PaRALLEL x CrosseD.
6. It Hurts…
Since I trusted you, I gave you my everything
You threw it away
I'm gonna be Ok, baby Without U
I will rise up, I will live on
Everything happens for a reason
I was deceived every day
I didn't know what kind of person you were
You don't know what love is
Why did you do this to me?
Why the hell did you do this to me? You made me cry
Was it worth throwing away everything we had had?
The time we spent together and the
time we could be together
Don't you miss? Don't you Care?
Are you OK without me?
2PM – Without U
Sora y Yamato continuaron con su teatro, para alivio de todos, ninguna de sus admiradoras más alocadas intentaron hacerle daño a la pelirroja, ¿sería una señal de que respetaban la decisión del rubio? ¿O quizás estarían preparando algo…? En verdad no importaba, al menos para ellos, ese no era el tema central de su comedia.
Por órdenes expresas de Mimi, la pelirroja le había hecho un almuerzo a su novio, lleno de motivos amorosos que ponían en vergüenza tanto a la cocinera como al consumidor.
"¿De verdad tenemos que hacer esto?" – susurró Yamato para que sólo ella lo escuchara mientras acercaba el rostro.
Sora agarró los palillos para empezar a darle de comer – "Según Mimi, esto es lo que toda pareja de enamorados debe hacer. Así que, traga y calla" – acto seguido, tomó una vienesa con forma de pulpo adornado con ojitos de corazón (o al menos el intento) – "Di Aaah"
Yamato sintió que estaba haciendo el ridículo más grande de su vida, esperaba que su plan resultara o él mismo iría a decirle unas cuantas verdades al despistado de su amigo, aunque Sora terminara sin hablarle de por vida.
Debido a que no estaba prestándole atención a la pelirroja, ésta terminó dándole de comer a su mejilla derecha. La vergüenza se apodero de ella, y sin querer giro levemente el rostro para comprobar si Taichi no había sido testigo de su error. No obstante, el rubio alcanzó a frenarla justo a tiempo, al atajarle el rostro entre las manos.
El rubio se acercó lentamente provocando que su novia sudara a mares al no saber qué se proponía. Cerró los ojos esperando lo peor (no era que Yamato le pareciera feo pero…) y escuchando el creciente murmullo de sus compañeras al fondo. El ojiazul se detuvo justo cuando sus narices se tocaron, dada la perspectiva podían fácilmente hacer creer a los demás que se estaban besando.
"Tienes que mantenerte firme" – murmuró él en una voz casi inaudible.
Sora abrió los ojos lentamente, pestañeando con calma a modo de afirmación. Sus rostros tomaron distancia a medida que la mano del rubio dejaba una caricia en su mejilla. Los gritos de fondo no se hicieron esperar, pero para la pelirroja esos no eran más que bulla en off. Las dudas la atacaban, ¿estaría haciendo lo correcto? ¿Estaría bien recurrir a un engaño para llamar la atención de él?
A lo lejos, Taichi almorzaba unos bocadillos de la cafetería en compañía de Mimi, en primera instancia tenía planeado comer con otros de sus amigos, pero la pelirosada había insistido, de manera tajante, que él se quedara junto a ella. Notó enseguida que los ojos del castaño deambulaban por el salón hasta posicionarse en la nueva pareja.
Sonrió triunfante – "¿Celoso?"
Pestañeó un par de veces – "¿Tú también con lo mismo?" – se terminó el último panecillo de un bocado, se limpió los dedos con la lengua antes de hacer el ademán de retirarse. Mimi lo tomó del brazo a tiempo.
"¿Piensas dejarme comiendo sola?" – preguntó en evidente tono de reproche, pero lo suficientemente bajo para que los demás no lo notaran. Aunque Taichi era su amigo, no estaba dispuesta a pasar vergüenzas por su culpa. No, antes muerta que escuchar comentarios en el pasillo sobre cómo el castaño la había dejado abandonada, porque ella también tenía su orgullo, algo grande en verdad.
Taichi miró a la pelirosada, y por unos segundos pilló a Sora observando en su dirección, sin saber bien qué hacía, atrajo a Mimi hasta él. Bajo el rostro para susurrarle al oído, pero lo suficientemente fuerte para que ella los escuchara.
"¿Y si vamos a otro lugar, los dos solos?" – Desconcertada por el arranque del castaño, Mimi no tuvo tiempo para reaccionar, por ello, antes de que pudiera hacer algo al respecto, él la tomó de la mano y la llevó fuera del salón.
Sorprendida, Sora se levantó de su asiento provocando que su silla cayera estrepitosamente, quedándose ahí, petrificada al ver una faceta que no conocía en el castaño. Yamato rodeó la mesa hasta situarse frente a la pelirroja, tomó su cara entre sus manos para obligarla a que lo mirara a los ojos.
