Nota de autora: Antes de empezar con el capítulo final quisiera dar las gracias a todas las increíbles personitas que han dejado reviews a lo largo de los capítulos, que han puesto esta historia en favoritos, que la han seguido... lo cierto es que no esperaba que lo leyera casi nadie, y cada vez que veía una notificación en Gmail se me iluminaban los ojillos y pensaba "¿cómo ha ocurrido?". Así que quisiera daros las gracias a todos los que lo han leído y apoyado hasta el final. Este capítulo es para vosotros. ¡Sois los mejores!

Y ahora, paso al capítulo:


Faltaban dos días para la boda de Maggie y Glenn, y Daryl decidió que era buen momento para ir a hablar con su jefe. No es que fueran a mudarse inmediatamente después de que los novios se marcharan para la luna de miel, pero sí poco después. Le costó más de lo que estaba dispuesto a admitir: había llegado a tenerle aprecio al único jefe que no le había explotado ni le había dado la patada a la primera de cambio, y dudaba encontrar a otro jefe como él en Nueva York.

Conforme fue pasando el día, se sorprendió de lo mucho que le estaba costando darse cuenta de que su estancia en Atlanta era temporal. De pronto, todo lo que le parecía trivial y común era valioso. El bosque de Georgia, siempre familiar, siempre dispuesto a dejarse explorar; los lugares a los que solía ir, la granja de los Greene, los bares a los que iba con Maggie, e incluso el supermercado al que iba a hacer la compra.

Se encontró a sí mismo pensando en todas las cosas que había en Georgia y que no había en Nueva York. Para empezar, el clima: Beth le había advertido que no era nada en comparación al calor que solía hacer por allí. Daryl no era un hombre demasiado friolero, pero la idea de la nieve no le hacía mucha gracia. Estaba acostumbrado al frío húmedo que te calaba hasta los huesos, pero la mayor parte del año lo que reinaba era un calor que le hacía sentir vivo, un calor que le recordaba que vivía en el puto sur de Estados Unidos cada noche, mientras dormía con la ventana abierta con la esperanza de que entrara un poco de frescor. Cada verano se había quejado de aquél calor que le dificultaba dormir, y ahora, el pensar en que tendría que cerrar las ventanas le hacía sentir una extraña morriña.

Sí, definitivamente se estaba volviendo loco. Casi podía oír a Merle riéndose de él.

Beth le llamó a la hora de comer y tuvieron una charla que, aunque tranquila, parecía evitar todo lo posible el tema de Nueva York. Él quería no pensar demasiado en todo aquello. Sí, era un sureño que nunca había dejado su tierra natal y jamás se había sentido demasiado avergonzado de ello hasta el momento en el que a Beth se le escapó mencionar algo sobre el avión para ir hasta allí.

— ¿Avión? ¿No podemos ir en moto?

—Daryl, son doce horas conduciendo —le dijo ella. Y la morriña volvió a caer sobre él con todo su peso.

Hershel le llamó y le invitó a cenar, y a la hora acordada, cogió su moto y se dirigió hasta la granja de los Greene. Una pequeña y ridícula preocupación le atacó de pronto. No le apetecía ser el único sin pareja de la cena, exceptuando al anciano, por supuesto. Estaba más que acostumbrado a estar solo, pero no le apetecía tener que aguantar ver a las parejitas mientras su Beth estaba a cientos de kilómetros de distancia.

A mitad de la cena, Shawn carraspeó.

—Julie y yo tenemos noticias —Daryl notó la mirada llena de ilusión de Maggie desde el otro lado de la mesa—. ¡Vamos a ser padres!

Maggie se levantó de un salto para abrazar a Julie, ambas soltando grititos de felicidad. Hershel se puso en pie y abrazó a Julie y a Shawn. Daryl hizo lo propio y se vio envuelto de nuevo en uno de los asfixiantes abrazos del hombre, antes de que Julie le estrechara con bastante intensidad.

— ¿Pero cómo vas a tener un hijo si tú eres un crío? —se burló Maggie, revolviéndole el pelo a su hermano. Daryl se sintió ligeramente fuera de lugar, en aquella celebración tan familiar en la que debería estar Beth y no él, pero sabía que no podía marcharse así de pronto.

