El día de año nuevo llegó para Daryl con una resaca increíble. Llevaba bastante sin emborracharse de aquella manera, pero Maggie le había hecho el lío de una forma que él no recordaba que fuera capaz: "un par de copas y nos volvemos", le había asegurado ella. Y él la había creído, claro. ¿Por qué no?, se dijo. Y el par de copas había llevado a la cerveza, y de ahí a los chupitos. Daryl ya no recordaba mucho más. Todo eran luces y sonidos que se mezclaban en su cabeza sin ton ni son, imposibles de conectar.
Abrió los ojos con dificultad, como si pesaran toneladas, y rodó hacia un lado de la cama para ver la hora. Casi mediodía.
—Me cago en la… —maldijo mientras se ponía en pie a toda prisa. No fue hasta que estuvo en la ducha bajo el chorro de agua tibia que se dio cuenta que no se había desvestido. Se quitó los pantalones y los calzoncillos empapados y los dejó en el suelo, convenciéndose a sí mismo de que recogería al volver. Había quedado con Beth para ir a comer y no le apetecía enseñarle aún su lado más resacoso.
De modo que intentó parecer presentable, o al menos un ser vivo, y se vistió todo lo más rápidamente que pudo antes de montarse en la Triumph y dirigirse hacia la granja de los Greene.
— ¿Daryl? ¿Qué haces aquí? —Daryl estaba tan absorto en su propia nube de alcoholismo caducado que no había caído en la cuenta de que Maggie estaría durmiendo la borrachera en su casa, como la gente normal. Se quedó paralizado bajo el marco de la puerta, observando a su amiga frotándose los ojos, aún muerta de sueño.
—Eh… yo…
— ¿Daryl? Pensaba que no ibas a venir —oyó que la pequeña de los Greene se acercaba por detrás de su hermana—. Nos vamos ya, ¿no?
Daryl asintió, sin saber qué otra cosa decir. Maggie se giró mientras su hermanita cogía el bolso y pasaba por su lado para llegar hasta él.
— ¿Alguien va a explicarme qué pasa aquí? ¿A dónde vas, Beth?
—Vamos a comer —explicó con naturalidad.
—Juntos —añadió incrédula Maggie.
—Juntos —repitió Beth, como si estuviera explicándole algo a alguien muy cortito.
—Pero yo…
—Volveré temprano, te lo prometo —se inclinó y le dio un rápido beso en la mejilla, arrastrando a Daryl lejos de Maggie antes de que ésta pudiera empezar con el interrogatorio. Una vez estuvieron a una distancia prudencial de la granja de los Greene y de la sarta de preguntas, Beth se acercó a él y le rodeó todo lo humanamente con sus brazos, enterrando al cara en su pecho—. Feliz año nuevo, por cierto.
Daryl le dio un beso en el pelo.
—Feliz año nuevo. ¿Fue mal después de que nos marcháramos?
Beth resopló contra su camisa.
—Ni te lo imaginas. Mi padre y Shawn no dejaron de hablar durante toda la noche y he descubierto que odio a Julie. No creo que sea capaz de ir a su boda —rio—. Tuviste suerte de no estar.
—Supongo que sí —se encogió de hombros. Beth levantó una ceja, curiosa.
— ¿Y vosotros qué hicisteis anoche?
—Beber —respondió Daryl con sinceridad—. Beber hasta no recordar nada.
—Vaya, qué divertido —comentó Beth—. Me muero de hambre, ¿a dónde vamos?
Se decidieron por un restaurante familiar, uno de los pocos que había en el pueblo. Daryl aún no terminaba de acostumbrarse al hecho de que allí todos se conocieran, pero Beth se sentía como pez en el agua. Iba caminando por la calle y saludando amistosamente a todo el mundo. La mayoría de la gente ya sabía que Daryl se relacionaba con los Greene, pero eso, por supuesto, no le evitaba más de una mirada llena de temor al pasar. Daryl jamás conseguiría adaptarse a un pueblo tan pequeño y familiar, pero no por ello dejaba de ir allí. No encajaba, pero al mismo tiempo se sentía extraño cuando no estaba por allí. Cuestión de tradición, suponía él.
Almorzaron en bastante soledad, dado que no había apenas nadie. La mayoría de la gente estaba en sus casas, comiendo en familia por año nuevo. Era prácticamente una norma. Daryl lo sabía, y los habitantes del pueblo también. Es por eso que los camareros miraban con asombro a Beth, la chica buena del pueblo. Ni siquiera se molestaban en disimular que estaban cuchicheando sobre ellos. A Daryl le fastidiaba, pero si Beth se dio cuenta de este hecho, no lo demostró.
— ¿No te molesta? —terminó por preguntarle Daryl. Beth se limpió la boca delicadamente con la servilleta y le miró con calma, antes de negar con la cabeza—. No sé de qué coño están hablando.
