Hola a todos. Como prometí aquí traigo el capítulo de hoy. Espero que os guste. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios. El fic se actualizara cada dos días...salvo problemas mayores, véase universidad (últimamente me siento como Tweek, es demasiada presión). Espero que so guste, vuestras opiniones son bien recibidas.

No hay justicia en el mundo

"Ningún vencido tiene justicia si lo ha de juzgar su vencedor"

Francisco Quevedo

Día 475 de encerramiento

Yo nunca he sido un chico normal, nací en el seno de una familia donde mis padres estaban más pendientes de que su negocio de café saliera a flote que de mi, cada vez que pedía ayuda, ninguno de ellos me la daba, cuando pedía un consejo, siempre me contaban historias a medias que nunca tenían un final o mi padre empezaba con sus alegorías del café, el cual llevaban dándome de tomar desde los tres años, haciéndome un chico nervioso y con constantes temblores que mi madre achacaba a un TDHA o Trastorno de la Hiperactividad.

Crecí con constantes temblores en mi cuerpo y haciendo pequeños ruidos catalogados como gemiditos que a veces acababan en gritos, siempre nervioso, siempre alerta y puede que hasta siendo paranoico. Esto me costó que no tuviera amigos, nadie quería acabar cerca del rarito de Tweek, del chico vibrador, del adicto al café o la cocaína, al de las conspiraciones de aliens roba penes o gnomos que robaban calzoncillos a las tres de la mañana,¡ esto último lo sé , es veridico, he visto a esos bichos a las tres de la mañana, cuando todos duermen robarme la ropa!. Pero esto también me costó que la gente más mayor empezara a meterse conmigo.

Recuerdo que estando en tercer grado iba a por mi dosis diaria de café, me había vuelto un adicto de tanto consumirlo desde los tres años, en un intento de mis padres para que no les molestara, aunque la versión oficial era para que amara el café tanto como ellos. Llevaba mi termo en las manos listo para beber ese néctar tan adictivo como destruido, cuando al girarme de mi casillero, acabé estampándome con el pecho de un alumno de sexto y vertiendo mi café en él, fue mi sentencia de muerte.

Recuerdo todavía como corrí por mi vida, como al final me atraparon y me apalearon hasta que se quedaron a gusto, aún hay veces que recuerdo la cara de ese chico sobre mi, llamándome desde marica hasta lúnatico, pasando por esquizofrénico. Mis padres hablaron con la directora esa vez, y los chicos fueron expulsados, pero eso solo me causo más dolor, ahora era un chivato, un objetivo, y las trastadas en mi contra se sucedieron, a cada cual más cruel que solían acabar conmigo corriendo como alma que lleva el diablo hacia mi casa o hacia la cafetería de mis padres. Así pasaron nueve años hasta llegar a mi penúltimo año de preparatoria que fue cuando la conocí, su nombre era Bárbara Stevens, Bebe, para los amigos, una chica rubia de ojos azules que era la mujer más codiciada desde la primaria. Fue un día de primavera cuando ella acabó emparejada conmigo en un trabajo de arte, donde teníamos que hacer un reportaje fotográfico de paisjajes que nos gustasen, se puede decir que nos hicimos amigos, ella aguantaba mis ticks y mis paranioas, yo aguantaba sus molestas charlas sobre zapatos y moda y también sobre sus miedos. Descubrí en ella una amiga, alguien que igual que yo sufría.

Bebe nunca había tenido una vida facil, su madre y su padre estaban más ocupados en otras cosas que en hacerla caso, su madre solo la hizo caso cuando empezó a ser mujer y solo para darle dinero para sujetadores y para darle una charla sobre el sexo que acabó por traumatizarla un poco. No tenía amor en su casa, y trató de buscarlo en el colegio en sus amigas, pero ellas solo estaban con ella por que vestía bien y era popular, no porque verdaderamente la quisieran, ellos no sabían nada de ella, no sabían que quería ir a la universidad de Wasington y estudiar allí para ser una bióloga marina, no sabían sus sueños, sus anhelos, eso solo lo sabía yo que la escuchaba. Bebé fue mi amiga entre trabajos de arte y tazas de café caliente, y juntos trazamos un plan en la cafetería de mis padres, el plan era salir de nuestra mierda de pueblo e irnos lejos, a Wasington, a la universidad, escaparnos de este mundo de mierda que teníamos y cumplir nuestros sueños, ella ser biologa marina y yo siendo psicologo, si, quería ser psicólogo, y no me avergüenzo. Sin embargo no pudo ser.

Aquel día llovía, yo apenas había dormido algo en toda la noche por culpa de los gnomos de los calzoncillos, había logrado acabar con varios de ellos, pero no había podido evitar que me robaran mi último par de calzoncillos, la bronca de mi madre iba a ser épica. Sin embargo lo que llegó ese día no fue la voz de mi madre, sino las alarmas de los coches de policía y los gritos de un agente que amenazó con tirar la puerta de mi casa, para luego entrar con toda la tropa a mi casa, tirando a mi madre al suelo y sacándome a mi de la cama de donde no me había movido.