Se fijó en Julie. No era una chica fea en absoluto: tenía una figura alta y grácil, con los pómulos altos y unos ojos azul oscuro con largas pestañas, con el pelo de color castaño hasta los hombros, pero se dio cuenta de que la cara le resplandecía como si tuviera una hoguera en la cabeza, un signo inequívoco de su estado. Recordaba que una vez Merle le había dicho algo sobre las embarazadas. Algo así como que brillaban, de "cómo se ponían" antes de que les saliera la tripa, y de lo mucho que le gustaría probar a alguna. Daryl había desconectado tras eso, pero el recuerdo aún permanecía en su mente. No puedo evitar preguntarse cómo podría resplandecer más Beth si estuviera embarazada. Ella ya era luz en estado puro.

Sacudió la cabeza y decidió no darle más vueltas al asunto.


— ¡Daryl, es para ti! —gritó Patricia, haciéndose paso entre la multitud, con el teléfono en alto. Daryl apartó la vista de la ventana, desde la que veía llegar a los casi doscientos invitados, y se giró para cogerlo.

— ¿Sí?

— ¿Daryl? —Reconoció la voz de Beth en seguida—. Daryl, ya-

El ruido ensordecedor de la gente le impedía entender lo que decía.

— ¿Qué? Espera —gruñó, abriendo de golpe la puerta del baño. Cerró y echó el pestillo para evitar interrupciones—. ¿Dónde estás? La boda va a empezar ya y tu hermana se va a quedar manca si sigue comiéndose las uñas así.

—El vuelo se ha cancelado —exclamó. Parecía como si estuviera muy agitada—. ¡Oiga, pero tiene que haber algo que pueda hacer! Espera un segundo, Daryl.

Oyó que tapaba el micrófono y al instante volvió a ponerse.

— ¿Cómo que se ha cancelado?

—Dicen que tardará unas tres horas más o menos. No pueden hacer nada —explicó ella.

—La boda empieza en media hora —restalló Daryl.

— ¡Ya lo sé, no me presiones! —replicó ella, con la voz chillona por el nerviosismo.

— ¿No puedes venir conduciendo?

—Para cuando llegue Maggie y Glenn ya tendrán nietos —contestó Beth, suspirando—. Me parece que voy a llegar para el banquete…

Daryl se sentó en el retrete, hundiendo la cabeza entre las manos.

— ¿Daryl, estás ahí?

—Sí, sí, estoy aquí —respondió al cabo de unos segundos—. Entonces, ¿tres horas?

—Como máximo —confirmó ella—. Lo siento, amor.

—Deberías sentirlo, mi novia va a morir en manos de su hermana —consiguió hacerla reír, y su preocupación se desvaneció un poco.

—Intentaré llegar lo antes posible. Secuestraré un avión si hace falta —bromeó ella. Daryl no pudo hacer más que reír ante la imagen de la diminuta Beth en vestido y tacones amenazando a un tío que le doblaría en altura con clavarle un cortaúñas si no la llevaba de vuelta a casa—. Resérvame un baile e intenta no llevarte a todas las damas de honor mientras estoy fuera.

—Tranquila, todas tienen siete años—dijo él. La oyó reír antes de colgar, pero él sólo pudo esbozar una sonrisa cansada. Suspiró y se levantó. Ya no había nada que hacer.

Salió del baño para buscar a Maggie y decírselo en persona, pero se topó con Glenn, cuya cara había adquirido un peligroso color verde. El chico salió disparado hacia atrás al golpearse contra él, y Daryl le sujetó para evitar que se cayera.

—Eh, cuidado —le dijo, pero se detuvo al comprobar que parecía estar a punto de vomitar—. ¿Qué pasa?

—Son los… nervios —dijo, mientras tragaba dificultosamente. Se pasó la mano por la frente y le miró—. ¿Sabes cuánta gente hay ahí fuera?

—Vaya, no me digas que te vas a echar atrás, Rhee —dijo Daryl. Glenn sacudió la cabeza.