—De cualquier cosa. Es año nuevo, es un sitio pequeño y la gente se aburre. Es normal, Daryl. Relájate —trató de razonar Beth. Daryl refunfuñó un poco más por lo bajo antes de continuar comiendo. Una sola mirada asesina fue suficiente para que los susurros cesaran al instante y ambas mujeres se pusieran a limpiar inmediatamente. Beth no pudo ocultar lo mucho que le divertía aquello.
No fue hasta media tarde que la llevó a casa. Beth tenía que estudiar para un examen, y Daryl necesitaba meterse en la cama para hibernar hasta el día siguiente como mínimo. La dejó en la puerta de la granja, como siempre, pero esta vez se negó a darle su despedida habitual. Temía que un miembro de la familia Greene pudiera salir y verles. Pero entonces Beth sonrió y se acercó para darle un beso en la comisura de los labios, casi como si fuera accidental, antes de marcharse. Daryl la vio caminar hasta su puerta, entrar en la casa y desaparecer en su interior. Echó la cabeza hacia atrás y observó el cielo de Georgia, mientras pensaba en el berenjenal en el que se estaba metiendo.
Maggie no tardó mucho en adivinar que algo raro pasaba allí. De hecho, tardó un día más. A la mañana siguiente, se presentó sin previo aviso en su casa hecha una furia. Daryl se dedicó a dar vueltas por la casa, haciendo como que ordenaba aquel caos, mientras ella seguía soltando bombarderos de furia Greene:
— ¿Pero qué coño estabas pensando, Daryl? ¿En serio? —Al ver que él no contestaba, su enfado iba en aumento—. ¿Creías que no me enteraría, es eso?
— ¿Enterarte de qué, Maggie? —Le preguntó Daryl, cansado de sus voces—. Porque no hay nada de lo que enterarse —Maggie pareció quedarse descolocada por la pregunta unos segundos antes de volver al ring:
—No me trates como si fuera tonta, Daryl.
Daryl la miró unos instantes antes de apartar la vista. Sí que se sentía un poco traidor: Maggie era su mejor amiga, y la primera persona que se había preocupado por él, sin contar a Merle y a su extraño sentido del amor fraternal, claro está. Era casi como si estuviera rompiendo el código de los chicos con ella: jamás salir con las hermanas de tu amigo. Mucho menos si son las hermanas pequeñas.
Pero Beth y él no estaban saliendo.
Sí, era cierto que salían juntos a comer, a dar una vuelta o a pasar la tarde juntos sin más, pero no salían. No iban al cine, ni compartían helados, ni daban largos paseos cogidos de la mano (bueno, eso puede que sí), ni se decían cursiladas. Simplemente hacían todo lo que hacían antes, pero esta vez aderezado con un poco más de cariño. Y eh, Daryl no iba a quejarse si Beth se acercaba a besarle, ni ella tampoco si él la acercaba más y más hasta que no había forma de pegarse.
Bueno, quizás no estaban saliendo, pero sí que le estaba mintiendo a Maggie. No directamente, pero sí por omisión.
—Nunca te he tomado por tonta, Mags —dijo finalmente.
—Entonces no me digas que no hay nada que contar, Daryl —replicó—. No me sueltes esa mierda y te quedes tan tranquilo. Dime la verdad, sólo eso.
Daryl suspiró, al tiempo que soltaba un enorme mapa encima de la cama, recordándose a sí mismo que tenía que plegarlo en cuanto tuviera cinco segundos libres en los que dormir no fuera la opción más apetecible. Se giró y enfrentó su mirada. Le sorprendió lo mucho que se parecían los ojos de Maggie a los de su hermana. Variaban tanto en el color como en la forma y el tamaño, pero ambos parecían arder en cuanto estaban enfadadas. En su caso, parecía más herida que otra cosa.
—No es asunto tuyo —contestó sin más. Era cierto, pero igualmente fue como confesárselo. Maggie abrió mucho los ojos antes de fruncir el ceño en preocupación.
—Y… y tú… ¿ella y tú…?
—Joder, Maggie, no —saltó Daryl, horrorizado—. No voy a contarte nada.
Maggie le miró unos instantes y luego se llevó las manos a la cara.
—Dios.
Daryl temió que Maggie intentara partirle la cara. Estaba seguro de que podría mandarla al suelo antes de que pudiera hacer el intento, pero no quería. No quería pelearse con su mejor amiga, no quería que le odiara porque fuera tan imbécil de no quedarse quietecito.
—Lo siento —fue todo lo que se le ocurrió decir, aunque tampoco sabía muy bien por qué. ¿Qué era lo que sentía? ¿Salir con Beth? ¿No habérselo contado? ¿Ambas cosas? Maggie pareció estar preguntándose lo mismo, porque levantó la cara de sus manos y le miró:
— ¿Lo sientes?