"¿Estás bien?" – por supuesto que no lo estaba, podía notar perfectamente que luchaba por no perder la compostura. Era la primera vez en años que veían a Taichi tomar la iniciativa románticamente hablando. Su último noviazgo serio fue a los 16 con una jovencita bastante divertida, quien se le había declarado en pleno horario de clases frente a todo el salón.
Moviendo la cabeza, quitó las manos de Yamato, pidiéndole perdón antes de salir de la sala. Las cosas estaban tomando rumbos que no habían imaginado. Y si no fuera porque tenía que aparentar serenidad frente a su amiga, el rubio ya habría salido detrás de la extraña pareja.
"Tai… ¡Taichi! ¡YAGAMI TAICHI SUELTAME EN ESTE MISMO INSTANTE!" – chilló molesta luego de ser arrastrada por todo el campus, como la damisela que era no se merecía un trato así.
El castaño la soltó lentamente, tanto que Mimi pudo percatarse de lo suave que eran sus dedos: ¡Momento! No era la ocasión ni el lugar para soñar despierta. Carraspeó para llamar la atención de su secuestrador, quien se volteó pero sin levantar la vista del suelo.
"Lo siento…" – murmuró bajito, mirándola a los ojos pero con la cabeza gacha. Inevitablemente, la pelirosada pensó que Taichi también tenía un lado bastante adorable.
Tosió una vez más para dejar de imaginarse bobadas, ¿sería la falta de novio lo que la tenía así? – "¿Y me dirás qué fue ese arranque? Aunque pensándolo mejor, no te podría culpar si te has enamorado perdidamente de mí" – giró la cabeza a lo comercial de shampoo. Lamentablemente, Taichi parecía ser inmune a ese tipo de coqueteos, pues alzó las cejas aunque por motivos distintos.
"No te lleves una idea equivocada… simplemente eras la que estaba más cerca" – se encogió de hombros esperando no haber sido demasiado sincero.
Mimi sintió una venita palpitarle en la sien pero la ignoro sólo por su amiga – "Ya, entonces está claro que intentabas sacarle celos a Sora" – el castaño desvió la mirada mientras ocultaba sus manos dentro de los bolsillos del pantalón – "Te gusta, admítelo" – escupió sin pensárselo dos veces, con la cabeza latiéndole a 1000 ante la posible respuesta de su interlocutor: podría conseguir abrirle los ojos, o en su defecto, escuchar algo que arruinaría todos sus planes, y a su paso, su amistad con la pelirroja también.
Taichi negó rotundamente aún sin mirarla – "Sora es la novia de mi mejor amigo. Sería inconcebible que yo estuviera enamorado de ella, menos pensar en quitársela, jamás le haría eso a Yamato, antes muerto" – respondió tajante.
Maldición. Mala respuesta. No había considerado que las cosas podían tornarse de esa manera.
"Piénsalo bien... y si…" – tragó con dificultad antes de continuar, tenía que ser cuidadosa con sus palabras por una vez en la vida – "¿Y si a Sora también le gustas?"
Mal, muy mal. Taichi abrió los ojos en par escandalizado – "¿De qué hablas? Si fuera así no se habría puesto a salir con Yamato"
"Bueno... pero… uh…" – revelar sus planes podría poner a la pelirroja en un peor escenario. Taichi rió al ver la expresión atribulada de su rostro, le desordenó el cabello para molestia de la pelirosada – "¡Me vas a arruinar el peinado!" – se quejó.
"No sé de dónde sacas esas ideas pero Sora escogió a Yamato. Y su elección fue la correcta, él… él siempre…" – calló de pronto mientras se paseaba el dorso de la mano por la boca, ¿qué demonios estaba pensando?
A diferencia de lo que muchos pueden creer de ella, a Mimi no le pasó por desapercibido su gesto. Le tocó el brazo ligeramente para llamar su atención – "¿Yamato qué...?" – susurró sin quitarle la vista.
El castaño se paseo la mano por su revoltoso cabello antes de suspirar pesadamente. Ese aire ingenuo que tenía ella solía invitar a la gente a ser sincera, era un poder increíble que su sola presencia desataba – "Yamato siempre obtiene lo que quiere… no es de extrañar que Sora se haya enamorado de él. Es lo mejor para ella que terminen juntos…"
"¿Por qué te estás comparando con Yamato? Los dos tienen sus virtudes y defectos"
"Tú también caíste por él"
"¿Y qué importa? ¿Qué importa si tiene 10 o 10.000 fans? Quien debería de importante es Sora. ¿Acaso ella te lo ha dicho? ¿Te ha confesado con todas sus letras que le gusta Yamato?"