—No es eso, es que… son doscientas cincuenta personas, tío. Mi familia estará ahí mirando, su familia, gente que no conozco de nada… no sé si puedo hacerlo delante de tanta gente. Tenía que haberle hecho caso cuando me dijo que nos casáramos en Las Vegas.

Daryl contuvo una carcajada. Lo cierto es que le encajaba mejor aquello que esa boda tan llena de desconocidos. El único motivo por el que no se rio fue porque temía que Glenn fuera a echarle la pota encima. Además, el pobre le daba un poco de lástima.

—Eh, relájate —le dio una palmada en la espalda—. Eh… yo no soy experto en eso, pero…

—Oh, ¿tú crees? —dijo él con sarcasmo.

— ¿Quieres el consejo o no? —replicó agriamente. Glenn asintió, musitando un "perdona", al tiempo que se apoyaba en la barandilla—. Tú mírala sólo a ella. Mira a Maggie y olvídate de los demás.

—Eso es más fácil decirlo que hacerlo.

—Es vuestra boda, ¿no? —dijo, antes de darle una última palmada en la espalda y alejarse. Sabía que era un inútil total aconsejando a la gente, y más cuando se trataba de cómo lidiar con las multitudes, pero valía la pena intentarlo.

Por fin, encontró a la mayor de las hermanas Greene frente al espejo, rodeada de un montón de chicas que no paraban de decir "ooh", de soltar grititos y limpiarse las lágrimas mientras le decían lo preciosa que estaba.

Y lo cierto es que Daryl no pudo hacer más que dejar que la mandíbula se le descolgara al verla. Llevaba un vestido largo y vaporoso palabra de honor, y el velo le caía con gracia sobre el pelo, cuidadosamente peinado hacia atrás, con unos pocos mechones en el rostro. Se giró al verle aparecer por el reflejo.

—Bueno —comenzó, extendiendo los brazos—. ¿Qué te parece?

—Ostia puta —soltó sin poder evitarlo. Las demás chicas le miraron como si tuviera dos cabezas, pero Maggie se echó a reír.

—Gracias —respondió, halagada—. ¿Has visto a Glenn? No le encuentro.

—Sí, está a punto de darle un ataque de epilepsia —explicó con naturalidad—. Pero venía a decirte otra cosa. En privado —añadió. Maggie pareció sorprendida.

—Eh… claro. Chicas, ¿os importa dejarnos un momento? —las demás asintieron antes de salir de la habitación. Una vez la última hubo cerrado la puerta, sonrió nerviosamente—. ¿Qué pasa? No me asustes, Daryl.

—Beth no va a poder llegar a tiempo —lo soltó de golpe, pensando que quizás le dolería menos, como cuando quitas una tirita, pero sin darse cuenta de que para aquél asunto quizás hacía falta un poco más de tacto.

Primero abrió los ojos de golpe, luego frunció el ceño, y después su cara se contrajo en una mueca de ira.

—No.

—Lo siento.

— ¡Daryl! —gritó—. ¿Cómo ha pasado?

—Se ha cancelado su vuelo —explicó, sintiéndose ligeramente amenazado por la chica, que parecía estar a punto de explotar como un petardo.

— ¡No me lo puedo creer! —soltó, girándose—. ¿Y ahora de dónde saco yo a mi dama de honor?

—Dice que llegará a tiempo para el banquete —logró añadir, aunque se arrepintió al instante. Parecía un novato: decirle cualquier cosa a Maggie cuando estaba cabreada era un aliciente más para enfadarla hasta límites impensables para cualquier otra persona.

—Oh, estupendo —soltó, la ironía empapando su voz—. Necesitaré una dama de honor para cortar la tarta.

Suspiró y se sentó en la cama. Daryl se quedó allí plantado, sin saber muy bien qué hacer.

— ¿Pero en qué estaba pensando? —Gimoteó, con la cara enterrada en sus manos—. Yo sólo quería una boda tranquila. Sólo tendríamos que estar Glenn y yo, y como mucho su familia y la mía. Tú, Beth, Julie, Shawn, mi padre, sus padres y sus hermanas, Beth, Patricia, Otis… ésos serían todos. No entiendo por qué hemos invitado a toda esta gente.

—Bueno… —empezó Daryl—, al menos tendrás más regalos de boda.