—Tendría que habértelo dicho.
—Sí.
—Lo siento —repitió.
—No lo hagas —replicó entonces ella, dejando al cazador aún más confundido. Tomó una gran bocanada de aire antes de hablar—. Desde que mi madre murió no había visto a Beth tan… no lo sé, tan bien. Sé que parezco la peor hermana del mundo, y seguramente lo sea. La dejé tirada cuando estaba pasándolo mal por lo de mi madre y me largué a la universidad. Y tú… bueno, tú la haces feliz, eso está claro. Con esto no digo que me parezca genial que salgáis —añadió en tono severo—, me parece muy raro, dudo que me termine de acostumbrar, pero… en fin, Beth es mayorcita para tomar sus decisiones, y tú eres mi mejor amigo. Así que si os gustáis, no seré yo la que me oponga.
Daryl sonrió, agradecido por el gesto de su amiga. Entonces Maggie se acercó y le dio una palmada en el hombro con tanta fuerza que le desestabilizó.
—Pero si le haces daño —le advirtió, cambiando el tono—, si me entero que has sido un capullo con ella y que has sacado todo el material Dixon a relucir contra mi hermana pequeña, te juro que te mato.
Y entonces se echó a reír, consiguiendo que Daryl se uniera a ella, aunque éste con más preocupación en su interior tras aquello.
El resto de la familia Greene se tomó aquello con una sorprendente tranquilidad. Shawn miró seriamente a Daryl durante unos instantes, antes de levantarse – en ese momento Daryl temió que no fuera Maggie la destinada a partirle la boca – y abrazarle, casi como si quisiera asfixiarle. Daryl trató de respirar, al tiempo que le daba unos no muy delicados golpes en la espalda para aliviar la presión que le causaba el mayor de los Greene. Beth y Maggie se reían discretamente al fondo de la habitación, mientras que Julie iba a darle la enhorabuena, como si acabaran de anunciar que se prometían.
Hershel no dijo nada, ni para dar la "bendición" a lo que fuera que tenían, ni para objetar. Sin embargo, cuando su niña se acercó a él para darle un beso en la mejilla, él sonrió con dulzura, acercando más a su hijita hasta que casi estuvo en su regazo, como cuando era pequeña.
El anciano se acercó a Daryl, cuando ya se marchaba con Maggie. Beth se despidió de él con un suave beso en la mejilla, procurando no tentar su suerte demasiado.
—Hijo, ¿podemos hablar? —le dijo el hombro, apoyando una mano en su hombro. Daryl asintió, al tiempo que Maggie se dirigía al coche discretamente, esperando a que terminaran su charla—. Será solo un momento.
Pero Hershel se dirigió a la mecedora del porche y se sentó, dejando escapar un quejido al hacerlo. Agitó la mano, en un intento de quitarle importancia, cuando Daryl frunció el ceño en preocupación.
—No es nada, no es nada —le aseguró él, señalando a la mecedora que había a su lado. Daryl se sentó y esperó, como si fuera un alumno al que el profesor va a dictar su castigo—. Supongo que no tiene sentido andarse por las ramas, Daryl.
—No—afirmó Daryl.
—Dios tiene maneras curiosas de enseñarnos el camino —Daryl se preguntó si aquello era una excusa para evangelizarle, pero se cuidó de hacer comentarios—. Conocí a Josephine cuando tenía casi treinta años. Ella tenía diecinueve. Jamás olvidaré la charla que me dio su padre. Fue un aviso en toda regla: le hacía daño a su niña, y él probaría su escopeta conmigo.
Daryl tragó en grueso.
—Josephine me dio tres hijos maravillosos y me salvó de las profundidades de una botella de whisky antes de irse con Él. Y me pregunto qué habría pasado si hubiera pasado si me hubiera acobardado ante su padre, si hubiera temido que aquello no llegara a ningún lado. Seguramente ninguno de los dos estaríamos aquí hoy… mi Bethy no estaría aquí. Los caminos del Señor son misteriosos, Daryl, y no siempre fáciles de entender. Pero estoy seguro de que algún día, Él me hará comprender. Dios es generoso y me dio tres hijos, pero ahora tengo cuatro.
Hershel alargó la mano y le apretó el hombro.
—Eso no significa que yo no pueda usar la escopeta —dijo, alzando una ceja—. Cuídala.
Daryl asintió enérgicamente, sin saber qué contestar. Se puso en pie, le estrechó la mano a Hershel y se metió en el coche, tratando de deshacer el nudo que tenía en la garganta. Maggie le miró unos segundos, pero no dijo nada. A veces el silencio es más confeso que las mismas palabras.
¡Prometo que he intentado mantener el ritmo de un solo cap al día hasta el domingo, pero es que me gusta taaanto actualizar...! Además, no sé si mañana tendré tiempo, así que aquí está.
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