Taichi se quedó en silencio, pero cuando Mimi creía estar ganando esa discusión, el moreno le dedicó una sonrisa ladeada, con un dejo de tristeza – "No soy tonto. Me he dado cuenta desde hace tiempo que ella tiene un favorito" – tomó aire mientras miraba al cielo con nostalgia – "Siempre lo saluda a él primero y cuando me saluda a mí, hay veces en que no me mira a los ojos"
«Cuando te ve, se pone tan feliz que para ocultarlo intenta ignorarte» pensó ella.
"En San Valentín le dio un chocolate a Yamato. Yo tuve poco menos que rogarle para conseguir un trozo"
«Tenía uno para ti, gigante porque eres un glotón y más encima ¡casero! Pero le daba tanta vergüenza entregártelo que tuvimos que comerlo entre nosotras para no botarlo. Casi sufro un shock diabético por tanto azúcar»
La risa del castaño la alejó de sus quejas, bajo la faceta avergonzada se ocultaba cierto tinte de tristeza – "No sé por qué estoy recordando estas cosas…" – soltó mirando al cielo. Mimi comprendió lo mucho que se habían equivocado al pensar que Taichi era un tonto… quizás hace cuanto que esas ideas le daban vueltas en la cabeza, quizás hace cuanto que se había dado cuenta que Sora era distinta para él. Definitivamente, no estaba cegado a ella como mujer, pero algo le impedía abrir esa puerta… esa caja fuerte donde ocultaba sus sentimientos, porque no era posible, porque ellos eran amigos, porque ante todo eran 3 y no dos. Y ahora… ahora todo cobraba sentido desde otra perspectiva: "tenía razón… después de todo era él… siempre él" pensaría, agradeciendo el no haberse atrevido a usar la llave. Enterraría el baúl en el fondo de sus sentimientos, muy al fondo…
Un suave viento jugueteó con sus cabellos, la helada sensación de éste pareció sacarlos de sus pensamientos, Yagami le dedicó una última sonrisa antes de alejarse, diciéndole que olvidara todo lo que había sucedido. Mimi no pudo evitar sentir cierto alivio al verlo irse, ni siquiera se molestó cuando él la dejó sola. Es más, al momento que él abandono su campo de visión, se tiró al suelo agarrándose la cabeza, ¡malditos dramas que le hacían creer que las cosas podían resultar más fáciles! ¡Malditos personajes sin escrúpulos que no pensaban antes de besar a la novia de su mejor amigo! Si Sora se enteraba ¡la iba a matar…!
Bastante ingenua había sido al dárselas de grande en el campo de las emociones humanas, si hubiera sido más atenta podría haberse dado cuenta de lo que ocurría en la cabeza del castaño… sin embargo, recordó de pronto que por esos días, ella tampoco lo estaba pasando muy bien.
Tiempo después, Yamato la encontró en el área de juegos de los más pequeños, le entregó su almuerzo sin terminar creyendo que estaría hambrienta. Ella le agradeció el gesto, en realidad no había tenido oportunidad de pensar en ello.
"No debiste haberte dejado arrastrar por Taichi, Sora está destrozada" – le dijo pero sin ánimo de recriminarle.
"No tengo la culpa, después de todo nunca me dijiste que Taichi podía actuar así, tan varonil" – replicó sin ánimo de nada.
"Mimi, te recuerdo que soy HOMBRE"
"¿y?" – Yamato la pulverizó con la mirada pero ella no se dio ni por aludida, tenía otras cosas en mente – "Si no fuera porque a Sora le gusta, creo que intentaría ligar con Taichi" - ¿Sería que con eso lograría de alguna forma purgar sus culpas por no darse cuenta de lo que pasaba por la cabeza del castaño?
La sinceridad de Mimi lograba descolocarlo a veces, en realidad, la mayoría del tiempo – "No lo dirás en serio" – Sus pupilas rodaron inocentemente en dirección contraria a la de su rubio amigo – "Mimi" – dijo en tono severo.
"¡Ay! Yo también merezco encontrar a mi príncipe azul" – replicó con los brazos en jarra. Alivianar el ambiente era lo mejor que podía hacer en ese momento.
"Pues te recuerdo que ya lo tuviste y lo dejaste escapar" – Era extraño e increíble a la vez, que a pesar de la ruptura que sufrieron, podían seguir hablando como dos buenos amigos, como si nada hubiera pasado, como si en esos días, ninguno de los dos hubiera dado indicios de retomar lo que ya no eran. Era extraño e increíble, saber que podías bromear con ella, hablar de ciertos temas que resultarían incómodos para otros… sin embargo, ¿sería así? ¿No estarían simplemente huyendo bajo la excusa de una sonrisa? ¿De una plática casual?