Maggie levantó la vista para mirarle, y de pronto, estalló en risas. Era una risa nerviosa y casi histérica, pero al menos era mejor que su furia, y al poco Daryl se encontró riendo con ella. Fue casi como volver a los viejos tiempos, a aquellas noches en las que eran sólo ellos dos y un par de cervezas para charlar de cualquier cosa.

Parecía haber pasado una vida desde entonces.

Maggie se puso en pie y, sin previo aviso, le abrazó.

—Y pensar que eras sólo el paleto que le pegó una paliza al capullo de mi ex novio —dijo, como si pudiera leerle el pensamiento—. Y ahora fíjate, todo elegante en tu trajecito nuevo.

Daryl se sintió enrojecer, haciéndola reír aún más.

—Ahora eres mi familia —continuó, algo más seria. Se acercó y le dio un pequeño beso en la mejilla—. Siento que Beth no pueda estar. Soy tan egoísta… tú también te fastidias.

—Es tu boda, creo que te has ganado el ser un poco egoísta —ella murmuró algo en respuesta—. Da igual, al menos llegará a tiempo para el banquete.

—Entonces no es tan malo, ¿verdad? —él negó con la cabeza, al tiempo que empezaba a sonar la música desde el piso de abajo. Maggie puso una mueca de horror—. Oh, no.

—Siempre puedes salir por la ventana, Greene —bromeó, antes de que ella le pegara un pequeño puñetazo en el brazo.

—No pienso rajarme, Dixon —afirmó—. Si me disculpas, mi futuro marido me espera abajo.

Puso cara de digna mientras él le lanzaba una cara que le decía claramente que no se tragaba ese papel de damisela, y salió con la cabeza bien alta hacia las escaleras. Suspiró y la siguió.

Iba a ser una boda difícil de olvidar.


El enorme terreno que rodeaba la granja de los Greene era lo suficientemente grande como para albergar a todos los invitados, así que habían colocado cientos de sillas ordenadas cuidadosamente frente al "altar" en el que Glenn y Maggie pasarían a ser marido y mujer. Los regazados se apresuraron en coger un sitio y la gente dejó de hablar mientras Maggie repasaba que todo estuviera en perfecto estado antes de salir ahí, siendo rodeada por el mismo corrillo de chicas de antes. Glenn parecía una estatua, con las manos temblorosas y una expresión de nerviosismo pintada en la cara, pero al menos ya no parecía estar a punto de vomitar.

Daryl comenzó a andar hacia la última fila para sentarse cuando lo oyó. Era como el ruido de unos neumáticos entrando a toda velocidad en la propiedad de los Greene. Un sonido como aquél se oía en cualquier parte, y más si la gente estaba en silencio. Todas las cabezas se giraron para ver aparecer por la curva que daba paso a la granja un viejo Ford llegando hasta la entrada.

Daryl casi no podía creer lo que estaba viendo: a Beth, con los tacones en una mano saliendo del coche, antes de decirle algo al conductor y salir corriendo hacia donde estaban. Las doscientas personas que había allí, los novios y la orquesta incluidos, se quedaron mirando a la pequeña rubia llegar casi sin aliento hasta la parte trasera de los asientos, con el vestido oscilando de un lado hacia otro al ritmo de sus pasos acelerados.

—Beth —exclamó, demasiado impresionado para decir nada más. Ella se paró en seco y le sonrió, pero no tuvo tiempo de acercarse, porque Maggie ya la estaba estrujando con todas sus fuerzas, casi al borde de las lágrimas.

— ¡Te odio, te odio, te odio! —Decía, mientras la apretaba más y más—. Creí que me habías dejado tirada, ¡eres la peor dama de honor de la historia y una hermana horrible!

Pero Beth sólo reía, devolviéndole el abrazo mientras trataba de secarse las lágrimas. Le dijo algo y Maggie asintió, antes de que emprendiera su camino al altar. Beth se puso los tacones y se dirigió disimuladamente hasta su sitio, no sin antes darle un cariñoso apretón en el trasero a Daryl al pasar por su lado. De nuevo sin habla, no pudo hacer más que observarla mientras iba a ocupar su puesto al lado de la novia.

