a empujarme así en tu puta vida. —Espeté, sonando bastante más molesto de lo que en realidad estaba.
—Amigo, era un momento de presión. No quería que nos descubrieran y fue lo primero que mi cuerpo atinó a hacer. Tampoco es como si antes tú no me hubieras empujado o viceversa. —Se excusó. Pésimamente, déjenme agregar.
—Eres un jodido cobarde. —Le dije, sin pensarlo muy bien.
—¿A qué te refieres? Creí que ambos acordamos mantenerlo en secreto—Por la manera en la que arrastraba las palabras al hablar, sabía que tenía miedo de que los demás se enteraran.
Porque claro, si era así, perdería a todas esas chicas que babeaban por él, dejaría de ser Stan el perfecto, apuesto, centro de atención y por supuesto heterosexual Marsh.
—No le he dicho a nadie, idiota. Pero eso no te hace menos cobarde. —De todas maneras, estaba mintiendo. Kenny lo sabía. Eso hacía probable que Cartman también. Y por lo tanto Wendy.
—Tú estuviste de acuerdo conmigo. —Me miró con reproche.
—Sé lo que dije, Stan, pero... ¿Sabes qué? Olvidémoslo. Así funcionan las cosas con nosotros, que así se queden. —Me llevé una mano a la frente. Sentía que si seguía hablando sobre eso la cabeza me dolería.
—Lo siento por el empujón. No volveré a hacerlo.
Y ese es el Stan que yo conocía. El que se siente mal por lo que ha hecho y se disculpa con sinceridad. Es escalofriante como con esas palabras logra que lo perdone tan fácilmente.
—Como sea... —hice una breve pausa— ¿cuánto has sacado en el examen de física? —desvié el tema.
—Setenta y cinco. No es mucho, pero algo es algo. ¿A ti cómo te fue?
—Noventa y cinco. Podría haber sacado cien de no ser por la última pregunta.
—¡Genial! Siempre será un misterio para mí cómo haces para sacar esas calificaciones.
—No sé, ¿estudiando, quizás?
De un momento a otro, ambos ya estábamos riendo juntos como si no hubiera ocurrido nada.
Vaya que esto es extraño.