"¿Quién?" – La voz de la ambarina lo sacó de sus pensamientos. El ojiazul nuevamente entrecerró los ojos y recordó una de las tantas razones por las cuales decidieron dejar su relación – "¿Qué?" – Esta vez sí se dio por aludida – "Bueno, tengo que decirte que Taichi no quiere aceptar que puede que le guste Sora porque piensa que poco menos sería una traición a su amistad"
"Sora nos va a matar" – sentenció.
La pelirosada se agarró una vez más la cabeza desesperada – "También lo pensé, pero suena peor cuando otra persona también lo dice, ¿qué vamos a hacer?" – preguntó exasperada.
Como parte de una coreografía, ambos colocaron sus manos bajo el mentón en tono pensativo, a ver si algo surgía. Aunque para ser honestos, luego de otro desastroso plan no estaban seguros de si la pelirroja querría escucharlos…. No, estaban seguros de que ella no les dirigiría la palabra por meses; no, en realidad, su enojo se pasaría rápidamente porque era del tipo comprensivo, sin embargo, a ellos les quedaría para siempre en la conciencia. Definitivamente, no podían dejar las cosas así.
Cuando dio lugar la campanada que avisaba la hora del último receso, Miyako tuvo que usar todas sus fuerzas para detener a Daisuke, quien estaba dispuesto a propinarle la paliza de su vida a ese «rubio estúpido».
Takeru ni se inmutó por los insultos que él le tiraba a lo lejos y comenzó a caminar sin rumbo fijo por los pasillos del colegio hasta llegar a un área desierta, era el sector dedicado a los clubes que no operaban si no hasta la hora de salida.
De pronto, uno de los muros captó su atención, se puso enfrente y lo observó largamente. Tenía unas ganas terribles de golpearse la cabeza con él.
"Yo que tú no lo haría. La pobre pared no tiene la culpa de que tú seas un imbécil"
No estaba de ánimos de hablar con nadie, quizás si lo ignoraba terminaría por aburrirse y dejarlo solo. Así que concentró toda su atención en la inmaculada pared que tenía en frente, demasiado blanca, como si estuviera burlándose de él. Luego, dirigió su mirada a sus zapatillas, para desdicha suya, los pies de Motomiya le indicaban que su indeseado huésped estaba justo detrás.
Suspirando pesadamente, decidió encararlo. Como sabía que su interlocutor era de poca paciencia, se demoró todo el tiempo que quiso en voltear a verlo. Acto seguido, se recargo en la pared, colocó ambas manos en los bolsillos de su pantalón y lo miró como quien mira a un gusano en el camino.
Daisuke apretó los puños mientras contaba hasta 10 para no lanzarse a golpearlo, tampoco se dejó intimidar por su indiferencia.
"Te advertí que si le hacías algo, no te lo perdonaría"
Takeru suspiró una vez más y se revolvió el cabello hastiado – "Hikari aquí, Hikari allá, ¿Es lo único que sabes decir?" – se despegó del muro, avanzó unos pasos para apoyar su codo en el hombro izquierdo del moreno, ambos miraban en direcciones contrarias. Luego, se acercó lo suficiente para decirle al oído: "Sabes mejor que nadie que ella jamás tendrá ojos para ti. No eres nadie, no tienes nada que a ella le pueda interesar" – Daisuke apretó los puños más fuertemente, sentía que las uñas le atravesaban la carne, pero no dejaría que la sangre se le subiera a la cabeza. El rubio sonrió despectivamente al ver sus esfuerzos por controlarse.
"No sé para qué haces tanto, sinceramente no creo que valga la pena tanto esfuerzo por alguien como ella. Podrías encontrar mujeres mucho mejores en cualquier lugar"
Lo último fue la gota que rebalsó el vaso, le daba lo mismo lo que el rubio pensara de él, pero no iba a permitir que se refiriera así a su luz. De un manotazo sacó el codo de su hombro y agarró al ojiazul por las solapas de la chaqueta.
"Atrévete a repetir lo que acabas de decir. Ninguna mujer se puede comparar a ella" – tenía el puño en alto, listo para desfigurar la angelical cara.
Takaishi no pudo resistirse y soltó una carcajada, se cubrió los ojos con una mano sin poder parar, hasta le estaban saliendo lágrimas.
"¿Qué es tan gracioso, Takaishi?" – la furia lo estaba cegando, no sabía si podría mantener la compostura.
"Eres tan ingenuo que me das pena. Hikari se ha ganado la lotería contigo, te tiene en la palma de su mano como todo un perro faldero. Daisuke, te doy un consejo como amigo, estás perdiendo el tiempo: cuando te haya usado, ya no significarás nada para ella, te desechara como quien bota la basura. Ya luego la verás engatusando a otro, después de todo es una pu-"
No alcanzó a terminar, sintió el duro puño sobre su mejilla izquierda. Cayó al suelo sentado, se masajeo el pómulo dolorido y vio que tenía sangre en la mano. Aunque contra todo pronóstico, en vez de enojarse, sintió unas ganas incontrolables por reír, esa situación era tan absurda.