Y allí plantada, despeinada por la carrera, con las mejillas encendidas por el esfuerzo y los pies llenos de polvo, le pareció la chica más guapa de toda la boda.


Una vez el sacerdote dijo "puedes besar a la novia" y Glenn envolvió cálidamente a Maggie, que para entonces ya lloraba, todos se levantaron para aplaudir y felicitar a los recién casados. Sin embargo, Daryl hizo una ruta algo distinta, buscándola a ella.

Fue casi como si ella leyera sus pensamientos, porque pronto se encontraron en mitad de la pista de baile que habían montado en el terreno de los Greene, quietos, mientras el resto seguía moviéndose, ajenos a su encuentro.

—Siempre tienes que ser un terremoto, eh, Greene —musitó, antes de que ella sonriera y se lanzara a sus brazos sin pensarlo—. Pensaba que tu vuelo se había cancelado.

Beth sólo sonrió, antes de colocarle las manos en la cintura, rodearle el cuello con las suyas propias y empezar a moverse al compás de la música.

—Bueno… digamos que he tenido suerte —dijo misteriosamente. Daryl frunció el ceño, confundido.

— ¿Suerte? Beth, ¿qué has hecho? ¿No habrás secuestrado un avión de verdad? —Beth se echó a reír.

—Creí de veras que no iba a llegar a coger el vuelo. Le estuve dando muchas vueltas, pero al final me he decidido y eso es lo importante. Y ahora estoy aquí, contigo —y le acarició la nuca con el pulgar.

— ¿Beth? —dijo él, confundido.

— ¿Sí? —murmuró ella distraídamente.

— ¿De qué estás hablando?

Beth le miró y se echó a reír.

—No he aceptado el trabajo —dijo, antes de acercarse para abrazarle. Él se quedó en shock unos segundos, y luego se apartó. De nuevo, eran los únicos quietos en la pista de baile.

— ¿Cómo que no? ¿Por qué no?

—Estuve pensándolo mucho. He estado a punto de aceptarlo, pero al final he hablado con Amy y ella lo ha entendido perfectamente. Quiero graduarme en la universidad de Atlanta, y mudarme contigo, pero no en Nueva York, lejos de nuestra familia y de nuestros amigos. Quiero poder ir a ver a mis sobrinos sin tener que coger un avión, y quiero poder dar clases de música aquí, y no creo que en Central Park dejen entrar a tipos con ballesta en busca de ardillas—Daryl soltó una risa ronca, y ella le miró con una sonrisa burlona—. Además, sé de sobra que te dan miedo los aviones.

Daryl se la quedó mirando con los ojos muy abiertos antes de resoplar y atraerla hacia él con fuerza.

—Yo no lo tengo miedo a nada, Greene —susurró en su oído. Sonrió al notarla estremecerse.

—Seguro que no —concedió ella, con el rostro a escasos centímetros del suyo. Daryl estuvo a punto de inclinarse para besarla, pero entonces ella se echó hacia atrás, con el ceño fruncido—. Pero una cosa más.

— ¿Cuál? —dijo él, demasiado distraído con la visión de sus labios, tan suaves e incitantes. Ella le tocó la barbilla y él la miró a los ojos.

—Tienes que enseñarme a usar a la ballesta —respondió ella, con un tono que aseguraba que iba totalmente en serio. Daryl rió y la rodeó por la cintura, atrayéndola más hacia sí para seguir girando al ritmo de la música.

—Trato hecho —aceptó Daryl, antes de inclinarse para besarla.


Oh. Dios. Mío. Creí que nunca iba a terminarlo. Es la primera vez que termino algo largo en mi vida y no estoy segura de que me encante o no, pero al menos es un paso. Los que me sigáis en Tumblr quizás sabréis que he estado agobiada por la longitud de este fanfic durante mucho tiempo. Lo empecé hace unos meses, pero he tardado en acabarlo porque he estado liada. Además, pretendía ser un one-shot corto que empezaba justo cuando Glenn y Maggie se prometían y ella llegaba tarde la boda y bueno… se ve que me dejé liar demasiado.

¡Espero que os haya gustado! ¡Gracias por leer, y por favor, dejad un review! ¡Un abrazo!