-¡¿Se puede saber que pasa?!-gritó mi padre desde la puerta viendome a mi revolverme en el suelo y temblando al borde de un ataque de nervios.- ¡quítese de encima de mi hijo!

-No puedo señor Tweak, estoy aquí para detenerlo. -dijo el policía a mi espalda.

-¡Gyaa! ¡No he hecho nada! -grité yo.

-Tweek Tweak -me levantó y me obligó a salir de mi habitación,- estás acusado del asesinato de Bárbara Stevens.

Y yo ya no oí más de lo que dijo, Bebe estaba muerta, mi única amiga había muerto, sentí pena por ella, tantos sueños que no se llevarían a cabo. Me llevaron al coche de policía y me metieron en él sin miramientos, mientras mi madre y mi padre les gritaban clamando mi inocencia, era la primera vez que les veía así de preocupados por mi.

El interrogatorio no fue para nada bueno para mi, casi me muero de los nervios, acabé colapsando de un ataque cuando el hombre que me interrograba empezó a ponerse agresivo conmigo y a gritarme para hacerme confesar algo que no había hecho, yo había estado toda la noche con los gnomos roba calzoncillos pero no me creyó, es más, igual que otros antes que él, me llamó lunático, ¡y yo no soy un lúnatico! Ngh, ¡No estoy loco! ¡los locos son ellos que no ven que su ropa no desaparece en la lavadora sino que es robada mientras duermen!. Al final fui llevado a juicio, a pesar de que la única prueba que tenían en mi contra era una taza de café que le había regalado a Bebe por su cumpleaños y nuestros planes para irnos a Wasington. Ya sabemos como es la justicia en muchos casos, solo buscan una cabeza de turco, y esa resulté ser yo, un desadaptado con probable esquizofrenia

-Seguro que ella te dijo que no iba contigo, y la mataste-me acusó el abogado de la familia Stevens, yo me encogí en mi sitio, no me gustaba que me gritaran, mi cuerpo temblaba con gran violencia y el tick de mi ojo se hizo más persistente.- te dolió que te dieran calabazas, ¿eh?, tanto como para matarla.

-No ngh, yo, ¡ah! No maté a Bebe, no, ngh te...tengo motivos para ello -dije yo como pude, estaba muy nervioso.

-mentiroso, esto es un crimen pasional, la mataste tú, pequeño lunático, asesino psicópata-me acusó el hombre y yo notaba las lágrimas caer por mis mejillas.

-¡No!

-¡Protesto!-gritó mi abogado-¡está insultando y coaccionando a mi cliente!

-Se acepta-dijo el juez y el otro abogado se calmó un poco.

Las acusaciones siguieron en mi contra,poniendo a todo el mundo en mi contra, diciendo que yo había matado a Bebe cuando me había dado cuenta de que mis sentimientos por ella no eran correspondidos, que ella se había negado a irse conmigo y que por eso yo la había apuñalado repetidas veces con unas tijeras hasta matarla. ¿pero como lo hubiera podido hacer yo? ¡Jesucristo!, si no podía ni ver la sangre, ¿sabéis la de cantidad de enfermedades que porta ese líquido rojo? ¿lo que cuesta quitarlo de la ropa? ¡si mi madre me viera con la ropa manchada me mataría ella o me vendería como esclavo!.

El juicio fue largo y ni siquiera los veinte vasos de café que me tomé lograron apaciguarme, y sentí que el aire me faltaba cuando el juez pidió que nos pusieramos en pie para que dictaminara mi sentencia, me levanté temblando tanto que las esposas que tenía en las manos no paraban de hacer ruido, notaba las miradas de todo el mundo en mi y el odio grabado en ellas, mis ojo derecho no cesaba su tic, y de mis labios salían aquellos molestos sonidos y medios gritos, acabé llevándome las manos al pelo y tiré de él,¡todo esto era demasiada presión!.

-Tras mucha deliberación, he dictaminado mi sentencia -habló el juez y yo miré a mi abogado, que me tomó la mano sin mirarme- Tweek Tweak, te declaro culpable de asesinato -Jesucristo- y te condeno a nueve años de prisión en South Park Prision. -y dio un golpe con el mazo.

No recuerdo nada más de ese momento que los gritos agónicos de mi madre llamandome mientras mi padre insultaba a la justicia de nuestro país, mi mente empezó a trabajar muy rápido, iba a ir a la cárcel, ¡iba a ser la carne fresca!, ¡todos me iban a mirar como un trozo de carne e iba acabar violado por un hombre calvo con barba, musculado y con tatuajes por los brazos! ¡Me convertiría en su puta, me tomaría todas las noches y acabaría muriendo por la sífilis o el sida! ¡Jesucristo! ¡Iba a morir en un lugar horrible por algo que no he hecho!, ¡era demasiada presión!, así que al final me dio un ataque de pánico y acabé desmayándome en brazos de mi abogado.

No soñé nada, todo estaba oscuro en el mundo de la inconsciencia, y cuando desperté el panorama que me esperaba no era mejor, estaba dentro de un camión con barrotes que me permitía ver el paisaje nevado cercano a aquella prisión llamada South Park.

Hasta aquí por hoy. Muchas gracias por su atención. Nos vemos el martes