Motomiya otra vez lo agarró por la camisa pero esta vez, el rubio se defendió y encajó su puño en el estómago del futbolista, quien se agarró la zona mientras intentaba recuperar el aire. Takeru lo pateo en las costillas, lo iba a patear una vez más, pero él alcanzó a agarrarle la pierna provocando que perdiera el equilibrio. Se abalanzo sobre el rubio y comenzó a darle puñetazos en el rostro, quien se defendía colocando los brazos, hasta que vio la oportunidad de encajarle un golpe en la quijada al moreno.
Lo empujó logrando separarse, y estaban a punto de seguir si no fuera porque la voz de Hikari los detuvo. La cara de Takeru se descompuso al verla, tenía los ojos vidriosos y los labios apretados, casi blancos del esfuerzo. Estaba seguro, ella había escuchado toda la conversación, absolutamente todo.
Viendo que finalmente habían parado, la castaña se acercó al de los googles ayudándolo a pararse y preguntándole si estaba bien. Pasó uno de los brazos de él por sus hombros y le indicó el camino a la enfermería, reprimiendo todo tipo de protesta. En ningún momento le dirigió la mirada al rubio, estaba demasiado dolida.
Cuando desaparecieron de su vista, el rubio se dejó caer al suelo. No entendía por qué decía lo que decía, ese no era él. Al menos no 'el nuevo' él que estaba intentando ser. Además, ¿por qué le costaba tanto aceptar las razones de la castaña? Hace unos días, él también esgrimía como excusa que no se conocían hace tanto, por lo que no era seguro que lograra sacarle nada, ni tampoco curar las heridas que tenía.
«No es eso lo único que te molesta»
Otra vez la misma voz que no lo dejaba en paz sin embargo… tenía razón. Desde el mismo momento en que los escuchó decir que él podría ser ese rayo de esperanza que la castaña necesitaba, la idea de que ella lo viera como alguien especial, de que pensara en él como un confidente se alojó en sus pensamientos. Incluso llegó a creer que podría contarle sobre ese pasado que tanto lo avergonzaba.
«Pero te defraudo, hirió tu confianza… aunque más importante, y a mí no me puedes mentir, hirió tu orgullo»
Apretó los puños, no servía de nada negarlo. Él era tan culpable como ella, sentía asco de sí mismo de sólo pensarlo, de saber cuáles eran sus sentimientos ocultos. Escuchó a la voz reír, profundo, calmado… malvado.
«Eso es, a fin de cuentas sólo piensas en ti. En tu satisfacción personal»
Se encontró a sí mismo riendo, de una forma que lo hizo estremecer por lo vacio que sonaba, sentía lástima hacia su persona. Mientras discutía con ella descubrió que la tristeza de su rechazo se mezclaba con la rabia, rabia de no poder cumplir las expectativas que sus amigos habían puesto en él… al final, actuó de la peor forma posible: canalizó toda su ira en ella.
« ¿Cómo no pudo entender lo importante que era para ti que ella cooperara? ¿Qué le costaba soltar un par de palabras? »
Cierto, muy cierto. Por culpa del egoísmo de Hikari, él ya no se atrevía a hablar con los demás, después de todo, ¿cómo les iba a explicar que su primer, y por lo visto último, intento por acercarse a ella había sido un completo fiasco? Podía ver sus miradas de decepción, de reprobación. Odiaba esa sensación.
Tras unos minutos y con un poco de dificultad se sentó en el peldaño de la escalera más cercana, se recargó contra la fría pared de concreto y hundió el rostro entre sus manos. Comenzaba a sucumbir al Takeru que odiaba; se había prometido… le había prometido que no volvería a repetir su actitud de antaño y allí estaba, nuevamente diciendo y haciendo cosas de las cuales ya se estaba arrepintiendo. Pensaba que ya lo tenía superado, pero al parecer, hay cosas que nunca se van.
"¡Hola!" – dijo una voz a lo lejos, de la que él no se percató.
"¡HOOOLAAAA!" – gritó esta vez y sonrió triunfante cuando vio que finalmente captaba la atención del ojiazul, quien levantó la vista pero para su sorpresa, no había nadie.
"¡Aquí! ¡Aquí arriba!" – se obligó a estirar el cuello ya que la voz provenía de la escalera superior contigua. Entornó la vista y vislumbró a una muchachita de su edad, de largo cabello dorado y rizos en las puntas. Sus ojos eran de un increíble tono azulado, casi celeste como el cielo y la tez tan blanca como la nieve. A cualquier se le habría escapado un suspiro ante la belleza de esa niña pero Takeru, en cambio, la miraba horrorizado. ¿Era ella? ¡Imposible! ¡Era imposible que ella estuviera aquí! Que estuviera…
"Pareciera que hubieras visto un fantasma" – dijo en un perfecto japonés, aunque el acento francés no se lo quitaba nadie.
Al escuchar bien su voz, relajó sus facciones, se había equivocado de persona – "¿Cómo te llamas? Mi nombre es Takaishi Takeru"
Al ver que él quería seguir conversando, la recién llegada bajó la escalera de dos en dos hasta llegar a sentarse un par de peldaños sobre él. Ella lo miraba de frente con ambas manos sobre las rodillas, expectante y a la vez divertida, él simplemente ladeó la cabeza sin moverse de su posición. El parecido era asombroso, pensó.
"Si me sigues mirando con esos ojos, me voy a terminar enamorando de ti" – el rubio río ante su ocurrencia, ella también – "Al fin te veo sonreír. Me llamo Catherine, un gusto." – le dio la mano para que se dieran un apretón.
"Juro que no soy una acosadora, así que espero no vayas a huir con lo que te voy a decir" – empezó, esa chica era muy peculiar. Al ver que Takeru seguía ahí, decidió continuar – "Hace días que te veo decaído, ¿a qué se debe?"
El rubio lo pensó un poco, la acababa de conocer pero ya le inspiraba confianza, tal vez porque se parecía a 'ella'. Además, no le haría mal conversar con alguien imparcial, ajeno a su círculo de amigos.
Se aclaró la garganta y empezó: "Hay una chica…"
"Yagami Hikari, ¿no?" – decía con las dos manos apoyando su cabeza y los codos sobre las rodillas.
El ojiazul sintió que se le subía la temperatura en las mejillas y se cubrió los ojos con su inseparable gorra blanca – "¿Segura que no eres una acosadora?" – preguntó por fin ya más calmado, sonriendo levemente como un niño pequeño que ha sido pillado haciendo una travesura.
Ella río jovialmente pero negó suavemente con la cabeza – "Deberías de saber que eres bastante popular, así que cualquier rumor relacionado contigo se dispersa como un virus. Escuché a unas amigas de tu clase comentando sobre el incidente de los puestos"
Él bajó la vista avergonzado, no estaba para nada orgulloso de lo que había hecho. Ella notó su súbito silencio y le dio un palmetazo en el hombro a modo de apoyo.
"Tú también lo has pasado mal" – le dijo observando sus heridas – "Deberías ir a la enfermería" – él negó, seguramente ellos dos seguían ahí y en esos momentos eran las personas con la que menos quería encontrarse.
Sin percatarse, su nueva amiga había desaparecido. Quizás vio que no le convenía sociabilizar con él, y no la culpaba por eso; se acomodó otra vez en su sitio y le importo un pimiento que sonara la campana que indicaba que el último módulo de clases daba inicio.
"¿Me extrañaste?" – Levantó la mirada, la misma chica de antes estaba parada frente a él con un botiquín de primeros auxilios y una sonrisa de oreja a oreja – "Déjamelo a mí" – sin esperar a que él accediera se dedicó a curarle las heridas, tampoco es que el rubio hubiera opuesto mucha resistencia.
"¿No deberías de estar en clases?" – le preguntó él.
"¿No deberías de estar en clases?" – repitió ella. El rubio entendió el mensaje y levantó las manos indicando que se rendía.
"No quiero ser entrometida, pero… sea lo que sea que haya pasado entre ustedes dos, sinceramente pienso que ella no te aprecia como tú lo haces"
"Puede que tengas razón. En realidad, es una de las razones por las cuales peleamos. Aún así, no quiero seguir de esta forma con ella"
"Takeru, estás siendo demasiado blando, y no se lo merece. Sólo hemos cruzado tres palabras pero es fácil notar que se encierra en sí misma, que intenta llevarse bien con todos pero nunca profundiza sus relaciones" – lo tomó de las manos – "Si vas y haces las paces con ella te arrepentirás, porque es incapaz de abrir su corazón. Terminarías sufriendo y yo… no quiero que eso suceda" – se le escapó una pequeña lágrima que hizo un recorrido por sus mejillas y finalizó en las manos de él.
A cualquiera le hubiera extrañado ver esa reacción, en una completa desconocida, pero para él, significó un cambio inesperado: todos los pensamientos que alguna vez tuvo sobre reconciliarse parecieron irse con esa lágrima. Cualquiera habría dicho que era una estupidez seguir los consejos de alguien que acaba de conocer, pero la voz de ella parecía amplificar la vocecita interna que le decía que no valía la pena seguir luchando por una causa pérdida como lo era su, si es que alguna vez fue así, amistad con la castaña.
[...]
A la salida del colegio, Catherine se despidió del rubio besándolo en la mejilla, según ella, una tradición francesa que aún no podía quitarse. Lamentablemente no podía acompañarlo, pues tenía actividades extra programáticas que atender.
Yagami Hikari fue testigo de la escena sin querer. Era una tonta, no había motivo por el cual ella se sintiera molesta por las actitudes afectuosas que pudieran tener las amigas de ese imbécil, a ella le resbalaba lo que hiciera o dejará de hacer.
Tomó su bolso con mayor fuerza de la que quería y comenzó a caminar firmemente sin importarle toparse con la francesita. Tenía toda la intención de ignorarla pero al cruzarse, ella 'accidentalmente' chocó contra el hombro de la castaña, se disculpó por su torpeza pero antes de separarse completamente escuchó que ella le decía "prepárate" sin voltearse a verla.
~wOw~
Al día siguiente, Hikari descubrió que su pupitre no estaba, en su lugar se hallaba el cadáver de un ave que tenía colgado un cartel con la palabra 'muérete' escrita con sangre.
La castaña se tapó la boca sintiendo nauseas pero no dijo nada al respecto. Cuando Daisuke encaró al salón entero exigiendo saber quién había sido, ella lo calló. Quienquiera que estuviera detrás de eso, quería verla destruida, y como una Yagami hecha y derecha, no les daría el gusto.
Para asombro de su amiga que veía horrorizada la escena, la castaña cogió una bolsa y metió al pobre animalito dentro. Mientras salía se topó con Takeru, pero lo ignoró y siguió caminando, adoptando la expresión más neutral posible. Pudo escuchar que Daisuke lo increpaba, sin embargo, no se quedó a ver la escena. Ya le daba lo mismo si se terminaban matando o no.
Buscando su asiento vio a través de la ventana a Ken, ¡estaba trayendo su pupitre! Fue hasta donde estaba él y lo ayudó.
"¿Sabes quién lo hizo?" – el pelinegro le estaba contando que ese día le tocaba botar algunas cosas en el incinerador de la escuela cuando encontró su pupitre al lado, supo inmediatamente que era el de ella por los dibujos que tenía. La castaña se lo agradeció y no pudo evitar contarle lo que se había encontrado en la mañana, pues sabía que a él no podía ocultarle nada.
"Tengo una leve sospecha, pero de nada me sirve encararlas" – confesó.
Ichijouji no estaba de acuerdo, sin embargo respetó su decisión. Lo importante era pasar a otro tema – "¿Cómo van las cosas con Takeru?"
Los ojos chocolate rodaron – "De mal en peor. ¿Ya está mejor tu pierna?" – intentó cambiar de tema, pero el pelinegro ignoro su última pregunta.
"No pierdas esa relación, aún hay una gran probabilidad de que él sea lo que hemos estado buscando, lo que tú has estado buscando" – la menor cambio de expresión, era una expresión que él conocía muy bien, y que significaba que ya no quería seguir con el tema, así que dejó de insistir, si una cosa había aprendido durante esos años es que los Yagami podían ser las personas más tercas de la faz de la tierra, además, cosas como esas no había que forzarlas, sino, darían resultados indeseados.
~wOw~
Miyako le había contado a Takeru lo que sucedió esa mañana cuando por fin lograron calmar a Daisuke con la ayuda de Wallace y convencerlo de que el rubio no tenía nada que ver. Al principio lo invadieron unas ganas terribles de golpear a quien estuviese detrás de eso, pero al minuto recordó que eso no le incumbía, por lo que dejó a la pelimorada hablando sola.
Sin embargo, las cosas no terminaron ahí. En la hora de educación física, la menor descubrió que había tachuelas en sus zapatillas y cuando terminó la actividad, se encontró con su uniforme hecho jirones.
"¿Quién podría haber hecho algo así?" – preguntó Miyako visiblemente afectada, le impresionaba ver que su amiga no cambiara de expresión pese a lo terrible que había sido ese día, aunque obviamente tampoco sonreía.
"No importa…" – dijo al fin, no tenía ganas de enfrentarlas pese a saber quiénes eran. En algún momento debían de aburrirse, o eso esperaba. Le pidió a Miya si le podía prestar la tenida deportiva que siempre traía por precaución, obviamente ésta acepto enseguida. Lo único que quería era ayudar a su amiga, pero sabía que la castaña odiaba los enfrentamientos y prefería siempre guardarse sus problemas para no ser una molestia, siendo que ella jamás definiría las dificultades de Hikari como una "molestia".
En clases, algunas chicas se taparon las narices con las manos y alegaron al profesor de que había un hedor que no podían soportar, obviamente se referían a la castaña, pese a que ella se había duchado y estaba usando ropa limpia.
A esa hora tenían física con el profesor Lee Jenrya, quien por lo general era bastante calmado, pero al ver la actitud de algunas alumnas, que tras quejarse comenzaron a tirarle papeles a la castaña, perdió la sonrisa. Fue hasta el pupitre de quien sabía, era la líder de las alborotadoras y depósito su puño en la mesa, el certero golpe terminó produciendo una grieta de consideración. La afectada se disculpó con él y luego con Yagami, repitiendo que no volvería a molestarla. El resto de la clase transcurrió en un silencio inusual.
La disculpa anterior era una completa farsa, ya que ella aprovechó el momento en que el profesor se daba vuelta a escribir en la pizarra, para mirarla y decirle "púdrete" moviendo sólo los labios.
Takeru no pudo evitar posar sus ojos en la castaña. Aunque intentara mostrarse compuesta e indiferente, él sabía que interiormente estaba luchando por no venirse abajo, y pese a todo, se descubrió a sí mismo admirando su entereza, si el blanco hubiese sido él, no estaba seguro de haber podido manejarlo de igual forma. No, él sabía perfectamente que él no hubiese sido capaz de quedarse tranquilo. Sus ojos divagaron por las cicatrices casi imperceptibles que decoraban su brazo izquierdo, con la mano contraria tuvo que detener el temblor que se originó en aquél. Lo mejor era no inmiscuirse, y sin pensarlo dos veces, arrugó el papel en donde había anotado el nombre de quienes molestaban a la que alguna vez, consideró su amiga.
A la salida, Sora arregló sus cosas y sin esperar a nadie se fue. Le daba lo mismo si sus compañeras comenzaban a murmurar sobre un posible conflicto entre ella y el rubio.
Taichi se acercó al ojiazul preocupado – "¿Todo bien?"
No podía decirle, gritarle que dejará de pensar en su amistad y se tirara encima de la pelirroja. Quizás si lo miraba a los ojos le leía la mente. Así que rogándole a los dioses que le concedieran ese deseo, tomó a su amigo de los hombros, y le dijo firmemente en un salón que ya se encontraba vacío: "Mírame directamente a los ojos" – transmitió su pensamiento, toda la verdad oculta.
El castaño le siguió el juego y mantuvo el contacto de sus ojos hasta que en un momento pareció comprender todo – "Yamato, eres mi amigo del alma y todo pero soy completamente hetero" – Lo iba a golpear, por todos los demonios, de verdad que le asestaría un buen puñetazo si no fuera porque le había hecho gracia su comentario.
"Aaah… me rindo, quizás a Mimi se le ocurra algo" – soltó en el aire.
En un salón poco concurrido, Catherine mantenía una conversación con un chico de su edad.
"Los temblores han ido incrementando en cantidad y calidad" – señaló la francesa.
"Es tiempo de pasar a la siguiente parte del plan"
"Pe-pero… no es necesario, basta con que ella caiga" – se había alterado apenas lo escuchó. Él la tomó por el mentón y negó con los dedos.
"Necesitamos asegurarnos que ninguno de los dos pueda interferir en nuestros planes" – sin estar muy convencida, Catherine asintió, aunque quisiera no podía llevarle la contraria a él. Tomo un pequeño CD y se lo lanzó a su interlocutor, en la carátula se distinguían las iniciales "T.T".
Continuará…
¡Hola mi gente! (sí, pasaron a ser míos! LOL) Esta vez me demoré menos… ¡yuju! XD Mil gracias por sus comentarios como siempre, son ustedes los que me motivan a seguir escribiendo! =)
¿Se acuerdan que en el capítulo pasado les dije lo mucho que me gustaba el grupo 2PM? Pues resulta que dieron un concierto en París en colaboración con otros artistas coreanos… y orgullosamente debo decir que tiraron la casa por la ventana! Tanto fans como no fans admiten que ellos fueron, sin duda, lo mejor de la noche! *_*Me alegra tanto saber eso, porque ellos se esfuerzan un montón en darle a su público lo que merecen =D
Bueno, hablando del fic… este va dedicado un poco a Taichi, para que no digan que es un despistado y negado total a lo afectivo =)! Lo otro es que he insertado un poco el tema del bullying, que en mi país ha estado bastante de "moda". Si pudiera lograr con esto que se hablara un poco más sobre él, habría cumplido otro objetivo, porque no me parece para nada que esto se esté transformando en una práctica tan recurrente =/ No soy una experta en el tema ni mucho menos, lamentablemente tampoco forma parte del argumento principal de este fic, pero bueno, se hará lo que se puede ^^U
Nos vemos ^^ Que tengan un muy buen día~ y espero me sigan escribiendo lo que piensan de este fic, si creen que debería de cambiar algunas cosas también ^^
PD: La canción del principio es d ¡e 2PM, no es toda la letra, sólo lo que pensé sería relevante para lo que está sucediendo entre Hikari y Takeru. Ojalá le den una escuchada :P
